-Fran: ¿Cómo así? ¿Que pasó? Dime ya mismo que te hizo, porque ¡lo mato!
-Dulce: Tranquila, no es para tanto. No me ha hecho nada... Bueno, a lo mejor si, pero lo hicimos ambos -Las últimas palabras las pronunció temerosa-.
-Fran: ¿Que hicieron, Dulce María?
-Dulce: Nos besamos -Lo dijo apenas audible y Fran, aunque si pudo leerlo de sus labios, pues hasta sus oídos no alcanzaba a llegar el leve sonido tenía que escucharlo claramente-.
-Fran: ¿Podrías repetirlo? No te escuche nada -Lo decía divertida viendo cómo se sonrojaba-.
-Dulce: ¡Que nos besamos! -Ahora estaba un poco más roja que cuando volvió a ver a Santi luego de aquel beso-
-Fran: ¿Queeeé? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Donde?... Claro -Cayendo en cuenta de la situación- Cuando los dejé solos, por eso venían tan agarraditos de la mano... ¿Ya son noviecitos? Aww que ternurita
-Dulce: ¿Podrías dejar el escándalo y dejarme hablar?
-Fran: Ok, ok! Te escucho... Pero cuéntame todo con lujo de detalles -Cada vez se emocionaba más-.
-Dulce: No hay mucho que contar, fue un beso accidental -Lo dijo tratando de convencerse a sí misma de que así fue- No somos novios y tampoco fue aquí.
Cuando se avecinaba un muy riguroso interrogatorio, la conversación fue interrumpida, haciendo que Dulce se pusiera un poco más tensa de lo que ya se encontraba
---: ¡Eh! Disculpen que las interrumpa -Dirigió su mirada a Dulce- ¿Me regalas dos minutos?
-Fran: Santi, me temo que no te la vas a poder llevar, por hoy es mía.
-Santi: No te preocupes, precisamente a eso venía, también puedes escuchar lo que le vengo a decir -Volvió a mirar a Dulce- Supongo que estarás cansada y querrás relajarte hoy para estar más tranquila mañana, será un día pesado y te sentará bien... Si quieres podemos dejar la comida para después de la presentación u otro día, por mi no hay problema y si a ti no te molesta, claro está.
-Dulce: ¡Ehm! Bueno, me parece bien -Estaba un poco nerviosa pero a la vez aliviada al saber que por lo menos por esa noche se libraría de el- cuando quieras hablamos entonces.
-Santi: Bueno, yo las dejo. Cuídense y descansen -le dio un beso en la mejilla a cada una y salió-.
-Dulce: Gracias, tu también descansa.
Fran sólo los observaba, notaba muy raro a Santi, su actitud era muy diferente a la que tenía cinco minutos antes, de una radiante felicidad había pasado a un estado de seriedad y hasta un tono de tristeza o decepción podía notarse en su mirada, se preguntaba que le habría pasado, pero eso lo averiguaría después. Ahora era el momento de interrogar a Dulce sobre aquel episodio que había estado esperando por mucho tiempo y le causaba mucha curiosidad cómo había pasado.
Al darse cuenta de cómo la observaba su amiga, ya no sabía si había sido mejor librarse de la conversación con Santiago o lo que le esperaba con la persona más chismosa que podía conocer. Ahora se reprochaba a sí misma por haberle contado lo sucedido -"¿No pude inventarle algo mejor?"- se decía y se lamentaba por la situación en que ella misma se había metido; pero ni modo, ya lo había hecho y le tocaba enfrentarla
-Fran: ¡Hey! ¡Te estoy hablando!
-Dulce: ¿Eh? ¿Que me decías?
-Fran: Que si no notaste a Santi muy raro, algo le pasó.
-Dulce: No, no me di cuenta y mejor ya me voy que estoy agotada y quiero descansar.
-Fran: No señorita, tú no te me escapas hoy.
-Dulce: Fraaan, quiero descansar -le decía suplicante-.
-Fran: No busques excusas.
-Dulce: ¡Aft! Está bien... Definitivamente contigo no se puede.
-Fran: -Sonrió victoriosa- Bueno, suelta la sopa, soy toda oídos.
-Dulce: Mejor vamos a mi casa y te cuento, ¿va?
-Fran: ¡Va! Deja voy por mis cosas.
-Dulce: ¡Sale! Mientras le habló a mi mamá para que te guarde comida
-Fran: ¿A tu mamá? -Preguntó horrorizada- Pensé que íbamos a tu depa. Allí no nos
dejarán hablar tranquilas.
Ahora quien sonreía victoriosa era Dulce y le dijo mientras arqueaba una ceja
-Dulce: En mi casa o no hay trato.
-Fran: ¡Ash! A veces me chocas. Pero pues tocará... Las cosas que me toca soportar sólo por saber un chisme y no creas que no quiero ver a tu mama, pero es que habla hasta por los codos, creo que hasta más que yo y supongo que no me dirás nada en frente de ella. Sólo espero que después de la comida podamos despegarnos así sean diez minutitos y escaparnos a tu recámara para que me cuentes con tranquilidad…
-Dulce: ¡YA! Ve por tus cosas.
-Fran: Ya voy, ya voy
-Dulce: -Sonreía divertida mientras la veía alejarse- y eso que la que habla tanto es mi mamá -Tomó su celular y marcó-
Al llegar a casa sucedió lo que Cookie tanto temía y se lamentó por no haberla obligado a hablar antes de llegar o de ir a su departamento o a cualquier lugar en donde Blanquita no se interpusiese en medio de su conversación.
Luego de marcharse, Dulce entró a su habitación, por un lado victoriosa de haber podido salvarse de la ardua conversación con su amiga, pero por otro, se encontraba muy pensativa, consternada por todo lo que había ocurrido desde la noche anterior hasta ese momento, el hecho de pensar en Santiago ahora la ponía extremadamente tensa. Y es que no era para menos, era consciente de que entre ambos existía una atracción un tanto fuerte cómo para ser solo de amistad, también reconocía que iba más allá de lo físico, sentía que entre sus almas había una conexión especial, lo veía cada vez que se miraban a los ojos, cada vez que sonreían juntos, cada vez que se hacían compañía el uno al otro, cada vez que compartían momentos en compañía de su más grande pasión: la música.
Pero lo que más revoloteaba en su cabeza, era la inseguridad que desde tiempo atrás la invadía constantemente y que no le permitía abrirse completamente a otra persona que no conociera lo suficientemente bien y aunque poco a poco había ido creando un lazo especial con Santiago, no se sentía muy a segura de lo que el pudiese llegar a pensar o sentir por ella. Siempre actuaba guiada por lo que le decía su corazón y confiaba mucho en las personas, incluso en aquellos a quienes no conocía, pero ya estaba cansada de sufrir por eso, había llegado al punto en que no sabía en quien debía confiar y quien no, todo por temor a ser lastimada nuevamente.
Últimamente pensaba mucho más las cosas antes de actuar y no se dejaba tanto llevar por lo que dijeran sus sentimientos y su blando corazón, sino por lo que tal vez sería más razonable. Puede que le estuviera yendo bien actuando de esa manera, pero definitivamente no se sentía muy a gusto haciéndolo, en ocasiones sentía que no era ella misma, sin embargo, el miedo era más fuerte y precisamente se encontraba frente a una situación en las que el temor a entregar su corazón y salir lastimada la invadía completamente en cuerpo y alma.
No negaba que se estremecía por completo al tener a Santiago tan cerca de su cuerpo, cada abrazo, cada beso, por muy fraternal que fuere, cada rose con su piel la hacía sentir sensaciones para nada incómodas, pero de lo que no podía estar segura era de qué sentiría el ante esos estímulos o peor aun, de lo que sentiría por ella y estaría dispuesto a ofrecerle. Aunque su mirada le mostrase una persona muy transparente y dispuesta a entregar lo mejor de sí, el maldito miedo no le permitía confiar plenamente.
Otra barrera que le impedía abrirse completamente era el hecho de pensar que jamás le había dicho nada al respecto, entonces ¿por qué pensaba tanto en el tema? Y ¿si estaba confundiendo las cosas? Claro estaba que, aunque explícitamente no se lo hubiese dicho nunca, si se lo había demostrado más de una vez. Constantemente se encargaba de hacerle saber que le importaba mucho, pero y ¿si le interesaba solamente cómo una amiga? Tal vez eran puras impresiones suyas y se estaba haciendo ilusiones en donde no cabían, era mejor dejar ese asunto a un lado de una vez por todas.
Pero… ese beso ¡Rayos! Aquel beso que había sido postergado por tanto tiempo, interrumpido en más de una ocasión y por fin había sucedido, en el momento menos esperado, pero el más apropiado. Lo peor de todo es que le gustó… No, que le gustó… ¡Le encantó!... Sentir el rose de sus labios con los suyos, el contacto de su piel con su piel, sentir su interior… fue mágico e inexplicable cómo a través de sólo un beso pudo sentir, decir y escuchar tantas cosas; desde mucho tiempo antes no le sucedía algo similar, ya hasta pensó que había olvidado lo que se sentía besar y experimentar tantas sensaciones a la vez. No podía negarlo, aunque luchase día y noche consigo misma por ocultarlo, no podía, le gustaba demasiado y lo peor de todo es que no sabía que hacer al respecto, no estaba segura de nada y temía que fuera sólo una ilusión más.
Por otro lado se encontraba con el antecedente de haber tenido relaciones anteriores con personas con las que convivía tanto tiempo y le había quedado de experiencia que ni era tan bueno, las ocasiones en que tuvo como novios a compañeros de trabajo las relaciones habían sido extremadamente caóticas y estresantes, muy a pesar de lo bonito que pudo haber habido en su interior, lo cierto es que si la habían llevado a sufrir demasiado y no estaba segura de encontrarse preparada para volver a vivir una situación similar.
Tal vez se estaba apresurando en pensar en todas esas cosas, pero el hecho de descubrir lo que aquel hombre le hacía sentir, la llevaba a analizar cada uno de los puntos que dicho sentimiento requería, antes de que sucediese cualquier cosa y de dar un paso tendría que estar muy segura de no pisar en falso, porque de lo único que si podía estar segura es que la próxima persona de la que se enamoraría y entregaría su corazón completamente sería de quien estuviese dispuesto a entregarse de igual manera por completo a ella y con quien compartiría el resto de sus días.
Por su parte, él no sabía que pensar y mucho menos que hacer ni que decir, unas horas antes se encontraba dispuesto a declararle todo lo que por ella sentía y si no fuese por aquel pequeño incidente que lo obligó a dirigirse hasta una clínica, tal vez lo habría hecho – “Mejor que no lo hice” – se dijo a sí mismo. Después de lo que escuchó se había dado cuenta que no tenía oportunidad con ella, más que una bonita amistad, aunque la noche anterior hubiese sentido lo contrario, con ese beso accidental, pero a la vez provocado por su parte, que sucedió cuando se despedían, aunque cada vez que la mirase a los ojos sintiese una conexión especial con su alma, aunque desde el primer momento en que la vio se hubiese enamorado de su mirada, su transparencia y ternura, la inocencia que la caracterizaba, su sinceridad, la manera de divertirse y de luchar por lo que quería, esas ganas inmensas que sentía de protegerla y de alejar de ella los miedos, temores, inseguridades y todo aquello que opacaba el brillo en su mirada, que tal vez pocos podrían notar, pero que él no podía evitar sufrir al sentirlo y repetirse una y otra vez que no descasaría hasta eliminarlo por completo.
Tal vez tendría que resignarse a ser aquel amigo eternamente enamorado, pero si eso era lo que le tocaba soportar por estar a su lado y verla sonreí, estaba más que dispuesto a hacerlo. Aunque en cualquier momento le tocase aceptar que se enamoraría de otra persona que no fuera el y que tal vez la obligaría a alejarse un poco de su lado, aunque le tocase vivir eso y muchas otras cosas más, con tal de verla feliz haría lo que fuese necesario, se había hecho una promesa a sí mismo y no estaba dispuesto a romperla por nada del mundo hasta ver ese par de luceros que traía en su mirada brillar solo de alegría y felicidad, así no fuese él el causante de ello, no pensaba alejarse de allí hasta lograr que sucediese y verlo con sus propios ojos.
A la mañana siguiente se despertó muy temprano, casi no pudo dormir, la desesperación no le permitía conciliar el sueño, por más que lo intentase, sólo hasta muy entrada la madrugada pudo pegar los ojos, pero no logró dormir más de tres horas, a las 7:00 am. ya estaba en pie, sería un día muy agitado, además del tema de Santiago, la angustiaba mucho lo que esa noche sucedería, por tanto que se expusiera a la prensa y todos los críticos, eso no era lo que le robaba el sueño, sino la reacción de sus fans quienes habían esperado tanto cómo ella la llegada de ese día, todo lo que durante el último año había hecho era por y para ellos, temía mucho defraudarlos, su gran meta era entregarles lo mejor de sí, a aquellas personas que le han entregado tanto y la han hecho tan feliz y desinteresadamente los últimos años de su vida.
Los nervios saltaban a flor de piel, no podía estar quieta un instante, desde que despertó se la pasó de un lado a otro, mirando los últimos detalles, coordinando que todo estuviera bien, que cada quien estuviese haciendo lo que correspondía, la decoración del escenario, que cada cosa estuviese en su lugar, el vestuario, el maquillaje, el cabello, la confirmación de los invitados que a la final si asistirían, entrevistas, fotos, reportajes, conferencia de prensa, llamadas que no faltaban para desearle buena vibra y mucha luz, incluso un mensaje que jamás esperó y aunque su teléfono lo registrase como desconocido, sabía perfectamente de quien provenía:
No te deseo suerte,
Porque es para los perdedores.
Te deseo muchos éxitos,
Porque sé cuanto lo mereces.
Has luchado mucho por esto
Y ha llegado el momento;
Es sólo el comienzo
De un largo, arduo, pero venturoso camino.
Brilla como sólo tú sabes hacerlo
Y entrega lo mejor de ti.
Aunque hoy no esté allí,
Cierra los ojos y sentirás
Mi corazón junto a ti.
La luz que un día me regalaste,
Tela cedo hoy a ti.
PD: No te preocupes tanto por la reacción de los fans,
Estoy seguro que les encantará,
Proviniendo de ti no puede haber algo mejor.
Sólo confía en ti
Y lo que estás a punto de entregar
Desde lo más profundo de tu corazón.
Un beso.
¡Te amo!
No pudo evitar sonreír al leerlo, jamás esperó recibir un mensaje de esa persona, incluso ya pensaba que había podido sacarlo de su mente y quizá de su corazón, pero en ese instante sentía otra cosa, algunos sentimientos encontrados, no podía ocultar que le alegraba el hecho de que supiera como se encontraba ella en esos momentos, incluso hasta lo que estuviera pensando. La conocía perfectamente y el tiempo ni la distancia había hecho que eso cambiara.
Pero, por otro lado, se reprochaba a sí misma por emocionarse tanto a causa de eso. Se había prometido enterrarlo en el baúl de los recuerdos y con sólo un mensaje estaba removiendo todo dentro de ella. Hubiese sido capaz de volver con el si se apareciese en el lugar con un ramo de rosa, pero no, se había hecho una promesa a sí misma y tenía que cumplirla, él era pasado y así tendría que seguir siendo.
A su mensaje sólo le respondió –“Gracias” – aunque se moría por decirle miles de cosas, tenía que cortarlo de raíz y esa era la manera de hacerlo.
Entrada la tarde fueron llegando los músicos, tenían que hacer el SoundCheck para evitar cualquier problema con el sonido durante la presentación. Al llegar Santiago lo notó muy distante, pero no le dio mucha importancia –“Seguro no durmió bien”– fue lo que pensó, pero no tardó mucho en cambiar de opinión al darse cuenta que con los demás no se comportaba de la misma manera, incluso no había vuelto a insistir con el tema que tenían ‘pendiente’ y cada vez que se acercaba a él, le respondía con evasivas –“Estoy bien” – “Gracias” – Tengo algo que hacer” – “No me pasa nada” – “Dame un segundo” – “Debo afinar mis guitarras”. Ya no sabía que más hacer, le inquietaba mucho aquella actitud, se preguntaba una y otra vez –“¿Qué le hice?”– Pero siempre llegaba a la misma conclusión –“Nada”– el último encuentro que habían tenido fue la noche anterior, cuando él mismo le canceló una cita, a la que ella no tenía muchas ganas de asistir –“¿Será que me escuchó hablando con Fran?... por eso me canceló… ¡Imposible!” – Pensó. Todo estaba muy raro; el único momento en que se comportó igual que siempre fue 5 minutos antes de subir al escenario, cuando se deseaban el mayor de los éxitos a todos, tenía planeado acercarse a cada uno y agradecerle por acompañarla en ese momento tan importante, pero al llegar a él dudó mucho en hacerlo, sólo hasta ver cómo le ofrecía sus brazos para envolverla en un muy cálido abrazo.
No lo pensó ni un instante más y se refugió en ellos –“Todo saldrá bien” – le dijo mientras le hacía notar su nerviosismo –“Dios te oiga” – le respondió, pero ahora un poco más segura, aquellos brazos la hacían calmar de una manera inexplicable, al separarse se miraron una vez más a los ojos, era la primera mirada del día y a ambos ya le hacía falta, pero, una vez más el trató de evadirla –“creo que tenemos que hablar” – exclamó ella, pero él sólo le respondió con un –“cuando quieras” – al momento que volvía a desviar la mirada hacia otro lado, pues no era capaz de mentirle mirándola de frente. Sabía que aun no estaba dispuesto a entablar una conversación con ella, las cosas habían cambiado repentinamente y en esos momentos no sabría que decirle. Pero no era la ocasión para pensar en ello, debían subir al escenario y entregar lo mejor de cada uno para hacer de esa una noche inolvidable.
Y sin duda, así fue, todo salió perfecto, el público la recibió muy calurosamente, indudablemente les gustó, había valido la pena todo el esfuerzo y la dedicación, no podía estar más contenta, se sentía dichosa de que la recibieran de esa manera. Además de sus fans, estaban allí las personas que más quería: su familia y los más allegados amigos, que habían hecho su más grande esfuerzo por acompañarla en ese día tan importante, el que sería hasta ese momento el más importante de toda su vida.
Luego de la presentación era la fiesta de celebración. Su madre se había encargado de organizarlo todo, reservó un lugar muy elegante, la comida estuvo exquisita y cuando se disponía a disfrutar bailando, fue victima de un peculiar asalto, cuatro de sus amigas, encabezadas por Fran, la rodearon por completo, haciéndole saber que no la liberarían hasta que les contara con lujo de detalles todo lo que había sucedido con Santiago. Al encontrarse en esa situación, lo único que hizo fue lanzarle una mirada asesina a Cookie, pero rápidamente esta fue defendida por Paty Cantú
-Paty: No, no, no la cojas contra ella que no ha hecho nada malo.
-Priscila: Así es, ¿Tiene algo de malo preocuparse por una amiga?
-Dulce: Si fuera preocupación y no el chisme que las está matando si que no tendría nada de malo.
-Ivalú: Ay no seas tan exagerada. Y bueno, aunque si tenemos un poquito de curiosidad, lo que nos inquieta es tu actitud.
-Dulce: ¿Cuál actitud? ¿Ahora que hice?
-Paty: Mejor cuéntanos lo que ha pasado y luego discutimos eso.
-Dulce: Pero es que no ha pasado nada ¡Caray! Simplemente estábamos parados en la puerta y ACCIDENTALMENTE –Hizo mucho énfasis en esa palabra – nos besamos. Ya, calculamos mal la distancia y pasó.
-Fran: ¡Ajá! Supongamos que fue accidental… ¿Qué sentiste?
-Dulce: ...
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