jueves, 15 de noviembre de 2012

Capítulo 14


Mientras se encontraba recostada en su cama, luego de cambiarse a algo muy ligero para sentirse cómoda, para que por lo menos el cuerpo sintiera la comodidad que su mente y corazón no podían tener en esos momentos, unos shorts, camiseta holgada y las medias tobilleras que traía con las botas desde que salió de casa; lloraba sin saber por qué, una a una caían las lágrimas en su rostro, empañándolo cada vez más, al tiempo que buscaba respuestas a preguntas que no tenía muy claras, solo pensaba en tantas cosas que lo único que hacían era enredar más sus pensamientos y sentimientos de como inicialmente se encontraban. Lo único que podía ver claro en esos momentos era que por fin creía comprender que era lo que realmente sentía por Santiago, por lo menos de algo le había servido que las cosas sucediesen de esa manera.

******
Cansada de escuchar repicar una y otra vez el teléfono celular decidió apagarlo para poder descansar, pero, al parecer su intento de desconectarse del mundo no bastó con esto, dado que, tan solo diez minutos después, escuchó el sonido del teléfono fijo. Al ver la insistencia de quien sea que la estuviese llamando, decidió atender, pues podría ser algo grave –más grave que su situación en aquellos momentos-.

---: Bueno –respondió sin muchos ánimos-.

---: ¡Hasta que por fin contestas!

-Dulce: Ah, eras tú. Hola Paty.

-Paty: Pero como se nota que te alegra escuchar mi voz –espetó sardónicamente-.

-Dulce: No es eso, sis. Sólo que me duele un poco la cabeza –hizo su mayor intento por sonar creíble e, inútilmente ocultar el llanto en su voz-.

-Paty: ¿Qué te pasa? ¿Has estado llorando? –esta vez sonaba preocupada-.

-Dulce: No estoy llorando, llevo un rato acostada en mi cama y el sonido del teléfono me despertó. Solo eso.

-Paty: Dulce María, llevo horas tratando de localizarte. De repente rechazas mis llamadas y apagas el celular, en tu casa no saben de ti y lo último que supo tu amiga galleta es que te fuiste del ensayo con Santiago… ¡Santiago! –Inmediatamente cayó en cuenta de lo que podría sucederle- Fue el, ¿Verdad? ¿Qué te hizo?

-Dulce: Nada –respondió intentado ocultar un sollozo y limpiando con su dedo índice una lágrima que corría por su mejilla-.

-Paty: Te veo en veinte minutos –sin decir más, colgó el teléfono-.

Dulce intentó responderle, pero ya era demasiado tarde, así que no le quedó de otra que esperar por el interrogatorio de Patricia Cantú. Tras un suspiro, dejó caer el teléfono en la cama, al tiempo que se tumbaba de espaldas también sobre esta, dejando sus pies y parte de las piernas en el aire.

******
¿Hay un ruido estruendoso que le impide seguir el curso de sus sueños o hace parte de su descarado y apasionante sueño?... No, no puede ser, un sonido como tal no encaja para nada con la escena. Entonces ¿Qué será? Oh sí, es el timbre <<¿Quién es el imprudente que se atreve a despertarme de esta manera?>> -dice al frotar sus ojos con la palma de sus manos mientras se levanta de la cama. Instintivamente mira su reloj. 6:23 pm, observa hasta la ventana y se da cuenta que está por ocultarse el sol. ¿En qué momento se quedó dormida? Da unos cuantos pasos hasta el espejo para cerciorase de que su cabello se encuentre ordenado y se asegura de tener un aspecto decente para abrir la puerta. Vuelve a sonar el timbre, esta vez repica cuatro veces de seguido <<¿Quién es y por qué tanta insistencia?>> mira una última vez al espejo y sale corriendo de su habitación

---: Mary, abre que sé que estás allí. –Escucha una voz peculiarmente conocida detrás de la puerta-.

¡Osh! Paty, ¿Cómo se le pudo olvidar que sin ser invitada decidió ir a visitarla?

-Dulce: ¡Voooy! –Gritó desde dentro para tranquilizarla mientras llegaba hasta la puerta-.

-Paty: ¡Hasta que por fin! –Dijo inmediatamente al ver que comenzaba a abrirse la puerta-.

-Dulce: Lo siento me quedé dormida –hizo un gesto con su mano invitándola a pasar-.

Al verla, Paty comprendió que no era momento para regañarla, sino todo lo contrario, por lo que decidió envolverla en un efusivo abrazo que dejó sorprendida a Dulce, que si bien sabía que su amiga se caracterizaba por ser muy cariñosa, no esperaba esa clase de trato de su parte luego de hacerla esperar quien sabe cuánto tiempo en la puerta. Al cabo de dos segundos decidió responderle y se aferró a ella, haciendo su mayor esfuerzo por ocultar las inmensas ganas que sentía su cuerpo de explotar en llanto. No era el momento. Tampoco sabía si era conveniente contarle lo que sucedía, pues eso supondría ponerla entre la espada y la pared al tener que elegir si quedarse de su lado o de Samantha.

-Paty: ¿Qué pasa? –Preguntó al momento de zafarse del abrazo y mirarla tierna y directamente a los ojos-.

-Dulce: Nada –mejor evitar el tema a toda costa- ¿A que debemos el milagro de que te acuerdes que existo y me busques con tanta insistencia?

-Paty: -se ahogó en un suspiro de incredulidad y puso sus manos a un lado de sus caderas cada una- ¿Perdón? ¿Quién es la que nunca puede hacer una llamada o aceptar una invitación a comer porque no tiene tiempo?

-Dulce: Lo siento –respondió mientras le ofrecía tomar asiento en un mueble color negro en forma de L- desde que comenzó la promoción del disco he estado muy ocupada.

-Paty: No, a mi no me vengas con ese cuentico del disco. Recuerda que me dedico a lo mismo que tu y no por eso me alejo del resto del mundo.

-Dulce: Si viniste a discutir eso, puedes salir por donde viniste. Porque lo que menos quiero en estos momentos es discutir.

-Paty: ¡Huy, que genio!

-Dulce: Lo siento, sis. Pero neta no tengo ganas.

-Paty: Está bien, discúlpame a mi –Dulce solo asintió-.

-Dulce: ¿Te apetece algo para tomar?

-Paty: Agua, porfa –Dulce frunció el ceño pero no dijo nada y se encaminó a la cocina de estilo americano que se encontraba a un lado de la sala principal-.

Mientras sacaba dos vasos de cristal, uno largo y otro corto, del gabinete de la cocina, Paty la observaba con detenimiento, tratando de analizar cada uno de sus movimientos. Se veía distraída, muy distraída, más de lo normal. Cada cosa que hacía era mecánicamente, como si estuviese pensando en cualquier otra cosa, menos en la tarea que se encontraba realizando

-Dulce: ¿Con hielo? –preguntó sorprendiendo a Paty mirándola-.

-Paty: No, mejor al clima.

Una vez más, solamente asintió y procedió a poner el vaso largo en el dispensador de la nevera. Un grito de Paty y una repentina sensación de algo húmedo y frío en su mano fue lo que le avisó que debía retirar el vaso. Con cuidado de no salpicarse más, lo puso sobre el mesón para desayuno y tomó el vaso corto, repitiendo la operación anterior, pero esta vez vertiendo hielo en él y poniendo más atención en lo que hacía. Luego de entregarle el vaso de agua a su amiga, se dirigió al mini-bar que se encontraba a un lado de la sala para servirse un trago de Whiskey

-Paty: ¿Tan grave es la cosa?

-Dulce: -Lanzó un largo suspiro- Lo necesito ¿Segura que no quieres uno?

-Paty: ¿Me cuentas si lo tomo? –Luego de otro suspiro, Dulce le entregó el vaso que tenía en sus manos y regresó a la cocina por otro-.

Al sentarse a su lado en el mueble, mientras Paty se giraba para quedar una frente a la otra, no encontró más salida que contarle lo que sucedía. Necesitaba hablar con alguien y allí tenía a la persona indicada para escucharla.

-Dulce: -cerró por un instante los ojos para tomar fuerzas y procedió- Entre Santiago y Samantha hubo algo que hubiese preferido que no pasara.

-Paty: A ver. Con calma que no te estoy entendiendo. ¿Cómo que paso algo que hubieses preferido que no pasara? Y, ¿No que no había nada entre ustedes?

-Dulce: -Con su mano derecha se rascó la frente, como signo de desesperación- Llevamos saliendo casi un mes.

-Paty: ¿Saliendo, solo saliendo?

-Dulce: Éramos novios… creo.

-Paty: ¿Cómo que éramos?

-Dulces: Pues es que ya no sé que somos o que fuimos. ¡No sé nada!

-Paty: y ¿Qué pasó con Sam… Samantha?

-Dulce: Un beso… creo.

-Paty: ¿Cuándo?

-Dulce: Cumpleaños de Ivalú.

-Paty: ¿Cuándo fue?

-Dulce: Poco más de un mes.

-Paty: y ¿Tú estabas allí?

-Dulce: No, estaba de promoción.

-Paty: ¿Quién los vio, entonces?

-Dulce: Ese no es el punto.

-Paty: ¿Quién te lo dijo?

-Dulce: Anahí.

-Paty: Mira tú, nada más. La mata de la cizaña. ¿Acaso ella si estaba allí?

-Dulce: ¡Ese no es el punto, Paty! La cosa es lo que pasó.

-Paty: ¿Estás segura de que pasó? Porque la neta, yo no me fiaría de tus fuentes.

-Dulce: No la tomes contra ella que no lo hizo con mala intención. ¡Ni siquiera sabe que anduve con él!

-Paty: Ok. ¿Estás segura de que pasó?

-Dulce: ¡Sí! Él no lo negó y tuvo el descaro de contarme como sucedieron las cosas. ¡Por favor!

-Paty: A ver. ¿Para cuándo eso pasó, ya estaban juntos ustedes?

-Dulce: No, pero…

-Paty: ¿Entonces, cuál es el problema? ¡Fue simplemente un beso!

-Dulce: Es que no es eso.

-Paty: Bueno, explícame entonces, porque no estoy entendiendo.

-Dulce: A ver –se acomodó en su asiento- no quiero que te pongas de su lado ni del mío.

-Paty: Estoy tratando de ser imparcial, Mary. Pero necesito que me expliques bien para poder entender.

-Dulce: Ok. Dime ¿qué harías tu si te enteras por casualidad de que tu mejor amiga, a espaldas tuyas, se enreda con la persona que todo mundo sabe que está interesada en ti y que además, teniendo la oportunidad de contarte, él nunca lo dijo y que luego de que lo supieras, te dice que fue ella quien muy descaradamente se le insinuó, invitándolo primero a una fiesta en donde no tendría que estar y segundo comportándose de una manera poco convencional en una mujer decente, pero muy frecuente en ella? ¿Ah? Dime, ¿Cómo te sentirías?

-Paty: ¡Maldita Samantha!

-Dulce: ¿Ahora entiendes por qué me siento como me siento? –Tomando el último sorbo de su trago de whiskey, fue en busca de otro- ¿Quieres otro?

-Paty: No, aun me queda de este –dijo señalando su vaso que se encontraba a la mitad- ¿Entonces, la cosa es con ella?

-Dulce: No sé. Con ambos, supongo.

-Paty: ¿Lo quieres tanto como para que te duela lo que hizo?

-Dulce: Creo que si –dijo luego de un suspiro, mientras se sentaba nuevamente-.

-Paty: Mary, no te engañes. Lo que realmente te duele es la traición de Samantha. Nunca esperaste que hiciera algo así, no a ti.

-Dulce: Es que ¿Por qué, Paty? Si tanto le gustaba ¿Por qué nunca me lo dijo? ¿Tú sabías algo?

-Paty: Claro que no.

-Dulce: ¿Ves? ¿Por qué hacer las cosas de esa manera? Se supone que éramos como hermanas. Ella sabía que yo no estaba tan clavada con Santiago, si ella si lo estaba ¿Por qué no me lo dijo? Para mí no hubiese sido un problema hacerme a un lado, pero no, ella decide hacer lo contrario y a espaldas de todos ¡Como si fuera un delito!

-Paty: Es que es allí donde está la cuestión. Ella no quería que se lo regalases porque no lo querías ¿Crees que Samantha López va a recibir las sobras de un hombre que tu desechas? Parece que no la conocieras. Lo que ella quiere demostrar  es que puede conseguir todo lo que quiere, cuando lo quiere y  costa de lo que sea.

-Dulce: Pero, ¿Por qué conmigo? ¿Qué le he hecho?

-Paty: Por capricho, para hacerte ver que si no te decidías rápido podía ganártelo… ¡yo que sé! –Al ver que ya no podía más contener su llanto, le ofreció sus brazos para que se desahogase- y, ¿Qué pasa con Santiago? –Preguntó luego de unos minutos- ¿Crees que todo sea como te dijo?

-Dulce: No tengo motivos para desconfiar de él, no puedo decir lo mismo de Samantha.

-Paty: ¿Qué tanto lo quieres?

-Dulce: Mucho.

-Paty: ¿Mucho, cuánto?

-Dulce: ¿Por qué me preguntas eso?

-Paty: ¡Porque es importante para ti que sepas cuánto lo quieres y de qué manera! ¿Que no ves que te preocupas más por la traición de ella que de él?

-Dulce: ¡Samantha era mi hermana!

-Paty: ¿Y él?

-Dulce: Mi novio –lo dijo en un tono más bajo, al tiempo que limpiaba las lágrimas en sus mejillas-.

-Paty: y, ¿A quién se supone que deberías estar odiando en estos momentos? –Al ver que no le respondía, decidió continuar- ¿A él, a ella o a ambos por igual?

Luego de quedarse un momento observando simplemente sus manos que descansaban entrelazadas en su regazo, pensando en la pregunta que le había hecho su amiga y, analizando puntualmente cada una de las opciones, levanto la mirada y dubitativamente respondió

-Dulce: ¿Por qué mejor no cambiamos de tema? Mi cabeza va a explotar con todo esto –inconscientemente levantó su mano derecha a su frente y luego la arrastró por su cabello-.

-Paty: Está bien. Como quieras. Pero solo déjame decirte una última cosa: habla con Samantha, deja que te explique todo y ya luego tomas una decisión. Con relación a Santiago, piénsalo muy bien, puede que al final alguno de los dos salga muy lastimado –Dulce asintió, haciéndole saber que haría lo que le pedía-.

-Dulce: ¿Ahora si me vas a decir para que tanto me buscabas?

-Paty: Claro, casi lo olvido. Adivina quién da concierto próximamente en el auditorio nacional –Dijo sin poder ocultar la emoción en su voz-.

-Dulce: ¡No! –Llevó una de sus manos a su boca, mostrando una expresión de sorpresa- ¿En serio? ¿Cuándo?

-Paty: Para finales del próximo mes.

-Dulce: ¡Felicidades, sis! –Al decirlo se abalanzó contra ella en un efusivo y fuerte abrazo- Obvio me tienes que invitar.

-Paty: A eso venía.

-Dulce: ¿Cómo? ¿Ya tienes las entradas especiales?

-Paty: mmm el tuyo no es precisamente un pase especial.

-Dulce: ¿Y entonces? No entiendo.

-Paty: Pues que no necesitas entrada, quiero que cantes conmigo ese día.

-Dulce: ¿En serio? –Paty asintió muy enfáticamente con su cabeza- Pero, ¿Eso no tendrían que hablarlo los managers?

-Paty: ¿O sea que me estás diciendo que no?

-Dulce: Claro que no, mensa. Yo feliz de cantar contigo que ya desde hace tiempo me la debes. Solo que, es así como se hacen las cosas, ¿No?

-Paty: ¿Me estás diciendo que yo, tu sister del alma, debo sacar cita con tus managers para ver si les parece conveniente que cantes conmigo? Te queda muy mal eso, Dulce María, muy mal, eh!

-Dulce: Claro que no. Y ¿Cuál canción cantaremos?

-Paty: La neta, tenía pensada una que quedaría genial en tu voz… Peeero, creo que acabo de cambiar de opinión –Esto último lo dijo con un tono que confirmaba la sonrisa maliciosa que se asomaba en su rostro-.

-Dulce: -La miró con un gesto interrogante- Dime ya que estás tramando.

-Paty: ¿Conoces la de No-oh se apaga?

-Dulce: mm no la recuerdo, ¿Está en tu disco?

-Paty: Si, en el nuevo ¿Lo tienes por aquí?

-Dulce: Creo que sí, dame un segundo en que lo traigo.

-Paty: Sale. Tómate el tiempo que quieras –dijo mientras se acomodaba en el sofá-.

-Dulce: ¿Qué estás tramando, Patricia Giovanna? Me asustas cuando pones esa cara.

-Paty: Nada –dijo, fallando al fingir cara de inocencia- tu solo trae el disco y pon la canción.

Al escucharla, no sabía si reír o llorar. Lo primero por la manera en que su amiga manejaba el sarcasmo, lo hacía tan bien; lo segundo porque describía perfectamente lo que le sucedía. Opto por la risa, mejor.

-Dulce: ¿Neta tu escribiste esto?

-Paty: ¿Qué crees? –Respondió mientras levantaba una ceja y le ofrecía una sonrisa ladeada-.

-Dulce: Paty, no voy a cantar eso. No después de lo que pasó.

-Paty: ¿Por qué? ¿No te gusta?

-Dulce: Si me gusta, pero sabes por qué lo digo.

-Paty: ¿Y qué? ¡Que sepa que es para ella! Con todo el sentimiento con que se debe cantar a una amiga.

-Dulce: Paty, no quiero enredarte a ti en esto.

-Paty: Es que no lo estás haciendo. Yo solita me estoy entrometiendo. Porque esa canción la hice por personas como ella, se lo merece, ¿o no? –Dulce solo sonrió- Entonces, ¿Qué dices?

-Dulce: ¿Tienes hambre?

-Paty: Solo si preparas pastas.

-Dulce: ¡Va! Pero me ayudas.

-Paty: Conste que tú misma  lo estás pidiendo. Si sucede un accidente doméstico, no me culpes.

-Dulce: Ya, ven. Prometo ponerte una tarea fácil.

******
-Dulce: Si, ma. Estoy bien. Ya hablé con Paty, gracias.

-Blanquita: ¿Por qué desapareces de esa manera, sin avisar? Yo sé que no estás bien, ¿Qué pasó?

-Dulce: Que no ha pasado nada, ma. Solo necesitaba aislarme un rato, hace tiempo que no lo hacía y ya me hacía falta.

A pesar de no estar muy convencida, su madre decidió dejarla tranquila y darle la posibilidad de contarle cuando lo encontrase conveniente, pues sabía que lo haría.

-Blanquita: ¿Quieres comer?

-Dulce: Gracias, ma. Comí con Paty en mi depa.

-Blanquita: ¿Segura?

-Dulce: Si, señora. Y, si no te molesta, me voy ya a dormir, ha sido un día largo y creo que el resto de la semana va por el mismo camino.

-Blanquita: Que raro que vayas a dormir tan temprano –Dulce le ofreció una débil sonrisa- pero ve, te ves agotada. Descansa, Mary.

-Dulce: Te quiero, ma. Buenas noches.
-Blanquita: Buenas noches, hija ¿Te apago la luz?

-Dulce: Por favor.

Luego de que su madre saliera, se acomodó entre sus cobijas, extrañando una llamada o un mensaje de buenas noches, que estaba segura no llegaría y, en cierta parte le hacía sentir culpable y responsable de alguna manera, pues, era consciente de que Santiago no merecía el trato que había recibido de su parte aquella tarde.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 13


Como todos los días durante las últimas tres semanas luego de aquella maravillosa tarde en que le había dado la alegría de permitirle entrar a su vida como algo más que un amigo, pasó por ella antes de ir al ensayo, aunque pareciese raro, nadie se había dado cuenta de lo que sucedía entre ellos, a pesar que todos los veían más juntos cada vez, no se les hacía raro pues sabían que eran muy buenos amigos y como supieron disimular muy bien su “amistad” realmente pocos sospechaban. Fran, la más perspicaz de sus amigas veía todo como -“seguramente a Santi se le pasó la cosa y prefirió quedar como el mejor amigo antes de perderla” - y claramente eso era lo que se veía a la luz de todos, aunque no desaprovechasen un segundo a solas, sin que nadie los viese para darse de arrumacos o una que otra muestra de cariño.

Ella no podía negarlo, se encontraba feliz e intentaba darle lo mejor de sí a Santiago, a pesar de ser realmente poco el tiempo que llevaban juntos, había podido darse cuenta que efectivamente sí sentía algo más que un simple cariño por él y aunque de vez en cuando se atravesasen en su mente los fantasmas del pasado, no les permitía albergarse mucho tiempo en ella, pues prefería concentrar sus energías en cosas que sí valían la pena y lo que en esos momentos mantenía contento su corazón.

Mientras conducía la observaba de reojo por el retrovisor sin que se diese cuenta de lo que hacía, evitando un regaño de su parte, pues siempre le decía que podía ocurrir un accidente por no poner atención a la vía al ir al volante; pero para él era inevitable hacerlo, más aun cuando se veía tan hermosa como aquel día. Llevaba una blusa tipo esqueleto color palo de rosa, pantalón negro, botas planas, cabello suelto, gafas oscuras para el sol y su rostro perfectamente libre de maquillaje. Definitivamente no había palabras para describir la manera en que le gustaba verla así, al natural, tal como era ella, sin preocuparse por la apariencia física, distraída observando cada cosa que pasaba detrás de la ventana y espontáneamente acomodando entre sus manos su cabello, cada diez segundos.

---: ¿Podes dejar quietas tus manos por lo menos un momento?

-Dulce: ¿Eh? –Respondió al ser obligada a salir involuntariamente de sus pensamientos-.

-Santi: ¿En qué tanto pensás? Te noto como algo preocupada.

-Dulce: No, nada… solo estaba distraída –seguía acomodando su cabello, ahora con más frecuencia debido a la pregunta de Santiago-.

-Santi: Cañí –Le dijo a manera de reproche, haciéndole saber que podía confiar en él-.

-Dulce: En serio que no pasa nada –pasó una de sus manos por la nuca de él, enredando sus dedos entre sus cabellos para otorgarle tranquilidad-.

-Santi: Está bien, si no me querés contar no pasa nada.

-Dulce: ¿Qué me decías antes? –cambió intencionalmente de tema para evadirlo-.

-Santi: Nada, solo que dejaras de mover tanto las manos entre el cabello. No sabes disimular cuando estás intranquila –le otorgó una ligera sonrisa, volteando a verla e inmediatamente regresando su vista al frente-.

-Dulce: ¡Me estabas mirando por el retrovisor! –Le dijo acusadoramente con la sola intención escaparse del tema-.

-Santi: Una miradita no mata a nadie –le guiñó un ojo, aparcó el auto y se bajó dejándola con la palabra en la boca y esta abierta al no alcanzar a decir lo que pensaba. Le dio media vuelta, abrió la puerta del lado de ella y le ofreció su mano para que se bajase– ¿venís?

-Dulce: Sigue así Santiago, vas muy bien.

-Santiago: ¿Y ahora yo que hice? –Respondió muy entretenido, haciéndose el inocente-.

---: ¿Qué onda chavos? ¿Hoy que casualidad los trae juntos? –Comentó “Blu” al llegar, interrumpiendo a Dulce. Al escuchar su comentario ambos se miraron y sonrieron apenados– tranquilos, no los balconeo. Pero ya inventen una excusa nueva ¿No? Esa de que “de casualidad pasé cerca de su casa y decidí traerla” ya está como muy trillada –Santiago y Dulce trataron de desviar sus miradas, observando a cualquier lado, menos a quien les hablaba para ‘simular’ que no sucedía nada– y tu dulcecita –lo dijo conscientemente de que no le gustaba que la llamasen de esa manera– ¿Cómo has estado? –Puso uno de sus brazos sobre sus hombros, dirigiéndola hacia la entrada del lugar- ¿Cómo te trata este muérgano? –cada cosa la decía con ánimo de reírse de ellos, aprovechándose de la situación– si te hace algo solo es que me avises y se acordará hasta del día en que nació con la paliza que lo daré en tu nombre.

-Dulce: Gracias Blu –comentó luego de una carcajada. Al ver la cara de Santiago que solo observaba como se divertían, se acercó a él dándole un beso fugaz– esperemos que no sea necesario –le tocó la barbilla y siguió caminando, sabiendo que la seguía con su mirada, atontado-.

Luego de que llegaran todos e instalaran los equipos iniciaron el ensayo que transcurrió con total normalidad, con una que otra mirada de Santiago a Dulce y viceversa, miradas en que se decían tantas cosas que solo ellos entendían y que de vez en cuando Blu, quien desde siempre había sabido lo que sucedía, lograba notar e interpretar a su manera, pero como se los había dicho minutos antes, guardaría silencio hasta que se decidiesen a contarlo.

---: ¿Qué vamos a hacer ahora? –le decía acercándose muy sensualmente a ella-.

-Dulce: No te me acerques mucho que nos pueden ver –con tono de regaño le respondió-.

-Santi: Si todos andan en sus cosas, además ¿Para qué seguir ocultándolo? Ya Blu lo sabe y dudo mucho que los demás no lo hayan notado, sobretodo Fran que tiene una capacidad…

-Dulce: No lo creo. De ser así no me habría dejado en paz hasta que se lo confirme y la última vez que tocó el tema se quedó muy tranquila. Ya piensa que somos los mejores amigos –soltó una carcajada-.

-Santi: Seguí negándome Dulce María… Jesús dijo: “Niégame ante los hombres y te negaré ante mi padre”.

-Dulce: ¿y qué quieres decir con eso? –Se acercó dos veces a la distancia que se había alejado de él, muy sensualmente-.

-Santi: Nada, que alguien nos puede ver –intencionalmente se apartó, tratando de contener su risa, en venganza a lo que instantes antes había hecho ella- ¿Te acerco a tu casa?

-Dulce: Será… -desconcertada respondió y lo siguió hasta el auto-.
Cuando creía que realmente iba camino a su casa, vio como Santiago dio un giro inesperado que los desvió y al contrario se detuvo en el estacionamiento de un restaurant de comida oriental.

---: ¿Seguís enojada por no hacer nada? –Le decía al hacerle una seña para que se sentase.

Ella solo lo miró con cara de niña berrinchuda y apenada- Te ves hermosa cuando te pones de caprichosita ¿Lo sabías? –Cuando se disponía a defenderse la calló con un beso que la dejó sin aliento y que fue interrumpido por un dependiente del lugar para tomar su orden-.

-Dulce: Tramposo –le dijo coquetamente en un movimiento de sus labios mientras él intentaba concentrarse en su conversación con el mesero-.

En medio de una muy apetitosa comida y excelente compañía, escuchó su teléfono celular repicar, inicialmente decidió no contestar pues no le pareció apropiado hacerlo mientras comía, pero al ver la insistencia y frecuencia con que sonaba, decidió buscarlo en su cartera y contestar. Se sorprendió al ver en el identificador de llamadas aquel nombre, pues tenía mucho tiempo que sus relaciones con aquella persona eran un poco distantes, las pocas cosas que sabía acerca de su vida durante los últimos años eran gracias a la prensa y a sus fans que se encargaban de informarle de cada paso que daba y hasta reprocharle una que otra vez por lo ‘fría’ en que se había tornado aquella linda relación. Y, para ser sincera, realmente, aunque le inquietaba un poco la causa de la llamada, no tenía muchas ganas de responder e interrumpir su comida, pues no creía que sería justamente para saludar e invitarla a tomar un café como en alguna época habrían llegado a hacerlo.

---: ¿Campana? ¿Ese milagro que recuerdas a las viejas amistades? –Al abrir la llamada, inmediatamente contestó con un tono burlesco-.

-Anahí: Que poca, eh. Una de buena gente que llama a una amiga que hace años no ve y me respondes de esta manera… que decepción y que tristeza Dulce María –decía dramatizando y exagerando su tono de voz-.

-Dulce: ¡Ay, que dramática eres! Ya ni una bromita se te puede hacer pues.

-Anahí: ¿y cómo no quieres que me ponga así? Si te hablo y mira como me respondes.

-Dulce: Bueno, es que me sorprende tu llamada. Hace meses ni hablamos y desde hace mucho que no te veo, pensé que te habías olvidado de mi.

-Anahí: para que veas que siempre te recuerdo, a ti y a todos –amenazaba con agudizar su dramatismo-.

-Dulce: También yo –hizo un pequeño gesto de fastidio, pues realmente le desagradaba un poco el excesivo drama que hacía su ex compañera de grupo– Pero ya, dime de una vez que se debe el honor de tu llamada, porque no te creo que sea solo para decirme que me extrañas, eh.

-Anahí: Bueno –se sonrojó ante el comentario de Dulce, pues tenía toda la razón-.

-Dulce: ¿Lo ves? ¡Chisme de seguro! –AL escuchar su risa, prosiguió– A ver, ¿A quién quieres destruir? O ¿Sobre quien quieres información? Pero te advierto que no tengo mucho tiempo, eh. Estoy en medio de una comida que acabas de interrumpir, así que trata de no pegarte al teléfono.

-Anahí: ¡Amonos! Pero me imagino que debe ser muy importante la comida ¿o lo que viene después es más importante? –Dulce se sonrojó y miró apenada a Santiago ante aquel comentario- ¿Con quién estás? ¿Qué ha pasado que no sepa?

-Dulce: Luego te cuento –por la forma como lo veía, Santiago se pudo dar cuenta perfectamente que se refería a él, por lo que sonrió y siguió escuchando atentamente lo que ella decía mientras intentaba desconcentrarla para que cortase lo más pronto posible la llamada-.

-Anahí: ¡No! Nada que después, dime ya quien es el susodicho.

-Dulce: ¡Ya te dije que después, Annie! Además, no hablabas para que te cuente eso ¿o sí?

-Anahí: ¡Ash! Está bien caray Es que necesito confirmar una información que me llegó y creo que tú eres la indicada para hacerlo.

-Dulce: Pues solo dime quienes son los personajes y la supuesta información para confirmarlo o no.

-Anahí: ¡Va!... Samantha y uno de tus guitarristas.

-Dulce: ¡¿Samantha?! –Su rostro denotaba una gran sorpresa, pues no sabía acerca de nada que hubiese sucedido entre su casi hermana y uno de los guitarristas de su banda, entre los cuáles se encontraba Santiago, quien desde tiempo atrás había estado tras de ella, así que no podía ser. El único que quedaba por descarte era Blu y era más factible contemplar esa posibilidad entre ellos, pues se conocían desde antes debido a que también era guitarrista de Paty, pero se le hacía muy raro no saber nada al respecto o por lo menos tener alguna sospecha- ¿Con uno de los guitarristas de mi banda? –La cara de Santiago inmediatamente cambio su expresión y bajo la mirada, evitando la de Dulce que ni siquiera lo noto al estar sumida en sus pensamientos tratando de atar cabos para sacar sus conclusiones- ¿Será Blu?

-Anahí: no recuerdo su nombre, pero es uno flaquito, que si no estoy mal es argentino o algo así y a propósito, que está muy guapo, eh.

-Dulce: ¿Santiago? –preguntó observándolo ahora muy detenidamente y de manera acusadora-.

-Anahí: ¡Ese! Creo que así se llama.

-Dulce: Ah, mira tú ¡qué casualidad! –dijo haciendo mucho énfasis en las dos últimas palabras- no tenía idea de nada, pero justamente estoy con él en estos momentos, si quieres le pregunto y ambas salimos de la duda de una vez por todas –él solo la observaba tratando de decirle tantas cosas en silencio que ella no lograba interpretar debido a la ira que poco a poco comenzaba a apoderarse de la calma que minutos antes la embargaba-

-Anahí: -al notar el cambio repentino en su tono de voz- Esteeem… a lo mejor y son solo suposiciones de mi informante. Igual solo los vieron una vez, para el cumpleaños de una de tus amigas hace como un mes. Supongo que habrás estado allí.

-Dulce: ¿De Ivalú? Es el único cumpleaños que pudo ser para esa fecha y lamentablemente no pude estar porque andaba de promoción por Latinoamérica y Europa… pero por lo que veo ellos si se divirtieron mucho y de paso lo hicieron por mi –Cada vez sus ojos se clavaban terriblemente más fuerte entre los de él, a quien no le quedaba más escapatoria que desviar la mirada-.

-Anahí: ¡Eh! Bueno Dul, mejor no interrumpo más tu comida –al darse cuenta que había cometido una gran indiscreción, lo único que se le ocurrió fue cortar la llamada lo más pronto posible- si sabes algo me cuentas. Te quiero amiga. Un beso.


-Dulce: Bye Annie. Y no te preocupes, que yo te mantengo al tanto de todo –Sin más colgó la llamada, dejando el teléfono en la mesa y volviendo su vista a Santiago, mirándolo desafiante- ¿Qué dijiste? ¿Me ligo a las dos amigas para ver cual cae primero y mientras disfruto de lo que pueda? ¡Gracias! Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no valía la pena… y yo como tonta sufriendo porque no podía corresponderte de la misma manera como tú me querías, mientras te divertías a lo grande –le dijo irónicamente- de veras que tonta fui al creer que eras diferente a los demás… aunque pensándolo bien –dijo luego de una pausa- si eres diferente, ninguno había caído tan bajo como para jugar con una de mis amigas al mismo tiempo. ¡Qué pena me das, Santiago! –el prefirió guardar silencio y esperar a que ella le dijese todo lo que sentía y cuando se calmase, si es que sucedía, contarle lo que realmente había acontecido aquel día-.

Luego de decirle todo lo que su razón y autocontrol le permitió se levantó de la mesa, tomando sus cosas y dejando a un Santiago que solo observaba detenidamente cada uno de sus movimientos con un rostro que realmente dejaba ver lo apenado y afligido que se encontraba en esos momentos. Al verla parada en la salida del restaurant con la intención de tomar un taxi, se levantó rápidamente, dejando algo de dinero sobre la mesa –suficiente como para saldar la cuenta y una buena propina para el mesero-, aceleró al máximo su paso y la tomó de un brazo, a lo que ella intentó zafarse y avanzar pero él no se lo permitió

-Santi: Pégame y haz lo que quieras, pero viniste conmigo y conmigo te vas. No permitiré que te vayas con un taxista que te lleve quien sabe a dónde –ella solo lo observó rodeando los ojos, pero al darse cuenta de que tenía razón, aunque no quisiese aceptarlo, decidió acceder pues realmente no le agradaba la idea de subirse a un taxi-.

-Dulce: Está bien, pero suéltame que no me voy a escapar –él sonrió para sus adentros y se dispuso a abrirle la puerta del coche para que entrase- me dejas mejor en mi departamento, si no es mucha molestia –cosa que le pareció perfecta a él, pues tendría más tiempo para hablar que si la dejaba en casa de sus padres que se encontraba a escasas cuadras del lugar-.

-Santi: No busco justificarme y mucho menos hacerme el santo –le decía mientras ella observaba sin un rumbo fijo a través de la ventana de su lado, tratando de mostrarse indiferente a lo que decía, aun sin poder evitar escucharle- solo necesito que me escuches, solo cinco minutos y ya luego tomas tu decisión… Dul, por favor, mírame –le decía suplicante al ver como intentaba ignorarlo-.

-Dulce: ¿Qué quieres explicarme, Santiago? ¿Qué quieres que escuche? ¿La manera en cómo me calentabas el oído al mismo tiempo que a una de mis mejores amigas para ver quien caía primero? ¿O me vas a decir que fue ella quien te enredó? ¡Por favor! –Dijo sarcásticamente- Solo concéntrate en conducir y dejarme sana y salva en mi departamento… y por la banda no te preocupes, ya estoy acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas y soy muy profesional en ese aspecto.

-Santi: -Lanzó un profundo suspiro, tomando fuerzas y continuó- intenté decirte esto el día que fuimos a comer junto al lago ¿Lo recuerdas? –Ella solo lo miro y guardando silencio le permitió continuar- te dije que habían cosas que aclarar que habían sucedido durante tu estadía fuera de México para evitar malos entendidos y no me permitiste hacerlo, diciendo que no era necesario –ambos lanzaron un suspiro y ella, con un gesto en su rostro que decía se encontraba pensativa, le permitió continuar-.

Al cabo de unos minutos logró explicarle de la mejor manera posible, paso a paso como habían ocurrido las cosas desde el instante en que recibió la llamada como invitación para asistir a aquella fiesta, hasta el momento en que salió de allí. Agregando además las razones por las cuales sus amigas no le habían comentado absolutamente nada sobre aquel suceso, evitando de esta manera crear conflicto entre ellas. No se le hizo fácil aquello, pues su intención en ningún momento se inclinaba a hacer quedar mal a Samantha, pues además de que era su amiga, era también una mujer y por el solo hecho de serlo no se permitía a sí mismo expresarse mal sobre ella y mucho menos para excusarse y limpiar su imagen.

-Santi: Por favor, solo te pido que pienses bien las cosas y no tomes una decisión a la ligera –le dijo al momento que aparcaba el auto en el parqueadero externo del edificio-.


-Dulce: Bye Annie. Y no te preocupes, que yo te mantengo al tanto de todo –Sin más colgó la llamada, dejando el teléfono en la mesa y volviendo su vista a Santiago, mirándolo desafiante- ¿Qué dijiste? ¿Me ligo a las dos amigas para ver cual cae primero y mientras disfruto de lo que pueda? ¡Gracias! Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no valía la pena… y yo como tonta sufriendo porque no podía corresponderte de la misma manera como tú me querías, mientras te divertías a lo grande –le dijo irónicamente- de veras que tonta fui al creer que eras diferente a los demás… aunque pensándolo bien –dijo luego de una pausa- si eres diferente, ninguno había caído tan bajo como para jugar con una de mis amigas al mismo tiempo. ¡Qué pena me das, Santiago! –el prefirió guardar silencio y esperar a que ella le dijese todo lo que sentía y cuando se calmase, si es que sucedía, contarle lo que realmente había acontecido aquel día- .

Luego de decirle todo lo que su razón y autocontrol le permitió se levantó de la mesa, tomando sus cosas y dejando a un Santiago que solo observaba detenidamente cada uno de sus movimientos con un rostro que realmente dejaba ver lo apenado y afligido que se encontraba en esos momentos. Al verla parada en la salida del restaurant con la intención de tomar un taxi, se levantó rápidamente, dejando algo de dinero sobre la mesa –suficiente como para saldar la cuenta y una buena propina para el mesero-, aceleró al máximo su paso y la tomó de un brazo, a lo que ella intentó zafarse y avanzar pero él no se lo permitió

-Santi: Pégame y haz lo que quieras, pero viniste conmigo y conmigo te vas. No permitiré que te vayas con un taxista que te lleve quien sabe a dónde –ella solo lo observó rodeando los ojos, pero al darse cuenta de que tenía razón, aunque no quisiese aceptarlo, decidió acceder pues realmente no le agradaba la idea de subirse a un taxi-.

-Dulce: Está bien, pero suéltame que no me voy a escapar –él sonrió para sus adentros y se dispuso a abrirle la puerta del coche para que entrase- me dejas mejor en mi departamento, si no es mucha molestia –cosa que le pareció perfecta a él, pues tendría más tiempo para hablar que si la dejaba en casa de sus padres que se encontraba a escasas cuadras del lugar-.

-Santi: No busco justificarme y mucho menos hacerme el santo –le decía mientras ella observaba sin un rumbo fijo a través de la ventana de su lado, tratando de mostrarse indiferente a lo que decía, aun sin poder evitar escucharle- solo necesito que me escuches, solo cinco minutos y ya luego tomas tu decisión… Dul, por favor, mírame –le decía suplicante al ver como intentaba ignorarlo-.

-Dulce: ¿Qué quieres explicarme, Santiago? ¿Qué quieres que escuche? ¿La manera en cómo me calentabas el oído al mismo tiempo que a una de mis mejores amigas para ver quien caía primero? ¿O me vas a decir que fue ella quien te enredó? ¡Por favor! –Dijo sarcásticamente- Solo concéntrate en conducir y dejarme sana y salva en mi departamento… y por la banda no te preocupes, ya estoy acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas y soy muy profesional en ese aspecto.

-Santi: -Lanzó un profundo suspiro, tomando fuerzas y continuó- intenté decirte esto el día que fuimos a comer junto al lago ¿Lo recuerdas? –Ella solo lo miro y guardando silencio le permitió continuar- te dije que habían cosas que aclarar que habían sucedido durante tu estadía fuera de México para evitar malos entendidos y no me permitiste hacerlo, diciendo que no era necesario –ambos lanzaron un suspiro y ella, con un gesto en su rostro que decía se encontraba pensativa, le permitió continuar-.

Al cabo de unos minutos logró explicarle de la mejor manera posible, paso a paso como habían ocurrido las cosas desde el instante en que recibió la llamada como invitación para asistir a aquella fiesta, hasta el momento en que salió de allí. Agregando además las razones por las cuales sus amigas no le habían comentado absolutamente nada sobre aquel suceso, evitando de esta manera crear conflicto entre ellas. No se le hizo fácil aquello, pues su intención en ningún momento se inclinaba a hacer quedar mal a Samantha, pues además de que era su amiga, era también una mujer y por el solo hecho de serlo no se permitía a sí mismo expresarse mal sobre ella y mucho menos para excusarse y limpiar su imagen.

-Santi: Por favor, solo te pido que pienses bien las cosas y no tomes una decisión a la ligera –le dijo al momento que aparcaba el auto en el parqueadero externo del edificio-.


Mientras veía como lanzaba un largo y profundo suspiró, lo observó por última vez, un poco más calmada que antes y sin más, luego de expresar un –“gracias”- que supuso él, serían por haberla dejado en casa, decidió abrir la puerta y salir lo más pronto posible del auto sin siquiera esperar a que él, como era su costumbre se bajase y lo hiciese por ella.

Todo era tan ¿difuso? Si, esa era la palabra que en aquel instante describía como se sentía. Había escuchado una a una las palabras de Santiago encaminadas a explicarle lo que pasó algunas semanas atrás con aquella persona a quien veía como más que una amiga y realmente alcanzó a entender claramente –según ella- como habían sucedido las cosas.

En ningún momento vio intención en el de excusarse en un mal paso dado por su amiga para dejarla como la mala del paseo y quedar él como el santo crucificado, sino que, muy al contrario, se notaba claramente su objetividad al relatar los hechos tal cual habían sucedido, incluso había mencionado a otras de sus amigas, quienes habían presenciado los hechos y por ende quedaba abierta la posibilidad de investigar con estas, que sin dudar le dirían la verdad en cuanto se lo preguntase.

De la manera en cómo le había explicado la situación lo había entendido muy bien, tan bien que inmediatamente su enojo hacia él se calmó, sin embargo su orgullo no le permitió expresarlo; pero muy a pesar de eso, aun se sentía extraña, impotente, frustrada y no era precisamente por sentirse engañada de parte de Santiago, era algo más fuerte que no lo involucraba justamente a él.

Conocía perfectamente la manera de ser de su amiga, a quien conocía de muchos años atrás y consideraba como su hermana, tal vez no lo eran de sangre, pero si del corazón, muy a pesar de ser tan diferentes y hasta un poco contradictoria su forma de ser y pensar, se complementaban muy bien y llevaban una relación de hermandad única, tan así que junto con Paty hacían un trío explosivo. Y justamente era eso lo que le atormentaba en esos instantes ¿Sería Samantha capaz de hacerle aquello? Pero… ¡Momento! ¿Qué le había hecho?... ¿Vale como traición darle un simple beso a una persona que todo mundo sabe está detrás de ti, más sin embargo aun no tienes nada con él? ¿Qué era lo que realmente le dolía? No lo sabía, pero sinceramente se encontraba no enojada, sino dolida por lo que sea que haya sucedido, en esos momentos lo que menos le importaba era que fuese Santiago el involucrado en el asunto, lo único en lo que podía pensar era que ¡Como siempre! Las personas en quienes más confiaba la hacían sufrir y todo por entregar su cariño sin esperar recibir nada a cambio.

Pero ¿Realmente le molestaba desilusionarse de alguien por ser ella quien había confiado?... No, no era eso, era tal vez el hecho de que una de sus mejores amigas, a quien conocía muy bien, tan bien que sabía que era capaz de cualquier cosa cuando alguien le gustaba, se metiera justamente con la persona que para aquel entonces se encontraba interesada en ella… ¡¿Por qué?! ¿Por qué precisamente con él? ¿Tan fuerte era la calentura que no pudo aguantarse y tuvo que lanzarse inmediatamente? Porque de lo que si estaba completamente segura era que, si él no lo hubiese detenido a tiempo, no habría terminado allí, sino como mínimo un acostón en algún lugar escondido en la fiesta y si contaban con suerte, después de esta algo más, si las cosas eran como Santiago decía, claro está.

O… había una idea que le inquietaba un poco más ¿Si la atracción era tan grande por qué no se lo había dicho antes? Para ese entonces ella no se encontraba muy clavada con Santiago, no hubiese sido un esfuerzo tan grande hacerse a un lado y permitirle a su amiga la oportunidad de intentar algo con él, sin necesidad de caer tan bajo -como lo veía ella en esos momentos-.

Mientras se encontraba recostada en su cama, luego de cambiarse a algo muy ligero para sentirse cómoda, para que por lo menos el cuerpo sintiera la comodidad que su mente y corazón no podían tener en esos momentos, unos shorts, camiseta holgada y las medias tobilleras que traía con las botas desde que salió de casa; lloraba sin saber por qué, una a una caían las lágrimas en su rostro, empañándolo cada vez más, al tiempo que buscaba respuestas a preguntas que no tenía muy claras, solo pensaba en tantas cosas que lo único que hacían era enredar más sus pensamientos y sentimientos de como inicialmente se encontraban. Lo único que podía ver claro en esos momentos era que por fin creía comprender que era lo que realmente sentía por Santiago, por lo menos de algo le había servido que las cosas sucediesen de esa manera.





Capítulo 12


La voz del capitán de vuelo, anunciando su próximo aterrizaje en México DF la hizo regresar a su ‘cruda realidad’, inmediatamente guardó sus cosas antes de que Luis -quien ahora viajaba a su lado- pudiera descubrirlo y comenzara a molestar, en esos momentos no estaba para aguantar bromas de ninguna especie, simplemente quería llegar a casa, recostarse en la calidez de su cama y dormir para olvidar por un momento todos los pensamientos que la perturbaban. En unas cuantas horas se encontraría con Santiago y debía tomar una decisión, cuyos resultados no hicieran que ninguno de los dos saliera lastimado, por lo cual debía descansar muy bien para decidir las cosas con la mente lo suficientemente clara y despejada.


Al  bajar del avión la recibió la persona que más amaba en el mundo: su madre. Al verla se fundieron en un fuerte y cálido abrazo, en esos momentos necesitaba tanto uno de ellos y definitivamente la fuerza que le entregaba la persona que le dio la vida, aunque no supiese lo que estaba sucediendo, era inigualable e irremplazable por las palabras o cualquier expresión de cariño que pudiese entregarle cualquier otra persona, por más que la quisiese.

Al ver su rostro y la fuerza con que se aferraba en sus brazos pudo intuir inmediatamente que algo le aquejaba a su tesorito, su niña, que aunque tuviese la edad que tuviese siempre sería su bebé, puesto que fue una lucecita que llegó a su vida cuando más lo necesitaba y menos lo esperaba, además que era la menor de sus hijas, por lo que sentía que debía protegerla más que a nadie y aun más al verla tan frágil y vulnerable

-Blanquita: Bebi, mira nomás como vienes ¿Qué pasó? ¿Cómo estuvo el viaje?

-Dulce: No ha pasado nada, ma. No te preocupes. Tiene dos semanas que no descanso bien y como unas treinta horas que no duermo; lo que traigo es solo cansancio. De resto el viaje estuvo muy bien –lo dijo con una débil pero sincera sonrisa- ya te platicaré luego y con más detalle cómo me han hecho feliz en este tiempo.

El camino a casa fue más que callado; aquel era un silencio incómodo y hasta se podría decir que perturbador. Nadie pronunciaba palabra; Dulce por su parte se encontraba inmersa en sus pensamientos (como de costumbre) pero esta vez se notaba además de cansada y pensativa, angustiada; su mirada se hallaba perdida, en su ceño se formaban gestos de preocupación, sus párpados denotaban cansancio, su sonrisa se mostraba algo débil, sin desmeritar los inquietos y en ocasiones desesperantes movimientos de sus manos enredándose en sus cabellos.

Blanca sabía perfectamente que algo había sucedido en aquel viaje y a su regreso provocaba un tanto de preocupación en su hija, no era necesario estar ciego para no verlo, a leguas se podía notar, mucho más teniendo en cuenta que al ser su madre la conocía como la palma de su mano y podía reconocer su estado de ánimo con tan solo mirarla por un segundo. Luego de la evasiva con que le respondió en el aeropuerto, decidió no volver a tocar el tema, aunque muriese de ganas por saber lo que sucedía y platicarlo con ella para ayudarla en todo lo que pudiese, sabía que en esos momentos lo mejor era guardar silencio y darle su espacio para contarle cuando lo creyese conveniente. De momento solo comentaba de vez en cuando y para romper el hielo de la situación, cosas que habían sucedido en casa durante su estadía por fuera que podrían interesarle y distraerla un poco.

Al llegar a casa rápidamente saludó a su padre y hermana que se encontraban en la planta baja esperándola con brazos abiertos e inmediatamente subió a su habitación con la excusa de que se encontraba agotada y necesitaba descansar mucho, razón por la cual les encomendó de favor que nadie se atreviese a despertarla a menos que fuese de carácter extremadamente urgente, ni siquiera para comer, lo haría cuando su cuerpo se lo pidiese, así como en esos momentos solo le pedía dormir a más no poder.

Luego de un largo y relajante baño en la tina, calló rendida al acomodarse entre las cobijas; tal vez un poco raro que se durmiese tan fácil, pero para el estado en que se encontraba era más que normal, teniendo en cuenta que aun quedaban en su cuerpo estragos de la resaca que había adoptado horas atrás, sumándolo al cansancio adquirido durante las últimas horas de su estadía en España, sus intentos fallidos de conciliar el sueño durante la permanencia del vuelo Miami-Ciudad de México y el agotamiento acumulado tras dos intensas semanas de constantes viajes en avión, uno que otro corto recorrido terrestre, cambios de hotel y arduas jornadas de entrevistas, firmas de autógrafos, sesiones de fotos y convivencias con los fans. - “Ya debería estar acostumbrada a esa rutina” – dirían muchos, puesto que la mayor parte de su vida había girado en torno a aquel mundo y -“tarde o temprano terminamos acostumbrándonos a la rutina”- si, muy fácil decirlo, pero una cosa muy distinta a eso es vivirlo y mucho más siendo una persona a quien no le agradaban en lo absoluto las rutinas, sea cual fuese, simplemente jamás le llamó la atención hacer siempre lo mismo, por muy divertido e incluso apasionante o excitante que pudiese llegar a ser; no es que se quejase de su vida, por el contrario, era dichosa de poder hacer lo que amaba y compartir tantas alegrías con personas que sinceramente sabían recibir y de la misma manera retribuir su cariño, pero muy aparte de eso, el cansancio, el tiempo perdido dentro de aviones, aeropuertos o cuartos de hotel, el hecho de no poder tener el amor de una pareja a su lado a causa de aquello, los momentos importantes dejados de compartir con la familia o amistades, eso sería algo que nadie le devolvería nunca y algunas, por no decir muchas veces hacía un gran peso en su corazón, acongojándolo y provocando flaqueza frente al ideal de cumplir sus más grandes sueños, que si bien ya se encontraban en cierta parte realizados, sentía que aun faltaba mucho por recorrer, más talentos que descubrir y mostrar, un lugar más alto al cual llegar y, viendo las dificultades que en más de una ocasión se presentaban, le hacían dudar si realmente sería capaz y contaría con la fortaleza necesaria para afrontarlo con la valentía requerida y finalmente llegaría donde con tanta ilusión se había propuesto; lo único que podía tener claro era que conseguiría llegar hasta donde la voluntad de Dios se lo permitiese.


Durante el resto de aquel día nadie supo de ella, solo hasta llegado el medio día siguiente, que por cierto, había comenzado hermosamente perfecto: lluvioso, que si bien traen consigo algo de nostalgia, son los mejores días para descansar y quedarse dentro de las cobijas recobrando energías y pensando en el color de las pelusas que constantemente se encuentran en el ambiente, pasando sobre ti y que ni siquiera alcanzas a ver a causa de su diminuto tamaño… si, pensar en eso, en el color de las paredes en donde te encuentras refugiado, de por qué decidiste pintarlas de tal manera durante la adolescencia y posteriormente elegiste cambiar, en la puerta del closet que desde tu cama alcanzas a notar quedó mal cerrada o en cualquier tontería que se te cruce por en frente durante ese instante y a la vez en absolutamente nada… solo dormir y observar un punto fijo en tu interior, aquel que nadie más que tú, solo puede observar.

Santiago tocó el timbre de aquella casa que tanto le gustaba, era tan acogedora que cuando llegaba allí, luego no tenía muchas ganas de retirarse; además de ser un cálido refugio, sus habitantes no se quedaban atrás, todos y cada uno de ellos eran personas muy especiales que realmente lo hacían sentirse muy a gusto en su presencia, aunque todos estuviesen mal de la cabeza, deducción que hacía por la manera peculiar de comportarse de cada quien; de hecho eso era lo que le encantaba de esa familia, que casualmente le recordaba mucho a la suya, tenían una forma muy particular de ver la vida y lo mejor es que no escatimaban en compartirla con los demás, sino que por el contrario eran perfectos relacionistas, por llamarlo de alguna manera. Observando con detenimiento la extraordinaria puerta que se encontraba en la entrada de la casa, cuyo diseño le encantaba por su autenticidad e inconfundibles rasgos, que con solo verla podrías identificar el tipo de personas que habitaban en ella, esperaba a que le abrieran para preguntar por la persona que buscaba, pero, tan profundos eran sus pensamientos sobre aquella reliquia perfectamente diseñada, que al momento de ser abierta fue tal su sorpresa que dio un brinco hacia atrás, que estuvo a punto de provocar su caída de no ser por la agilidad con que pudo reaccionar y sostenerse de la pared más cercana.

Detrás de la puerta, un rostro que inicialmente mostraba gran enojo por ser despertada cuando en el mejor de los sueños se encontraba y sacada casi que a patadas de su propia habitación, cambió repentinamente su expresión a una de preocupación al ver que la persona que muy pacientemente había tocado el timbre y esperado por varios minutos mientras discutía prácticamente sola, pues no se encontraba nadie más que ella en la planta baja, por el hecho de que le tocase abrir aun estando medio dormida y expropiada de su recamara, a punto de caer  a causa de la impresión de verla –“¿Tan fea se veía al despertar”-  No era momento de pensar en eso, así que rápidamente alejó aquellos pensamientos y se dispuso a ayudarlo, no sin antes preguntarle si se encontraba bien y luego, sin muchas ganas hacerlo pasar.

---: ¿Tan feo me veo hoy? –Preguntó muy animosamente para hacerla cambiar de actitud – Parece que viste a un fantasma.

-Dulce: -levemente sonrió- Lo siento, no te lo tomes personal, pero es que ¡Ash! –Decía refunfuñando- me ponen de malas cuando me despiertan.

-Santi: Disculpa por haberte despertado, pero bueno, ya es medio día y si mal no recuerdo habíamos quedado de comer hoy.

-Dulce: No, no fuiste tú quien me despertó, fue Lina, que entra como dueña de mi habitación y por poco me saca a patadas de mi propia recamara ¡¿Puedes creerlo?!

-Santi: ¿Quién es Lina y por qué te saca de tu habitación? –Decía tratando de aguantar la risa al ver el enojo absurdo, según él, que traía Dulce-.

-Dulce: La niña que ayuda con la limpieza y me despierta porque supuestamente mi mamá le dijo que no se fuera sin dejar todo arreglado y como la señorita se tiene que ir a hacer no sé qué cosas me tenía que sacar de mi recamara.

-Santi: Bueno, pero ya no hagas corajes por eso, mejor  sonríe y sé feliz, que así te ves mucho más linda –Ella no pudo evitar regalarle una sincera sonrisa-  además, estas como que ya no son horas de dormir, ¿no crees?

-Dulce: Bueno, ya “X” con eso, mejor dime ¿Por qué no me avisas que pasabas a recogerme? Mira nomás en las fachas que me encuentras y ¿No te parece que es muy temprano como para comer? Apenas y son las 12:00 m.

-Santi: Ya sé que es algo temprano, pero de aquí a que lleguemos al sitio en donde hice reservaciones tenemos tiempo justo para llegar; mejor ve a cambiarte.

-Dulce: ¿Tan fea me veo? –decía fingiendo enojo-.

-Santi: Te ves hermosa así y con lo que te pongas, pero, siendo mujer, no creo que quieras poner un pie fuera de tu casa en pijamas.

-Dulce: Santi, pero –Haciendo pucheros- es muy temprano, tengo sueño.

-Santi: ¿Cuándo no vos con sueño?

-Dulce: ¡Oyeeee! –Le dio un pequeño golpe en la cabeza-.

-Santi: -Soltó una pequeña carcajada- Ya, ya. Dejá de hacer berrinche y andá a cambiarte floja, si no querés que te lleve así y ya sabes que no ando con rodeos, eh?

-Dulce: ¡Ash! Me chocas –con una sonrisa se dio media vuelta y cuando se disponía a subir las escaleras se topó con Lina que venía bajando- ¿Ya terminaste con mi recamara?

-Lina: No señorita, aun me falta.

-Dulce: Por favor atiende al señor en lo que me cambio, ofrécele algo para tomar o lo que sea y ya luego terminas cuando me vaya.

-Lina: Pero…

-Dulce: Pero nada, ya me sacaste una vez de mi habitación, ahora haz lo que te digo –Sin más siguió subiendo, dejando a Lina un poco confundida y a Santiago a punto de morir de risa por sus cambios de humor, entre otras cosas era eso lo que más amaba de esa mujer-.

Luego de un rato prudente de espera y algunos minutos de viaje llegaron a un lugar muy tranquilo a las afueras de la ciudad; era un sitio encantador, muy acogedor y para su tranquilidad sin afluencia de prensa, paparazzi o algo similar que pudiere crear chismes por una comida de “amigos”.


Al llegar a la mesa reservada, él muy amablemente le abrió la silla para que se sentase. Ella, sin dejar de observar detenidamente el lugar accedió a sentarse, mientras sus ojos se concentraban en la hermosa vegetación que los rodeaba, incluso se preguntaba cómo era que nunca había estado en ese lugar tan ¿“mágico”?. Si, esa era la palabra perfecta para describirlo. Pasto muy verde y se notaba que sumamente cuidado, una gran variedad de flores, entre ellas girasoles que eran las que más se destacaban entre todas por su tamaño y distintivo color amarillo, un pequeño lago a un costado del restaurant, mariposas volando y pajaritos trinando cerca de las flores, niños felices corriendo por todas partes y un lugar de juegos exclusivo para ellos, cabañas muy campestres al otro lado del lago y un sinnúmero de detalles que lo hacían magníficamente único. Definitivamente el lugar perfecto para iniciar una buena relación.

---: ¿Y? ¿Qué te pareció el lugar, que te quedaste muda?

-Dulce: ¡Me encantó! Es perfecto este lugar. Podría quedarme toda la vida aquí.

-Santi: Sabía que te iba a gustar a vos. Recién me enteré hace unos días que existe por unos amigos que vienen con la familia y apenas lo vi, pensé en vos –Le respondió con una hermosa sonrisa y un “gracias” que apenas alcanzó a leer de sus labios- ¿Te parece si comemos primero o damos un paseo para que conozcas el lugar y ya luego pedimos de comer?

-Dulce: Mejor primero comemos y luego conocemos –Sonrió un poco apenada- es que tengo hambre.

-Santi: ¿Cuándo no? –Dijo solo para sí, pero no pudo evitar ser escuchado por ella-.

-Dulce: Te oí, eh?

-Santi: ¿Qué pasó? Yo no he dicho nada.

-Dulce: Ándale, sigue así.

-Santi: ¡Che cañí! Ya hasta alucinas –Ella no pudo evitar sonreír al escuchar eso- creo que por tu bien deberías dejar de fumar esas cosas, te están afectando mucho –Al percatarse de su sonrisa preguntó- ¿Qué, tengo cara de payaso o qué?  -Ella solo siguió sonriendo- ¿Ves? ¿Ya ves que trae mal esa cosa que fumas?

-Dulce: Me gusta cuando me dices cañí ¡Y ya párale con eso! Cualquiera que te escuche pensará que de veras me drogo.

-Santi: Es lo que sos, ¿No?

-Dulce: Bueno, sí. Pero solo tú me llamas así –En ese instante solo sonrieron mientras se perdía uno entre la mirada del otro durante un tiempo prudente-.

-Santi: ¿Preferís un aperitivo mientras que esperamos la comida?

-Dulce: ¿Tu qué crees?

-Santi: Que sí, porque no quiero que te mueras de hambre aquí, ¿Luego a quien le toca cargarte?

-Dulce: ¿Ah? –Hizo un gesto de enojo e incredulidad, llevando sus manos a la cintura- ¿Me estás diciendo gorda?

-Santi: Ya te pareces a tu amiguita esta ¿Cómo es que se llama? La que solo piensa en eso… Me extraña cañí, vos no sos de ese estilo.

-Dulce: Si, pero tampoco para que trates así –Decía simulando enojo-.

-Santi: Bueno, ¿Ya decidiste que querés pedir? Te recomiendo el churrasco.

-Dulce: Ahora entiendo por qué me trajiste, solo para satisfacer tus gustos.

-Santi: -Soltó una pequeña carcajada- claro que no, lo hice porque el sitio me pareció perfecto para vos. Pero no puedo negar que el de aquí es el mejor churrasco que he probado fuera de la Argentina, además sabés muy bien que te encanta.

-Dulce: ¡Va! Y de entrada una ensalada fría.

Luego de que trajeran su orden y compartiendo de una muy animosa charla en la mejor compañía era momento de pasar a un tema más interesante

-Santi: y ya, cambiando de tema –Ella no pudo evitar sonreír al notar como comenzaba a ponerse nervioso. Pero para él era inevitable que sucediese, solo esa mujer lograba que se pusiese así y no podía controlarlo- No te rías.

-Dulce: ¡Ok ya! –Cada vez era más difícil controlar sus ganas de soltar una carcajada, pero debía aguantarse aunque no quisiese hacerlo- Perdón, perdón. Pero es que me da mucha risa tu carita –esta vez fue inevitable reírse, pero al ver como la observaba él, necesariamente tuvo que calmar su risa- ¡Ok ya! Lo siento. Prometo no volver a reírme.

-Santi: Si querés mejor la dejamos ahí.

-Dulce: ¡No! No ¿Cómo crees? Neta discúlpame, fue sin intención.

-Santi: Está bien. Bueno, antes que nada, creo que sería conveniente hablar sobre los días que estuviste de viaje…

-Dulce: -Inmediatamente se puso tensa, pero no lo dejó continuar- ¿Sobre mi viaje? ¿Qué con eso?

-Santi: Bueno, considero que sería conveniente aclarar algunas cosas antes que se presten a malos entendidos.

-Dulce: ¿Por qué? ¿Acaso sucedió algo que no sepa o qué? –Santiago solo asintió- Santi, mira: lo que haya pasado durante esos días, cualquier cosa que haya sido y no creo que deba ser ningún problema para nada, no importa en estos momentos, primero porque al irme no quedamos en nada, solo que te daría una respuesta al regresar y segundo, por eso mismo no tendrías que rendirme cuentas de lo que hiciste, ¿Está claro?

-Santi: Bueno, sí pero…

-Dulce: Pero nada –con aquella ternura que la caracterizaba posó uno de sus dedos sobre sus labios para hacer que no continuase con lo que pretendía decir- Sea lo que sea queda atrás y ya no importa. Lo único que nos debe importar es lo que pase de aquí en adelante

-Santi: Eso quiere decir qué… ¿?

-Dulce: -Lentamente se acercó a él y con un tierno beso lo calló - ¿Esto responde a tu pregunta? –Le dijo con una gran sonrisa en sus labios-.

El solo se acercó a ella y muy efusivamente la envolvió en sus brazos, entregándole otro beso, ahora con más fuerza. Luego de unos segundos se separó y mirándola a los le preguntó:


-Santi: ¿Es en serio?

-Dulce: ¿Tengo cara de estar bromeando? –con una sonrisa que denotaba picardía, respondió-.

-Santi: Se supone que debería confiar en ti, ¿No? –Ella solo lo miró de forma acusadora- ¡Gracias!

-Dulce: ¿Por qué?

-Santi: Por esto, por darme esta oportunidad.

-Dulce: La oportunidad es para ambos ¿No crees? Y con respecto a eso, creo que antes debemos aclarar algo –Extrañado la miró– Ven  –Se levantó y le ofreció su mano para ir a caminar un rato– Bueno, tu ya conoces mis sentimientos y bien sabemos que en el corazón no se manda, pero quiero darme esta oportunidad contigo, porque te quiero y la mereces, al igual que yo también creo que merezco alguien como tú. Ya es hora de dejar todo atrás y volver a comenzar, vivir nuevas experiencias, comenzar de cero, volver a confiar y ¿por qué no? Amar una vez más. No sé si esto funcione, por eso quiero dejarlo claro, pondré todo de mi parte para que se den las cosas de la mejor manera posible, ya no somos un par de adolescentes para andar probando aquí y allá, debemos estar seguros de lo que hacemos y lo que queremos. Yo hoy digo que quiero intentarlo contigo y me encantaría que funcione, porque no quisiera lastimarte ni tampoco salir lastimada, así sea por una tontería. Por eso quiero saber si estás dispuesto a continuar de esta manera, sin saber lo que vaya a pasar más adelante, sin tener la seguridad de que tanto pueda llegar a amarte o si sucede lo contrario y lo más importante, si estás dispuesto a ser paciente para permitir que las cosas sucedan como tengan que ser, sin presiones, sin cuestionamientos y sobretodo, con confianza.

-Santi: Mary –Tomo sus dos manos entre las suyas para quedar frente el uno del otro  y poder hablarle mirando a los ojos– te lo dije una vez y ahora te lo repito: No pretendo hacer que confíes en mí, que me quieras de la noche a la mañana y que olvides todo lo que has vivido hasta ahora, no. Yo lo único que pido es que me permitas estar al lado de vos, ayudarte a volver a confiar y amar, a que saques los miedos que llevas dentro y que sepas que si se puede ser feliz y entregar el corazón, que hay personas que sí merecen tu cariño. No digo que sea yo esa persona, porque puede que no sea lo que mereces, pero quiero demostrarte que estoy dispuesto a entregarte lo mejor de mí, porque lo único que quiero es verte feliz a vos. No quiero volver a ver estos ojitos con esa mirada perdida, cuando sonreís te ves más linda que nunca y no me perdonaría que vuelva a salir una lágrima por aquí –Con mucha delicadeza puso una de sus manos por debajo de uno de sus ojos, acariciando su mejilla-.

-Dulce: -Le dio un beso fugaz en los labios acompañado de un fuerte abrazo- ¡Gracias!

-Santi: Ven, te quiero enseñar un algo –La tomó de la mano y la condujo hasta un lugar un poco apartado del restaurant, desde donde se podían ver los pequeños rayos de sol que apenas comenzaban a salir, luego de una mañana lluviosa, uniéndose con el agua de aquel lago, algunos animales caminando entre las plantas y solamente ellos dos– Hoy, frente a este lago,  al sol que apenas se asoma y con estos conejitos como testigos quiero, necesito decirte a vos que así como me has dado una gran alegría, haré todo lo que esté en mis manos de aquí en adelante para que la sonrisa más linda que he visto no se borre jamás y para que se borren todos esos miedos de aquí –señalo su corazón- y de aquí –subió su mano hasta un lado de su cabeza- y no me importa si suena muy cursi, pero es la verdad, es lo que siento y es importante hacértelo saber. Y no solo que lo sepas, sino que lo tengas presente para cuando no cumpla con mi palabra me lo hagas saber.

-Dulce: Ya, que me vas a hacer llorar –Le otorgó una tierna sonrisa y se abrazó a su costado– Gracias por todo esto y te prometo que pondré todo de mi parte también para no defraudarte y hacer que funcione.

-Santi: Más te vale,  porque bastante tiempo y esfuerzo que me costó conseguir este sí –Soltó una pequeña carcajada-.

-Dulce: No más para que veas que no soy fácil de conquistar, eh? A ver si me cuidas como dices. Por ahora estás en período de prueba –El solo abrió la boca con cara de asombro y ella entre carcajadas le respondió:- No, ¿Cómo crees? Oye pero, no le vamos a decir a nadie aun ¿Va?

-Santi: ¿Tan feo soy que te avergüenza decir que andas conmigo?

-Dulce: ¡No, menso! No lo digo por eso.

-Santi ¡Ah! Pero entonces si te parezco feo.

-Dulce: ¡Que no es eso!

-Santi: Pero dilo que no me enojo, andá, decílo.

-Dulce: Que no, Santi. ¿Crees que yo podría estar con alguien tan feo?

-Santi: Bueno, pero también tengo mis cualidades ¿Qué, eso no cuenta?

-Dulce: Todo cuenta.

-Santi: ¿Ah sí? Todo, ¿Cómo qué cosa, por ejemplo?

-Dulce: Hmmm –Se giró hacia él, mirándolo pícaramente de arriba hasta abajo– mejor te conformas con saber eso… pero, regresando al tema en que estábamos, te digo eso por la prensa y todo esto, ya sabes cómo son que se meten en todo y luego inventan cosas que no son que hasta pueden causar problemas en donde no los hay, aparte tu eres alérgico a todo lo que tenga que ver con medios de comunicación y no me digas que no es así –apenado sonrió– y por otro lado, también están los fans, que ya sabes cómo se ponen de intensos y no quiero que te armen una guerra sin razón.

-Santi: Bueno, en eso tienes razón. Me disculpará usted por mi falta de experiencia y conocimiento en el tema, pero es que nunca había estado con una chica famosita.

-Dulce: ¡Payaso!

-Santi: Lo digo en serio, eh? Pero bueno, eso no impide que lo sepa la familia, la banda y los amigos más cercanos o, ¿También tenemos paparazzi y espías entre ellos?

-Dulce: No, pero es mejor evitar, ¿No te parece? Igual ya se darán cuenta y realmente no creo que se tarden mucho, por lo menos mi mamá, no pasarán cinco minutos de que llegue a mi casa cuando ya me hará tremendo interrogatorio.

-Santi: -No pudo evitar soltar una carcajada– pobre Blanquita, como la difamas.

-Dulce: Pero es que es la neta. No sé cómo le hace para enterarse de todo sin que le haya contado nada.

-Santi: Tal vez porque es tu mamá y es esa una virtud que tienen todas.

-Dulce: Bueno, sí, eso ha de ser.

Esa tarde se la pasaron mucho mejor que bien, luego de caminar un rato por el lago y hablar de tantas cosas, unas más interesantes que otras, pero entretenidas para ellos, al fin y al cabo; disfrutaron de un apetitoso postre y unos buenos besos, fueron al cine, entre otras cosas que se hacen solamente en compañía de una buena pareja y que ambos desde mucho tiempo atrás no disfrutaban tanto.