sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 10


Pasaron tres días y se encontraba ahí, en un lugar mmm… ¿acogedor?, bueno, tal vez si, era el ideal para fiestas organizadas por mujeres; muy elegante, decoración de lujo, mesas perfectamente arregladas y cada detalle exquisitamente cuidado. Definitivamente era lo que instantes antes de salir de su departamento se había imaginado, razón por la cual tomó la determinación de no asistir, pero, a causa de una nueva llamada, que no le agradaba mucho recibir, decidió pasar un rato por el lugar para hacer acto de presencia y sacarse un compromiso del cual nunca supo cómo fue que llego a hacerse cargo, teniendo en cuenta que no era de su interés, pero que tenía que cumplir para liberarse de una vez por todas de ello.

Al entrar buscó con la mirada a la anfitriona para desearle felicidades y entregarle su regalo. Se encontraban muchas personas allí, algunos conocidos por parte de Dulce; algunos otros más allegados a él, de quienes no sabía que existía una relación con Ivalú, cosa que le extrañó un poco; y el resto perfectos desconocidos. Aquello no era impedimento para él, pues se le hacía muy fácil relacionarse con otras personas, pero, por cuestiones suyas no se sentía totalmente cómodo. En fin, al buscar a Ivalú no la encontró, quizá estaría en otra parte con algunos invitados, el caso es que ahora tendría que esperar a que apareciese para saludarla y ofrecerle sus “disculpas” por tener que retirarse inmediatamente, cosa que lo ponía en peligro, pues no tenía muchos ánimos de toparse con Samantha.

Tan fuertes era sus deseos de no cruzar con ella, que al parecer la llamó con su pensamiento.

Se espantó, dando un salto al sentirla saludarlo por detrás

-Samantha: ¡Hola guapo!

-Santi: ¡Eh! Hola, ¿Cómo vas?

-Samantha: Perfectamente bien y ¿Tu?

-Santi: Bien. Oye, ¿Has visto a Ivalú? Desde que llegué la ando buscando para entregarle esto y no la veo.

-Samantha: Si, estaba por ahí, pero no sé donde se habrá metido ¿Por qué tanto afán?

-Santi: Pues quería saludarla, entregarle su regalo y disculparme con ella porque debo irme.

-Samantha: ¿Cómo? ¿Ya te vas? Pero si acabas de llegar apenas.

-Santi: Si, te dije que tengo algunos pendientes.

-Samantha: Es sábado por la noche ¿Qué cosas puedes hacer en un día como hoy?

-Santi: Cosas que en la semana no me queda tiempo para hacer –le decía en tono cortante, muy diferente a lo que solía ser- ¿Dónde me dijiste que viste a tu amiga?

-Samantha: ¡Chin! Ahora que recuerdo, tuvo que ir a su casa por algo importante, pero no creo que tarde mucho. Mejor vamos por algo de tomar ¿Te late?... Mira, siéntate por aquí

–Lo condujo hasta una mesa donde se encontraban algunas de sus amigas- chavas, por favor entretengan a Santi mientras traigo algo para beber –Todas la miraron extrañada, debido a la excesiva atención que le ponía a Santiago, pero aun así lo recibieron muy bien-.

-Iliana: Y ésta loca ¿Qué se trae?

-Karina: Ni idea… y tu Santi ¿Cómo estás? No pensé que vendrías.

-Santi: No, ni yo tampoco.

-Iliana: ¿Cómo así?

-Santi: Pues así, creo que la invitación me tomó por sorpresa.

Ambas se observaron buscando respuestas en sus miradas, pues sabían que el único motivo por el que podía estar ahí sería Dulce; pero, a sabiendas que ella se encontraba en otro país era muy raro que asistiese, sin embargo decidieron cambiar de tema

-Iliana: Oye y ¿Cómo te va con Dulce?

-Santi: Pues bien… supongo.

-Karina: Pero ¿Crees que tengas chance? Digo, ¿Cómo sientes que van las cosas?

-Santi: Ustedes son sus amigas, creo que deben saber más que yo. Mejor denme una ayudadita, ¿No?

-Iliana: y que garantía nos das de que no la vas a hacer sufrir?

-Santi: Creo que ya se lo he demostrado a ella.

-Karina: Así son todos: al inicio todo muy lindo, te prometen el sol, la Luna y las estrellas, para al final solo darte dolores de cabeza y lágrimas

-Santi: Yo no le he prometido nada de eso ni pienso hacerlo, simplemente pienso hacerla feliz y lo cumpliré hasta que me muera.

-Iliana: ¡Tan romántico! –Lo decía en tono burlesco- Con un hombre así yo me caso, juro que me caso.

-Karina: Que pesada eres. Pero ya, hablando en serio –a Santiago- yo creo que si tienes chance con Mary. Ella es un poco difícil, pero con un poquito de constancia va cediendo. Solo que no la hagas sufrir, porque se te viene todo un ejército encima.

-Iliana: y está encabezado por sus amigas, que también somos bastantes, para que vayas sabiendo.

-Santi: No bueno, si eso lo tengo más que claro. Creo que le tengo más miedo a todo ese ejército que a Osama Bin Ladem –Todos soltaron una carcajada-.


Por otra parte se encontraba Samantha buscando desesperadamente a su amiga Ivalú, al no hallarla decidió marcarle a su celular
---: ¿Bueno?

-Samantha: Val, ¿Dónde estás?

-Ivalú: Justo detrás de ti 

Samantha volteó rápidamente y la llevo lo más lejos posible de donde se encontraban

-Ivalú: ¡Auch! ¿Qué te pasa? Suéltame que me haces daño.

-Samantha: Lo siento amiga, pero es de vida o muerte

-Ivalú: ¿Cómo así? ¿Qué pasó?

-Samantha: Es que… bueno… necesito que me hagas un favorcito así de pequeñito –decía señalándole con su dedo-.

-Ivalú: ¿Qué quieres?

-Samantha: Que no te dejes ver de Santiago.

-Ivalú: ¡¿Qué?! ¿Para qué no quieres que me vea? ¿Qué te traes Samantha?

-Samantha: Tranquila, no es nada. Solo que ya se quiere ir y te anda buscando para saludarte y despedirse de ti. Si no te ve, no se irá ¿Entiendes?

-Ivalú: Te dije que no pienso prestarme para tus cosas ¿Ok? Me voy a hacer como que no sé que está aquí, pero si me ve no pienso esconderme, ¿Está claro?

-Samantha: Gracias amiguita, por eso te quiero –Se disponía a darle un efusivo abrazo, pero ella la detuvo-.

-Ivalú: Sin melosería, por favor. Que conste que no estoy de acuerdo con lo que estás haciendo y si no hablo es por no lastimar a Mary.

-Samantha: No, si me queda clarísimo que eres más amiga suya que mía.

-Ivalú: Por supuesto que sí –Lo dijo sin dudar- A Mary la conozco desde que tengo uso de razón y si no lo recuerdas, tú y yo nos conocemos por intermedio de ella

-Samantha: Mejor me voy, no quiero perder tiempo valioso

-Ivalú: -Observó cómo se alejaba, al tiempo que hacía un gesto desaprobatorio en su rostro- ¿Amigas? ¡Já! –Rió irónicamente- Amigo el ratón del queso.

Al acercarse a la mesa donde había dejado a Santiago minutos antes, lo tomó de un brazo y se lo llevo casi a rastras para “bailar”. Se alejo de donde se encontraban sus amigas, de tal manera que estas no tuvieran oportunidad de observarla mientras “bailaban”, sin darse cuenta que algunas personas se encontraban muy pendientes de cada uno de sus movimientos, pues ya habían notado sus intenciones y conociéndola tal como ya la conocían, creyeron muy conveniente estar alerta a cualquier cosa que pudiese hacer.

Mientras bailaba de manera muy provocativa –cosa que a él le incomodaba mucho y hacía su mayor esfuerzo por hacerlo notar– le hablaba al oído

-Samantha: ¿Ya te habían dicho que te ves muy guapo hoy?

-Santi: -Se sonrojó un poco- ¡Eh! Gracias. Tu también te ves muy bien –Trató de ser un poco cortante, pero no podía dejar de ser cortés-.

-Samantha: No entiendo cómo Mary puede darse el lujo de rechazarte de la manera que lo hace, sabiendo que hay miles de mujeres que mueren por ti

-Santi: ¿Perdón? ¿Qué dices?

-Samantha: ¡Eh! Bueno, digo que deben haber miles de mujeres que desearían que les pongas un poquito de atención –Decía mientras acariciaba su torso con sus manos de manera muy sensual- eres guapo, caballeroso, inteligente, tienes talento para la música y se nota que eres muy romántico ¿Qué más podemos pedir? ¿Quién no muere por un hombre así?

-Santi: -Cada vez se sentía más incómodo- ¿Será que aun tarda en llegar Ivalú?

-Samantha: Pero ¿Por qué tanta prisa? Ya no debe tardar, mejor disfrutemos un rato en lo que llega.

Santiago no dijo nada, solo la miraba y trataba de alejarse al sentirla cada vez más cerca de su cuerpo. Ella, muy astutamente posó sus manos detrás de su cuello para impedir que se escapase. El, como todo hombre, ya se imaginaba lo que después de eso venía y mientras ponía su atención en zafarse, entre palabras que decidió no escuchar, no supo en qué momento, solo sintió aquello labios sobre los suyos, que no esperaban respuesta, solo buscaban saciar su sed. Por un instante quedó paralizado, pues no se esperaba que fuese tan rápido, aunque lo veía venir; pero a ella no le interesaba que él no hiciese nada, simplemente decidió continuar hasta lograr que su instinto decidiese seguirla, pues sabía que era casi que imposible que pudiera resistirse a los encantos de sus besos y definitivamente fue así, unos segundos después le correspondió por un corto tiempo, hasta que fue capaz de reaccionar y asimilar lo que sucedía. Se separó bruscamente, tomándola de los hombros

Las personas que se habían quedado pendientes de lo que ya imaginaban que sucedería observaban muy expectantes la escena y se lanzaban miradas desaprobatorias unas a otras

-Santi ¿Qué fue eso?

-Samantha: ¿Un beso?

-Santi: Si, ya sé que fue un beso, pero…?

-Samantha: Pero nada, hubo atracción y lo hicimos. No te preocupes Santi, no pasa nada.

-Santi: ¡No!, no. Si pasa. Yo en ningún momento desee eso y si pasó fue porque vos lo buscaste. Me parece que estás confundiendo las cosas.

-Samantha: -Dispuesta a hacer una escena de teatro- ¡Santiago! ¿Quieres decir que yo…?

-Santi: -La interrumpió- No, no quiero decir nada. Y tampoco te hagas la ofendida porque sabes muy bien como sucedió –Ella fingía más, pero él no la dejaba hablar- Creo que vos y el resto de sus amigas saben perfectamente que me interesa Dulce y no estoy dispuesto a que esto interfiera en nuestra relación ¿Está claro?

-Samantha: Pero ¿Cuál relación? Entre ustedes no hay nada. Dulce no te quiere, sólo está jugando contigo porque le encanta tener a todo mundo comiendo de su mano.

-Santi: Como sea. Así no logre concretar nada con ella, vos no me interesas y con esto me queda muy claro que nunca podrías llegar a interesarme. Con el permiso de vos.


Caminó muy alterado y, mientras se dirigía hasta la salida chocó con Iliana

-Santi: Ili, disculpa. No te vi.

-Iliana: Descuida, Santi. ¿Puedo preguntar por qué tan alterado?

-Santi: No es nada. Solo tengo un poco de afán. Ya que te veo ¿Podrías hacerme un gran favor?

-Iliana: Claro, dime.

-Santi: Al parecer Ivalú aun no llega ¿Puedes entregarle esto y darle una disculpa de mi parte?

-Iliana: ¿Cómo que no llega? Si no se ha movido de aquí. Es más, mira que ahí viene.

-Santi: -Hizo un gesto desaprobatorio, pero esta vez el enojo era consigo mismo- Debí suponerlo.

-Iliana: ¿Cómo?

-Santi: No, nada –Al ver que se acercaba Ivalú decidió saludarla, entregarle su presente y ofrecer sus disculpas por tener que marcharse-.

-Ivalú: Santi, no me pongas excusas. Sé perfectamente la razón por la que te vas y creo que en ese caso quien te debe una disculpa soy yo. En cierta manera tengo la culpa, si yo no hubiese accedido a que vinieras nada hubiese pasado.

-Iliana: ¿También te diste cuenta?

-Ivalú: De hecho ya sabía lo que iba a suceder, pero quise hacerme la oreja sorda para no ocasionar problemas y mira como terminó.

-Iliana: Creo que tú tienes que explicarme algo –le decía desafiante-.

-Santi: ¡Eh! Chicas, me disculparán, pero debo irme y si no es mucho pedir, preferiría que Dulce no se entere.

-Iliana: No si ya se me hacía raro todo esto ¿Crees que pienso quedarme callada después de lo que vi?... Era demasiado bonito para ser verdad –Decía irónicamente-.

-Santi: No, no. No pienses que tengo intenciones de decirle mentiras, sólo que… bueno, es su amiga y creo que le haría daño saberlo…

-Iliana: Claro, porque todo lo hizo ella solita, ¿No? Ni sueñes que te cubriré las espaldas, eh? Es más, creo que es mejor que vayas olvidándote de mi amiga.

-Santi: ¡No! –Dijo un poco angustiado- No me has dejado terminar… A ver ¿Cómo te explico? No estoy diciendo que María no deba enterarse, sólo que preferiría decírselo yo. Al fin y al cabo es a mi quien me incumbe y debo sincerarme con ella… Lo que me preocupa es que, bueno… ella es su amiga y…

-Ivalú: No, ni te preocupes por ella, que ya mismo la pongo en su sitio.

-Santi: Gracias, pero no es necesario. Ya le dejé las cosas muy claras.

-Ivalú: Pensándolo bien, creo que estaría mejor que Mary no sepa nada. Igual solo nosotras nos dimos cuenta, realmente no creo que sea conveniente, tampoco creo que pase a mayores y en caso de saberlo, le daría muy duro.

-Iliana: No estoy de acuerdo, pero tal vez sea lo mejor –Decía un poco más calmada-.

Santiago se marchó un poco angustiado. Temía hablar con Dulce; sabía perfectamente que eso podría causarle problemas con ella y era lo que menos quería en esos momentos, cuando ni siquiera habían iniciado una relación. Pero definitivamente, si quería llegar a cultivar un fuerte vínculo tendría que sincerarse con ella. Su mente no era muy clara, en ese instante no sabía qué era lo que debía hacer y fue en ese único momento cuando agradeció que se encontraba muy lejos y aun contaba con algunos días más para pensar muy bien las cosas, tomar la mejor decisión y por sobretodo que no la afectara a ella.


Fueron días demasiado agitados, no le quedaba tiempo para descansar, mucho menos para pensar. Dormía pocas horas diarias, por lo general lo hacía en los aviones, cuando iba de un país a otro y no más de tres a cuatro horas por noche en un cuarto de hotel. Se encontraba realmente agotada, pero indudablemente no cambaría aquella experiencia por nada del mundo. Era capaz de soportar todo eso y más con tal de sentir la felicidad que en aquellos momentos la invadía; se sentía plenamente feliz, además de ver hecho realidad su sueño, también podía disfrutar de compartirlo con otras personas, que al igual que ella habían luchado por ello de su mano, por lo que también era un sueño de ellos.

Amaba ver la reacción de sus fans al tenerla de frente, su felicidad era innegable y definitivamente le encantaba ser partícipe de la alegría de aquellas personas. Les agradecía enormemente cada uno de los gestos y expresiones de cariño que con ella tenían, cada detalle, cada abrazo, cada mirada, cada sonrisa, cada palabra, cada lágrima que sus ojos derramaban, el recibimiento que le hacían al llegar a cada lugar; cada una de esas cosas le hacía sentir una inmensa felicidad y ganas de continuar entregando cada vez más lo mejor de sí, así tuviera que sacrificar ciertas cosas en su vida personal. Una de ellas, el hecho de no tener una relación estable, pues su rutina no se lo permitía. Tal vez eso sería un punto a favor de intentarlo con Santiago y que a la vez también podría ser riesgoso, debido al exceso de convivencia que empezarían a tener al momento del inicio de la gira de conciertos.

Había sido un día de arduo trabajo, los fans españoles eran demasiado eufóricos y eso le encantaba, pero también la dejaba exhausta. Necesitaba salir un rato para distraerse un poco. Xavi Martínez, director del programa radial más importante de Europa, ‘Euroclub’, como todo un caballero que era, las invitó a tomar algo. Luis y Pedro ya tenían planes, razón por la cual las invitadas solo serían Dulce y Fran, pero, por cuestiones de salud, Cookie decidió quedarse en el hotel

-Fran: ¿Segura que vas sola con Xavi?

-Dulce: Si, ¿Qué tiene de malo? Tampoco estás tan grave como para que me quede contigo ¿O sí?

-Fran: No, si no lo digo por eso. Con descansar un poco esta maluquera se me pasa y amanezco bien. Lo digo por ti, sabes perfectamente bien cuáles son sus intenciones contigo y creo que también sabes como es.

-Dulce: Ya sé, pero la última vez le dejé las cosas muy claras. No creo que intente nada nuevamente y, de ser así, tampoco pasaría nada. No soy tan mensa como crees.

-Fran: ¡Ajá! Si tú lo dices –Dijo en voz baja, pero Dulce alcanzó a escuchar-.

-Dulce: ¿Qué dijiste? Repítelo.

-Fran: Nada, nada. Que te vaya muy bien. Mejor te dejo para que termines de arreglarte.

-Dulce: Que mala amiga, eh? Yo en tu lugar me quedaría y te ayudaría.

-Fran: Que sensible andas últimamente.

-Dulce: Tranquila, si no quieres puedes irte. Igual y puedo vestirme sola, ¿No?

-Fran: ¡Ok! Me quedo. No sé por qué termino haciendo siempre lo que quieres.

-Dulce: Porque me quieres.

-Fran: ¡Ajá! –Dijo no muy convencida, pero a manera de broma- Digamos que sí.

-Dulce: -cambiando de tema- ¿Se me ve bien esto?

-Fran: Si, maruja –Cambiando de tema nuevamente- Oye pero, cuídate ¿Si?

-Dulce: Si cukita, a veces pareces mi mamá. Tampoco soy una adolescente de dieciséis años.

-Fran: Pues a veces pareces de trece –Decía mientras se alejaba de ella-.

-Dulce: No huyas, que no pienso hacerte nada… por ahora.

-Fran: Oye, pero hablando en serio. No vayas a hacer nada de lo que te puedas arrepentir después, sabes que en México está Santi esperándote.

-Dulce: Me cae que tú quieres más a Santiago que yo.

-Fran: Pueees… si no lo quieres yo lo recibo encantada –decía bromeando-.

-Dulce: ya tomé una decisión –la expresión de su rostro cambió y sus ojos brillaban con un tono de enamorados-

-Fran: -interrumpiéndola- Lo vas a batear por enésima vez y me lo regalarás a mí.

-Dulce: ¡Si serás mensa! Creo que lo intentaré. Igual nada pierdo.

-Fran: ¡Marujita! –Abrazándola efusivamente- Ya era hora que te decidieras, porque estabas como lentica, eh?

-Dulce: Si ya sé. Bueno, deja que termino de arreglarme. No debe tardar Xavi.

-Fran: No vayas.

-Dulce: Cukita, no empieces ¡Por favor!

-Fran: Mary, sabes que tengo mis dotes de bruja, muy de vez en cuando, pero los tengo y algo me dice que si quieres algo con Santiago sería mejor que no vayas.

-Dulce: Me cae que te equivocaste de época al nacer. Estarías perfecta siendo de la edad de mi mamá.

-Fran: Está bien, haz lo que quieras. Trátame de loca y todo lo que sea, pero después no te lamentes y te tocaré el hombro diciéndote: ‘Te lo advertí’

-Dulce: Me das miedo cuando empiezas con tus paranoias, mejor me voy. Bye –Le dio un beso en la mejilla, un ligero abrazo y se fue- Cuando salgas me cierras bien la habitación.

Al bajar ya se encontraba él esperándola en el lobby del hotel, muy bien vestido, con el estilo que lo caracterizaba. La observaba detenidamente, con aquella mirada misteriosa y penetrante que algunas veces la ponía de nervios, esta vez no podía ser la excepción. 

Al momento de notar la manera como la miraba se reprochó a sí misma por no haberle hecho caso a su amiga cuando le decía que no fuera. Aunque no sintiera nada por él, su mirada la intimidaba y algunas veces le hacía perder el control, temía que en esa ocasión pudiese hacer algo que fuera más allá de su voluntad a causa de la hipnosis de aquellos oscuros y fuertes ojos.





No hay comentarios:

Publicar un comentario