Como todos los días durante las últimas tres semanas luego de aquella maravillosa tarde en que le había dado la alegría de permitirle entrar a su vida como algo más que un amigo, pasó por ella antes de ir al ensayo, aunque pareciese raro, nadie se había dado cuenta de lo que sucedía entre ellos, a pesar que todos los veían más juntos cada vez, no se les hacía raro pues sabían que eran muy buenos amigos y como supieron disimular muy bien su “amistad” realmente pocos sospechaban. Fran, la más perspicaz de sus amigas veía todo como -“seguramente a Santi se le pasó la cosa y prefirió quedar como el mejor amigo antes de perderla” - y claramente eso era lo que se veía a la luz de todos, aunque no desaprovechasen un segundo a solas, sin que nadie los viese para darse de arrumacos o una que otra muestra de cariño.
Ella no podía negarlo, se encontraba feliz e intentaba darle lo mejor de sí a Santiago, a pesar de ser realmente poco el tiempo que llevaban juntos, había podido darse cuenta que efectivamente sí sentía algo más que un simple cariño por él y aunque de vez en cuando se atravesasen en su mente los fantasmas del pasado, no les permitía albergarse mucho tiempo en ella, pues prefería concentrar sus energías en cosas que sí valían la pena y lo que en esos momentos mantenía contento su corazón.
Mientras conducía la observaba de reojo por el retrovisor sin que se diese cuenta de lo que hacía, evitando un regaño de su parte, pues siempre le decía que podía ocurrir un accidente por no poner atención a la vía al ir al volante; pero para él era inevitable hacerlo, más aun cuando se veía tan hermosa como aquel día. Llevaba una blusa tipo esqueleto color palo de rosa, pantalón negro, botas planas, cabello suelto, gafas oscuras para el sol y su rostro perfectamente libre de maquillaje. Definitivamente no había palabras para describir la manera en que le gustaba verla así, al natural, tal como era ella, sin preocuparse por la apariencia física, distraída observando cada cosa que pasaba detrás de la ventana y espontáneamente acomodando entre sus manos su cabello, cada diez segundos.
---: ¿Podes dejar quietas tus manos por lo menos un momento?
-Dulce: ¿Eh? –Respondió al ser obligada a salir involuntariamente de sus pensamientos-.
-Santi: ¿En qué tanto pensás? Te noto como algo preocupada.
-Dulce: No, nada… solo estaba distraída –seguía acomodando su cabello, ahora con más frecuencia debido a la pregunta de Santiago-.
-Santi: Cañí –Le dijo a manera de reproche, haciéndole saber que podía confiar en él-.
-Dulce: En serio que no pasa nada –pasó una de sus manos por la nuca de él, enredando sus dedos entre sus cabellos para otorgarle tranquilidad-.
-Santi: Está bien, si no me querés contar no pasa nada.
-Dulce: ¿Qué me decías antes? –cambió intencionalmente de tema para evadirlo-.
-Santi: Nada, solo que dejaras de mover tanto las manos entre el cabello. No sabes disimular cuando estás intranquila –le otorgó una ligera sonrisa, volteando a verla e inmediatamente regresando su vista al frente-.
-Dulce: ¡Me estabas mirando por el retrovisor! –Le dijo acusadoramente con la sola intención escaparse del tema-.
-Santi: Una miradita no mata a nadie –le guiñó un ojo, aparcó el auto y se bajó dejándola con la palabra en la boca y esta abierta al no alcanzar a decir lo que pensaba. Le dio media vuelta, abrió la puerta del lado de ella y le ofreció su mano para que se bajase– ¿venís?
-Dulce: Sigue así Santiago, vas muy bien.
-Santiago: ¿Y ahora yo que hice? –Respondió muy entretenido, haciéndose el inocente-.
---: ¿Qué onda chavos? ¿Hoy que casualidad los trae juntos? –Comentó “Blu” al llegar, interrumpiendo a Dulce. Al escuchar su comentario ambos se miraron y sonrieron apenados– tranquilos, no los balconeo. Pero ya inventen una excusa nueva ¿No? Esa de que “de casualidad pasé cerca de su casa y decidí traerla” ya está como muy trillada –Santiago y Dulce trataron de desviar sus miradas, observando a cualquier lado, menos a quien les hablaba para ‘simular’ que no sucedía nada– y tu dulcecita –lo dijo conscientemente de que no le gustaba que la llamasen de esa manera– ¿Cómo has estado? –Puso uno de sus brazos sobre sus hombros, dirigiéndola hacia la entrada del lugar- ¿Cómo te trata este muérgano? –cada cosa la decía con ánimo de reírse de ellos, aprovechándose de la situación– si te hace algo solo es que me avises y se acordará hasta del día en que nació con la paliza que lo daré en tu nombre.
-Dulce: Gracias Blu –comentó luego de una carcajada. Al ver la cara de Santiago que solo observaba como se divertían, se acercó a él dándole un beso fugaz– esperemos que no sea necesario –le tocó la barbilla y siguió caminando, sabiendo que la seguía con su mirada, atontado-.
Luego de que llegaran todos e instalaran los equipos iniciaron el ensayo que transcurrió con total normalidad, con una que otra mirada de Santiago a Dulce y viceversa, miradas en que se decían tantas cosas que solo ellos entendían y que de vez en cuando Blu, quien desde siempre había sabido lo que sucedía, lograba notar e interpretar a su manera, pero como se los había dicho minutos antes, guardaría silencio hasta que se decidiesen a contarlo.
---: ¿Qué vamos a hacer ahora? –le decía acercándose muy sensualmente a ella-.
-Dulce: No te me acerques mucho que nos pueden ver –con tono de regaño le respondió-.
-Santi: Si todos andan en sus cosas, además ¿Para qué seguir ocultándolo? Ya Blu lo sabe y dudo mucho que los demás no lo hayan notado, sobretodo Fran que tiene una capacidad…
-Dulce: No lo creo. De ser así no me habría dejado en paz hasta que se lo confirme y la última vez que tocó el tema se quedó muy tranquila. Ya piensa que somos los mejores amigos –soltó una carcajada-.
-Santi: Seguí negándome Dulce María… Jesús dijo: “Niégame ante los hombres y te negaré ante mi padre”.
-Dulce: ¿y qué quieres decir con eso? –Se acercó dos veces a la distancia que se había alejado de él, muy sensualmente-.
-Santi: Nada, que alguien nos puede ver –intencionalmente se apartó, tratando de contener su risa, en venganza a lo que instantes antes había hecho ella- ¿Te acerco a tu casa?
-Dulce: Será… -desconcertada respondió y lo siguió hasta el auto-.
Cuando creía que realmente iba camino a su casa, vio como Santiago dio un giro inesperado que los desvió y al contrario se detuvo en el estacionamiento de un restaurant de comida oriental.
---: ¿Seguís enojada por no hacer nada? –Le decía al hacerle una seña para que se sentase.
Ella solo lo miró con cara de niña berrinchuda y apenada- Te ves hermosa cuando te pones de caprichosita ¿Lo sabías? –Cuando se disponía a defenderse la calló con un beso que la dejó sin aliento y que fue interrumpido por un dependiente del lugar para tomar su orden-.
-Dulce: Tramposo –le dijo coquetamente en un movimiento de sus labios mientras él intentaba concentrarse en su conversación con el mesero-.
En medio de una muy apetitosa comida y excelente compañía, escuchó su teléfono celular repicar, inicialmente decidió no contestar pues no le pareció apropiado hacerlo mientras comía, pero al ver la insistencia y frecuencia con que sonaba, decidió buscarlo en su cartera y contestar. Se sorprendió al ver en el identificador de llamadas aquel nombre, pues tenía mucho tiempo que sus relaciones con aquella persona eran un poco distantes, las pocas cosas que sabía acerca de su vida durante los últimos años eran gracias a la prensa y a sus fans que se encargaban de informarle de cada paso que daba y hasta reprocharle una que otra vez por lo ‘fría’ en que se había tornado aquella linda relación. Y, para ser sincera, realmente, aunque le inquietaba un poco la causa de la llamada, no tenía muchas ganas de responder e interrumpir su comida, pues no creía que sería justamente para saludar e invitarla a tomar un café como en alguna época habrían llegado a hacerlo.
---: ¿Campana? ¿Ese milagro que recuerdas a las viejas amistades? –Al abrir la llamada, inmediatamente contestó con un tono burlesco-.
-Anahí: Que poca, eh. Una de buena gente que llama a una amiga que hace años no ve y me respondes de esta manera… que decepción y que tristeza Dulce María –decía dramatizando y exagerando su tono de voz-.
-Dulce: ¡Ay, que dramática eres! Ya ni una bromita se te puede hacer pues.
-Anahí: ¿y cómo no quieres que me ponga así? Si te hablo y mira como me respondes.
-Dulce: Bueno, es que me sorprende tu llamada. Hace meses ni hablamos y desde hace mucho que no te veo, pensé que te habías olvidado de mi.
-Anahí: para que veas que siempre te recuerdo, a ti y a todos –amenazaba con agudizar su dramatismo-.
-Dulce: También yo –hizo un pequeño gesto de fastidio, pues realmente le desagradaba un poco el excesivo drama que hacía su ex compañera de grupo– Pero ya, dime de una vez que se debe el honor de tu llamada, porque no te creo que sea solo para decirme que me extrañas, eh.
-Anahí: Bueno –se sonrojó ante el comentario de Dulce, pues tenía toda la razón-.
-Dulce: ¿Lo ves? ¡Chisme de seguro! –AL escuchar su risa, prosiguió– A ver, ¿A quién quieres destruir? O ¿Sobre quien quieres información? Pero te advierto que no tengo mucho tiempo, eh. Estoy en medio de una comida que acabas de interrumpir, así que trata de no pegarte al teléfono.
-Anahí: ¡Amonos! Pero me imagino que debe ser muy importante la comida ¿o lo que viene después es más importante? –Dulce se sonrojó y miró apenada a Santiago ante aquel comentario- ¿Con quién estás? ¿Qué ha pasado que no sepa?
-Dulce: Luego te cuento –por la forma como lo veía, Santiago se pudo dar cuenta perfectamente que se refería a él, por lo que sonrió y siguió escuchando atentamente lo que ella decía mientras intentaba desconcentrarla para que cortase lo más pronto posible la llamada-.
-Anahí: ¡No! Nada que después, dime ya quien es el susodicho.
-Dulce: ¡Ya te dije que después, Annie! Además, no hablabas para que te cuente eso ¿o sí?
-Anahí: ¡Ash! Está bien caray Es que necesito confirmar una información que me llegó y creo que tú eres la indicada para hacerlo.
-Dulce: Pues solo dime quienes son los personajes y la supuesta información para confirmarlo o no.
-Anahí: ¡Va!... Samantha y uno de tus guitarristas.
-Dulce: ¡¿Samantha?! –Su rostro denotaba una gran sorpresa, pues no sabía acerca de nada que hubiese sucedido entre su casi hermana y uno de los guitarristas de su banda, entre los cuáles se encontraba Santiago, quien desde tiempo atrás había estado tras de ella, así que no podía ser. El único que quedaba por descarte era Blu y era más factible contemplar esa posibilidad entre ellos, pues se conocían desde antes debido a que también era guitarrista de Paty, pero se le hacía muy raro no saber nada al respecto o por lo menos tener alguna sospecha- ¿Con uno de los guitarristas de mi banda? –La cara de Santiago inmediatamente cambio su expresión y bajo la mirada, evitando la de Dulce que ni siquiera lo noto al estar sumida en sus pensamientos tratando de atar cabos para sacar sus conclusiones- ¿Será Blu?
-Anahí: no recuerdo su nombre, pero es uno flaquito, que si no estoy mal es argentino o algo así y a propósito, que está muy guapo, eh.
-Dulce: ¿Santiago? –preguntó observándolo ahora muy detenidamente y de manera acusadora-.
-Anahí: ¡Ese! Creo que así se llama.
-Dulce: Ah, mira tú ¡qué casualidad! –dijo haciendo mucho énfasis en las dos últimas palabras- no tenía idea de nada, pero justamente estoy con él en estos momentos, si quieres le pregunto y ambas salimos de la duda de una vez por todas –él solo la observaba tratando de decirle tantas cosas en silencio que ella no lograba interpretar debido a la ira que poco a poco comenzaba a apoderarse de la calma que minutos antes la embargaba-
-Anahí: -al notar el cambio repentino en su tono de voz- Esteeem… a lo mejor y son solo suposiciones de mi informante. Igual solo los vieron una vez, para el cumpleaños de una de tus amigas hace como un mes. Supongo que habrás estado allí.
-Dulce: ¿De Ivalú? Es el único cumpleaños que pudo ser para esa fecha y lamentablemente no pude estar porque andaba de promoción por Latinoamérica y Europa… pero por lo que veo ellos si se divirtieron mucho y de paso lo hicieron por mi –Cada vez sus ojos se clavaban terriblemente más fuerte entre los de él, a quien no le quedaba más escapatoria que desviar la mirada-.
-Anahí: ¡Eh! Bueno Dul, mejor no interrumpo más tu comida –al darse cuenta que había cometido una gran indiscreción, lo único que se le ocurrió fue cortar la llamada lo más pronto posible- si sabes algo me cuentas. Te quiero amiga. Un beso.
-Dulce: Bye Annie. Y no te preocupes, que yo te mantengo al tanto de todo –Sin más colgó la llamada, dejando el teléfono en la mesa y volviendo su vista a Santiago, mirándolo desafiante- ¿Qué dijiste? ¿Me ligo a las dos amigas para ver cual cae primero y mientras disfruto de lo que pueda? ¡Gracias! Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no valía la pena… y yo como tonta sufriendo porque no podía corresponderte de la misma manera como tú me querías, mientras te divertías a lo grande –le dijo irónicamente- de veras que tonta fui al creer que eras diferente a los demás… aunque pensándolo bien –dijo luego de una pausa- si eres diferente, ninguno había caído tan bajo como para jugar con una de mis amigas al mismo tiempo. ¡Qué pena me das, Santiago! –el prefirió guardar silencio y esperar a que ella le dijese todo lo que sentía y cuando se calmase, si es que sucedía, contarle lo que realmente había acontecido aquel día-.
Luego de decirle todo lo que su razón y autocontrol le permitió se levantó de la mesa, tomando sus cosas y dejando a un Santiago que solo observaba detenidamente cada uno de sus movimientos con un rostro que realmente dejaba ver lo apenado y afligido que se encontraba en esos momentos. Al verla parada en la salida del restaurant con la intención de tomar un taxi, se levantó rápidamente, dejando algo de dinero sobre la mesa –suficiente como para saldar la cuenta y una buena propina para el mesero-, aceleró al máximo su paso y la tomó de un brazo, a lo que ella intentó zafarse y avanzar pero él no se lo permitió
-Santi: Pégame y haz lo que quieras, pero viniste conmigo y conmigo te vas. No permitiré que te vayas con un taxista que te lleve quien sabe a dónde –ella solo lo observó rodeando los ojos, pero al darse cuenta de que tenía razón, aunque no quisiese aceptarlo, decidió acceder pues realmente no le agradaba la idea de subirse a un taxi-.
-Dulce: Está bien, pero suéltame que no me voy a escapar –él sonrió para sus adentros y se dispuso a abrirle la puerta del coche para que entrase- me dejas mejor en mi departamento, si no es mucha molestia –cosa que le pareció perfecta a él, pues tendría más tiempo para hablar que si la dejaba en casa de sus padres que se encontraba a escasas cuadras del lugar-.
-Santi: No busco justificarme y mucho menos hacerme el santo –le decía mientras ella observaba sin un rumbo fijo a través de la ventana de su lado, tratando de mostrarse indiferente a lo que decía, aun sin poder evitar escucharle- solo necesito que me escuches, solo cinco minutos y ya luego tomas tu decisión… Dul, por favor, mírame –le decía suplicante al ver como intentaba ignorarlo-.
-Dulce: ¿Qué quieres explicarme, Santiago? ¿Qué quieres que escuche? ¿La manera en cómo me calentabas el oído al mismo tiempo que a una de mis mejores amigas para ver quien caía primero? ¿O me vas a decir que fue ella quien te enredó? ¡Por favor! –Dijo sarcásticamente- Solo concéntrate en conducir y dejarme sana y salva en mi departamento… y por la banda no te preocupes, ya estoy acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas y soy muy profesional en ese aspecto.
-Santi: -Lanzó un profundo suspiro, tomando fuerzas y continuó- intenté decirte esto el día que fuimos a comer junto al lago ¿Lo recuerdas? –Ella solo lo miro y guardando silencio le permitió continuar- te dije que habían cosas que aclarar que habían sucedido durante tu estadía fuera de México para evitar malos entendidos y no me permitiste hacerlo, diciendo que no era necesario –ambos lanzaron un suspiro y ella, con un gesto en su rostro que decía se encontraba pensativa, le permitió continuar-.
Al cabo de unos minutos logró explicarle de la mejor manera posible, paso a paso como habían ocurrido las cosas desde el instante en que recibió la llamada como invitación para asistir a aquella fiesta, hasta el momento en que salió de allí. Agregando además las razones por las cuales sus amigas no le habían comentado absolutamente nada sobre aquel suceso, evitando de esta manera crear conflicto entre ellas. No se le hizo fácil aquello, pues su intención en ningún momento se inclinaba a hacer quedar mal a Samantha, pues además de que era su amiga, era también una mujer y por el solo hecho de serlo no se permitía a sí mismo expresarse mal sobre ella y mucho menos para excusarse y limpiar su imagen.
-Santi: Por favor, solo te pido que pienses bien las cosas y no tomes una decisión a la ligera –le dijo al momento que aparcaba el auto en el parqueadero externo del edificio-.
-Dulce: Bye Annie. Y no te preocupes, que yo te mantengo al tanto de todo –Sin más colgó la llamada, dejando el teléfono en la mesa y volviendo su vista a Santiago, mirándolo desafiante- ¿Qué dijiste? ¿Me ligo a las dos amigas para ver cual cae primero y mientras disfruto de lo que pueda? ¡Gracias! Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no valía la pena… y yo como tonta sufriendo porque no podía corresponderte de la misma manera como tú me querías, mientras te divertías a lo grande –le dijo irónicamente- de veras que tonta fui al creer que eras diferente a los demás… aunque pensándolo bien –dijo luego de una pausa- si eres diferente, ninguno había caído tan bajo como para jugar con una de mis amigas al mismo tiempo. ¡Qué pena me das, Santiago! –el prefirió guardar silencio y esperar a que ella le dijese todo lo que sentía y cuando se calmase, si es que sucedía, contarle lo que realmente había acontecido aquel día- .
Luego de decirle todo lo que su razón y autocontrol le permitió se levantó de la mesa, tomando sus cosas y dejando a un Santiago que solo observaba detenidamente cada uno de sus movimientos con un rostro que realmente dejaba ver lo apenado y afligido que se encontraba en esos momentos. Al verla parada en la salida del restaurant con la intención de tomar un taxi, se levantó rápidamente, dejando algo de dinero sobre la mesa –suficiente como para saldar la cuenta y una buena propina para el mesero-, aceleró al máximo su paso y la tomó de un brazo, a lo que ella intentó zafarse y avanzar pero él no se lo permitió
-Santi: Pégame y haz lo que quieras, pero viniste conmigo y conmigo te vas. No permitiré que te vayas con un taxista que te lleve quien sabe a dónde –ella solo lo observó rodeando los ojos, pero al darse cuenta de que tenía razón, aunque no quisiese aceptarlo, decidió acceder pues realmente no le agradaba la idea de subirse a un taxi-.
-Dulce: Está bien, pero suéltame que no me voy a escapar –él sonrió para sus adentros y se dispuso a abrirle la puerta del coche para que entrase- me dejas mejor en mi departamento, si no es mucha molestia –cosa que le pareció perfecta a él, pues tendría más tiempo para hablar que si la dejaba en casa de sus padres que se encontraba a escasas cuadras del lugar-.
-Santi: No busco justificarme y mucho menos hacerme el santo –le decía mientras ella observaba sin un rumbo fijo a través de la ventana de su lado, tratando de mostrarse indiferente a lo que decía, aun sin poder evitar escucharle- solo necesito que me escuches, solo cinco minutos y ya luego tomas tu decisión… Dul, por favor, mírame –le decía suplicante al ver como intentaba ignorarlo-.
-Dulce: ¿Qué quieres explicarme, Santiago? ¿Qué quieres que escuche? ¿La manera en cómo me calentabas el oído al mismo tiempo que a una de mis mejores amigas para ver quien caía primero? ¿O me vas a decir que fue ella quien te enredó? ¡Por favor! –Dijo sarcásticamente- Solo concéntrate en conducir y dejarme sana y salva en mi departamento… y por la banda no te preocupes, ya estoy acostumbrada a que sucedan este tipo de cosas y soy muy profesional en ese aspecto.
-Santi: -Lanzó un profundo suspiro, tomando fuerzas y continuó- intenté decirte esto el día que fuimos a comer junto al lago ¿Lo recuerdas? –Ella solo lo miro y guardando silencio le permitió continuar- te dije que habían cosas que aclarar que habían sucedido durante tu estadía fuera de México para evitar malos entendidos y no me permitiste hacerlo, diciendo que no era necesario –ambos lanzaron un suspiro y ella, con un gesto en su rostro que decía se encontraba pensativa, le permitió continuar-.
Al cabo de unos minutos logró explicarle de la mejor manera posible, paso a paso como habían ocurrido las cosas desde el instante en que recibió la llamada como invitación para asistir a aquella fiesta, hasta el momento en que salió de allí. Agregando además las razones por las cuales sus amigas no le habían comentado absolutamente nada sobre aquel suceso, evitando de esta manera crear conflicto entre ellas. No se le hizo fácil aquello, pues su intención en ningún momento se inclinaba a hacer quedar mal a Samantha, pues además de que era su amiga, era también una mujer y por el solo hecho de serlo no se permitía a sí mismo expresarse mal sobre ella y mucho menos para excusarse y limpiar su imagen.
-Santi: Por favor, solo te pido que pienses bien las cosas y no tomes una decisión a la ligera –le dijo al momento que aparcaba el auto en el parqueadero externo del edificio-.
Mientras veía como lanzaba un largo y profundo suspiró, lo observó por última vez, un poco más calmada que antes y sin más, luego de expresar un –“gracias”- que supuso él, serían por haberla dejado en casa, decidió abrir la puerta y salir lo más pronto posible del auto sin siquiera esperar a que él, como era su costumbre se bajase y lo hiciese por ella.
Todo era tan ¿difuso? Si, esa era la palabra que en aquel instante describía como se sentía. Había escuchado una a una las palabras de Santiago encaminadas a explicarle lo que pasó algunas semanas atrás con aquella persona a quien veía como más que una amiga y realmente alcanzó a entender claramente –según ella- como habían sucedido las cosas.
En ningún momento vio intención en el de excusarse en un mal paso dado por su amiga para dejarla como la mala del paseo y quedar él como el santo crucificado, sino que, muy al contrario, se notaba claramente su objetividad al relatar los hechos tal cual habían sucedido, incluso había mencionado a otras de sus amigas, quienes habían presenciado los hechos y por ende quedaba abierta la posibilidad de investigar con estas, que sin dudar le dirían la verdad en cuanto se lo preguntase.
De la manera en cómo le había explicado la situación lo había entendido muy bien, tan bien que inmediatamente su enojo hacia él se calmó, sin embargo su orgullo no le permitió expresarlo; pero muy a pesar de eso, aun se sentía extraña, impotente, frustrada y no era precisamente por sentirse engañada de parte de Santiago, era algo más fuerte que no lo involucraba justamente a él.
Conocía perfectamente la manera de ser de su amiga, a quien conocía de muchos años atrás y consideraba como su hermana, tal vez no lo eran de sangre, pero si del corazón, muy a pesar de ser tan diferentes y hasta un poco contradictoria su forma de ser y pensar, se complementaban muy bien y llevaban una relación de hermandad única, tan así que junto con Paty hacían un trío explosivo. Y justamente era eso lo que le atormentaba en esos instantes ¿Sería Samantha capaz de hacerle aquello? Pero… ¡Momento! ¿Qué le había hecho?... ¿Vale como traición darle un simple beso a una persona que todo mundo sabe está detrás de ti, más sin embargo aun no tienes nada con él? ¿Qué era lo que realmente le dolía? No lo sabía, pero sinceramente se encontraba no enojada, sino dolida por lo que sea que haya sucedido, en esos momentos lo que menos le importaba era que fuese Santiago el involucrado en el asunto, lo único en lo que podía pensar era que ¡Como siempre! Las personas en quienes más confiaba la hacían sufrir y todo por entregar su cariño sin esperar recibir nada a cambio.
Pero ¿Realmente le molestaba desilusionarse de alguien por ser ella quien había confiado?... No, no era eso, era tal vez el hecho de que una de sus mejores amigas, a quien conocía muy bien, tan bien que sabía que era capaz de cualquier cosa cuando alguien le gustaba, se metiera justamente con la persona que para aquel entonces se encontraba interesada en ella… ¡¿Por qué?! ¿Por qué precisamente con él? ¿Tan fuerte era la calentura que no pudo aguantarse y tuvo que lanzarse inmediatamente? Porque de lo que si estaba completamente segura era que, si él no lo hubiese detenido a tiempo, no habría terminado allí, sino como mínimo un acostón en algún lugar escondido en la fiesta y si contaban con suerte, después de esta algo más, si las cosas eran como Santiago decía, claro está.
O… había una idea que le inquietaba un poco más ¿Si la atracción era tan grande por qué no se lo había dicho antes? Para ese entonces ella no se encontraba muy clavada con Santiago, no hubiese sido un esfuerzo tan grande hacerse a un lado y permitirle a su amiga la oportunidad de intentar algo con él, sin necesidad de caer tan bajo -como lo veía ella en esos momentos-.
Mientras se encontraba recostada en su cama, luego de cambiarse a algo muy ligero para sentirse cómoda, para que por lo menos el cuerpo sintiera la comodidad que su mente y corazón no podían tener en esos momentos, unos shorts, camiseta holgada y las medias tobilleras que traía con las botas desde que salió de casa; lloraba sin saber por qué, una a una caían las lágrimas en su rostro, empañándolo cada vez más, al tiempo que buscaba respuestas a preguntas que no tenía muy claras, solo pensaba en tantas cosas que lo único que hacían era enredar más sus pensamientos y sentimientos de como inicialmente se encontraban. Lo único que podía ver claro en esos momentos era que por fin creía comprender que era lo que realmente sentía por Santiago, por lo menos de algo le había servido que las cosas sucediesen de esa manera.
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