sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 13


Como todos los días durante las últimas tres semanas luego de aquella maravillosa tarde en que le había dado la alegría de permitirle entrar a su vida como algo más que un amigo, pasó por ella antes de ir al ensayo, aunque pareciese raro, nadie se había dado cuenta de lo que sucedía entre ellos, a pesar que todos los veían más juntos cada vez, no se les hacía raro pues sabían que eran muy buenos amigos y como supieron disimular muy bien su “amistad” realmente pocos sospechaban. Fran, la más perspicaz de sus amigas veía todo como -“seguramente a Santi se le pasó la cosa y prefirió quedar como el mejor amigo antes de perderla” - y claramente eso era lo que se veía a la luz de todos, aunque no desaprovechasen un segundo a solas, sin que nadie los viese para darse de arrumacos o una que otra muestra de cariño.

Ella no podía negarlo, se encontraba feliz e intentaba darle lo mejor de sí a Santiago, a pesar de ser realmente poco el tiempo que llevaban juntos, había podido darse cuenta que efectivamente sí sentía algo más que un simple cariño por él y aunque de vez en cuando se atravesasen en su mente los fantasmas del pasado, no les permitía albergarse mucho tiempo en ella, pues prefería concentrar sus energías en cosas que sí valían la pena y lo que en esos momentos mantenía contento su corazón.

Mientras conducía la observaba de reojo por el retrovisor sin que se diese cuenta de lo que hacía, evitando un regaño de su parte, pues siempre le decía que podía ocurrir un accidente por no poner atención a la vía al ir al volante; pero para él era inevitable hacerlo, más aun cuando se veía tan hermosa como aquel día. Llevaba una blusa tipo esqueleto color palo de rosa, pantalón negro, botas planas, cabello suelto, gafas oscuras para el sol y su rostro perfectamente libre de maquillaje. Definitivamente no había palabras para describir la manera en que le gustaba verla así, al natural, tal como era ella, sin preocuparse por la apariencia física, distraída observando cada cosa que pasaba detrás de la ventana y espontáneamente acomodando entre sus manos su cabello, cada diez segundos.

---: ¿Podes dejar quietas tus manos por lo menos un momento?

-Dulce: ¿Eh? –Respondió al ser obligada a salir involuntariamente de sus pensamientos-.

-Santi: ¿En qué tanto pensás? Te noto como algo preocupada.

-Dulce: No, nada… solo estaba distraída –seguía acomodando su cabello, ahora con más frecuencia debido a la pregunta de Santiago-.

-Santi: Cañí –Le dijo a manera de reproche, haciéndole saber que podía confiar en él-.

-Dulce: En serio que no pasa nada –pasó una de sus manos por la nuca de él, enredando sus dedos entre sus cabellos para otorgarle tranquilidad-.

-Santi: Está bien, si no me querés contar no pasa nada.

-Dulce: ¿Qué me decías antes? –cambió intencionalmente de tema para evadirlo-.

-Santi: Nada, solo que dejaras de mover tanto las manos entre el cabello. No sabes disimular cuando estás intranquila –le otorgó una ligera sonrisa, volteando a verla e inmediatamente regresando su vista al frente-.

-Dulce: ¡Me estabas mirando por el retrovisor! –Le dijo acusadoramente con la sola intención escaparse del tema-.

-Santi: Una miradita no mata a nadie –le guiñó un ojo, aparcó el auto y se bajó dejándola con la palabra en la boca y esta abierta al no alcanzar a decir lo que pensaba. Le dio media vuelta, abrió la puerta del lado de ella y le ofreció su mano para que se bajase– ¿venís?

-Dulce: Sigue así Santiago, vas muy bien.

-Santiago: ¿Y ahora yo que hice? –Respondió muy entretenido, haciéndose el inocente-.

---: ¿Qué onda chavos? ¿Hoy que casualidad los trae juntos? –Comentó “Blu” al llegar, interrumpiendo a Dulce. Al escuchar su comentario ambos se miraron y sonrieron apenados– tranquilos, no los balconeo. Pero ya inventen una excusa nueva ¿No? Esa de que “de casualidad pasé cerca de su casa y decidí traerla” ya está como muy trillada –Santiago y Dulce trataron de desviar sus miradas, observando a cualquier lado, menos a quien les hablaba para ‘simular’ que no sucedía nada– y tu dulcecita –lo dijo conscientemente de que no le gustaba que la llamasen de esa manera– ¿Cómo has estado? –Puso uno de sus brazos sobre sus hombros, dirigiéndola hacia la entrada del lugar- ¿Cómo te trata este muérgano? –cada cosa la decía con ánimo de reírse de ellos, aprovechándose de la situación– si te hace algo solo es que me avises y se acordará hasta del día en que nació con la paliza que lo daré en tu nombre.

-Dulce: Gracias Blu –comentó luego de una carcajada. Al ver la cara de Santiago que solo observaba como se divertían, se acercó a él dándole un beso fugaz– esperemos que no sea necesario –le tocó la barbilla y siguió caminando, sabiendo que la seguía con su mirada, atontado-.

Luego de que llegaran todos e instalaran los equipos iniciaron el ensayo que transcurrió con total normalidad, con una que otra mirada de Santiago a Dulce y viceversa, miradas en que se decían tantas cosas que solo ellos entendían y que de vez en cuando Blu, quien desde siempre había sabido lo que sucedía, lograba notar e interpretar a su manera, pero como se los había dicho minutos antes, guardaría silencio hasta que se decidiesen a contarlo.

---: ¿Qué vamos a hacer ahora? –le decía acercándose muy sensualmente a ella-.

-Dulce: No te me acerques mucho que nos pueden ver –con tono de regaño le respondió-.

-Santi: Si todos andan en sus cosas, además ¿Para qué seguir ocultándolo? Ya Blu lo sabe y dudo mucho que los demás no lo hayan notado, sobretodo Fran que tiene una capacidad…

-Dulce: No lo creo. De ser así no me habría dejado en paz hasta que se lo confirme y la última vez que tocó el tema se quedó muy tranquila. Ya piensa que somos los mejores amigos –soltó una carcajada-.

-Santi: Seguí negándome Dulce María… Jesús dijo: “Niégame ante los hombres y te negaré ante mi padre”.

-Dulce: ¿y qué quieres decir con eso? –Se acercó dos veces a la distancia que se había alejado de él, muy sensualmente-.

-Santi: Nada, que alguien nos puede ver –intencionalmente se apartó, tratando de contener su risa, en venganza a lo que instantes antes había hecho ella- ¿Te acerco a tu casa?

-Dulce: Será… -desconcertada respondió y lo siguió hasta el auto-.
Cuando creía que realmente iba camino a su casa, vio como Santiago dio un giro inesperado que los desvió y al contrario se detuvo en el estacionamiento de un restaurant de comida oriental.

---: ¿Seguís enojada por no hacer nada? –Le decía al hacerle una seña para que se sentase.

Ella solo lo miró con cara de niña berrinchuda y apenada- Te ves hermosa cuando te pones de caprichosita ¿Lo sabías? –Cuando se disponía a defenderse la calló con un beso que la dejó sin aliento y que fue interrumpido por un dependiente del lugar para tomar su orden-.

-Dulce: Tramposo –le dijo coquetamente en un movimiento de sus labios mientras él intentaba concentrarse en su conversación con el mesero-.

En medio de una muy apetitosa comida y excelente compañía, escuchó su teléfono celular repicar, inicialmente decidió no contestar pues no le pareció apropiado hacerlo mientras comía, pero al ver la insistencia y frecuencia con que sonaba, decidió buscarlo en su cartera y contestar. Se sorprendió al ver en el identificador de llamadas aquel nombre, pues tenía mucho tiempo que sus relaciones con aquella persona eran un poco distantes, las pocas cosas que sabía acerca de su vida durante los últimos años eran gracias a la prensa y a sus fans que se encargaban de informarle de cada paso que daba y hasta reprocharle una que otra vez por lo ‘fría’ en que se había tornado aquella linda relación. Y, para ser sincera, realmente, aunque le inquietaba un poco la causa de la llamada, no tenía muchas ganas de responder e interrumpir su comida, pues no creía que sería justamente para saludar e invitarla a tomar un café como en alguna época habrían llegado a hacerlo.

---: ¿Campana? ¿Ese milagro que recuerdas a las viejas amistades? –Al abrir la llamada, inmediatamente contestó con un tono burlesco-.

-Anahí: Que poca, eh. Una de buena gente que llama a una amiga que hace años no ve y me respondes de esta manera… que decepción y que tristeza Dulce María –decía dramatizando y exagerando su tono de voz-.

-Dulce: ¡Ay, que dramática eres! Ya ni una bromita se te puede hacer pues.

-Anahí: ¿y cómo no quieres que me ponga así? Si te hablo y mira como me respondes.

-Dulce: Bueno, es que me sorprende tu llamada. Hace meses ni hablamos y desde hace mucho que no te veo, pensé que te habías olvidado de mi.

-Anahí: para que veas que siempre te recuerdo, a ti y a todos –amenazaba con agudizar su dramatismo-.

-Dulce: También yo –hizo un pequeño gesto de fastidio, pues realmente le desagradaba un poco el excesivo drama que hacía su ex compañera de grupo– Pero ya, dime de una vez que se debe el honor de tu llamada, porque no te creo que sea solo para decirme que me extrañas, eh.

-Anahí: Bueno –se sonrojó ante el comentario de Dulce, pues tenía toda la razón-.

-Dulce: ¿Lo ves? ¡Chisme de seguro! –AL escuchar su risa, prosiguió– A ver, ¿A quién quieres destruir? O ¿Sobre quien quieres información? Pero te advierto que no tengo mucho tiempo, eh. Estoy en medio de una comida que acabas de interrumpir, así que trata de no pegarte al teléfono.

-Anahí: ¡Amonos! Pero me imagino que debe ser muy importante la comida ¿o lo que viene después es más importante? –Dulce se sonrojó y miró apenada a Santiago ante aquel comentario- ¿Con quién estás? ¿Qué ha pasado que no sepa?

-Dulce: Luego te cuento –por la forma como lo veía, Santiago se pudo dar cuenta perfectamente que se refería a él, por lo que sonrió y siguió escuchando atentamente lo que ella decía mientras intentaba desconcentrarla para que cortase lo más pronto posible la llamada-.

-Anahí: ¡No! Nada que después, dime ya quien es el susodicho.

-Dulce: ¡Ya te dije que después, Annie! Además, no hablabas para que te cuente eso ¿o sí?

-Anahí: ¡Ash! Está bien caray Es que necesito confirmar una información que me llegó y creo que tú eres la indicada para hacerlo.

-Dulce: Pues solo dime quienes son los personajes y la supuesta información para confirmarlo o no.

-Anahí: ¡Va!... Samantha y uno de tus guitarristas.

-Dulce: ¡¿Samantha?! –Su rostro denotaba una gran sorpresa, pues no sabía acerca de nada que hubiese sucedido entre su casi hermana y uno de los guitarristas de su banda, entre los cuáles se encontraba Santiago, quien desde tiempo atrás había estado tras de ella, así que no podía ser. El único que quedaba por descarte era Blu y era más factible contemplar esa posibilidad entre ellos, pues se conocían desde antes debido a que también era guitarrista de Paty, pero se le hacía muy raro no saber nada al respecto o por lo menos tener alguna sospecha- ¿Con uno de los guitarristas de mi banda? –La cara de Santiago inmediatamente cambio su expresión y bajo la mirada, evitando la de Dulce que ni siquiera lo noto al estar sumida en sus pensamientos tratando de atar cabos para sacar sus conclusiones- ¿Será Blu?

-Anahí: no recuerdo su nombre, pero es uno flaquito, que si no estoy mal es argentino o algo así y a propósito, que está muy guapo, eh.

-Dulce: ¿Santiago? –preguntó observándolo ahora muy detenidamente y de manera acusadora-.

-Anahí: ¡Ese! Creo que así se llama.

-Dulce: Ah, mira tú ¡qué casualidad! –dijo haciendo mucho énfasis en las dos últimas palabras- no tenía idea de nada, pero justamente estoy con él en estos momentos, si quieres le pregunto y ambas salimos de la duda de una vez por todas –él solo la observaba tratando de decirle tantas cosas en silencio que ella no lograba interpretar debido a la ira que poco a poco comenzaba a apoderarse de la calma que minutos antes la embargaba-

-Anahí: -al notar el cambio repentino en su tono de voz- Esteeem… a lo mejor y son solo suposiciones de mi informante. Igual solo los vieron una vez, para el cumpleaños de una de tus amigas hace como un mes. Supongo que habrás estado allí.

-Dulce: ¿De Ivalú? Es el único cumpleaños que pudo ser para esa fecha y lamentablemente no pude estar porque andaba de promoción por Latinoamérica y Europa… pero por lo que veo ellos si se divirtieron mucho y de paso lo hicieron por mi –Cada vez sus ojos se clavaban terriblemente más fuerte entre los de él, a quien no le quedaba más escapatoria que desviar la mirada-.

-Anahí: ¡Eh! Bueno Dul, mejor no interrumpo más tu comida –al darse cuenta que había cometido una gran indiscreción, lo único que se le ocurrió fue cortar la llamada lo más pronto posible- si sabes algo me cuentas. Te quiero amiga. Un beso.


-Dulce: Bye Annie. Y no te preocupes, que yo te mantengo al tanto de todo –Sin más colgó la llamada, dejando el teléfono en la mesa y volviendo su vista a Santiago, mirándolo desafiante- ¿Qué dijiste? ¿Me ligo a las dos amigas para ver cual cae primero y mientras disfruto de lo que pueda? ¡Gracias! Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no valía la pena… y yo como tonta sufriendo porque no podía corresponderte de la misma manera como tú me querías, mientras te divertías a lo grande –le dijo irónicamente- de veras que tonta fui al creer que eras diferente a los demás… aunque pensándolo bien –dijo luego de una pausa- si eres diferente, ninguno había caído tan bajo como para jugar con una de mis amigas al mismo tiempo. ¡Qué pena me das, Santiago! –el prefirió guardar silencio y esperar a que ella le dijese todo lo que sentía y cuando se calmase, si es que sucedía, contarle lo que realmente había acontecido aquel día-.

Luego de decirle todo lo que su razón y autocontrol le permitió se levantó de la mesa, tomando sus cosas y dejando a un Santiago que solo observaba detenidamente cada uno de sus movimientos con un rostro que realmente dejaba ver lo apenado y afligido que se encontraba en esos momentos. Al verla parada en la salida del restaurant con la intención de tomar un taxi, se levantó rápidamente, dejando algo de dinero sobre la mesa –suficiente como para saldar la cuenta y una buena propina para el mesero-, aceleró al máximo su paso y la tomó de un brazo, a lo que ella intentó zafarse y avanzar pero él no se lo permitió

-Santi: Pégame y haz lo que quieras, pero viniste conmigo y conmigo te vas. No permitiré que te vayas con un taxista que te lleve quien sabe a dónde –ella solo lo observó rodeando los ojos, pero al darse cuenta de que tenía razón, aunque no quisiese aceptarlo, decidió acceder pues realmente no le agradaba la idea de subirse a un taxi-.

-Dulce: Está bien, pero suéltame que no me voy a escapar –él sonrió para sus adentros y se dispuso a abrirle la puerta del coche para que entrase- me dejas mejor en mi departamento, si no es mucha molestia –cosa que le pareció perfecta a él, pues tendría más tiempo para hablar que si la dejaba en casa de sus padres que se encontraba a escasas cuadras del lugar-.

-Santi: No busco justificarme y mucho menos hacerme el santo –le decía mientras ella observaba sin un rumbo fijo a través de la ventana de su lado, tratando de mostrarse indiferente a lo que decía, aun sin poder evitar escucharle- solo necesito que me escuches, solo cinco minutos y ya luego tomas tu decisión… Dul, por favor, mírame –le decía suplicante al ver como intentaba ignorarlo-.

-Dulce: ¿Qué quieres explicarme, Santiago? ¿Qué quieres que escuche? ¿La manera en cómo me calentabas el oído al mismo tiempo que a una de mis mejores amigas para ver quien caía primero? ¿O me vas a decir que fue ella quien te enredó? ¡Por favor! –Dijo sarcásticamente- Solo concéntrate en conducir y dejarme sana y salva en mi departamento… y por la banda no te preocupes, ya estoy acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas y soy muy profesional en ese aspecto.

-Santi: -Lanzó un profundo suspiro, tomando fuerzas y continuó- intenté decirte esto el día que fuimos a comer junto al lago ¿Lo recuerdas? –Ella solo lo miro y guardando silencio le permitió continuar- te dije que habían cosas que aclarar que habían sucedido durante tu estadía fuera de México para evitar malos entendidos y no me permitiste hacerlo, diciendo que no era necesario –ambos lanzaron un suspiro y ella, con un gesto en su rostro que decía se encontraba pensativa, le permitió continuar-.

Al cabo de unos minutos logró explicarle de la mejor manera posible, paso a paso como habían ocurrido las cosas desde el instante en que recibió la llamada como invitación para asistir a aquella fiesta, hasta el momento en que salió de allí. Agregando además las razones por las cuales sus amigas no le habían comentado absolutamente nada sobre aquel suceso, evitando de esta manera crear conflicto entre ellas. No se le hizo fácil aquello, pues su intención en ningún momento se inclinaba a hacer quedar mal a Samantha, pues además de que era su amiga, era también una mujer y por el solo hecho de serlo no se permitía a sí mismo expresarse mal sobre ella y mucho menos para excusarse y limpiar su imagen.

-Santi: Por favor, solo te pido que pienses bien las cosas y no tomes una decisión a la ligera –le dijo al momento que aparcaba el auto en el parqueadero externo del edificio-.


-Dulce: Bye Annie. Y no te preocupes, que yo te mantengo al tanto de todo –Sin más colgó la llamada, dejando el teléfono en la mesa y volviendo su vista a Santiago, mirándolo desafiante- ¿Qué dijiste? ¿Me ligo a las dos amigas para ver cual cae primero y mientras disfruto de lo que pueda? ¡Gracias! Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no valía la pena… y yo como tonta sufriendo porque no podía corresponderte de la misma manera como tú me querías, mientras te divertías a lo grande –le dijo irónicamente- de veras que tonta fui al creer que eras diferente a los demás… aunque pensándolo bien –dijo luego de una pausa- si eres diferente, ninguno había caído tan bajo como para jugar con una de mis amigas al mismo tiempo. ¡Qué pena me das, Santiago! –el prefirió guardar silencio y esperar a que ella le dijese todo lo que sentía y cuando se calmase, si es que sucedía, contarle lo que realmente había acontecido aquel día- .

Luego de decirle todo lo que su razón y autocontrol le permitió se levantó de la mesa, tomando sus cosas y dejando a un Santiago que solo observaba detenidamente cada uno de sus movimientos con un rostro que realmente dejaba ver lo apenado y afligido que se encontraba en esos momentos. Al verla parada en la salida del restaurant con la intención de tomar un taxi, se levantó rápidamente, dejando algo de dinero sobre la mesa –suficiente como para saldar la cuenta y una buena propina para el mesero-, aceleró al máximo su paso y la tomó de un brazo, a lo que ella intentó zafarse y avanzar pero él no se lo permitió

-Santi: Pégame y haz lo que quieras, pero viniste conmigo y conmigo te vas. No permitiré que te vayas con un taxista que te lleve quien sabe a dónde –ella solo lo observó rodeando los ojos, pero al darse cuenta de que tenía razón, aunque no quisiese aceptarlo, decidió acceder pues realmente no le agradaba la idea de subirse a un taxi-.

-Dulce: Está bien, pero suéltame que no me voy a escapar –él sonrió para sus adentros y se dispuso a abrirle la puerta del coche para que entrase- me dejas mejor en mi departamento, si no es mucha molestia –cosa que le pareció perfecta a él, pues tendría más tiempo para hablar que si la dejaba en casa de sus padres que se encontraba a escasas cuadras del lugar-.

-Santi: No busco justificarme y mucho menos hacerme el santo –le decía mientras ella observaba sin un rumbo fijo a través de la ventana de su lado, tratando de mostrarse indiferente a lo que decía, aun sin poder evitar escucharle- solo necesito que me escuches, solo cinco minutos y ya luego tomas tu decisión… Dul, por favor, mírame –le decía suplicante al ver como intentaba ignorarlo-.

-Dulce: ¿Qué quieres explicarme, Santiago? ¿Qué quieres que escuche? ¿La manera en cómo me calentabas el oído al mismo tiempo que a una de mis mejores amigas para ver quien caía primero? ¿O me vas a decir que fue ella quien te enredó? ¡Por favor! –Dijo sarcásticamente- Solo concéntrate en conducir y dejarme sana y salva en mi departamento… y por la banda no te preocupes, ya estoy acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas y soy muy profesional en ese aspecto.

-Santi: -Lanzó un profundo suspiro, tomando fuerzas y continuó- intenté decirte esto el día que fuimos a comer junto al lago ¿Lo recuerdas? –Ella solo lo miro y guardando silencio le permitió continuar- te dije que habían cosas que aclarar que habían sucedido durante tu estadía fuera de México para evitar malos entendidos y no me permitiste hacerlo, diciendo que no era necesario –ambos lanzaron un suspiro y ella, con un gesto en su rostro que decía se encontraba pensativa, le permitió continuar-.

Al cabo de unos minutos logró explicarle de la mejor manera posible, paso a paso como habían ocurrido las cosas desde el instante en que recibió la llamada como invitación para asistir a aquella fiesta, hasta el momento en que salió de allí. Agregando además las razones por las cuales sus amigas no le habían comentado absolutamente nada sobre aquel suceso, evitando de esta manera crear conflicto entre ellas. No se le hizo fácil aquello, pues su intención en ningún momento se inclinaba a hacer quedar mal a Samantha, pues además de que era su amiga, era también una mujer y por el solo hecho de serlo no se permitía a sí mismo expresarse mal sobre ella y mucho menos para excusarse y limpiar su imagen.

-Santi: Por favor, solo te pido que pienses bien las cosas y no tomes una decisión a la ligera –le dijo al momento que aparcaba el auto en el parqueadero externo del edificio-.


Mientras veía como lanzaba un largo y profundo suspiró, lo observó por última vez, un poco más calmada que antes y sin más, luego de expresar un –“gracias”- que supuso él, serían por haberla dejado en casa, decidió abrir la puerta y salir lo más pronto posible del auto sin siquiera esperar a que él, como era su costumbre se bajase y lo hiciese por ella.

Todo era tan ¿difuso? Si, esa era la palabra que en aquel instante describía como se sentía. Había escuchado una a una las palabras de Santiago encaminadas a explicarle lo que pasó algunas semanas atrás con aquella persona a quien veía como más que una amiga y realmente alcanzó a entender claramente –según ella- como habían sucedido las cosas.

En ningún momento vio intención en el de excusarse en un mal paso dado por su amiga para dejarla como la mala del paseo y quedar él como el santo crucificado, sino que, muy al contrario, se notaba claramente su objetividad al relatar los hechos tal cual habían sucedido, incluso había mencionado a otras de sus amigas, quienes habían presenciado los hechos y por ende quedaba abierta la posibilidad de investigar con estas, que sin dudar le dirían la verdad en cuanto se lo preguntase.

De la manera en cómo le había explicado la situación lo había entendido muy bien, tan bien que inmediatamente su enojo hacia él se calmó, sin embargo su orgullo no le permitió expresarlo; pero muy a pesar de eso, aun se sentía extraña, impotente, frustrada y no era precisamente por sentirse engañada de parte de Santiago, era algo más fuerte que no lo involucraba justamente a él.

Conocía perfectamente la manera de ser de su amiga, a quien conocía de muchos años atrás y consideraba como su hermana, tal vez no lo eran de sangre, pero si del corazón, muy a pesar de ser tan diferentes y hasta un poco contradictoria su forma de ser y pensar, se complementaban muy bien y llevaban una relación de hermandad única, tan así que junto con Paty hacían un trío explosivo. Y justamente era eso lo que le atormentaba en esos instantes ¿Sería Samantha capaz de hacerle aquello? Pero… ¡Momento! ¿Qué le había hecho?... ¿Vale como traición darle un simple beso a una persona que todo mundo sabe está detrás de ti, más sin embargo aun no tienes nada con él? ¿Qué era lo que realmente le dolía? No lo sabía, pero sinceramente se encontraba no enojada, sino dolida por lo que sea que haya sucedido, en esos momentos lo que menos le importaba era que fuese Santiago el involucrado en el asunto, lo único en lo que podía pensar era que ¡Como siempre! Las personas en quienes más confiaba la hacían sufrir y todo por entregar su cariño sin esperar recibir nada a cambio.

Pero ¿Realmente le molestaba desilusionarse de alguien por ser ella quien había confiado?... No, no era eso, era tal vez el hecho de que una de sus mejores amigas, a quien conocía muy bien, tan bien que sabía que era capaz de cualquier cosa cuando alguien le gustaba, se metiera justamente con la persona que para aquel entonces se encontraba interesada en ella… ¡¿Por qué?! ¿Por qué precisamente con él? ¿Tan fuerte era la calentura que no pudo aguantarse y tuvo que lanzarse inmediatamente? Porque de lo que si estaba completamente segura era que, si él no lo hubiese detenido a tiempo, no habría terminado allí, sino como mínimo un acostón en algún lugar escondido en la fiesta y si contaban con suerte, después de esta algo más, si las cosas eran como Santiago decía, claro está.

O… había una idea que le inquietaba un poco más ¿Si la atracción era tan grande por qué no se lo había dicho antes? Para ese entonces ella no se encontraba muy clavada con Santiago, no hubiese sido un esfuerzo tan grande hacerse a un lado y permitirle a su amiga la oportunidad de intentar algo con él, sin necesidad de caer tan bajo -como lo veía ella en esos momentos-.

Mientras se encontraba recostada en su cama, luego de cambiarse a algo muy ligero para sentirse cómoda, para que por lo menos el cuerpo sintiera la comodidad que su mente y corazón no podían tener en esos momentos, unos shorts, camiseta holgada y las medias tobilleras que traía con las botas desde que salió de casa; lloraba sin saber por qué, una a una caían las lágrimas en su rostro, empañándolo cada vez más, al tiempo que buscaba respuestas a preguntas que no tenía muy claras, solo pensaba en tantas cosas que lo único que hacían era enredar más sus pensamientos y sentimientos de como inicialmente se encontraban. Lo único que podía ver claro en esos momentos era que por fin creía comprender que era lo que realmente sentía por Santiago, por lo menos de algo le había servido que las cosas sucediesen de esa manera.





Capítulo 12


La voz del capitán de vuelo, anunciando su próximo aterrizaje en México DF la hizo regresar a su ‘cruda realidad’, inmediatamente guardó sus cosas antes de que Luis -quien ahora viajaba a su lado- pudiera descubrirlo y comenzara a molestar, en esos momentos no estaba para aguantar bromas de ninguna especie, simplemente quería llegar a casa, recostarse en la calidez de su cama y dormir para olvidar por un momento todos los pensamientos que la perturbaban. En unas cuantas horas se encontraría con Santiago y debía tomar una decisión, cuyos resultados no hicieran que ninguno de los dos saliera lastimado, por lo cual debía descansar muy bien para decidir las cosas con la mente lo suficientemente clara y despejada.


Al  bajar del avión la recibió la persona que más amaba en el mundo: su madre. Al verla se fundieron en un fuerte y cálido abrazo, en esos momentos necesitaba tanto uno de ellos y definitivamente la fuerza que le entregaba la persona que le dio la vida, aunque no supiese lo que estaba sucediendo, era inigualable e irremplazable por las palabras o cualquier expresión de cariño que pudiese entregarle cualquier otra persona, por más que la quisiese.

Al ver su rostro y la fuerza con que se aferraba en sus brazos pudo intuir inmediatamente que algo le aquejaba a su tesorito, su niña, que aunque tuviese la edad que tuviese siempre sería su bebé, puesto que fue una lucecita que llegó a su vida cuando más lo necesitaba y menos lo esperaba, además que era la menor de sus hijas, por lo que sentía que debía protegerla más que a nadie y aun más al verla tan frágil y vulnerable

-Blanquita: Bebi, mira nomás como vienes ¿Qué pasó? ¿Cómo estuvo el viaje?

-Dulce: No ha pasado nada, ma. No te preocupes. Tiene dos semanas que no descanso bien y como unas treinta horas que no duermo; lo que traigo es solo cansancio. De resto el viaje estuvo muy bien –lo dijo con una débil pero sincera sonrisa- ya te platicaré luego y con más detalle cómo me han hecho feliz en este tiempo.

El camino a casa fue más que callado; aquel era un silencio incómodo y hasta se podría decir que perturbador. Nadie pronunciaba palabra; Dulce por su parte se encontraba inmersa en sus pensamientos (como de costumbre) pero esta vez se notaba además de cansada y pensativa, angustiada; su mirada se hallaba perdida, en su ceño se formaban gestos de preocupación, sus párpados denotaban cansancio, su sonrisa se mostraba algo débil, sin desmeritar los inquietos y en ocasiones desesperantes movimientos de sus manos enredándose en sus cabellos.

Blanca sabía perfectamente que algo había sucedido en aquel viaje y a su regreso provocaba un tanto de preocupación en su hija, no era necesario estar ciego para no verlo, a leguas se podía notar, mucho más teniendo en cuenta que al ser su madre la conocía como la palma de su mano y podía reconocer su estado de ánimo con tan solo mirarla por un segundo. Luego de la evasiva con que le respondió en el aeropuerto, decidió no volver a tocar el tema, aunque muriese de ganas por saber lo que sucedía y platicarlo con ella para ayudarla en todo lo que pudiese, sabía que en esos momentos lo mejor era guardar silencio y darle su espacio para contarle cuando lo creyese conveniente. De momento solo comentaba de vez en cuando y para romper el hielo de la situación, cosas que habían sucedido en casa durante su estadía por fuera que podrían interesarle y distraerla un poco.

Al llegar a casa rápidamente saludó a su padre y hermana que se encontraban en la planta baja esperándola con brazos abiertos e inmediatamente subió a su habitación con la excusa de que se encontraba agotada y necesitaba descansar mucho, razón por la cual les encomendó de favor que nadie se atreviese a despertarla a menos que fuese de carácter extremadamente urgente, ni siquiera para comer, lo haría cuando su cuerpo se lo pidiese, así como en esos momentos solo le pedía dormir a más no poder.

Luego de un largo y relajante baño en la tina, calló rendida al acomodarse entre las cobijas; tal vez un poco raro que se durmiese tan fácil, pero para el estado en que se encontraba era más que normal, teniendo en cuenta que aun quedaban en su cuerpo estragos de la resaca que había adoptado horas atrás, sumándolo al cansancio adquirido durante las últimas horas de su estadía en España, sus intentos fallidos de conciliar el sueño durante la permanencia del vuelo Miami-Ciudad de México y el agotamiento acumulado tras dos intensas semanas de constantes viajes en avión, uno que otro corto recorrido terrestre, cambios de hotel y arduas jornadas de entrevistas, firmas de autógrafos, sesiones de fotos y convivencias con los fans. - “Ya debería estar acostumbrada a esa rutina” – dirían muchos, puesto que la mayor parte de su vida había girado en torno a aquel mundo y -“tarde o temprano terminamos acostumbrándonos a la rutina”- si, muy fácil decirlo, pero una cosa muy distinta a eso es vivirlo y mucho más siendo una persona a quien no le agradaban en lo absoluto las rutinas, sea cual fuese, simplemente jamás le llamó la atención hacer siempre lo mismo, por muy divertido e incluso apasionante o excitante que pudiese llegar a ser; no es que se quejase de su vida, por el contrario, era dichosa de poder hacer lo que amaba y compartir tantas alegrías con personas que sinceramente sabían recibir y de la misma manera retribuir su cariño, pero muy aparte de eso, el cansancio, el tiempo perdido dentro de aviones, aeropuertos o cuartos de hotel, el hecho de no poder tener el amor de una pareja a su lado a causa de aquello, los momentos importantes dejados de compartir con la familia o amistades, eso sería algo que nadie le devolvería nunca y algunas, por no decir muchas veces hacía un gran peso en su corazón, acongojándolo y provocando flaqueza frente al ideal de cumplir sus más grandes sueños, que si bien ya se encontraban en cierta parte realizados, sentía que aun faltaba mucho por recorrer, más talentos que descubrir y mostrar, un lugar más alto al cual llegar y, viendo las dificultades que en más de una ocasión se presentaban, le hacían dudar si realmente sería capaz y contaría con la fortaleza necesaria para afrontarlo con la valentía requerida y finalmente llegaría donde con tanta ilusión se había propuesto; lo único que podía tener claro era que conseguiría llegar hasta donde la voluntad de Dios se lo permitiese.


Durante el resto de aquel día nadie supo de ella, solo hasta llegado el medio día siguiente, que por cierto, había comenzado hermosamente perfecto: lluvioso, que si bien traen consigo algo de nostalgia, son los mejores días para descansar y quedarse dentro de las cobijas recobrando energías y pensando en el color de las pelusas que constantemente se encuentran en el ambiente, pasando sobre ti y que ni siquiera alcanzas a ver a causa de su diminuto tamaño… si, pensar en eso, en el color de las paredes en donde te encuentras refugiado, de por qué decidiste pintarlas de tal manera durante la adolescencia y posteriormente elegiste cambiar, en la puerta del closet que desde tu cama alcanzas a notar quedó mal cerrada o en cualquier tontería que se te cruce por en frente durante ese instante y a la vez en absolutamente nada… solo dormir y observar un punto fijo en tu interior, aquel que nadie más que tú, solo puede observar.

Santiago tocó el timbre de aquella casa que tanto le gustaba, era tan acogedora que cuando llegaba allí, luego no tenía muchas ganas de retirarse; además de ser un cálido refugio, sus habitantes no se quedaban atrás, todos y cada uno de ellos eran personas muy especiales que realmente lo hacían sentirse muy a gusto en su presencia, aunque todos estuviesen mal de la cabeza, deducción que hacía por la manera peculiar de comportarse de cada quien; de hecho eso era lo que le encantaba de esa familia, que casualmente le recordaba mucho a la suya, tenían una forma muy particular de ver la vida y lo mejor es que no escatimaban en compartirla con los demás, sino que por el contrario eran perfectos relacionistas, por llamarlo de alguna manera. Observando con detenimiento la extraordinaria puerta que se encontraba en la entrada de la casa, cuyo diseño le encantaba por su autenticidad e inconfundibles rasgos, que con solo verla podrías identificar el tipo de personas que habitaban en ella, esperaba a que le abrieran para preguntar por la persona que buscaba, pero, tan profundos eran sus pensamientos sobre aquella reliquia perfectamente diseñada, que al momento de ser abierta fue tal su sorpresa que dio un brinco hacia atrás, que estuvo a punto de provocar su caída de no ser por la agilidad con que pudo reaccionar y sostenerse de la pared más cercana.

Detrás de la puerta, un rostro que inicialmente mostraba gran enojo por ser despertada cuando en el mejor de los sueños se encontraba y sacada casi que a patadas de su propia habitación, cambió repentinamente su expresión a una de preocupación al ver que la persona que muy pacientemente había tocado el timbre y esperado por varios minutos mientras discutía prácticamente sola, pues no se encontraba nadie más que ella en la planta baja, por el hecho de que le tocase abrir aun estando medio dormida y expropiada de su recamara, a punto de caer  a causa de la impresión de verla –“¿Tan fea se veía al despertar”-  No era momento de pensar en eso, así que rápidamente alejó aquellos pensamientos y se dispuso a ayudarlo, no sin antes preguntarle si se encontraba bien y luego, sin muchas ganas hacerlo pasar.

---: ¿Tan feo me veo hoy? –Preguntó muy animosamente para hacerla cambiar de actitud – Parece que viste a un fantasma.

-Dulce: -levemente sonrió- Lo siento, no te lo tomes personal, pero es que ¡Ash! –Decía refunfuñando- me ponen de malas cuando me despiertan.

-Santi: Disculpa por haberte despertado, pero bueno, ya es medio día y si mal no recuerdo habíamos quedado de comer hoy.

-Dulce: No, no fuiste tú quien me despertó, fue Lina, que entra como dueña de mi habitación y por poco me saca a patadas de mi propia recamara ¡¿Puedes creerlo?!

-Santi: ¿Quién es Lina y por qué te saca de tu habitación? –Decía tratando de aguantar la risa al ver el enojo absurdo, según él, que traía Dulce-.

-Dulce: La niña que ayuda con la limpieza y me despierta porque supuestamente mi mamá le dijo que no se fuera sin dejar todo arreglado y como la señorita se tiene que ir a hacer no sé qué cosas me tenía que sacar de mi recamara.

-Santi: Bueno, pero ya no hagas corajes por eso, mejor  sonríe y sé feliz, que así te ves mucho más linda –Ella no pudo evitar regalarle una sincera sonrisa-  además, estas como que ya no son horas de dormir, ¿no crees?

-Dulce: Bueno, ya “X” con eso, mejor dime ¿Por qué no me avisas que pasabas a recogerme? Mira nomás en las fachas que me encuentras y ¿No te parece que es muy temprano como para comer? Apenas y son las 12:00 m.

-Santi: Ya sé que es algo temprano, pero de aquí a que lleguemos al sitio en donde hice reservaciones tenemos tiempo justo para llegar; mejor ve a cambiarte.

-Dulce: ¿Tan fea me veo? –decía fingiendo enojo-.

-Santi: Te ves hermosa así y con lo que te pongas, pero, siendo mujer, no creo que quieras poner un pie fuera de tu casa en pijamas.

-Dulce: Santi, pero –Haciendo pucheros- es muy temprano, tengo sueño.

-Santi: ¿Cuándo no vos con sueño?

-Dulce: ¡Oyeeee! –Le dio un pequeño golpe en la cabeza-.

-Santi: -Soltó una pequeña carcajada- Ya, ya. Dejá de hacer berrinche y andá a cambiarte floja, si no querés que te lleve así y ya sabes que no ando con rodeos, eh?

-Dulce: ¡Ash! Me chocas –con una sonrisa se dio media vuelta y cuando se disponía a subir las escaleras se topó con Lina que venía bajando- ¿Ya terminaste con mi recamara?

-Lina: No señorita, aun me falta.

-Dulce: Por favor atiende al señor en lo que me cambio, ofrécele algo para tomar o lo que sea y ya luego terminas cuando me vaya.

-Lina: Pero…

-Dulce: Pero nada, ya me sacaste una vez de mi habitación, ahora haz lo que te digo –Sin más siguió subiendo, dejando a Lina un poco confundida y a Santiago a punto de morir de risa por sus cambios de humor, entre otras cosas era eso lo que más amaba de esa mujer-.

Luego de un rato prudente de espera y algunos minutos de viaje llegaron a un lugar muy tranquilo a las afueras de la ciudad; era un sitio encantador, muy acogedor y para su tranquilidad sin afluencia de prensa, paparazzi o algo similar que pudiere crear chismes por una comida de “amigos”.


Al llegar a la mesa reservada, él muy amablemente le abrió la silla para que se sentase. Ella, sin dejar de observar detenidamente el lugar accedió a sentarse, mientras sus ojos se concentraban en la hermosa vegetación que los rodeaba, incluso se preguntaba cómo era que nunca había estado en ese lugar tan ¿“mágico”?. Si, esa era la palabra perfecta para describirlo. Pasto muy verde y se notaba que sumamente cuidado, una gran variedad de flores, entre ellas girasoles que eran las que más se destacaban entre todas por su tamaño y distintivo color amarillo, un pequeño lago a un costado del restaurant, mariposas volando y pajaritos trinando cerca de las flores, niños felices corriendo por todas partes y un lugar de juegos exclusivo para ellos, cabañas muy campestres al otro lado del lago y un sinnúmero de detalles que lo hacían magníficamente único. Definitivamente el lugar perfecto para iniciar una buena relación.

---: ¿Y? ¿Qué te pareció el lugar, que te quedaste muda?

-Dulce: ¡Me encantó! Es perfecto este lugar. Podría quedarme toda la vida aquí.

-Santi: Sabía que te iba a gustar a vos. Recién me enteré hace unos días que existe por unos amigos que vienen con la familia y apenas lo vi, pensé en vos –Le respondió con una hermosa sonrisa y un “gracias” que apenas alcanzó a leer de sus labios- ¿Te parece si comemos primero o damos un paseo para que conozcas el lugar y ya luego pedimos de comer?

-Dulce: Mejor primero comemos y luego conocemos –Sonrió un poco apenada- es que tengo hambre.

-Santi: ¿Cuándo no? –Dijo solo para sí, pero no pudo evitar ser escuchado por ella-.

-Dulce: Te oí, eh?

-Santi: ¿Qué pasó? Yo no he dicho nada.

-Dulce: Ándale, sigue así.

-Santi: ¡Che cañí! Ya hasta alucinas –Ella no pudo evitar sonreír al escuchar eso- creo que por tu bien deberías dejar de fumar esas cosas, te están afectando mucho –Al percatarse de su sonrisa preguntó- ¿Qué, tengo cara de payaso o qué?  -Ella solo siguió sonriendo- ¿Ves? ¿Ya ves que trae mal esa cosa que fumas?

-Dulce: Me gusta cuando me dices cañí ¡Y ya párale con eso! Cualquiera que te escuche pensará que de veras me drogo.

-Santi: Es lo que sos, ¿No?

-Dulce: Bueno, sí. Pero solo tú me llamas así –En ese instante solo sonrieron mientras se perdía uno entre la mirada del otro durante un tiempo prudente-.

-Santi: ¿Preferís un aperitivo mientras que esperamos la comida?

-Dulce: ¿Tu qué crees?

-Santi: Que sí, porque no quiero que te mueras de hambre aquí, ¿Luego a quien le toca cargarte?

-Dulce: ¿Ah? –Hizo un gesto de enojo e incredulidad, llevando sus manos a la cintura- ¿Me estás diciendo gorda?

-Santi: Ya te pareces a tu amiguita esta ¿Cómo es que se llama? La que solo piensa en eso… Me extraña cañí, vos no sos de ese estilo.

-Dulce: Si, pero tampoco para que trates así –Decía simulando enojo-.

-Santi: Bueno, ¿Ya decidiste que querés pedir? Te recomiendo el churrasco.

-Dulce: Ahora entiendo por qué me trajiste, solo para satisfacer tus gustos.

-Santi: -Soltó una pequeña carcajada- claro que no, lo hice porque el sitio me pareció perfecto para vos. Pero no puedo negar que el de aquí es el mejor churrasco que he probado fuera de la Argentina, además sabés muy bien que te encanta.

-Dulce: ¡Va! Y de entrada una ensalada fría.

Luego de que trajeran su orden y compartiendo de una muy animosa charla en la mejor compañía era momento de pasar a un tema más interesante

-Santi: y ya, cambiando de tema –Ella no pudo evitar sonreír al notar como comenzaba a ponerse nervioso. Pero para él era inevitable que sucediese, solo esa mujer lograba que se pusiese así y no podía controlarlo- No te rías.

-Dulce: ¡Ok ya! –Cada vez era más difícil controlar sus ganas de soltar una carcajada, pero debía aguantarse aunque no quisiese hacerlo- Perdón, perdón. Pero es que me da mucha risa tu carita –esta vez fue inevitable reírse, pero al ver como la observaba él, necesariamente tuvo que calmar su risa- ¡Ok ya! Lo siento. Prometo no volver a reírme.

-Santi: Si querés mejor la dejamos ahí.

-Dulce: ¡No! No ¿Cómo crees? Neta discúlpame, fue sin intención.

-Santi: Está bien. Bueno, antes que nada, creo que sería conveniente hablar sobre los días que estuviste de viaje…

-Dulce: -Inmediatamente se puso tensa, pero no lo dejó continuar- ¿Sobre mi viaje? ¿Qué con eso?

-Santi: Bueno, considero que sería conveniente aclarar algunas cosas antes que se presten a malos entendidos.

-Dulce: ¿Por qué? ¿Acaso sucedió algo que no sepa o qué? –Santiago solo asintió- Santi, mira: lo que haya pasado durante esos días, cualquier cosa que haya sido y no creo que deba ser ningún problema para nada, no importa en estos momentos, primero porque al irme no quedamos en nada, solo que te daría una respuesta al regresar y segundo, por eso mismo no tendrías que rendirme cuentas de lo que hiciste, ¿Está claro?

-Santi: Bueno, sí pero…

-Dulce: Pero nada –con aquella ternura que la caracterizaba posó uno de sus dedos sobre sus labios para hacer que no continuase con lo que pretendía decir- Sea lo que sea queda atrás y ya no importa. Lo único que nos debe importar es lo que pase de aquí en adelante

-Santi: Eso quiere decir qué… ¿?

-Dulce: -Lentamente se acercó a él y con un tierno beso lo calló - ¿Esto responde a tu pregunta? –Le dijo con una gran sonrisa en sus labios-.

El solo se acercó a ella y muy efusivamente la envolvió en sus brazos, entregándole otro beso, ahora con más fuerza. Luego de unos segundos se separó y mirándola a los le preguntó:


-Santi: ¿Es en serio?

-Dulce: ¿Tengo cara de estar bromeando? –con una sonrisa que denotaba picardía, respondió-.

-Santi: Se supone que debería confiar en ti, ¿No? –Ella solo lo miró de forma acusadora- ¡Gracias!

-Dulce: ¿Por qué?

-Santi: Por esto, por darme esta oportunidad.

-Dulce: La oportunidad es para ambos ¿No crees? Y con respecto a eso, creo que antes debemos aclarar algo –Extrañado la miró– Ven  –Se levantó y le ofreció su mano para ir a caminar un rato– Bueno, tu ya conoces mis sentimientos y bien sabemos que en el corazón no se manda, pero quiero darme esta oportunidad contigo, porque te quiero y la mereces, al igual que yo también creo que merezco alguien como tú. Ya es hora de dejar todo atrás y volver a comenzar, vivir nuevas experiencias, comenzar de cero, volver a confiar y ¿por qué no? Amar una vez más. No sé si esto funcione, por eso quiero dejarlo claro, pondré todo de mi parte para que se den las cosas de la mejor manera posible, ya no somos un par de adolescentes para andar probando aquí y allá, debemos estar seguros de lo que hacemos y lo que queremos. Yo hoy digo que quiero intentarlo contigo y me encantaría que funcione, porque no quisiera lastimarte ni tampoco salir lastimada, así sea por una tontería. Por eso quiero saber si estás dispuesto a continuar de esta manera, sin saber lo que vaya a pasar más adelante, sin tener la seguridad de que tanto pueda llegar a amarte o si sucede lo contrario y lo más importante, si estás dispuesto a ser paciente para permitir que las cosas sucedan como tengan que ser, sin presiones, sin cuestionamientos y sobretodo, con confianza.

-Santi: Mary –Tomo sus dos manos entre las suyas para quedar frente el uno del otro  y poder hablarle mirando a los ojos– te lo dije una vez y ahora te lo repito: No pretendo hacer que confíes en mí, que me quieras de la noche a la mañana y que olvides todo lo que has vivido hasta ahora, no. Yo lo único que pido es que me permitas estar al lado de vos, ayudarte a volver a confiar y amar, a que saques los miedos que llevas dentro y que sepas que si se puede ser feliz y entregar el corazón, que hay personas que sí merecen tu cariño. No digo que sea yo esa persona, porque puede que no sea lo que mereces, pero quiero demostrarte que estoy dispuesto a entregarte lo mejor de mí, porque lo único que quiero es verte feliz a vos. No quiero volver a ver estos ojitos con esa mirada perdida, cuando sonreís te ves más linda que nunca y no me perdonaría que vuelva a salir una lágrima por aquí –Con mucha delicadeza puso una de sus manos por debajo de uno de sus ojos, acariciando su mejilla-.

-Dulce: -Le dio un beso fugaz en los labios acompañado de un fuerte abrazo- ¡Gracias!

-Santi: Ven, te quiero enseñar un algo –La tomó de la mano y la condujo hasta un lugar un poco apartado del restaurant, desde donde se podían ver los pequeños rayos de sol que apenas comenzaban a salir, luego de una mañana lluviosa, uniéndose con el agua de aquel lago, algunos animales caminando entre las plantas y solamente ellos dos– Hoy, frente a este lago,  al sol que apenas se asoma y con estos conejitos como testigos quiero, necesito decirte a vos que así como me has dado una gran alegría, haré todo lo que esté en mis manos de aquí en adelante para que la sonrisa más linda que he visto no se borre jamás y para que se borren todos esos miedos de aquí –señalo su corazón- y de aquí –subió su mano hasta un lado de su cabeza- y no me importa si suena muy cursi, pero es la verdad, es lo que siento y es importante hacértelo saber. Y no solo que lo sepas, sino que lo tengas presente para cuando no cumpla con mi palabra me lo hagas saber.

-Dulce: Ya, que me vas a hacer llorar –Le otorgó una tierna sonrisa y se abrazó a su costado– Gracias por todo esto y te prometo que pondré todo de mi parte también para no defraudarte y hacer que funcione.

-Santi: Más te vale,  porque bastante tiempo y esfuerzo que me costó conseguir este sí –Soltó una pequeña carcajada-.

-Dulce: No más para que veas que no soy fácil de conquistar, eh? A ver si me cuidas como dices. Por ahora estás en período de prueba –El solo abrió la boca con cara de asombro y ella entre carcajadas le respondió:- No, ¿Cómo crees? Oye pero, no le vamos a decir a nadie aun ¿Va?

-Santi: ¿Tan feo soy que te avergüenza decir que andas conmigo?

-Dulce: ¡No, menso! No lo digo por eso.

-Santi ¡Ah! Pero entonces si te parezco feo.

-Dulce: ¡Que no es eso!

-Santi: Pero dilo que no me enojo, andá, decílo.

-Dulce: Que no, Santi. ¿Crees que yo podría estar con alguien tan feo?

-Santi: Bueno, pero también tengo mis cualidades ¿Qué, eso no cuenta?

-Dulce: Todo cuenta.

-Santi: ¿Ah sí? Todo, ¿Cómo qué cosa, por ejemplo?

-Dulce: Hmmm –Se giró hacia él, mirándolo pícaramente de arriba hasta abajo– mejor te conformas con saber eso… pero, regresando al tema en que estábamos, te digo eso por la prensa y todo esto, ya sabes cómo son que se meten en todo y luego inventan cosas que no son que hasta pueden causar problemas en donde no los hay, aparte tu eres alérgico a todo lo que tenga que ver con medios de comunicación y no me digas que no es así –apenado sonrió– y por otro lado, también están los fans, que ya sabes cómo se ponen de intensos y no quiero que te armen una guerra sin razón.

-Santi: Bueno, en eso tienes razón. Me disculpará usted por mi falta de experiencia y conocimiento en el tema, pero es que nunca había estado con una chica famosita.

-Dulce: ¡Payaso!

-Santi: Lo digo en serio, eh? Pero bueno, eso no impide que lo sepa la familia, la banda y los amigos más cercanos o, ¿También tenemos paparazzi y espías entre ellos?

-Dulce: No, pero es mejor evitar, ¿No te parece? Igual ya se darán cuenta y realmente no creo que se tarden mucho, por lo menos mi mamá, no pasarán cinco minutos de que llegue a mi casa cuando ya me hará tremendo interrogatorio.

-Santi: -No pudo evitar soltar una carcajada– pobre Blanquita, como la difamas.

-Dulce: Pero es que es la neta. No sé cómo le hace para enterarse de todo sin que le haya contado nada.

-Santi: Tal vez porque es tu mamá y es esa una virtud que tienen todas.

-Dulce: Bueno, sí, eso ha de ser.

Esa tarde se la pasaron mucho mejor que bien, luego de caminar un rato por el lago y hablar de tantas cosas, unas más interesantes que otras, pero entretenidas para ellos, al fin y al cabo; disfrutaron de un apetitoso postre y unos buenos besos, fueron al cine, entre otras cosas que se hacen solamente en compañía de una buena pareja y que ambos desde mucho tiempo atrás no disfrutaban tanto.





Capítulo 11


Al bajar ya se encontraba él esperándola en el lobby del hotel, muy bien vestido, con el estilo que lo caracterizaba. La observaba detenidamente, con aquella mirada misteriosa y penetrante que algunas veces la ponía de nervios, esta vez no podía ser la excepción.

Al momento de notar la manera como la miraba se reprochó a sí misma por no haberle hecho caso a su amiga cuando le decía que no fuera. Aunque no sintiera nada por él, su mirada la intimidaba y algunas veces le hacía perder el control, temía que en esa ocasión pudiese hacer algo que fuera más allá de su voluntad a causa de la hipnosis de aquellos oscuros y fuertes ojos.

Rápidamente se acercó a ella, le ofreció una de sus manos y en cuanto lo recibió la elevó para posar sus labios sobre ella y darle un tierno beso. Ante aquel acto Dulce se sonrojó y pese a la cercanía, comenzaba a ponerse más nerviosa, por lo que decidió acabar con la formalidad para normalizar la situación

-Dulce: Xavi, nos vimos apenas hace algunas horas y eso del besito en la mano como que ya no va, ¿No?

-Xavi: ¿Cómo que no va? Sois una dama y mi deber es trataros como tal.

-Dulce: -Le brindó una tímida sonrisa- Bueno ya, mejor nos vamos, ¿No?

-Xavi: Como la bella damisela lo desee –Le ofreció su brazo, ella dudo por un instante, pero al final lo recibió-.

-Dulce: ¡Ya! Que me haces sonrojar. Mejor dime a donde vamos.

-Xavi: Pues he pensado llevaros a nuevo lugar de comida española que estoy seguro os encantará, pero si os apetece cualquier otra cosa decirme y vamos donde queráis.

-Dulce: No, claro que no. Yo encantada comiendo comida española, todos los días no tengo la oportunidad y hay que aprovecharlo, así que ¡Venga! Vamos para allá.

-Xavi: y luego podríamos tomar algo, porque os cuento que preparan unos cocteles ¡Buenísimos!

-Dulce: -Hizo un gesto de negación- mmm… preferiría que solo comamos y que sea algo ligero. Neta me siento cansada y mañana será un día largo.

-Xavi: No hay objeción, cómo la princesa desee –La condujo hacia su auto, le abrió la puerta y la invitó a pasar. Aunque le dijese que no pasaría más de una comida en aquella velada, sus intenciones iban muy lejos de ello y sabía utilizar muy bien sus tácticas de galantería para conseguir lo que deseaba, por lo que no se preocupaba en pensar que sus planes saldrían tal y como lo esperaba-.


Llegaron a un lugar que desde su entrada dejaba ver su increíble nacionalismo, cada detalle de la decoración, desde las puertas y ventanas hasta la vestimenta de los empleados, los faroles que ofrecían la iluminación, mesas, cuadros y demás muestras de arte expuestas resaltaban exquisitamente el toque español de aquel restaurant. Definitivamente era un lugar sumamente acogedor, del que absolutamente nadie se podía perder y mucho menos una persona que se halle como ‘extranjera’ en dicho país. Adentrarse allí era como hacer un recorrido cultural e histórico por cada una de las regiones de España.

Al entrar, Dulce observaba maravillada cada rincón de aquel lugar, ahora su cansancio había desaparecido y no se arrepentía de haber aceptado aquella invitación, pues indudablemente tenía que estar allí. Luego de hacer un recorrido turístico con su mirada por todo el recinto, su vista se fijó en la muestra musical en vivo de flamenco que ofrecía la casa como agasajo a los comensales; su sentido de la escucha se afinó y sus oídos quedaron atentos a escuchar aquel espectáculo que pocas veces había tenido la oportunidad de disfrutar, pero que realmente amaba, además de tratarse de música, lo que más le apasionaba en la vida, para ella el flamenco era un ritmo simplemente encantador que hacía despertar todos y cada uno de sus sentidos.

Una voz un poco familiar la sacó de su real ensoñación

-Xavi: Dul… ¿Dulce?

-Dulce: Disculpa, Xavi ¿Qué me decías?

-Xavi: Acabo de ofreceros la silla para que toméis asiento.

-Dulce: ¡Ah! Sí, claro. Gracias –Le ofreció una sonrisa apenada- disculpa, eh. Solo que me quedé concentrada observando la muestra musical.

-Xavi: He podido darme cuenta de eso ¿Os gusta el flamenco?

-Dulce: ¡Me encanta! Algún día quisiera aprenderlo, por lo menos tener conocimientos básicos.

-Xavi: Haberlo dicho antes. Mi hermana ha sido miembro activo del conservatorio musical en Madrid desde pequeña, actualmente es la directora y no es por presumirlo, pero es la mejor bailaora de flamenco. Así que ya lo sabéis, cuando queráis solo decirme y podéis tener clases personalizadas con la mejor maestra que poderos tener.

-Dulce: Muchas gracias. Lo tendré en cuenta.

Luego de una apetitosa cena, acompañada con sangría, bebida típica española a base de vino tinto, entre bromas, risas, halagos y piropos que no podían hacer falta, terminó por convencerla de quedarse un poco más de tiempo y tomar algo ‘suave’ para entretenerse un rato. Ambos optaron por mojitos, bebida típica cubana muy reconocida en todo el mundo por su sabor y alto contenido de alcohol. Inicialmente era solo uno, pero luego de estar entonado ¿Quién se puede resistir a uno más? ¿Y otro? ¿Y otro más? Realmente es casi que imposible y mucho menos estando en tan buena compañía.

Al estar sentada todo el tiempo, pronto el alcohol se le subió a la cabeza, tanto así que en su intento de levantarse para ir un momento al tocador resultó regresando inmediatamente a su asiento con ayuda de su acompañante. En esos momentos se sentía muy poco apenada, realmente era una situación extremadamente graciosa y definitivamente se estaba divirtiendo mucho como para preocuparse por aquel incidente, pero para evitar excederse más de lo que ya se encontraba, le pidió a Xavi que era mejor retirare; él muy amablemente condujo hasta su hotel, aunque había consumido prácticamente lo mismo que ella, se encontraba en un muy buen estado. Al llegar se ofreció acompañarla hasta su habitación para asegurarse de que llegase perfectamente bien.


La puerta se abrió, un beso que nadie supo cómo se dio, de un momento a otro la pasión desfogó y la temperatura aumentó; caricias por doquier, prendas de vestir que estorbaban en su lugar, dos cuerpos se desplazaban por la habitación pidiendo un poco más, la lujuria queriendo tomar partido, curvas perfectas, cuerpos pidiendo a gritos ser usados, labios ansiosos de ser probados, manos inquietas que se dejaban llevar por la pasión.

Lentamente desabrochó su camisa, disfrutando deseosamente de sus pectorales, la cremallera se abrió y el vestido por sus curvas se deslizó; cada vez la pasión ardía un poco más, la excitación aumentó, poco a poco y muy delicadamente la recostó sobre la cama, sus piernas, manos y caderas se movían dando paso a un peligroso pero muy apasionado juego.

Nadie pronunciaba palabra, sus cuerpos hablaban por sí solos, sus miradas embrujadas no respondían, solo se dejaban llevar… ¡Un momento!… ¡Miradas!… ¡Aquella mirada!… ¡Esa no era la que buscaba encontrar! Al cruzarse con sus dominantes ojos sintió como si un balde de agua fría hubiese caído sobre ella, su corazón que antes amenazaba con salirse a causa de la calentura de sus cuerpos, ahora lo hacía por desesperación, su pulso se aceleró un poco más, sus sentidos intuitivos comenzaban a estabilizarse, mientras su cabeza daba vueltas y no entendía que sucedía. Bruscamente lo apartó de su cuerpo y se tapó con las sabanas al darse cuenta que su prenda interior superior se encontraba desabrochada y a punto de caer.

Él, tal vez un poco más desconcertado que ella se acercó rápidamente, buscando su torso para besarlo nuevamente y continuar lo que instantes antes había sido interrumpido, pero la barrera de su mano que lo hacía echarse para tras se lo impidió.

Ella se sentó a un costado de la cama, pensando en todo lo que había sucedido aquella noche, pero le era imposible reconstruir los hechos desde el momento en que intentó levantarse en el restaurant, todo era muy confuso, solo venían a su mente pequeñas imágenes dentro del auto, luego bajando de él a la entrada del hotel y la última en el lobby, donde le insistía en acompañarla hacia su habitación.

Su voz la sacó de sus pensamientos

-Xavi: ¡Vamos guapa! ¿Qué pasa? ¿Por qué os detenéis?

Aunque no quisiese hacerlo, tenía que hablar para aclarar las cosas

-Dulce: Xavi, ¿Qué… qué es esto? ¿Qué pasó?

-Xavi: Bueno Dulce… tu, yo… estábamos…

-Dulce: -Lo interrumpió un tanto desesperada- ¡Si, si! Ya sé lo que estábamos haciendo. Lo que no me queda claro es ¿En qué momento pasó? ¿Cómo?

-Xavi: Perdón, nunca tuve la intención de aprovecharme. Insististeis en que os encontrabais perfectamente bien y luego pasó, ninguno pudo resistir.

Ella solo se llevaba las manos a la cabeza en señal de alarma, tratando de encontrar significado a lo que escuchaba

-Xavi: Creo que será mejor marcharme. Pero no vayáis a creer que salgo huyendo; necesitáis pensar bien las cosas, ya hablaremos mañana.

-Dulce: Si, si… mejor –El se acercó para darle un beso mientras terminaba de vestirse, pero ella lo rechazó-.

Al verlo salir por aquella puerta intentaba una vez más encontrar el momento en que había comenzado todo, pero nuevamente su mente la traicionaba y no lograba recordar los últimos minutos antes de darse cuenta de lo que sucedía.

Confundida se levantó de la cama y decidió darse una ducha para aclarar su mente y limpiar su cuerpo pues no era muy agradable para ella lo que estuvo a punto de hacer, al tratarse de una persona que no quería más que como un simple amigo. Su cabeza daba mil vueltas buscando respuestas imposibles de hallar. Luego de un rato dentro de la ducha, dejando al agua deslizarse por su cuerpo decidió regresar a la cama para intentar dormir, tenía muy claro que no le sería tan fácil, teniendo en cuenta el tema que revoloteaba en su cabeza, pero necesariamente debía hacerlo, pues tendría que descansar un poco antes de que amaneciera, ya que le esperaba un muy largo día antes de abordar el avión que la conduciría a México y su realidad.


Por su parte, Santiago se encontraba en su departamento, listo para salir de fiesta con sus amigos y no podía dejar de pensar que en dos días vería a esa mujer que lo traía loco, por la que se estaba poniendo muy serio en cuanto a salir con otras mujeres se trataba y le angustiaba el hecho de saber que aun no decidía si decirle o no lo que había sucedido con su amiga, definitivamente lo mejor era que lo escuchase de sus labios, pero… ¿No se escucharía muy patán a un hombre decir esas cosas de una mujer?, de hecho no se sentía muy cómodo por la manera como la había tratado aquel día, luego del beso, aunque fuese una mustia por completo, ninguna mujer merece ser tratada de esa manera, por lo menos no para él, aquellas palabras que uso fue en un impulso a causa del enojo, tal vez consigo mismo por dejarse llevar y a la vez para Zafarse de la situación, pues sabía que podía usar sus artimañas para enredarlo nuevamente, pero definitivamente no se sentía muy a gusto por haberlo hecho, sin embargo, lo hecho, hecho está y ya no había marcha atrás; en esos momentos lo único que debía preocuparse era en la manera como le contaría a Dulce como sucedieron las cosas, sin faltarle el respeto a una mujer… Pero, aun faltaban dos días para verla ¿Por qué pensaba en eso? Tendría que estar pensando en que se iba de desmadre y tenía que disfrutar.


Salió muy temprano el sol en España, ya era hora de despertar y comenzar un nuevo día, pero Dulce se encontraba muy lejos de hacer eso, solamente un par de horas antes había logrado conciliar el sueño a causa de un fuerte pensamiento que invadía su mente y ahora los rayos de luz que entraba por su ventana, a través de una cortina mal cerrada hacían que un fuerte dolor retumbara en su cabeza. La puerta de la habitación se abrió y tras ella un fuerte regaño

-Fran: ¿Se puede saber qué haces durmiendo todavía, a qué horas llegaste anoche y como se te ocurre dejar la tarjeta en la puerta?

-Dulce: ¡Auch! ¡No grites! ¡Me duele la cabeza!

-Fran: y ¿Cómo no? Mira nomás la cara que traes.

-Dulce: Cukita, neta no me siento bien. Si quieres mañana me sermoneas todo lo que quieras, pero ¡Por favor! Hoy no.

-Fran: -Dio un profundo suspiro- ¿Qué hiciste? Porque esa cara que tienes es como de pena moral y no tanto de una cruda común y corriente.

-Dulce: -Se levanto tratando de dirigirse al baño- Me voy a bañar ¿Me puedes pedir algo para que se me quite esto mientras me ducho?

-Fran: No evadas el tema, te salvas ahora porque apenas tenemos media hora para llegar, pero más tarde no te me escapas. Mejor ve rápido mientras yo te pido algo.

Dulce solo asintió y se dirigió hasta el baño con pasos muy lentos para no sentirlos tan fuerte en su cabeza.

Luego de un día muy agitado, se sentía realmente mal, pues no había tenido oportunidad para descansar y no era para menos, teniendo en cuenta la fuerte resaca que la acompañaba, la ‘pena moral’ como lo decía su amiga y el ajetreo de las entrevistas, fotos y una firma de autógrafos masiva para cerrar la tarde. Haber ingerido algunas bebidas energizantes durante el transcurso del día era lo que la mantenía aun en pie. Al subir al avión calló rendida de inmediato y fue al aterrizar en Miami, donde haría una escala por dos horas cuando despertó. Al salir del avión, Fran la condujo inmediatamente al baño para que frente a un espejo se diera cuenta del aspecto que tenía y poder saber que era lo que sucedía

-Fran: ¿Ahora si me vas a decir que pasó? –Dulce solamente la miró con cara de terror– ¡Yo sabía! ¡Y por eso te dije que no fueras!

-Dulce: Cálmate wey, que no pasó nada… bueno, casi…

-Fran: ¿Cómo casi?

-Dulce: Pueees… que estuvimos a punto y…

-Fran: ¿Y?

-Dulce: Y no sé, de pronto reaccioné. Me di cuenta que era él y no… –No pudo contenerse más y rompió en un llanto inconsolable-.

-Fran: Marujita ¿Otra vez pensando en él? –La abrazó fuertemente mostrándole su apoyo-.

-Dulce: ¿Qué hago Cukita? ¿Cómo le hago para sacármelo de la cabeza? ¿Cómo mato este maldito amor?... Es que ¿Por qué? ¿Por qué no pudimos ser felices? ¿Por qué siempre el destino en nuestra contra? Nunca voy a poder ser feliz con una persona que no sea el ¡No puedo! ¡No puedo! –Cada vez su llanto era más fuerte y desolador. Fran se sentía tan impotente de no poder hacer nada por ella, solo la abrazaba y acariciaba tiernamente-.

-Fran: No digas esas cosas, maruja. Tienes toda una vida por delante ¡Claro que podrás ser feliz! Hay muchas personas que te merecen más que él, porque si te quisiera tanto hubiese luchado contra viento y marea por ti y no se hubiese rendido ante el primer obstáculo ‘del destino’… Mira, como ejemplo ahí tienes a Santiago que no se da por vencido o Rodrigo, ¿Cuántos tiempo lleva detrás de ti? Que viene, lo bateas, regresa y ahí sigue, o Juan, Daniel, Pedrito y todos los que le siguen en la lista… o Xavi, siempre que te ves con él algo te dice y mira que estuvo a punto de conseguir algo más esta vez… y por cierto ¿Qué tomaron para que te convenciera de terminar en la cama con él? –Cambió intencionalmente de tema para lograr tranquilizarla un poco-.

-Dulce: No sé, varios mojitos, como tres o cuatro

-Fran: Poquitísimo –Decía sarcásticamente– así ¿cómo no?

-Dulce: Es que te juro que no sé qué pasó, ni como, ni nada. Yo estaba bien y de pronto se me fueron las luces y ya no recuerdo más hasta que lo encontré a mi lado

-Fran: pero, ¿Estás segura que no pasó nada?

-Dulce: Si, Fran. Yo lo detuve y luego se fue.

-Fran: ¡Amonos! Si el muy desgraciado se va huyendo y todo.

-Dulce: Pues para mí mejor, créeme que no se siente muy cómodo verle la cara a alguien con quien estuviste a punto y de pronto reaccionas y le dices que no sabes que estabas haciendo.

-Fran: Bueno, eso sí… Oye, cambiando de tema ¿Santi al fin qué?

-Dulce: No sé cukita, ahora estoy más confundida que antes. Hasta hace unos días estaba decidida a darme una oportunidad con él, pero… después de lo de anoche como que ya no sé qué hacer… es que no me parece justo estar con él si sigo pensando en otro… ¡Ay no! Ya me hice bolas. No sé que voy a hacer con mi vida.

-Fran: ¿Por qué ere tan dramática? Si antes de llegar a España todo estaba perfectamente bien. Simplemente omite lo que pasó aquí y asunto arreglado… porque Santiago te late y mucho.

-Dulce: y no lo niego, pero igual… En caso de que lo haga, sería bueno decirle lo que pasó aquí, ¿No? Para dejar todo atrás y arrancar en serio.

-Fran: ¿Para qué? Si igual entre ustedes no hay nada como para que se deban fidelidad y todo el rollo.

-Dulce: -Lanzó un suspiro- bueno, que sea como tenga que ser. Mañana vamos a comer juntos, a ver qué pasa.


Durante el transcurso Miami – Ciudad de México no podía dejar de pensar en las últimas palabras que le había dicho su amiga… ¿En verdad valía la pena seguir sufriendo por alguien que no la merecía?, pero… ¿Dónde quedaban todos los buenos momentos vividos, las risas, la compañía, el amor, las promesas de estar siempre juntos y de no olvidarse el uno al otro pese a cualquier cosa? ¿De qué servía todo eso si a la final no volvería a estar con él? ¿De qué servía haberlo amado tanto? ¿Para qué seguir sufriendo por algo que ya no volverá? ¿Ahora donde quedan las promesas que se había hecho a sí misma una y otra vez de olvidarlo y salir adelante sin tenerlo a su lado? Todas las barreras que había construido se desmoronaron en un solo segundo, en el momento en que cerró los ojos y decidió pensar que era él quien besaba sus labios, acariciaba su espalda y deseaba su cuerpo. Tanto tiempo había soñado con volver a vivir aquellos momentos mágicos con la persona más especial en su vida y darse cuenta que cualquier hombre podría estar en su cama, entrar en su cuerpo y tal vez estar un momento en su mente, pero no en su corazón, excepto él la hacía sentir tan vulnerable e inestable… ¿Por qué no podía olvidarlo de una vez por todas y continuar con su vida sin tener que soportar no estar a su lado? ¿Por qué no podía resignarse de una vez por todas a la idea de que no regresaría nunca más? Y peor qué eso ¿Por qué la prensa y sus fans se encargaban de recordárselo todo el tiempo? Ese era quizá el más grande martirio que debía soportar… tener que ver por lo menos una foto suya al día, alguna frase que se lo recordase, los clubes dedicados a los ‘traumas’, notas en la prensa recordando aquella ‘bonita historia de amor’, reportajes en donde le preguntaban si alguna vez volverían a estar juntos, videos, sus canciones y poemas… ¡Todo! ¡Absolutamente todo se lo recordaba! ¿Cómo es posible vivir así? ¿Cómo puedes olvidar a una persona que el mundo entero se encarga de recordarte a cada instante? ¡Imposible!... El universo estaba confabulado para que nunca lo sacara de su mente y corazón, pero definitivamente debía aprender a vivir con eso y hacer que su cabeza pudiera entender que lo mejor era aceptarlo y hacerse a la idea de ser feliz con lo que la vida la entregaba a diario.

Una vez más, como siempre que intentaba ordenar sus pensamientos, lo único que lograba calmarla era la escritura, por eso, aprovechando que todos dormían durante el vuelo, sacó su libreta, una pluma y comenzó a escribir:


 "Y es escribiendo la única manera de entender lo que nunca aceptaré.
 Te has ido y ya no te podré tener.
 Maldito destino que me ha hecho desfallecer una y otra vez.
 Estás hecho para mí y yo para ti, es lo que siempre he querido creer.
 Pero la cruda realidad me obliga a aceptar que nuestras almas juntas,
 nunca más podrán ser.
       
 Las letras en el papel pueden difuminar aquel último gris atardecer,
 Pero nada me hará olvidar los suaves abrazos de tu piel.
 Tal vez algún día llegue a comprender que el dulce de tus labios,
 mis labios no más podrán probar,
 Pero el aroma de tus besos siempre permanecerá dentro de mí ser.

Una vez más el brillo del sol se desvanecerá,
Pero la ternura de la Luna en nuestras noches volverá a brillar,
Y es en ella donde cada noche nuestras miradas se vuelven a encontrar.   
En mis días ya no estás y nunca más estarás,
Es eso lo que tanto me cuesta aceptar,
La cruda realidad a la que me debo resignar.”


La voz del capitán de vuelo, anunciando su próximo aterrizaje en México DF la hizo regresar a su ‘cruda realidad’, inmediatamente guardó sus cosas antes de que Luis -quien ahora viajaba a su lado- pudiera descubrirlo y comenzara a molestar, en esos momentos no estaba para aguantar bromas de ninguna especie, simplemente quería llegar a casa, recostarse en la calidez de su cama y dormir para olvidar por un momento todos los pensamientos que la perturbaban. En unas cuantas horas se encontraría con Santiago y debía tomar una decisión, cuyos resultados no hicieran que ninguno de los dos saliera lastimado, por lo cual debía descansar muy bien para decidir las cosas con la mente lo suficientemente clara y despejada.





Capítulo 10


Pasaron tres días y se encontraba ahí, en un lugar mmm… ¿acogedor?, bueno, tal vez si, era el ideal para fiestas organizadas por mujeres; muy elegante, decoración de lujo, mesas perfectamente arregladas y cada detalle exquisitamente cuidado. Definitivamente era lo que instantes antes de salir de su departamento se había imaginado, razón por la cual tomó la determinación de no asistir, pero, a causa de una nueva llamada, que no le agradaba mucho recibir, decidió pasar un rato por el lugar para hacer acto de presencia y sacarse un compromiso del cual nunca supo cómo fue que llego a hacerse cargo, teniendo en cuenta que no era de su interés, pero que tenía que cumplir para liberarse de una vez por todas de ello.

Al entrar buscó con la mirada a la anfitriona para desearle felicidades y entregarle su regalo. Se encontraban muchas personas allí, algunos conocidos por parte de Dulce; algunos otros más allegados a él, de quienes no sabía que existía una relación con Ivalú, cosa que le extrañó un poco; y el resto perfectos desconocidos. Aquello no era impedimento para él, pues se le hacía muy fácil relacionarse con otras personas, pero, por cuestiones suyas no se sentía totalmente cómodo. En fin, al buscar a Ivalú no la encontró, quizá estaría en otra parte con algunos invitados, el caso es que ahora tendría que esperar a que apareciese para saludarla y ofrecerle sus “disculpas” por tener que retirarse inmediatamente, cosa que lo ponía en peligro, pues no tenía muchos ánimos de toparse con Samantha.

Tan fuertes era sus deseos de no cruzar con ella, que al parecer la llamó con su pensamiento.

Se espantó, dando un salto al sentirla saludarlo por detrás

-Samantha: ¡Hola guapo!

-Santi: ¡Eh! Hola, ¿Cómo vas?

-Samantha: Perfectamente bien y ¿Tu?

-Santi: Bien. Oye, ¿Has visto a Ivalú? Desde que llegué la ando buscando para entregarle esto y no la veo.

-Samantha: Si, estaba por ahí, pero no sé donde se habrá metido ¿Por qué tanto afán?

-Santi: Pues quería saludarla, entregarle su regalo y disculparme con ella porque debo irme.

-Samantha: ¿Cómo? ¿Ya te vas? Pero si acabas de llegar apenas.

-Santi: Si, te dije que tengo algunos pendientes.

-Samantha: Es sábado por la noche ¿Qué cosas puedes hacer en un día como hoy?

-Santi: Cosas que en la semana no me queda tiempo para hacer –le decía en tono cortante, muy diferente a lo que solía ser- ¿Dónde me dijiste que viste a tu amiga?

-Samantha: ¡Chin! Ahora que recuerdo, tuvo que ir a su casa por algo importante, pero no creo que tarde mucho. Mejor vamos por algo de tomar ¿Te late?... Mira, siéntate por aquí

–Lo condujo hasta una mesa donde se encontraban algunas de sus amigas- chavas, por favor entretengan a Santi mientras traigo algo para beber –Todas la miraron extrañada, debido a la excesiva atención que le ponía a Santiago, pero aun así lo recibieron muy bien-.

-Iliana: Y ésta loca ¿Qué se trae?

-Karina: Ni idea… y tu Santi ¿Cómo estás? No pensé que vendrías.

-Santi: No, ni yo tampoco.

-Iliana: ¿Cómo así?

-Santi: Pues así, creo que la invitación me tomó por sorpresa.

Ambas se observaron buscando respuestas en sus miradas, pues sabían que el único motivo por el que podía estar ahí sería Dulce; pero, a sabiendas que ella se encontraba en otro país era muy raro que asistiese, sin embargo decidieron cambiar de tema

-Iliana: Oye y ¿Cómo te va con Dulce?

-Santi: Pues bien… supongo.

-Karina: Pero ¿Crees que tengas chance? Digo, ¿Cómo sientes que van las cosas?

-Santi: Ustedes son sus amigas, creo que deben saber más que yo. Mejor denme una ayudadita, ¿No?

-Iliana: y que garantía nos das de que no la vas a hacer sufrir?

-Santi: Creo que ya se lo he demostrado a ella.

-Karina: Así son todos: al inicio todo muy lindo, te prometen el sol, la Luna y las estrellas, para al final solo darte dolores de cabeza y lágrimas

-Santi: Yo no le he prometido nada de eso ni pienso hacerlo, simplemente pienso hacerla feliz y lo cumpliré hasta que me muera.

-Iliana: ¡Tan romántico! –Lo decía en tono burlesco- Con un hombre así yo me caso, juro que me caso.

-Karina: Que pesada eres. Pero ya, hablando en serio –a Santiago- yo creo que si tienes chance con Mary. Ella es un poco difícil, pero con un poquito de constancia va cediendo. Solo que no la hagas sufrir, porque se te viene todo un ejército encima.

-Iliana: y está encabezado por sus amigas, que también somos bastantes, para que vayas sabiendo.

-Santi: No bueno, si eso lo tengo más que claro. Creo que le tengo más miedo a todo ese ejército que a Osama Bin Ladem –Todos soltaron una carcajada-.


Por otra parte se encontraba Samantha buscando desesperadamente a su amiga Ivalú, al no hallarla decidió marcarle a su celular
---: ¿Bueno?

-Samantha: Val, ¿Dónde estás?

-Ivalú: Justo detrás de ti 

Samantha volteó rápidamente y la llevo lo más lejos posible de donde se encontraban

-Ivalú: ¡Auch! ¿Qué te pasa? Suéltame que me haces daño.

-Samantha: Lo siento amiga, pero es de vida o muerte

-Ivalú: ¿Cómo así? ¿Qué pasó?

-Samantha: Es que… bueno… necesito que me hagas un favorcito así de pequeñito –decía señalándole con su dedo-.

-Ivalú: ¿Qué quieres?

-Samantha: Que no te dejes ver de Santiago.

-Ivalú: ¡¿Qué?! ¿Para qué no quieres que me vea? ¿Qué te traes Samantha?

-Samantha: Tranquila, no es nada. Solo que ya se quiere ir y te anda buscando para saludarte y despedirse de ti. Si no te ve, no se irá ¿Entiendes?

-Ivalú: Te dije que no pienso prestarme para tus cosas ¿Ok? Me voy a hacer como que no sé que está aquí, pero si me ve no pienso esconderme, ¿Está claro?

-Samantha: Gracias amiguita, por eso te quiero –Se disponía a darle un efusivo abrazo, pero ella la detuvo-.

-Ivalú: Sin melosería, por favor. Que conste que no estoy de acuerdo con lo que estás haciendo y si no hablo es por no lastimar a Mary.

-Samantha: No, si me queda clarísimo que eres más amiga suya que mía.

-Ivalú: Por supuesto que sí –Lo dijo sin dudar- A Mary la conozco desde que tengo uso de razón y si no lo recuerdas, tú y yo nos conocemos por intermedio de ella

-Samantha: Mejor me voy, no quiero perder tiempo valioso

-Ivalú: -Observó cómo se alejaba, al tiempo que hacía un gesto desaprobatorio en su rostro- ¿Amigas? ¡Já! –Rió irónicamente- Amigo el ratón del queso.

Al acercarse a la mesa donde había dejado a Santiago minutos antes, lo tomó de un brazo y se lo llevo casi a rastras para “bailar”. Se alejo de donde se encontraban sus amigas, de tal manera que estas no tuvieran oportunidad de observarla mientras “bailaban”, sin darse cuenta que algunas personas se encontraban muy pendientes de cada uno de sus movimientos, pues ya habían notado sus intenciones y conociéndola tal como ya la conocían, creyeron muy conveniente estar alerta a cualquier cosa que pudiese hacer.

Mientras bailaba de manera muy provocativa –cosa que a él le incomodaba mucho y hacía su mayor esfuerzo por hacerlo notar– le hablaba al oído

-Samantha: ¿Ya te habían dicho que te ves muy guapo hoy?

-Santi: -Se sonrojó un poco- ¡Eh! Gracias. Tu también te ves muy bien –Trató de ser un poco cortante, pero no podía dejar de ser cortés-.

-Samantha: No entiendo cómo Mary puede darse el lujo de rechazarte de la manera que lo hace, sabiendo que hay miles de mujeres que mueren por ti

-Santi: ¿Perdón? ¿Qué dices?

-Samantha: ¡Eh! Bueno, digo que deben haber miles de mujeres que desearían que les pongas un poquito de atención –Decía mientras acariciaba su torso con sus manos de manera muy sensual- eres guapo, caballeroso, inteligente, tienes talento para la música y se nota que eres muy romántico ¿Qué más podemos pedir? ¿Quién no muere por un hombre así?

-Santi: -Cada vez se sentía más incómodo- ¿Será que aun tarda en llegar Ivalú?

-Samantha: Pero ¿Por qué tanta prisa? Ya no debe tardar, mejor disfrutemos un rato en lo que llega.

Santiago no dijo nada, solo la miraba y trataba de alejarse al sentirla cada vez más cerca de su cuerpo. Ella, muy astutamente posó sus manos detrás de su cuello para impedir que se escapase. El, como todo hombre, ya se imaginaba lo que después de eso venía y mientras ponía su atención en zafarse, entre palabras que decidió no escuchar, no supo en qué momento, solo sintió aquello labios sobre los suyos, que no esperaban respuesta, solo buscaban saciar su sed. Por un instante quedó paralizado, pues no se esperaba que fuese tan rápido, aunque lo veía venir; pero a ella no le interesaba que él no hiciese nada, simplemente decidió continuar hasta lograr que su instinto decidiese seguirla, pues sabía que era casi que imposible que pudiera resistirse a los encantos de sus besos y definitivamente fue así, unos segundos después le correspondió por un corto tiempo, hasta que fue capaz de reaccionar y asimilar lo que sucedía. Se separó bruscamente, tomándola de los hombros

Las personas que se habían quedado pendientes de lo que ya imaginaban que sucedería observaban muy expectantes la escena y se lanzaban miradas desaprobatorias unas a otras

-Santi ¿Qué fue eso?

-Samantha: ¿Un beso?

-Santi: Si, ya sé que fue un beso, pero…?

-Samantha: Pero nada, hubo atracción y lo hicimos. No te preocupes Santi, no pasa nada.

-Santi: ¡No!, no. Si pasa. Yo en ningún momento desee eso y si pasó fue porque vos lo buscaste. Me parece que estás confundiendo las cosas.

-Samantha: -Dispuesta a hacer una escena de teatro- ¡Santiago! ¿Quieres decir que yo…?

-Santi: -La interrumpió- No, no quiero decir nada. Y tampoco te hagas la ofendida porque sabes muy bien como sucedió –Ella fingía más, pero él no la dejaba hablar- Creo que vos y el resto de sus amigas saben perfectamente que me interesa Dulce y no estoy dispuesto a que esto interfiera en nuestra relación ¿Está claro?

-Samantha: Pero ¿Cuál relación? Entre ustedes no hay nada. Dulce no te quiere, sólo está jugando contigo porque le encanta tener a todo mundo comiendo de su mano.

-Santi: Como sea. Así no logre concretar nada con ella, vos no me interesas y con esto me queda muy claro que nunca podrías llegar a interesarme. Con el permiso de vos.


Caminó muy alterado y, mientras se dirigía hasta la salida chocó con Iliana

-Santi: Ili, disculpa. No te vi.

-Iliana: Descuida, Santi. ¿Puedo preguntar por qué tan alterado?

-Santi: No es nada. Solo tengo un poco de afán. Ya que te veo ¿Podrías hacerme un gran favor?

-Iliana: Claro, dime.

-Santi: Al parecer Ivalú aun no llega ¿Puedes entregarle esto y darle una disculpa de mi parte?

-Iliana: ¿Cómo que no llega? Si no se ha movido de aquí. Es más, mira que ahí viene.

-Santi: -Hizo un gesto desaprobatorio, pero esta vez el enojo era consigo mismo- Debí suponerlo.

-Iliana: ¿Cómo?

-Santi: No, nada –Al ver que se acercaba Ivalú decidió saludarla, entregarle su presente y ofrecer sus disculpas por tener que marcharse-.

-Ivalú: Santi, no me pongas excusas. Sé perfectamente la razón por la que te vas y creo que en ese caso quien te debe una disculpa soy yo. En cierta manera tengo la culpa, si yo no hubiese accedido a que vinieras nada hubiese pasado.

-Iliana: ¿También te diste cuenta?

-Ivalú: De hecho ya sabía lo que iba a suceder, pero quise hacerme la oreja sorda para no ocasionar problemas y mira como terminó.

-Iliana: Creo que tú tienes que explicarme algo –le decía desafiante-.

-Santi: ¡Eh! Chicas, me disculparán, pero debo irme y si no es mucho pedir, preferiría que Dulce no se entere.

-Iliana: No si ya se me hacía raro todo esto ¿Crees que pienso quedarme callada después de lo que vi?... Era demasiado bonito para ser verdad –Decía irónicamente-.

-Santi: No, no. No pienses que tengo intenciones de decirle mentiras, sólo que… bueno, es su amiga y creo que le haría daño saberlo…

-Iliana: Claro, porque todo lo hizo ella solita, ¿No? Ni sueñes que te cubriré las espaldas, eh? Es más, creo que es mejor que vayas olvidándote de mi amiga.

-Santi: ¡No! –Dijo un poco angustiado- No me has dejado terminar… A ver ¿Cómo te explico? No estoy diciendo que María no deba enterarse, sólo que preferiría decírselo yo. Al fin y al cabo es a mi quien me incumbe y debo sincerarme con ella… Lo que me preocupa es que, bueno… ella es su amiga y…

-Ivalú: No, ni te preocupes por ella, que ya mismo la pongo en su sitio.

-Santi: Gracias, pero no es necesario. Ya le dejé las cosas muy claras.

-Ivalú: Pensándolo bien, creo que estaría mejor que Mary no sepa nada. Igual solo nosotras nos dimos cuenta, realmente no creo que sea conveniente, tampoco creo que pase a mayores y en caso de saberlo, le daría muy duro.

-Iliana: No estoy de acuerdo, pero tal vez sea lo mejor –Decía un poco más calmada-.

Santiago se marchó un poco angustiado. Temía hablar con Dulce; sabía perfectamente que eso podría causarle problemas con ella y era lo que menos quería en esos momentos, cuando ni siquiera habían iniciado una relación. Pero definitivamente, si quería llegar a cultivar un fuerte vínculo tendría que sincerarse con ella. Su mente no era muy clara, en ese instante no sabía qué era lo que debía hacer y fue en ese único momento cuando agradeció que se encontraba muy lejos y aun contaba con algunos días más para pensar muy bien las cosas, tomar la mejor decisión y por sobretodo que no la afectara a ella.


Fueron días demasiado agitados, no le quedaba tiempo para descansar, mucho menos para pensar. Dormía pocas horas diarias, por lo general lo hacía en los aviones, cuando iba de un país a otro y no más de tres a cuatro horas por noche en un cuarto de hotel. Se encontraba realmente agotada, pero indudablemente no cambaría aquella experiencia por nada del mundo. Era capaz de soportar todo eso y más con tal de sentir la felicidad que en aquellos momentos la invadía; se sentía plenamente feliz, además de ver hecho realidad su sueño, también podía disfrutar de compartirlo con otras personas, que al igual que ella habían luchado por ello de su mano, por lo que también era un sueño de ellos.

Amaba ver la reacción de sus fans al tenerla de frente, su felicidad era innegable y definitivamente le encantaba ser partícipe de la alegría de aquellas personas. Les agradecía enormemente cada uno de los gestos y expresiones de cariño que con ella tenían, cada detalle, cada abrazo, cada mirada, cada sonrisa, cada palabra, cada lágrima que sus ojos derramaban, el recibimiento que le hacían al llegar a cada lugar; cada una de esas cosas le hacía sentir una inmensa felicidad y ganas de continuar entregando cada vez más lo mejor de sí, así tuviera que sacrificar ciertas cosas en su vida personal. Una de ellas, el hecho de no tener una relación estable, pues su rutina no se lo permitía. Tal vez eso sería un punto a favor de intentarlo con Santiago y que a la vez también podría ser riesgoso, debido al exceso de convivencia que empezarían a tener al momento del inicio de la gira de conciertos.

Había sido un día de arduo trabajo, los fans españoles eran demasiado eufóricos y eso le encantaba, pero también la dejaba exhausta. Necesitaba salir un rato para distraerse un poco. Xavi Martínez, director del programa radial más importante de Europa, ‘Euroclub’, como todo un caballero que era, las invitó a tomar algo. Luis y Pedro ya tenían planes, razón por la cual las invitadas solo serían Dulce y Fran, pero, por cuestiones de salud, Cookie decidió quedarse en el hotel

-Fran: ¿Segura que vas sola con Xavi?

-Dulce: Si, ¿Qué tiene de malo? Tampoco estás tan grave como para que me quede contigo ¿O sí?

-Fran: No, si no lo digo por eso. Con descansar un poco esta maluquera se me pasa y amanezco bien. Lo digo por ti, sabes perfectamente bien cuáles son sus intenciones contigo y creo que también sabes como es.

-Dulce: Ya sé, pero la última vez le dejé las cosas muy claras. No creo que intente nada nuevamente y, de ser así, tampoco pasaría nada. No soy tan mensa como crees.

-Fran: ¡Ajá! Si tú lo dices –Dijo en voz baja, pero Dulce alcanzó a escuchar-.

-Dulce: ¿Qué dijiste? Repítelo.

-Fran: Nada, nada. Que te vaya muy bien. Mejor te dejo para que termines de arreglarte.

-Dulce: Que mala amiga, eh? Yo en tu lugar me quedaría y te ayudaría.

-Fran: Que sensible andas últimamente.

-Dulce: Tranquila, si no quieres puedes irte. Igual y puedo vestirme sola, ¿No?

-Fran: ¡Ok! Me quedo. No sé por qué termino haciendo siempre lo que quieres.

-Dulce: Porque me quieres.

-Fran: ¡Ajá! –Dijo no muy convencida, pero a manera de broma- Digamos que sí.

-Dulce: -cambiando de tema- ¿Se me ve bien esto?

-Fran: Si, maruja –Cambiando de tema nuevamente- Oye pero, cuídate ¿Si?

-Dulce: Si cukita, a veces pareces mi mamá. Tampoco soy una adolescente de dieciséis años.

-Fran: Pues a veces pareces de trece –Decía mientras se alejaba de ella-.

-Dulce: No huyas, que no pienso hacerte nada… por ahora.

-Fran: Oye, pero hablando en serio. No vayas a hacer nada de lo que te puedas arrepentir después, sabes que en México está Santi esperándote.

-Dulce: Me cae que tú quieres más a Santiago que yo.

-Fran: Pueees… si no lo quieres yo lo recibo encantada –decía bromeando-.

-Dulce: ya tomé una decisión –la expresión de su rostro cambió y sus ojos brillaban con un tono de enamorados-

-Fran: -interrumpiéndola- Lo vas a batear por enésima vez y me lo regalarás a mí.

-Dulce: ¡Si serás mensa! Creo que lo intentaré. Igual nada pierdo.

-Fran: ¡Marujita! –Abrazándola efusivamente- Ya era hora que te decidieras, porque estabas como lentica, eh?

-Dulce: Si ya sé. Bueno, deja que termino de arreglarme. No debe tardar Xavi.

-Fran: No vayas.

-Dulce: Cukita, no empieces ¡Por favor!

-Fran: Mary, sabes que tengo mis dotes de bruja, muy de vez en cuando, pero los tengo y algo me dice que si quieres algo con Santiago sería mejor que no vayas.

-Dulce: Me cae que te equivocaste de época al nacer. Estarías perfecta siendo de la edad de mi mamá.

-Fran: Está bien, haz lo que quieras. Trátame de loca y todo lo que sea, pero después no te lamentes y te tocaré el hombro diciéndote: ‘Te lo advertí’

-Dulce: Me das miedo cuando empiezas con tus paranoias, mejor me voy. Bye –Le dio un beso en la mejilla, un ligero abrazo y se fue- Cuando salgas me cierras bien la habitación.

Al bajar ya se encontraba él esperándola en el lobby del hotel, muy bien vestido, con el estilo que lo caracterizaba. La observaba detenidamente, con aquella mirada misteriosa y penetrante que algunas veces la ponía de nervios, esta vez no podía ser la excepción. 

Al momento de notar la manera como la miraba se reprochó a sí misma por no haberle hecho caso a su amiga cuando le decía que no fuera. Aunque no sintiera nada por él, su mirada la intimidaba y algunas veces le hacía perder el control, temía que en esa ocasión pudiese hacer algo que fuera más allá de su voluntad a causa de la hipnosis de aquellos oscuros y fuertes ojos.