sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 8


Los siguientes días fueron muy agitados, entre los ensayos, presentaciones, entrevistas, firmas de autógrafos, convivencias con los fans, sesiones de fotos, promociones y todo lo que el lanzamiento de un disco requiere no habían tenido tiempo de hablar a solas nuevamente, por lo que aquel tema había quedado en el olvido… Aparentemente.

Las palabras de sus amigas, aquellas que eran como sus hermanas del corazón, los consejos de sus hermanas de sangre y la experiencia de su madre en los últimos días cada vez se hacían más intensos, aunque algunas veces quisiera dejar de escucharlas, sabía que en cierta parte tenían la razón, cada una de ellas la conocía perfectamente y eso le hacía tener presente que no la incitarían a tomar una mala decisión. Todas coincidían en lo mismo: “Date una oportunidad de volver a confiar”, “No te dejes llevar por el miedo a sufrir”, “Santiago es un buen hombre”, “Dale la oportunidad de quererte”, “Con intentarlo nada pierdes”. Una y otra vez retumbaban en su cabeza estas palabras, pero, ¿Dónde quedaba ella?, las había escuchado a todas, pero ¿Qué decía su corazón? ¿Estaba preparada para afrontar una nueva relación? ¿Había podido enterrar por fin lo que para ella había detrás de un gran amor? ¿Podría volver a entregar su corazón a otra persona? ¿A que estaba dispuesta en ese momento? ¿Qué era lo que quería?

Tal vez las cosas estarían muy claras, pero para ella en esos momentos no era así, muchas veces sucede que aunque tengas muchas ganas de intentar algo, el miedo se hace más fuerte y no es solamente miedo a perder o a fracasar en algo, sino ese miedo que viene de haberlo intentado más de una vez que te hace creer que tal vez ya no valdría la pena intentarlo una vez más, porque conociendo del tema existe la posibilidad de que los resultados sean los mismos que las anteriores ocasiones o tal vez peores.

Todo era muy confuso para ella en esos momentos. Si, sabía que Santiago la quería y estaba dispuesto a intentar algo con ella, también sabía que le podría ir bien estando a su lado, pero aun no sabía que era lo que ella misma sentía, había algo que la atraía hacia él, pero… ¿Qué era? Definitivamente amor no, sabía perfectamente que por más que quisiera seguía pensando en aquella otra persona que tanto tiempo atrás se había robado su corazón; aunque no tuviera un prototipo de hombres, algo en su físico le atraía y eso lo sabía perfectamente, pero había algo más, algo que le inquietaba y aun no podía descubrir que era; eso era quizá lo más difícil dentro de todo, el hecho de no saber exactamente lo que sentía por el y por ende que era lo que podría entregarle al abrirle sus puertas.

Al llegar al lugar donde hacían los ensayos con la banda encontró todo cerrado –“Aun es temprano” – Pensó. Se sentó en el andén a esperar que llegara alguien con llaves para poder entrar. Mientras esperaba no podía dejar de pensar en ella, unos meses atrás sólo se preocupaba por andar de fiesta en fiesta, divertirse, paseos con los amigos y tocar su guitarra, no tenía planeado enamorarse y mucho menos andar como un “perro” detrás de una mujer que no sentía nada por el, pero al conocerla habían cambiado de un momento a otro todos sus planes, ahora sólo pensaba en como conquistar el corazón de Dulce, todo el tiempo se preocupaba porque ella estuviera bien, a la primera oportunidad trataba de acompañarla siempre a donde fuera, cambiaba cualquier plan por estar a su lado, aunque ella no lo notara se había esmerado en enamorarla, pero al parecer todo lo había tomado como una bonita amistad y en esos momentos era eso lo que más le molestaba, porque así sería más difícil hacer que cambiaran las cosas entre ambos.

Aquella voz que tanto amaba lo sacó de sus pensamientos

-Dulce: ¡Santi! ¿Qué haces ahí sentado? ¿Tiene mucho rato que llegaste?

-Santi: ¡Eh! Hola Dul, no hace mucho que llegué, cómo unos diez minutos a lo sumo, pero parece que no hay nadie, porque veo todo cerrado.

-Dulce: Que raro, quedamos que el ensayo comenzaba hace quince minutos exactamente. Afortunadamente traigo mis llaves, levántante y entramos.

Luego de haber ingresado al lugar la situación se ponía inevitablemente tensa, ninguno de los dos se atrevía a pronunciar palabra y un silencio incómodo los invadía, así que, mejor decidió levantarse rápidamente a hacer algo para evitar que a él se le ocurriese tocar el tan temido tema que habían dejado pendiente algunos días atrás

-Dulce: ¡Eh! Voy a llamar a Fran para ver por qué no llega y que sabe de los demás. Con tu permiso –Se disponía a salir del lugar, pero el la detuvo-.

-Santi: ¡Espera! –La trajo hacia si tomándola delicadamente de un brazo- ¿Por qué me huyes?

-Dulce: ¿Qué?... N… nn… no, no te huyo –Comenzaba a ponerse nerviosa– Sólo necesito llamar a Fran.

-Santi: Dulce, no busques pretextos para evitar quedarte a solas conmigo ¡Por favor! Tenemos una conversación pendiente y lo sabes.

-Dulce: Si, lo sé y no lo he olvidado. Pero, neta, se me hace extraño que nadie haya llegado aun. Deja le marco a Fran y luego hablamos tu y yo, ¿Va? –Aunque no tuviera muchas ganas de tomar el tema, sabía que en algún momento tendría que enfrentarlo, pero en esos momentos solo lo hacía para zafarse de la situación-.

-Santi: Ok, ve.

Cuando comenzaba a marcar entró Fran corriendo como loca a la habitación

-Fran: Perdón, perdón, ya sé que vengo tarde, pero es que me cogió un trancón horrible.

-Dulce: No te preocupes, Fran. Sólo estamos Santi y yo, y no llevamos mucho tiempo aquí ¿Sabes algo de los demás?

-Fran: Si, parece que hoy todos se pusieron de acuerdo para no venir. Me temo que se cancela el ensayo hasta que regresemos de la promoción.

-Santi: Pero ¿Por qué nadie viene?

-Fran: Ya saben que hoy es el casting para la nueva serie de Pedro y Luis, sólo iría Pedro y Luis venía al ensayo, pero tuvieron un contratiempo y tuvo que estar presente también; Blue ya sabían que tiene concierto esta noche con Paty en Puebla, B*cho tuvo que hacer vueltas de banco y al parecer se tarda un poco, Eddie amaneció enfermo y al Tío Beto le retrasaron su vuelo desde Mérida y apenas va a despegar el avión. Así que, ni modo que ensayemos los tres, porque los instrumentos y yo cómo que no nos llevamos muy bien.

-Dulce: Viendo que no hay nada que hacer ¿Me acompañas a comprar algunas cosas?

-Fran: -Comprendió perfectamente las intenciones de su ofrecimiento– Lo siento, ya quedé con Iliana de hacer algo, sólo llegué hasta acá para avisarles porque supuse que ya estaban aquí.

-Dulce: Fraaan –La miró suplicante-.

Al darse cuenta Santi la miró, tratando de hacerle entender que era el momento.

-Fran: Lo siento amiga, ahí te ves. Bye Santi.


Él le agradeció para sus adentros y sólo hizo con su mano una señal de despedida.

Al saber que ya no le quedaba de otra, se volvió hacia él y dando un largo suspiro le dijo:

-Dulce: Mejor vamos a otro lugar ¿No?

-Santi: ¡Eh! Claro –Se extrañó al escuchar sus palabras, lo último que se imaginaba en esos momentos sería que ella misma lo propusiera– Aun es temprano ¿Te parece bien si vamos al café que está cerca?

-Dulce: Si, está bien.

Fueron caminando, pues el lugar se encontraba apenas en la esquina, durante el trayecto todo estuvo en absoluto silencio, cada quien pensaba en lo que tenía que decir. El, aunque un poco temeroso, preparaba su discurso para hacerle saber las intenciones que tenía, necesitaba hacerla sentir segura a su lado y demostrarle que estaba dispuesto a hacerla feliz, debía encontrar las palabras adecuadas para lograr convencerla, sabía perfectamente que su mayor obstáculo era aquel miedo a sufrir nuevamente que la invadía y tendría que buscar la manera de brindarle la mayor seguridad y confianza hacia él.

Por su parte, ella se encontraba muy nerviosa, era consciente de que la esperaba una conversación sumamente seria y que al interior de ella tendría que tomar una decisión, que de cierta manera giraría un poco el sentido de su vida; aun no estaba segura de si intentar algo con Santiago era la mejor opción, pero tampoco quería dañarlo y hacerlo sufrir, era una buena persona y no lo merecía, tal vez tendría que escuchar lo que él tendría que decirle para tomar la mejor decisión y no arrepentirse luego de ella.

Al llegar al lugar el la dirigió hasta una mesa apartada para comodidad de ella, evitando que se sintiera asediada por las miradas de la gente y evitar posibles interrupciones.

Ambos necesitaban tomar algo para relajarse, ella pidió un café descafeinado, pero bien cargado y él se inclinó por algo más refrescante: nevado de café con adición de arequipe

-Dulce: Santi…

-Santi: Dul…

Parecía como si se hubiesen puesto de acuerdo para hablar, lo hicieron al mismo instante, por lo que el, como todo un caballero le cedió el turno

-Santi: Dale, tu primero.

-Dulce: Ok –Suspiró profundo– Santi… este… -No sabía que decir– creo que mejor tu primero.

-Santi: ¿Segura?

-Dulce: Si, dale. Te escucho.

-Santi: Bueno, Dulce… yo –Luego de dudarlo por un segundo, posó sus manos delicadamente sobre las de ella que se encontraban sobre la mesa- bueno, ¿Recuerdas lo que te dije el día de la presentación en el lunario?

-Dulce: Claro que si –El sonido de su teléfono celular los interrumpió- permíteme un segundo.

-Santi: Descuida…

-Dulce: ¿Bueno?... ¡Ah! Hola Adri ¿Qué tal?... bien, gracias… ¿Ocupada? Pueees –Miró a Santiago- si, algo ¿Por qué?... ¿Ahorita? –Una vez más lo miró tratando de preguntarle algo, pero él no decía ni hacía nada más que escuchar atentamente sus palabras y tratar de descifrar aquella conversación- ¿Es muy urgente? –Esta vez el solamente asintió, dándole a entender que fuera tranquila- Va, dame 20 minutos y estoy allí. Ok bye –Se dirigió hacia el- Santi, discúlpame. Me hablaba Adriana porque surgió un percance con las cosas de la fundación y me necesitan urgente

-Santi: No te preocupes, ve tranquila ya tendremos otra oportunidad para hablar.

-Dulce: ¿Te parece esta noche? Prometo que trataré de desocuparme lo más temprano posible.

-Santi: Esta bien y no te aflijas si luego no puedes, me avisas y lo dejamos para otro día.

-Dulce: Gracias –Se acercó a él, le dio un ligero beso en la mejilla y un corto abrazo-.

-Santi: ¿Paso por ti?

-Dulce: Me parece bien, estaré en casa de mis papas. Más tarde te confirmo y cuadramos la hora.

-Santi: Listo, que te vaya bien.

Afortunadamente no era nada grave el asunto por el cual la llamaron, la reunión terminó temprano y quedó con Santi de que pasara por ella a las 9:00 pm para tener tiempo de arreglarse.

Apenas eran las 8:30 y ya estaba completamente lista, raro ¿no?... Si, tal vez un poco raro estar lista mucho antes de la hora acordaba, pero tendría que ser así o de lo contrario terminaría arrepintiéndose de ir. Sus nervios saltaban a flor de piel, esta vez no habría quien los interrumpiera, tendría que afrontar por fin la situación y darle una respuesta, se sentía muy ansiosa por lo que sucedería. Desde las 7:00 pm comenzó a arreglarse, se probó mil prendas de su armario, más de 8 cambios, entre blusas, shorts, pantalones y vestidos no sabía que escoger, terminó usando un vestido blanco con bolas azul turquesa, a la altura de la rodilla, zapatos de tacón azul que combinaban perfectamente, maquillaje muy suave, pero que resaltaba la belleza de sus ojos y cabello suelto con algunas ondas en las puntas; se veía extremadamente linda y natural. Su madre y su hermana gozaban divertidas de verla tan ansiosa mirando la hora a cada momento; le hacían bromas ocasionando que se alterara cada vez más, si no hubiese sido porque el sonido del timbre la detuvo, le hubiese arrancado la cabeza a cada una para que dejasen de molestarla.

Abrió la puerta y ahí estaba el, con camisa y pantalón negro, al verlo sintió que una extraña sensación recorría por completo su cuerpo; en ese momento se sentía como una adolescente cuando va a salir por primera vez con un chavo, parecía absurdo que estuviera viviendo nuevamente aquella clase de sensaciones, pero no podía hacer nada contra eso, simplemente lo sintió sin poder detenerlo y a decir verdad, en aquel instante no le molestaba mucho.

Entró un momento a la casa y saludó a las que si todos sus planes salían bien, se convertirían en su cuñada y suegra.

La llevó a un lugar exclusivo de comida oriental en la Ciudad  de México, cuando de invitar a cenar a Dulce se trataba no tenía que pensar dos veces a donde llevarla, sabía perfectamente cual era su comida favorita y aquel lugar era especial, un poco nuevo, ella aun no lo conocía y por eso estaba seguro que la descrestaría al entrar, sumándole a eso que el gourmet era exquisito.

Al llegar los condujeron a la mesa que con anterioridad él había reservado y luego de hacer su pedido y degustar una apetitosa entrada decidió iniciar una conversación más animosa para crear un ambiente más cómodo antes de que llegara el momento de echarle todo su discurso.

Al terminar la comida fue ella quien decidió cambiar de tema

-Dulce: Santi… yo…

-Santi: Por favor, escúchame un momento y ya luego me dices lo que sea que tengas que decir, ¿Está bien?

Ella solamente asintió y lo miró fijamente, como ya lo hacía el


Me muero por conocerte,
Saber que es lo piensas,
Abrir todas tus puertas
Y vencer esas tormentas que nos quieran abatir…

-Santi: Dulce, yo… bueno, tu –estaba más que nervioso, no sabía como empezar- … desde que te conocí sentí algo muy especial por ti y a medida que pasa el tiempo he sentido que eso crece cada vez más… eres una mujer maravillosa y sé que has sufrido mucho, pero también sé que no mereces eso… y yo, bueno, si tu me lo permites, estoy dispuesto a…

-Dulce: -posó su dedo índice en sus labios para que no terminara de hablar- No hay necesidad de que continúes… Santi, mira… bueno, tú lo has dicho, he sufrido mucho y no sé si estoy preparada para afrontar una relación ahora…

-Santi: Pero, dame la oportunidad de demostrarte que esta vez puede ser diferente… No sabes lo que siento al ver tu mirada perdida y saber que sigues pensando en eso, no lo mereces… yo estoy dispuesto a entregarte las mejores sonrisas… No me perdonaría el hecho de hacerte sufrir una vez más… Sólo necesito que confíes en mí…

-Dulce: Es que, el problema no eres tú, la del problema soy yo… no sé que es lo que siento por ti y no sé si pueda llegar a corresponderte de la misma manera a lo que tu me entregas

Y ver en tu rostro cada día
Crecer esa semilla,
Crear, soñar, dejar todo surgir,
Apartando el miedo a sufrir.

-Santi: ¿Por qué no lo intentas?... Nada pierdes y tampoco voy a presionarte

-Dulce y ¿Si no funciona?

-Santi: Si no lo intentamos no podremos saberlo.

-Dulce: No me gustaría hacerte daño

-Santi: No creo que eso suceda

-Dulce: Pero, es que…

El sólo la miraba esperando una respuesta

-Dulce: Déjame pensarlo, ¿Si? No quiero tomar una decisión apresurada y que nos hagamos daño los dos

-Santi: Está bien, tómate el tiempo que sea necesario

-Dulce: Que te parece si… bueno, sabes que en dos días me voy de promoción por Sudamérica y Europa y pues regreso a México por ahí en unos 15 días… ¿Está bien si te digo cuando regrese?

-Santi: No sé si pueda esperar tanto  tiempo –Comenzaba a serenarse y ya sonreía nuevamente- pero bueno…

-Dulce: Ay no seas tan desesperado, que tampoco es una eternidad –Ambos rieron-.

Luego de eso se fue tranquilizando más la situación, al salir del restaurant fueron a caminar un rato por el centro de la ciudad, aunque todavía no tuvieran una “relación” parecían un par de enamorados adolescentes caminando divertidos por las calles, riendo de cualquier cosa y disfrutando de las bellezas que la noche entregaba. De vez en cuando él le robaba uno que otro beso, a los que ella no se resistía, pero que tampoco permitía que trascendieran mucho, pues estaba consciente de que no debía darle tantas alas para volar si aun no estaba muy segura de lo que sucedería. Lo que sí sabía es que se la estaba pasando muy bien a su lado y eso le encantaba, pero aun albergaba dentro de sí un poco de miedo, por lo que no quería lastimarlo también a él.

Pasaron dos días en los que no se vieron por ningún motivo, aunque la extrañaba, había prometido no presionarla y esperar a que regresara de su viaje. Pero al parecer la paciencia comenzaba a agotarse, la espera se le hacía muy larga y aun no se iba de México, no sabía si sería capaz de soportar dos semanas más; así que, decidido a verla por lo menos 5 minutos le marcó.

A ella, aunque se le hacía raro que no la hubiese vuelto a buscar desde aquella noche, pensaba que era culpable por lo que le había dicho, así que no le quedaba de otra más que ser consecuente con lo que decía y hacía, lo que implicaba esperar hasta su regreso para hablar con él; sin embargo, afortunada o desafortunadamente, por alguna razón, que conocía, pero se negaba a aceptar, la distancia sería acortada, por lo menos unos minutos antes de partir.

Una inesperada llamada hizo que cambiara su genio en un instante

---: ¿Bueno? –Contestó aun un poco molesta, pero contenta por escuchar su voz-.

---: ¡Hola Dul! ¿Cómo vas?

-Dulce: Pues estoy, que es lo importante, ¿Qué tal tu?

-Santi: ¿Cómo así? ¿Qué pasó?

-Dulce: Pues que al parecer me toca irme en taxi hasta el aeropuerto y estoy que me lleva la #$%&@! –Volvía el enojo-.

-Santi: Pero ¿Por qué? Y ¿Tu mamá, tu papá?

-Dulce: Todos dicen que andan ocupados y a Dulce que se la llevé un tren –Espetó sarcástica-.

-Santi: Bueno, ya eso no es problema, ¿A qué hora debes estar en el aeropuerto?

-Dulce: Tengo media hora para llegar –Decía desesperada-.

-Santi: ¿Estás lista?

-Dulce: Si, creo… y a todas estas, ¿A qué se debe tu interrogatorio? Creo que en lugar de estar respondiendo tus preguntas debería estar pensando en cómo irme.

-Santi: Es que siempre lo he dicho, uno trata de ayudarlas y sale regañado.

-Dulce: Santi, no quiero ser grosera, pero… de verdad, creo que estoy perdiendo tiempo valioso.

-Santi: Creo que tienes razón, mejor ve abriendo la puerta.

-Dulce: ¿Para qué quieres que abra? Si aun no me voy

-Santi: Hazme caso.

-Dulce: Santi ¡Neta! Estoy contra el tiempo.

-Santi: Y si no abres nos tardaremos más en llegar.

-Dulce: ¡Ash! No sé ni por qué te hago caso –Rápidamente bajó las escaleras y al abrir la puerta se quedó sin habla-.

-Santi: ¿Dónde están las maletas? Apúrale que no tenemos todo el día

-Dulce: P… pe… pero… ¿Tu qué haces aquí?

-Santi: ¿Vas o te quedas?

-Dulce: Si, si… pero me explicas.

-Santi: Tranquila, luego te explico. Pero dime donde están tus cosas para llevarlas al coche.


Lo condujo hasta su habitación aun sin entender nada y en absoluto silencio. El, como todo un caballero no permitió que ella hiciera el más mínimo esfuerzo y sin su ayuda llevó todas las cosas al auto. Al subir decidió comenzar a indagar

-Dulce: ¿Y? ¿Me vas a decir que hacías afuera de mi casa?

-Santi: ¿Quieres que te diga la verdad?

-Dulce: Pues, por algo te pregunto, ¿No?

-Santi: No aguantaba un segundo más sin verte –La miró por un segundo, para luego volver a fijarse en la vía-.

Al no obtener respuesta de su parte pensó que tal vez no habría sido una buena idea mencionarlo

-Santi: Lo siento si no era lo que querías escuchar, pero… es la verdad.

-Dulce: No, no es eso… Sólo que… hace dos días no nos vemos y pues, como no habías vuelto a hablarme, pensé que esperarías hasta mi regreso de España.

-Santi: y lo pensé –El semáforo cambio a rojo e inmediatamente se giró para mirarla a los ojos- pero… ¿No crees que es demasiado tiempo lejos de ti?... imagina que estoy así tan solo con dos días de no verte, sabiendo que estás en México, no sé cómo será dos semanas estando en otro continente. Así que, pensé que podría verte por lo menos cinco minutos antes de irte, para grabar la ternura de tu mirada y tener un bonito recuerdo para los próximos días

Saber que inmediatamente la coloración de sus mejillas había aumentado le hacía apenarse y por ende, sonrojarse mucho más… Aunque le encantaba escuchar esas palabras, no era capaz de aceptar que también quería verlo, necesitaba estar segura de lo que sentía y aun no creía estarlo; al parecer Dios escuchó sus ruegos y la salvó la campana.

-Dulce: ¡Ehm! Santi, ya cambió el semáforo y los autos están pitando.

-Santi: ¡Ash! –Hizo un gesto de desagrado- ya voy –arrancó y ahora la miraba por el retrovisor- ¿No piensas decir nada?

-Dulce: ¿Qué se supone que tendría que decirte?

-Santi: Que poco romántica eres –Soltó una pequeña carcajada- Ya sé que prometí no presionarte, pero tampoco me pidas estar tan lejos de ti.

-Dulce: Y no te estoy reprochando nada… sólo que… bueno, aun no sé qué pensar… pensé que hablaríamos de esto a mi regreso y bueno…

-Santi: Ok, ok! Mejor cambiemos de tema.

-Dulce: Creo que sería mejor.

-Santi: y bueno, para que ya estés más tranquila sin mi presencia, apenas te deje en el aeropuerto, me voy.

-Dulce: ¡No! –Dijo sin pensar-

-Santi: No tienes que fingir, sé que ahora no quieres verme.

-Dulce: No digas coas que no han salido de mis labios

-Santi: Pero lo diste a entender, que es casi lo mismo.

-Dulce: No es cierto, no saques conclusiones que no son.

-Santi: Sabes que digo la verdad.

-Dulce: ¡Que no! –Dijo un poco molesta-.

-Santi: ¿En serio?

-Dulce: Si…

-Santi: Bueno, en todo caso me voy.

-Dulce: ¡Por favor! –Dijo al tiempo que ponía su mejor carita de niña inocente-.

-Santi: Eres la persona más chantajista que conozco.

-Dulce: Eso no es cierto –Mantenía la misma expresión en su rostro-.

-Santi: y ¿Para qué quieres que me quede? Si igual no estarás sola.

-Dulce: Pues, es que a ellos los veré todos los días y a ti no.

-Santi: Eso quiere decir que…

-Dulce: ¡No quiere decir nada! Sólo es eso.

-Santi: ¡Ok! Mejor ya no digo nada, porque cada vez que abro la boca resulta peor –Ella solamente lo miró- Llegamos. Creo que estamos contra el tiempo, mientras vas haciendo la fila para el check-in yo busco un lugar en el parqueadero y traigo las maletas

-Dulce: ¡Ok! Te espero adentro.

Luego de registrarse se juntaron con Luis, Pedro y Fran que viajarían con ella, pero esas tres largas horas que les tocaba esperar para abordar el avión no quería estar junto a ellos, porque serían 15 días a su lado, sólo quería estar con Santiago para disfrutar de los últimos momentos antes de separarse por tanto tiempo y poder tomar una buena decisión cuando tuviera que hacerlo.

Aunque resultó un poco difícil, pudieron escabullirse de ellos y fueron juntos por un café. Fue un rato sumamente agradable y tranquilo, esta vez no tocaron aquel tema, ya había acordado evadirlo. Ahora eran los amigos de siempre, los que se comprendían, reían y juntos hacían tonterías, ¿Cómo no quererlo?, si además de ser una persona tan especial, era un loco divertido, jamás podría pasar un momento desagradable a su lado, así fuese la situación más incómoda, con el siempre el tiempo se pasaba muy bien, lo único malo es que se les iba volando, de tanto disfrutar no se daban cuenta del tiempo que podía trascurrir, era lo que menos les importaba en aquellos momentos. Las tres largas horas de espera para ellos fueron como unos cinco minutos, que no quería que se acabaran jamás, pero inevitablemente tenían que despedirse.

Fue Fran quien les avisó por teléfono que era hora de abordar el avión. La expresión en los rostros de ambos cambió. Por un momento hubiese sido capaz de cancelar el viaje o quedarse con él, pero no. Era un viaje sumamente importante y tenía que ir. Él, por su lado no dejó de considerar la idea de tomar un boleto e irse con ella, pero no. Había prometido darle tiempo para pensar bien las cosas y tenía que cumplir con su parte para no atosigarla.

Ninguno quería despedirse y tampoco sabían cómo hacerlo. Él moría de ganas por besar sus labios, pero no estaba muy seguro de que fuera correcto hacerlo. Ella… al parecer ya comenzaba a acostumbrarse a la ternura de sus besos y no podría resistirlo por tanto tiempo, así que, sin esperar más, poco a poco, mientras decían algunas palabras de despedida, fue juntando su rostro al de él y si pensar en que sintiera unió sus labios a los suyos. Por un momento el quedó pasmado, jamás se imaginó que eso sucedería, pero no definitivamente no podía desaprovechar la oportunidad que ella misma le brindaba y decidido, tomó el control de la situación. Fue un beso suave, tierno, dulce, pero a la vez fuerte intenso; lleno de tantos sentimientos, entre ellos ganas de decirse “no te vayas”, “ven conmigo”, “te extrañaré”, “te quiero”, “te amo”… Nadie decía nada, pero no eran necesarias las palabras, sólo quería disfrutar del momento, aquel momento que tardaría algunos días en volver a repetirse, en ese momento sólo pensaban en dejarse llevar y disfrutar de él hasta el final.




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