jueves, 15 de noviembre de 2012

Capítulo 14


Mientras se encontraba recostada en su cama, luego de cambiarse a algo muy ligero para sentirse cómoda, para que por lo menos el cuerpo sintiera la comodidad que su mente y corazón no podían tener en esos momentos, unos shorts, camiseta holgada y las medias tobilleras que traía con las botas desde que salió de casa; lloraba sin saber por qué, una a una caían las lágrimas en su rostro, empañándolo cada vez más, al tiempo que buscaba respuestas a preguntas que no tenía muy claras, solo pensaba en tantas cosas que lo único que hacían era enredar más sus pensamientos y sentimientos de como inicialmente se encontraban. Lo único que podía ver claro en esos momentos era que por fin creía comprender que era lo que realmente sentía por Santiago, por lo menos de algo le había servido que las cosas sucediesen de esa manera.

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Cansada de escuchar repicar una y otra vez el teléfono celular decidió apagarlo para poder descansar, pero, al parecer su intento de desconectarse del mundo no bastó con esto, dado que, tan solo diez minutos después, escuchó el sonido del teléfono fijo. Al ver la insistencia de quien sea que la estuviese llamando, decidió atender, pues podría ser algo grave –más grave que su situación en aquellos momentos-.

---: Bueno –respondió sin muchos ánimos-.

---: ¡Hasta que por fin contestas!

-Dulce: Ah, eras tú. Hola Paty.

-Paty: Pero como se nota que te alegra escuchar mi voz –espetó sardónicamente-.

-Dulce: No es eso, sis. Sólo que me duele un poco la cabeza –hizo su mayor intento por sonar creíble e, inútilmente ocultar el llanto en su voz-.

-Paty: ¿Qué te pasa? ¿Has estado llorando? –esta vez sonaba preocupada-.

-Dulce: No estoy llorando, llevo un rato acostada en mi cama y el sonido del teléfono me despertó. Solo eso.

-Paty: Dulce María, llevo horas tratando de localizarte. De repente rechazas mis llamadas y apagas el celular, en tu casa no saben de ti y lo último que supo tu amiga galleta es que te fuiste del ensayo con Santiago… ¡Santiago! –Inmediatamente cayó en cuenta de lo que podría sucederle- Fue el, ¿Verdad? ¿Qué te hizo?

-Dulce: Nada –respondió intentado ocultar un sollozo y limpiando con su dedo índice una lágrima que corría por su mejilla-.

-Paty: Te veo en veinte minutos –sin decir más, colgó el teléfono-.

Dulce intentó responderle, pero ya era demasiado tarde, así que no le quedó de otra que esperar por el interrogatorio de Patricia Cantú. Tras un suspiro, dejó caer el teléfono en la cama, al tiempo que se tumbaba de espaldas también sobre esta, dejando sus pies y parte de las piernas en el aire.

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¿Hay un ruido estruendoso que le impide seguir el curso de sus sueños o hace parte de su descarado y apasionante sueño?... No, no puede ser, un sonido como tal no encaja para nada con la escena. Entonces ¿Qué será? Oh sí, es el timbre <<¿Quién es el imprudente que se atreve a despertarme de esta manera?>> -dice al frotar sus ojos con la palma de sus manos mientras se levanta de la cama. Instintivamente mira su reloj. 6:23 pm, observa hasta la ventana y se da cuenta que está por ocultarse el sol. ¿En qué momento se quedó dormida? Da unos cuantos pasos hasta el espejo para cerciorase de que su cabello se encuentre ordenado y se asegura de tener un aspecto decente para abrir la puerta. Vuelve a sonar el timbre, esta vez repica cuatro veces de seguido <<¿Quién es y por qué tanta insistencia?>> mira una última vez al espejo y sale corriendo de su habitación

---: Mary, abre que sé que estás allí. –Escucha una voz peculiarmente conocida detrás de la puerta-.

¡Osh! Paty, ¿Cómo se le pudo olvidar que sin ser invitada decidió ir a visitarla?

-Dulce: ¡Voooy! –Gritó desde dentro para tranquilizarla mientras llegaba hasta la puerta-.

-Paty: ¡Hasta que por fin! –Dijo inmediatamente al ver que comenzaba a abrirse la puerta-.

-Dulce: Lo siento me quedé dormida –hizo un gesto con su mano invitándola a pasar-.

Al verla, Paty comprendió que no era momento para regañarla, sino todo lo contrario, por lo que decidió envolverla en un efusivo abrazo que dejó sorprendida a Dulce, que si bien sabía que su amiga se caracterizaba por ser muy cariñosa, no esperaba esa clase de trato de su parte luego de hacerla esperar quien sabe cuánto tiempo en la puerta. Al cabo de dos segundos decidió responderle y se aferró a ella, haciendo su mayor esfuerzo por ocultar las inmensas ganas que sentía su cuerpo de explotar en llanto. No era el momento. Tampoco sabía si era conveniente contarle lo que sucedía, pues eso supondría ponerla entre la espada y la pared al tener que elegir si quedarse de su lado o de Samantha.

-Paty: ¿Qué pasa? –Preguntó al momento de zafarse del abrazo y mirarla tierna y directamente a los ojos-.

-Dulce: Nada –mejor evitar el tema a toda costa- ¿A que debemos el milagro de que te acuerdes que existo y me busques con tanta insistencia?

-Paty: -se ahogó en un suspiro de incredulidad y puso sus manos a un lado de sus caderas cada una- ¿Perdón? ¿Quién es la que nunca puede hacer una llamada o aceptar una invitación a comer porque no tiene tiempo?

-Dulce: Lo siento –respondió mientras le ofrecía tomar asiento en un mueble color negro en forma de L- desde que comenzó la promoción del disco he estado muy ocupada.

-Paty: No, a mi no me vengas con ese cuentico del disco. Recuerda que me dedico a lo mismo que tu y no por eso me alejo del resto del mundo.

-Dulce: Si viniste a discutir eso, puedes salir por donde viniste. Porque lo que menos quiero en estos momentos es discutir.

-Paty: ¡Huy, que genio!

-Dulce: Lo siento, sis. Pero neta no tengo ganas.

-Paty: Está bien, discúlpame a mi –Dulce solo asintió-.

-Dulce: ¿Te apetece algo para tomar?

-Paty: Agua, porfa –Dulce frunció el ceño pero no dijo nada y se encaminó a la cocina de estilo americano que se encontraba a un lado de la sala principal-.

Mientras sacaba dos vasos de cristal, uno largo y otro corto, del gabinete de la cocina, Paty la observaba con detenimiento, tratando de analizar cada uno de sus movimientos. Se veía distraída, muy distraída, más de lo normal. Cada cosa que hacía era mecánicamente, como si estuviese pensando en cualquier otra cosa, menos en la tarea que se encontraba realizando

-Dulce: ¿Con hielo? –preguntó sorprendiendo a Paty mirándola-.

-Paty: No, mejor al clima.

Una vez más, solamente asintió y procedió a poner el vaso largo en el dispensador de la nevera. Un grito de Paty y una repentina sensación de algo húmedo y frío en su mano fue lo que le avisó que debía retirar el vaso. Con cuidado de no salpicarse más, lo puso sobre el mesón para desayuno y tomó el vaso corto, repitiendo la operación anterior, pero esta vez vertiendo hielo en él y poniendo más atención en lo que hacía. Luego de entregarle el vaso de agua a su amiga, se dirigió al mini-bar que se encontraba a un lado de la sala para servirse un trago de Whiskey

-Paty: ¿Tan grave es la cosa?

-Dulce: -Lanzó un largo suspiro- Lo necesito ¿Segura que no quieres uno?

-Paty: ¿Me cuentas si lo tomo? –Luego de otro suspiro, Dulce le entregó el vaso que tenía en sus manos y regresó a la cocina por otro-.

Al sentarse a su lado en el mueble, mientras Paty se giraba para quedar una frente a la otra, no encontró más salida que contarle lo que sucedía. Necesitaba hablar con alguien y allí tenía a la persona indicada para escucharla.

-Dulce: -cerró por un instante los ojos para tomar fuerzas y procedió- Entre Santiago y Samantha hubo algo que hubiese preferido que no pasara.

-Paty: A ver. Con calma que no te estoy entendiendo. ¿Cómo que paso algo que hubieses preferido que no pasara? Y, ¿No que no había nada entre ustedes?

-Dulce: -Con su mano derecha se rascó la frente, como signo de desesperación- Llevamos saliendo casi un mes.

-Paty: ¿Saliendo, solo saliendo?

-Dulce: Éramos novios… creo.

-Paty: ¿Cómo que éramos?

-Dulces: Pues es que ya no sé que somos o que fuimos. ¡No sé nada!

-Paty: y ¿Qué pasó con Sam… Samantha?

-Dulce: Un beso… creo.

-Paty: ¿Cuándo?

-Dulce: Cumpleaños de Ivalú.

-Paty: ¿Cuándo fue?

-Dulce: Poco más de un mes.

-Paty: y ¿Tú estabas allí?

-Dulce: No, estaba de promoción.

-Paty: ¿Quién los vio, entonces?

-Dulce: Ese no es el punto.

-Paty: ¿Quién te lo dijo?

-Dulce: Anahí.

-Paty: Mira tú, nada más. La mata de la cizaña. ¿Acaso ella si estaba allí?

-Dulce: ¡Ese no es el punto, Paty! La cosa es lo que pasó.

-Paty: ¿Estás segura de que pasó? Porque la neta, yo no me fiaría de tus fuentes.

-Dulce: No la tomes contra ella que no lo hizo con mala intención. ¡Ni siquiera sabe que anduve con él!

-Paty: Ok. ¿Estás segura de que pasó?

-Dulce: ¡Sí! Él no lo negó y tuvo el descaro de contarme como sucedieron las cosas. ¡Por favor!

-Paty: A ver. ¿Para cuándo eso pasó, ya estaban juntos ustedes?

-Dulce: No, pero…

-Paty: ¿Entonces, cuál es el problema? ¡Fue simplemente un beso!

-Dulce: Es que no es eso.

-Paty: Bueno, explícame entonces, porque no estoy entendiendo.

-Dulce: A ver –se acomodó en su asiento- no quiero que te pongas de su lado ni del mío.

-Paty: Estoy tratando de ser imparcial, Mary. Pero necesito que me expliques bien para poder entender.

-Dulce: Ok. Dime ¿qué harías tu si te enteras por casualidad de que tu mejor amiga, a espaldas tuyas, se enreda con la persona que todo mundo sabe que está interesada en ti y que además, teniendo la oportunidad de contarte, él nunca lo dijo y que luego de que lo supieras, te dice que fue ella quien muy descaradamente se le insinuó, invitándolo primero a una fiesta en donde no tendría que estar y segundo comportándose de una manera poco convencional en una mujer decente, pero muy frecuente en ella? ¿Ah? Dime, ¿Cómo te sentirías?

-Paty: ¡Maldita Samantha!

-Dulce: ¿Ahora entiendes por qué me siento como me siento? –Tomando el último sorbo de su trago de whiskey, fue en busca de otro- ¿Quieres otro?

-Paty: No, aun me queda de este –dijo señalando su vaso que se encontraba a la mitad- ¿Entonces, la cosa es con ella?

-Dulce: No sé. Con ambos, supongo.

-Paty: ¿Lo quieres tanto como para que te duela lo que hizo?

-Dulce: Creo que si –dijo luego de un suspiro, mientras se sentaba nuevamente-.

-Paty: Mary, no te engañes. Lo que realmente te duele es la traición de Samantha. Nunca esperaste que hiciera algo así, no a ti.

-Dulce: Es que ¿Por qué, Paty? Si tanto le gustaba ¿Por qué nunca me lo dijo? ¿Tú sabías algo?

-Paty: Claro que no.

-Dulce: ¿Ves? ¿Por qué hacer las cosas de esa manera? Se supone que éramos como hermanas. Ella sabía que yo no estaba tan clavada con Santiago, si ella si lo estaba ¿Por qué no me lo dijo? Para mí no hubiese sido un problema hacerme a un lado, pero no, ella decide hacer lo contrario y a espaldas de todos ¡Como si fuera un delito!

-Paty: Es que es allí donde está la cuestión. Ella no quería que se lo regalases porque no lo querías ¿Crees que Samantha López va a recibir las sobras de un hombre que tu desechas? Parece que no la conocieras. Lo que ella quiere demostrar  es que puede conseguir todo lo que quiere, cuando lo quiere y  costa de lo que sea.

-Dulce: Pero, ¿Por qué conmigo? ¿Qué le he hecho?

-Paty: Por capricho, para hacerte ver que si no te decidías rápido podía ganártelo… ¡yo que sé! –Al ver que ya no podía más contener su llanto, le ofreció sus brazos para que se desahogase- y, ¿Qué pasa con Santiago? –Preguntó luego de unos minutos- ¿Crees que todo sea como te dijo?

-Dulce: No tengo motivos para desconfiar de él, no puedo decir lo mismo de Samantha.

-Paty: ¿Qué tanto lo quieres?

-Dulce: Mucho.

-Paty: ¿Mucho, cuánto?

-Dulce: ¿Por qué me preguntas eso?

-Paty: ¡Porque es importante para ti que sepas cuánto lo quieres y de qué manera! ¿Que no ves que te preocupas más por la traición de ella que de él?

-Dulce: ¡Samantha era mi hermana!

-Paty: ¿Y él?

-Dulce: Mi novio –lo dijo en un tono más bajo, al tiempo que limpiaba las lágrimas en sus mejillas-.

-Paty: y, ¿A quién se supone que deberías estar odiando en estos momentos? –Al ver que no le respondía, decidió continuar- ¿A él, a ella o a ambos por igual?

Luego de quedarse un momento observando simplemente sus manos que descansaban entrelazadas en su regazo, pensando en la pregunta que le había hecho su amiga y, analizando puntualmente cada una de las opciones, levanto la mirada y dubitativamente respondió

-Dulce: ¿Por qué mejor no cambiamos de tema? Mi cabeza va a explotar con todo esto –inconscientemente levantó su mano derecha a su frente y luego la arrastró por su cabello-.

-Paty: Está bien. Como quieras. Pero solo déjame decirte una última cosa: habla con Samantha, deja que te explique todo y ya luego tomas una decisión. Con relación a Santiago, piénsalo muy bien, puede que al final alguno de los dos salga muy lastimado –Dulce asintió, haciéndole saber que haría lo que le pedía-.

-Dulce: ¿Ahora si me vas a decir para que tanto me buscabas?

-Paty: Claro, casi lo olvido. Adivina quién da concierto próximamente en el auditorio nacional –Dijo sin poder ocultar la emoción en su voz-.

-Dulce: ¡No! –Llevó una de sus manos a su boca, mostrando una expresión de sorpresa- ¿En serio? ¿Cuándo?

-Paty: Para finales del próximo mes.

-Dulce: ¡Felicidades, sis! –Al decirlo se abalanzó contra ella en un efusivo y fuerte abrazo- Obvio me tienes que invitar.

-Paty: A eso venía.

-Dulce: ¿Cómo? ¿Ya tienes las entradas especiales?

-Paty: mmm el tuyo no es precisamente un pase especial.

-Dulce: ¿Y entonces? No entiendo.

-Paty: Pues que no necesitas entrada, quiero que cantes conmigo ese día.

-Dulce: ¿En serio? –Paty asintió muy enfáticamente con su cabeza- Pero, ¿Eso no tendrían que hablarlo los managers?

-Paty: ¿O sea que me estás diciendo que no?

-Dulce: Claro que no, mensa. Yo feliz de cantar contigo que ya desde hace tiempo me la debes. Solo que, es así como se hacen las cosas, ¿No?

-Paty: ¿Me estás diciendo que yo, tu sister del alma, debo sacar cita con tus managers para ver si les parece conveniente que cantes conmigo? Te queda muy mal eso, Dulce María, muy mal, eh!

-Dulce: Claro que no. Y ¿Cuál canción cantaremos?

-Paty: La neta, tenía pensada una que quedaría genial en tu voz… Peeero, creo que acabo de cambiar de opinión –Esto último lo dijo con un tono que confirmaba la sonrisa maliciosa que se asomaba en su rostro-.

-Dulce: -La miró con un gesto interrogante- Dime ya que estás tramando.

-Paty: ¿Conoces la de No-oh se apaga?

-Dulce: mm no la recuerdo, ¿Está en tu disco?

-Paty: Si, en el nuevo ¿Lo tienes por aquí?

-Dulce: Creo que sí, dame un segundo en que lo traigo.

-Paty: Sale. Tómate el tiempo que quieras –dijo mientras se acomodaba en el sofá-.

-Dulce: ¿Qué estás tramando, Patricia Giovanna? Me asustas cuando pones esa cara.

-Paty: Nada –dijo, fallando al fingir cara de inocencia- tu solo trae el disco y pon la canción.

Al escucharla, no sabía si reír o llorar. Lo primero por la manera en que su amiga manejaba el sarcasmo, lo hacía tan bien; lo segundo porque describía perfectamente lo que le sucedía. Opto por la risa, mejor.

-Dulce: ¿Neta tu escribiste esto?

-Paty: ¿Qué crees? –Respondió mientras levantaba una ceja y le ofrecía una sonrisa ladeada-.

-Dulce: Paty, no voy a cantar eso. No después de lo que pasó.

-Paty: ¿Por qué? ¿No te gusta?

-Dulce: Si me gusta, pero sabes por qué lo digo.

-Paty: ¿Y qué? ¡Que sepa que es para ella! Con todo el sentimiento con que se debe cantar a una amiga.

-Dulce: Paty, no quiero enredarte a ti en esto.

-Paty: Es que no lo estás haciendo. Yo solita me estoy entrometiendo. Porque esa canción la hice por personas como ella, se lo merece, ¿o no? –Dulce solo sonrió- Entonces, ¿Qué dices?

-Dulce: ¿Tienes hambre?

-Paty: Solo si preparas pastas.

-Dulce: ¡Va! Pero me ayudas.

-Paty: Conste que tú misma  lo estás pidiendo. Si sucede un accidente doméstico, no me culpes.

-Dulce: Ya, ven. Prometo ponerte una tarea fácil.

******
-Dulce: Si, ma. Estoy bien. Ya hablé con Paty, gracias.

-Blanquita: ¿Por qué desapareces de esa manera, sin avisar? Yo sé que no estás bien, ¿Qué pasó?

-Dulce: Que no ha pasado nada, ma. Solo necesitaba aislarme un rato, hace tiempo que no lo hacía y ya me hacía falta.

A pesar de no estar muy convencida, su madre decidió dejarla tranquila y darle la posibilidad de contarle cuando lo encontrase conveniente, pues sabía que lo haría.

-Blanquita: ¿Quieres comer?

-Dulce: Gracias, ma. Comí con Paty en mi depa.

-Blanquita: ¿Segura?

-Dulce: Si, señora. Y, si no te molesta, me voy ya a dormir, ha sido un día largo y creo que el resto de la semana va por el mismo camino.

-Blanquita: Que raro que vayas a dormir tan temprano –Dulce le ofreció una débil sonrisa- pero ve, te ves agotada. Descansa, Mary.

-Dulce: Te quiero, ma. Buenas noches.
-Blanquita: Buenas noches, hija ¿Te apago la luz?

-Dulce: Por favor.

Luego de que su madre saliera, se acomodó entre sus cobijas, extrañando una llamada o un mensaje de buenas noches, que estaba segura no llegaría y, en cierta parte le hacía sentir culpable y responsable de alguna manera, pues, era consciente de que Santiago no merecía el trato que había recibido de su parte aquella tarde.