Al subir al avión se sentó en su lugar, junto a la ventana, como le gustaba, ajustó su cinturón de seguridad e inmediatamente se olvidó del mundo que la rodeaba, sólo pensaba en lo que de ahora en adelante se venía, era un momento de suma importancia para su carrera y quería hacer todo lo mejor que estuviera a su alcance. Pensaba en sus fans, en aquellas personas que para ella eran prácticamente unos desconocidos, pero que se habían convertido en una parte demasiado importante en su vida, sencillamente la hacían tan feliz, a diario le demostraban cariño, compañía y apoyo incondicional. Además de su familia y los verdaderos amigos, eran ellos los que habían estado a su lado durante el transcurso y todo el proceso de creación de aquel proyecto que era tan suyo como de ellos, lo había construido de la mano de todos ellos y el hecho de ahora compartirlo con quienes de cierta manera habían sido sus creadores y una fuente muy grande de inspiración le hacía sentir algo inexplicable, le embargaba de emoción el hecho de pensar que durante ese viaje que apenas comenzaba contaba con el apoyo de tantas personas y que además podría disfrutar de aquella alegría de su lado.
Se sentía inmensamente feliz, además de presentar a los medios de comunicación en cada país el resultado de todo su esfuerzo y trabajo durante los últimos meses de su vida, tendría la oportunidad de compartir un rato con aquellas personas que le habían dado tanto y por quienes de cierta manera se encontraría en los lugares a donde iría.
No veía la hora de que aterrizara ese avión en el que iba y pisar aquellas tierras “extranjeras” pero que sin duda también sentía como su propia casa, debido al calor que en cada una de ellas recibía por parte de su gente. La primera parada sería Bogotá-Colombia. Amaba ese país, ya que fue el primer lugar en donde le abrieron las puertas internacionalmente alguna vez, aquello sería algo que nunca olvidaría, además del apoyo que siempre le habían brindado, siempre la esperaban con una sonrisa y con los brazos abiertos. Sería la primera vez que estaría allí luego de muchos años, pero esta vez sería sola, así que las cosas podrían ser diferentes, todo ese asunto le inquietaba mucho, aunque sabía que hacía las cosas muy bien y contaba con el apoyo de mucha gente, le era muy difícil ocultar los nervios que implican enfrentarse a una experiencia aparentemente vivida anteriormente, pero nueva a la vez.
Pensando en cómo serían sus próximos quince días, entre aviones, hoteles, entrevistas, fotos, firmas de autógrafos, convivencias con fans y todo lo que una promoción implica, se dejó vencer por el sueño, en menos de media hora ya estaba profundamente dormida, hasta un rato después, cuando Fran, quien viajaba a su lado la despertó para saber si tomaría el servicio que ofrece el avión.
Luego de comer un poco, su mirada se quedó fija en las nubes, a través de la ventana observaba aquella inmensidad en la que se encontraba, ahora pensaba en Santiago. El solo hecho de pensar en alejarse de él le estremecía el cuerpo y aunque tampoco estuviera muy segura de que estar con él fuera lo adecuado, ya no quería esperar ni pensar más, para saber lo que podría suceder tendría que intentarlo y averiguarlo por sí misma, por lo que decidió, que a su regreso a México le daría una muy grata sorpresa, aunque era consciente de que debía dejarle también las cosas claras para que no tuvieses falsas expectativas de una relación que no sabían si podía funcionar.
Una vez más, su tan querida amiga la sacó de sus pensamientos
-Fran: Tranquila, que solo serán quince días sin verse. Cuando aterricemos en Bogotá le hablas para que acorten la distancia –Le decía muy divertida y segura de que pensaba en Santiago-.
-Dulce: ¿De qué hablas?
Cookie solo la miró de forma acusadora, Dulce le devolvió la mirada a manera de reproche
-Fran: No me niegues que estabas pensando en Santiago porque esa ni tú te la crees – Dulce solamente dejó salir un largo y profundo suspiro– ¿Qué piensas hacer? O ¿Todavía no te decides?
-Dulce: No sé Fran, ¿Tú crees que esté bien darle una oportunidad sin estar segura de lo que siento? Y ¿si no funciona?... Yo lo quiero mucho y no me gustaría hacerlo sufrir
-Fran: ¿Por qué sólo piensas en lo malo que puede ser? ¿No se te pasa por la cabeza pensar que sí puede funcionar y que podría resultar algo hermoso? Si sigues con esa actitud te vas a quedar solterona toda la vida y perderás las mejores oportunidades que puedas conseguir.
-Dulce: Gracias por tus ánimos, eh?
-Fran: Pero es que es la neta. Sabes bien que no te lo digo en mala onda. Dulce, no puedes permitir que el miedo esté siempre delante de todo y perder lo que te mereces por temor a equivocarte. ¿Por qué no aplicas todo lo que dices? Esto lo he aprendido de ti y ¿Ahora me toca repetirte la lección cómo una niña pequeña? ¡No manches wey! Tú no eras así.
-Dulce: Es que no es fácil. Después de tantos errores aprendes que es mejor actuar cuando estés completamente seguro de lo que piensas hacer y este no es mi caso. No quiero equivocarme, tanto por mi bien, como por el suyo.
-Fran: ¿No crees que vale la pena arriesgarse? ¿Piensas quedarte toda la vida sentada pensando en que es lo que debes hacer? El tiempo no está de sobra como para que juegues con el… Además, ya como que nos empieza a pitar el tren. Es hora de ponernos serias –Decía ahora bromeando-.
-Dulce: Vieja estarás tú, porque yo apenas estoy en la flor de la juventud.
-Fran: Ay si tu. Sólo te llevo unos cuantos mesesitos y ya te crees muy joven.
-Dulce: ¿Mesesitos? ¿Quieres que te recuerde cuanto me llevas?
-Fran: Ay que delicada eres. Ya ni una bromita aguantas. Me cae que si e urge un novio.
-Dulce: ¡Pend*ja! –Dicho esto se giro y volvió a fijar su vista en la ventana hasta quedar nuevamente dormida-.
Durante el regreso a casa, el no pudo evitar pensar en lo que había sucedido minutos antes de su partida. En ese momento se sentía tan confundido, había llegado a pensar que su respuesta definitiva sería un NO, pero sus últimos actos ahora le decían todo lo contrarío. Su confusión ahora era mayor que antes, pues no sabía qué era lo que pasaba por la cabeza de aquella mujer que tanto quería y por lo tanto, no sabía qué era lo que de ella podría esperar.
En una cafetería de la ciudad de México, dos de las mejores amigas de Dulce se encontraban en medio de una conversación muy interesante
-Samantha: Oye y ¿Este Rodrigo al fin qué? ¿Sigue en onda con Mary o qué onda?
-Ivalú: Pues ya sabes, lo mismo de siempre, es un eterno enamorado y ella ni le presta atención. Yo creo que ya se cansó, porque tiene tiempo que no la busca, desde que lo bateó en el cumple de Mau.
-Samantha: ¿No crees que necesite un empujoncito? Para que ya le haga caso, ¿No?
-Ivalú: Bueno y ¿De cuándo acá tu tan interesada en esa relación?
-Samantha: No, nada. Yo solo decía… Solo que me parece un buen partido para ella y como tampoco se decide por Santi, pueeess…
-Ivalú: ¡Ah! Es que ya sé por dónde va la cosa. Todavía te late Santiago.
-Samantha: ¡Ash! Si, si y no lo puedo negar. Neta que he intentado sacarlo de mi cabeza, pero no puedo. Y bueno, si Mary no lo quiere, ¿Qué de malo tendría que haya algo entre él y yo?
-Ivalú: Pero él la quiere a ella.
-Samantha: Eso es lo de menos, yo podría ayudarlo a olvidarla.
-Ivalú: Wey, ¡no manches! ¿Neta estás pensando en hacerle eso a Dulce?
-Samantha: ¿Hacerle qué cosa? Bien sabes que no quiere nada con él y si ella no lo aprovecha, pues yo sí. Porque hombres cómo ese no se encuentran a la vuelta de la esquina.
-Ivalú: -Hizo un gesto negativo en su rostro y suspiró- ¿Qué piensas hacer?
-Samantha: Lo invitaremos a tu cumpleaños.
-Ivalú: ¿Qué? Pero ¡Estás loca! ¿Qué te pasa? Si me he cruzado cuatro veces por ahí con él es mucho y eso porque va con Mary
-Samantha: Ay pero que antisocial eres. Tienes que abrirte más, es bueno conocer nuevas amistades y si no lo invitas tu igual irá como mi acompañante, porque no pretenderás que vaya sin una pareja y me quede toda la noche viendo como los demás bailan ¿O sí?
-Ivalú: ¡Ash! No sé ni por qué te hago caso. Haz lo que quieras, pero solo te advierto algo: No quiero problemas con Dulce María, si se enoja o se entera de algo a mí no me metas.
-Samantha: ¿Por qué tendría que enojarse? ¿Acaso estamos haciendo algo malo? –Ivalú solo la observaba- Igual y ella no tiene una relación ni nada parecido con Santiago, así que no se lo estoy quitando. Y por si fuera poco, no es el centro del mundo que los demás no pueden hacer algo porque a la señorita no le gustaría que lo hagas ¿O sí? –Decía sarcásticamente- ¿No crees que es momento que deje de ser tan caprichosa y se dé cuenta que no puede tener todo lo que quiera y cuando quiera a su disposición?
-Ivalú: Bueno, no te puedo negar que a veces si se pasa de caprichosita, pero también es una excelente amiga, la mejor de todas y te aseguro que jamás haría eso que tú piensas, es más, si supiera que te gusta tanto Santiago no lo pensaría dos veces y de una se haría a un lado para dejarte el camino libre.
-Samantha: ¿Escuchas lo que estás diciendo? Yo no quiero que me lo regale, porque sé que soy capaz de conseguir a alguien que me quiera a mí por lo que soy, también tengo mis atributos y no necesito que ella se haga la buena amiga y por lástima me regale algo que no quiere.
-Ivalú: Dulce no es así y lo sabes.
-Samantha: Pues claro ¿Cuándo será el día que aceptes algún defecto de Mary? Si tiene a todas sus “amigas” –hizo mucho énfasis en aquella palabra- cómo súbditos detrás de ella y todo lo que diga eso se hace.
-Ivalú: ¿Qué te pasa Samantha? ¿De cuándo a acá tanto odio hacia Mary? ¿No que muy hermanitas y no sé qué?
-Samantha: No es ningún odio, yo a Dulce la adoro. Sólo que me di cuenta de algunas cosas que antes no tomaba en cuenta y que realmente si son importantes, así que ya no pretendo seguir dejándolas pasar como siempre.
-Ivalú: ¿No será que se te está despertando la envidia?
-Samantha: ¿Ves? ¿Ves? ¡Eso es lo que pasa! Todos tienen una venda en los ojos de que ella es la mejor de todas, la amiga tierna, la comprensiva, la inteligente, a la que le va bien en todo y entonces si alguien quiere hacer notar su presencia ya le tiene envidia. Las cosas no son así, val. Mary no es el centro del mundo. Neta que están mal.
-Ivalú: ¡No! La que está mal eres tú. Neta ¿Qué te pasa?
-Samantha: Ay no quiero discutir por esto. Mejor le hablo a Santiago.
Llegando a casa de su amiga Jimena recibió una llamada que jamás esperó
-Santi: ¿Bueno?
---: ¡Hola Santi!
-Santi: ¡Eh! Hola. Disculpa, ¿Quién habla? No tengo registrado tu número.
---: Debí suponerlo. Habla Samantha, si sabes quién soy ¿No?
-Santi: ¿La amiga de Dulce?
-Samantha: -Hizo un gesto de desagrado- Si, la misma.
-Santi: ¡Ah! Hola, ¿Cómo vas?
-Samantha: Ahora muy bien y ¿tu?
-Santi: Muy bien, gracias. Y ¿Puedo saber a qué se debe tu llamada?
-Samantha: Era para hacerte una invitación. Este sábado es el cumpleaños de Ivalú y pues me pidió que te avise que ahí te espera.
-Santi: ¡Eh! Gracias –decía desconcertado- Gracias por la invitación. No sé si pueda estar, pero trataré.
-Samantha: No ¿Cómo así? ¿Por qué no puedes? Tienes que ir.
-Santi: Lo que pasa es que… ¡Ah! Si, ya quedé de hacer algo con una amiga.
-Samantha: Ay no, pero no puedes hacernos esto. Nosotras que con tanto cariño te invitamos y nos rechazas. Te queda muy mal, eh?
-Santi: Bueno, está bien. Haré todo lo posible por estar ahí, ¿vale?
Luego de que le diera todos los datos de hora y lugar ella buscaba pretextos para no cortar la llamada y el no encontró más remedio que hacer como si se hubiese cortado.
Al cortar se encontró con la mirada expectante de su amiga, quien esperaba con lujo de detalles saber de quién se trataba aquella llamada
-Santi: Tenemos fiesta el sábado.
-Jimena: ¿Tenemos? ¿Escuché bien?
-Santi: Si, escuchaste muy bien. El sábado tú y yo nos vamos de fiesta.
-Jimena: Bueno ¿Tu te enloqueciste o qué? Yo estoy casada, ¿Cómo pretendes que me vaya de fiesta contigo y mucho menos con gente que n conozco?
-Santi: Jime ¡Por favor! –Le decía en tono suplicante- Acompáñame.
-Jimena: No, Santi. Mejor dime ¿Por qué tanto interés en ir acompañado?
-Santi: Porque las amigas de Dulce están locas y no sé ni para que me invitan a una fiesta suya, si las pocas veces que nos hemos visto ha sido en uno que otro evento al que voy con ella. No hay mucha amistad que digamos como para que me inviten, ¿Estás de acuerdo? Además, esa que me llamó como que me da la impresión de que quiere algo más.
-Jimena: -Soltó una carcajada- Santiago Cucicaw ¿Tú huyéndole a una mujer? Jajajaja lo veo y no lo creo. ¿Pues tan peligrosa es o qué?
-Santi: No te rías. Y no sé cómo sea, solo que no me interesa.
-Jimena: y ¿Desde cuándo rechazas la oportunidad de una vieja que a lo mejor sólo quiere un acostón contigo?
-Santi: En primeras no he dicho que se trate de eso. Segundo, no soy tan perro como dices y tercero es amiga de Dulce ¿Cómo crees que podría tener algo con ella?
-Jimena: ¡Ah! Es que va por ahí. El problema es esa niña que te trae loco y ya no te deja pensar en nadie.
-Santi: Tampoco, no exageres.
-Jimena: -Soltó una nueva carcajada-Mírate nomás, si se te cae la baba cuando hablas de ella.
-Santi: Bueno si, lo acepto. La quiero mucho y no quiero hacer nada que pueda afectar nuestra posible relación, ¿Contenta?
-Jimena: Tú lo has dicho: “POSIBLE RELACIÓN”. Aun no hay nada, por lo tanto no hay nada que pueda reclamarte en caso de que suceda algo.
-Santi: ¡Che! ¿Que no entendés que el hecho de que suceda algo con su “amiga” elimina cualquier posibilidad con ella?
-Jimena: Pero ¿Por qué tendría que pasar eso? Si no tiene ningún derecho sobre ti.
-Santi: No conoces a Dulce. Para ella la amistad es algo intocable y con sólo saber que una de sus amigas siente algo por mí no dudaría en hacerse a un lado. Te lo puedo asegurar.
-Jimena: Yo creo que eso es como caprichito de la nena y a ti ya te perdimos. Sólo estás detrás de sus faldas.
Prefirió cambiar de tema para no crear una discusión y luego de pasar una tarde muy agradable con la que era su mejor amiga regresó a su departamento, a su ambiente, donde podía pensar sin interrupciones ni distractores. Se sentó en el balcón, en aquella terraza rodeada de plantas que tanto amaba y cuidaba. En sus manos una guitarra y un lado de su asiento una botella de vino y una copa.
Observando las estrellas no podía dejar de pensar en ella e imaginar una posible futura vida juntos, solo los dos, en donde solo existiera su amor, aquel amor que él se encargaría de hacer crecer en su corazón, tanto como el que ya existía dentro del suyo. Una sonrisa en su rostro se dibujaba y sus ojos se iluminaban de solo imaginarla sonriendo y que la causa de ello fuera él y nadie más que él.
Algo que le inquietaba un poco era el tema de aquella llamada. Nunca había sido muy allegado a las amigas de Dulce como para que lo invitaran a fiestas a las cuales ella no asistiría, además de lo que desde antes ya había percibido por pate de Samantha, pero que había decidido obviar al pensar que solo podrían ser ideas suyas. Ahora sus sospechas aumentaban y era capaz de asegurar que no se equivocaba al pensarlo. Pero le agobiaba saber que Dulce podría enterarse de aquello y pese a eso comenzaran a complicarse las cosas, justo en el momento en que empezaba a asumir que estaba dispuesta a intentarlo con él.
Ya no había marcha atrás, la invitación estaba aceptada y para colmo iría solo. De lo único que estaba seguro es que no permitiría que intentase algo y le dejaría claras las cosas en caso de que pretendiese hacer algo para que no volviera a suceder.
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