sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 11


Al bajar ya se encontraba él esperándola en el lobby del hotel, muy bien vestido, con el estilo que lo caracterizaba. La observaba detenidamente, con aquella mirada misteriosa y penetrante que algunas veces la ponía de nervios, esta vez no podía ser la excepción.

Al momento de notar la manera como la miraba se reprochó a sí misma por no haberle hecho caso a su amiga cuando le decía que no fuera. Aunque no sintiera nada por él, su mirada la intimidaba y algunas veces le hacía perder el control, temía que en esa ocasión pudiese hacer algo que fuera más allá de su voluntad a causa de la hipnosis de aquellos oscuros y fuertes ojos.

Rápidamente se acercó a ella, le ofreció una de sus manos y en cuanto lo recibió la elevó para posar sus labios sobre ella y darle un tierno beso. Ante aquel acto Dulce se sonrojó y pese a la cercanía, comenzaba a ponerse más nerviosa, por lo que decidió acabar con la formalidad para normalizar la situación

-Dulce: Xavi, nos vimos apenas hace algunas horas y eso del besito en la mano como que ya no va, ¿No?

-Xavi: ¿Cómo que no va? Sois una dama y mi deber es trataros como tal.

-Dulce: -Le brindó una tímida sonrisa- Bueno ya, mejor nos vamos, ¿No?

-Xavi: Como la bella damisela lo desee –Le ofreció su brazo, ella dudo por un instante, pero al final lo recibió-.

-Dulce: ¡Ya! Que me haces sonrojar. Mejor dime a donde vamos.

-Xavi: Pues he pensado llevaros a nuevo lugar de comida española que estoy seguro os encantará, pero si os apetece cualquier otra cosa decirme y vamos donde queráis.

-Dulce: No, claro que no. Yo encantada comiendo comida española, todos los días no tengo la oportunidad y hay que aprovecharlo, así que ¡Venga! Vamos para allá.

-Xavi: y luego podríamos tomar algo, porque os cuento que preparan unos cocteles ¡Buenísimos!

-Dulce: -Hizo un gesto de negación- mmm… preferiría que solo comamos y que sea algo ligero. Neta me siento cansada y mañana será un día largo.

-Xavi: No hay objeción, cómo la princesa desee –La condujo hacia su auto, le abrió la puerta y la invitó a pasar. Aunque le dijese que no pasaría más de una comida en aquella velada, sus intenciones iban muy lejos de ello y sabía utilizar muy bien sus tácticas de galantería para conseguir lo que deseaba, por lo que no se preocupaba en pensar que sus planes saldrían tal y como lo esperaba-.


Llegaron a un lugar que desde su entrada dejaba ver su increíble nacionalismo, cada detalle de la decoración, desde las puertas y ventanas hasta la vestimenta de los empleados, los faroles que ofrecían la iluminación, mesas, cuadros y demás muestras de arte expuestas resaltaban exquisitamente el toque español de aquel restaurant. Definitivamente era un lugar sumamente acogedor, del que absolutamente nadie se podía perder y mucho menos una persona que se halle como ‘extranjera’ en dicho país. Adentrarse allí era como hacer un recorrido cultural e histórico por cada una de las regiones de España.

Al entrar, Dulce observaba maravillada cada rincón de aquel lugar, ahora su cansancio había desaparecido y no se arrepentía de haber aceptado aquella invitación, pues indudablemente tenía que estar allí. Luego de hacer un recorrido turístico con su mirada por todo el recinto, su vista se fijó en la muestra musical en vivo de flamenco que ofrecía la casa como agasajo a los comensales; su sentido de la escucha se afinó y sus oídos quedaron atentos a escuchar aquel espectáculo que pocas veces había tenido la oportunidad de disfrutar, pero que realmente amaba, además de tratarse de música, lo que más le apasionaba en la vida, para ella el flamenco era un ritmo simplemente encantador que hacía despertar todos y cada uno de sus sentidos.

Una voz un poco familiar la sacó de su real ensoñación

-Xavi: Dul… ¿Dulce?

-Dulce: Disculpa, Xavi ¿Qué me decías?

-Xavi: Acabo de ofreceros la silla para que toméis asiento.

-Dulce: ¡Ah! Sí, claro. Gracias –Le ofreció una sonrisa apenada- disculpa, eh. Solo que me quedé concentrada observando la muestra musical.

-Xavi: He podido darme cuenta de eso ¿Os gusta el flamenco?

-Dulce: ¡Me encanta! Algún día quisiera aprenderlo, por lo menos tener conocimientos básicos.

-Xavi: Haberlo dicho antes. Mi hermana ha sido miembro activo del conservatorio musical en Madrid desde pequeña, actualmente es la directora y no es por presumirlo, pero es la mejor bailaora de flamenco. Así que ya lo sabéis, cuando queráis solo decirme y podéis tener clases personalizadas con la mejor maestra que poderos tener.

-Dulce: Muchas gracias. Lo tendré en cuenta.

Luego de una apetitosa cena, acompañada con sangría, bebida típica española a base de vino tinto, entre bromas, risas, halagos y piropos que no podían hacer falta, terminó por convencerla de quedarse un poco más de tiempo y tomar algo ‘suave’ para entretenerse un rato. Ambos optaron por mojitos, bebida típica cubana muy reconocida en todo el mundo por su sabor y alto contenido de alcohol. Inicialmente era solo uno, pero luego de estar entonado ¿Quién se puede resistir a uno más? ¿Y otro? ¿Y otro más? Realmente es casi que imposible y mucho menos estando en tan buena compañía.

Al estar sentada todo el tiempo, pronto el alcohol se le subió a la cabeza, tanto así que en su intento de levantarse para ir un momento al tocador resultó regresando inmediatamente a su asiento con ayuda de su acompañante. En esos momentos se sentía muy poco apenada, realmente era una situación extremadamente graciosa y definitivamente se estaba divirtiendo mucho como para preocuparse por aquel incidente, pero para evitar excederse más de lo que ya se encontraba, le pidió a Xavi que era mejor retirare; él muy amablemente condujo hasta su hotel, aunque había consumido prácticamente lo mismo que ella, se encontraba en un muy buen estado. Al llegar se ofreció acompañarla hasta su habitación para asegurarse de que llegase perfectamente bien.


La puerta se abrió, un beso que nadie supo cómo se dio, de un momento a otro la pasión desfogó y la temperatura aumentó; caricias por doquier, prendas de vestir que estorbaban en su lugar, dos cuerpos se desplazaban por la habitación pidiendo un poco más, la lujuria queriendo tomar partido, curvas perfectas, cuerpos pidiendo a gritos ser usados, labios ansiosos de ser probados, manos inquietas que se dejaban llevar por la pasión.

Lentamente desabrochó su camisa, disfrutando deseosamente de sus pectorales, la cremallera se abrió y el vestido por sus curvas se deslizó; cada vez la pasión ardía un poco más, la excitación aumentó, poco a poco y muy delicadamente la recostó sobre la cama, sus piernas, manos y caderas se movían dando paso a un peligroso pero muy apasionado juego.

Nadie pronunciaba palabra, sus cuerpos hablaban por sí solos, sus miradas embrujadas no respondían, solo se dejaban llevar… ¡Un momento!… ¡Miradas!… ¡Aquella mirada!… ¡Esa no era la que buscaba encontrar! Al cruzarse con sus dominantes ojos sintió como si un balde de agua fría hubiese caído sobre ella, su corazón que antes amenazaba con salirse a causa de la calentura de sus cuerpos, ahora lo hacía por desesperación, su pulso se aceleró un poco más, sus sentidos intuitivos comenzaban a estabilizarse, mientras su cabeza daba vueltas y no entendía que sucedía. Bruscamente lo apartó de su cuerpo y se tapó con las sabanas al darse cuenta que su prenda interior superior se encontraba desabrochada y a punto de caer.

Él, tal vez un poco más desconcertado que ella se acercó rápidamente, buscando su torso para besarlo nuevamente y continuar lo que instantes antes había sido interrumpido, pero la barrera de su mano que lo hacía echarse para tras se lo impidió.

Ella se sentó a un costado de la cama, pensando en todo lo que había sucedido aquella noche, pero le era imposible reconstruir los hechos desde el momento en que intentó levantarse en el restaurant, todo era muy confuso, solo venían a su mente pequeñas imágenes dentro del auto, luego bajando de él a la entrada del hotel y la última en el lobby, donde le insistía en acompañarla hacia su habitación.

Su voz la sacó de sus pensamientos

-Xavi: ¡Vamos guapa! ¿Qué pasa? ¿Por qué os detenéis?

Aunque no quisiese hacerlo, tenía que hablar para aclarar las cosas

-Dulce: Xavi, ¿Qué… qué es esto? ¿Qué pasó?

-Xavi: Bueno Dulce… tu, yo… estábamos…

-Dulce: -Lo interrumpió un tanto desesperada- ¡Si, si! Ya sé lo que estábamos haciendo. Lo que no me queda claro es ¿En qué momento pasó? ¿Cómo?

-Xavi: Perdón, nunca tuve la intención de aprovecharme. Insististeis en que os encontrabais perfectamente bien y luego pasó, ninguno pudo resistir.

Ella solo se llevaba las manos a la cabeza en señal de alarma, tratando de encontrar significado a lo que escuchaba

-Xavi: Creo que será mejor marcharme. Pero no vayáis a creer que salgo huyendo; necesitáis pensar bien las cosas, ya hablaremos mañana.

-Dulce: Si, si… mejor –El se acercó para darle un beso mientras terminaba de vestirse, pero ella lo rechazó-.

Al verlo salir por aquella puerta intentaba una vez más encontrar el momento en que había comenzado todo, pero nuevamente su mente la traicionaba y no lograba recordar los últimos minutos antes de darse cuenta de lo que sucedía.

Confundida se levantó de la cama y decidió darse una ducha para aclarar su mente y limpiar su cuerpo pues no era muy agradable para ella lo que estuvo a punto de hacer, al tratarse de una persona que no quería más que como un simple amigo. Su cabeza daba mil vueltas buscando respuestas imposibles de hallar. Luego de un rato dentro de la ducha, dejando al agua deslizarse por su cuerpo decidió regresar a la cama para intentar dormir, tenía muy claro que no le sería tan fácil, teniendo en cuenta el tema que revoloteaba en su cabeza, pero necesariamente debía hacerlo, pues tendría que descansar un poco antes de que amaneciera, ya que le esperaba un muy largo día antes de abordar el avión que la conduciría a México y su realidad.


Por su parte, Santiago se encontraba en su departamento, listo para salir de fiesta con sus amigos y no podía dejar de pensar que en dos días vería a esa mujer que lo traía loco, por la que se estaba poniendo muy serio en cuanto a salir con otras mujeres se trataba y le angustiaba el hecho de saber que aun no decidía si decirle o no lo que había sucedido con su amiga, definitivamente lo mejor era que lo escuchase de sus labios, pero… ¿No se escucharía muy patán a un hombre decir esas cosas de una mujer?, de hecho no se sentía muy cómodo por la manera como la había tratado aquel día, luego del beso, aunque fuese una mustia por completo, ninguna mujer merece ser tratada de esa manera, por lo menos no para él, aquellas palabras que uso fue en un impulso a causa del enojo, tal vez consigo mismo por dejarse llevar y a la vez para Zafarse de la situación, pues sabía que podía usar sus artimañas para enredarlo nuevamente, pero definitivamente no se sentía muy a gusto por haberlo hecho, sin embargo, lo hecho, hecho está y ya no había marcha atrás; en esos momentos lo único que debía preocuparse era en la manera como le contaría a Dulce como sucedieron las cosas, sin faltarle el respeto a una mujer… Pero, aun faltaban dos días para verla ¿Por qué pensaba en eso? Tendría que estar pensando en que se iba de desmadre y tenía que disfrutar.


Salió muy temprano el sol en España, ya era hora de despertar y comenzar un nuevo día, pero Dulce se encontraba muy lejos de hacer eso, solamente un par de horas antes había logrado conciliar el sueño a causa de un fuerte pensamiento que invadía su mente y ahora los rayos de luz que entraba por su ventana, a través de una cortina mal cerrada hacían que un fuerte dolor retumbara en su cabeza. La puerta de la habitación se abrió y tras ella un fuerte regaño

-Fran: ¿Se puede saber qué haces durmiendo todavía, a qué horas llegaste anoche y como se te ocurre dejar la tarjeta en la puerta?

-Dulce: ¡Auch! ¡No grites! ¡Me duele la cabeza!

-Fran: y ¿Cómo no? Mira nomás la cara que traes.

-Dulce: Cukita, neta no me siento bien. Si quieres mañana me sermoneas todo lo que quieras, pero ¡Por favor! Hoy no.

-Fran: -Dio un profundo suspiro- ¿Qué hiciste? Porque esa cara que tienes es como de pena moral y no tanto de una cruda común y corriente.

-Dulce: -Se levanto tratando de dirigirse al baño- Me voy a bañar ¿Me puedes pedir algo para que se me quite esto mientras me ducho?

-Fran: No evadas el tema, te salvas ahora porque apenas tenemos media hora para llegar, pero más tarde no te me escapas. Mejor ve rápido mientras yo te pido algo.

Dulce solo asintió y se dirigió hasta el baño con pasos muy lentos para no sentirlos tan fuerte en su cabeza.

Luego de un día muy agitado, se sentía realmente mal, pues no había tenido oportunidad para descansar y no era para menos, teniendo en cuenta la fuerte resaca que la acompañaba, la ‘pena moral’ como lo decía su amiga y el ajetreo de las entrevistas, fotos y una firma de autógrafos masiva para cerrar la tarde. Haber ingerido algunas bebidas energizantes durante el transcurso del día era lo que la mantenía aun en pie. Al subir al avión calló rendida de inmediato y fue al aterrizar en Miami, donde haría una escala por dos horas cuando despertó. Al salir del avión, Fran la condujo inmediatamente al baño para que frente a un espejo se diera cuenta del aspecto que tenía y poder saber que era lo que sucedía

-Fran: ¿Ahora si me vas a decir que pasó? –Dulce solamente la miró con cara de terror– ¡Yo sabía! ¡Y por eso te dije que no fueras!

-Dulce: Cálmate wey, que no pasó nada… bueno, casi…

-Fran: ¿Cómo casi?

-Dulce: Pueees… que estuvimos a punto y…

-Fran: ¿Y?

-Dulce: Y no sé, de pronto reaccioné. Me di cuenta que era él y no… –No pudo contenerse más y rompió en un llanto inconsolable-.

-Fran: Marujita ¿Otra vez pensando en él? –La abrazó fuertemente mostrándole su apoyo-.

-Dulce: ¿Qué hago Cukita? ¿Cómo le hago para sacármelo de la cabeza? ¿Cómo mato este maldito amor?... Es que ¿Por qué? ¿Por qué no pudimos ser felices? ¿Por qué siempre el destino en nuestra contra? Nunca voy a poder ser feliz con una persona que no sea el ¡No puedo! ¡No puedo! –Cada vez su llanto era más fuerte y desolador. Fran se sentía tan impotente de no poder hacer nada por ella, solo la abrazaba y acariciaba tiernamente-.

-Fran: No digas esas cosas, maruja. Tienes toda una vida por delante ¡Claro que podrás ser feliz! Hay muchas personas que te merecen más que él, porque si te quisiera tanto hubiese luchado contra viento y marea por ti y no se hubiese rendido ante el primer obstáculo ‘del destino’… Mira, como ejemplo ahí tienes a Santiago que no se da por vencido o Rodrigo, ¿Cuántos tiempo lleva detrás de ti? Que viene, lo bateas, regresa y ahí sigue, o Juan, Daniel, Pedrito y todos los que le siguen en la lista… o Xavi, siempre que te ves con él algo te dice y mira que estuvo a punto de conseguir algo más esta vez… y por cierto ¿Qué tomaron para que te convenciera de terminar en la cama con él? –Cambió intencionalmente de tema para lograr tranquilizarla un poco-.

-Dulce: No sé, varios mojitos, como tres o cuatro

-Fran: Poquitísimo –Decía sarcásticamente– así ¿cómo no?

-Dulce: Es que te juro que no sé qué pasó, ni como, ni nada. Yo estaba bien y de pronto se me fueron las luces y ya no recuerdo más hasta que lo encontré a mi lado

-Fran: pero, ¿Estás segura que no pasó nada?

-Dulce: Si, Fran. Yo lo detuve y luego se fue.

-Fran: ¡Amonos! Si el muy desgraciado se va huyendo y todo.

-Dulce: Pues para mí mejor, créeme que no se siente muy cómodo verle la cara a alguien con quien estuviste a punto y de pronto reaccionas y le dices que no sabes que estabas haciendo.

-Fran: Bueno, eso sí… Oye, cambiando de tema ¿Santi al fin qué?

-Dulce: No sé cukita, ahora estoy más confundida que antes. Hasta hace unos días estaba decidida a darme una oportunidad con él, pero… después de lo de anoche como que ya no sé qué hacer… es que no me parece justo estar con él si sigo pensando en otro… ¡Ay no! Ya me hice bolas. No sé que voy a hacer con mi vida.

-Fran: ¿Por qué ere tan dramática? Si antes de llegar a España todo estaba perfectamente bien. Simplemente omite lo que pasó aquí y asunto arreglado… porque Santiago te late y mucho.

-Dulce: y no lo niego, pero igual… En caso de que lo haga, sería bueno decirle lo que pasó aquí, ¿No? Para dejar todo atrás y arrancar en serio.

-Fran: ¿Para qué? Si igual entre ustedes no hay nada como para que se deban fidelidad y todo el rollo.

-Dulce: -Lanzó un suspiro- bueno, que sea como tenga que ser. Mañana vamos a comer juntos, a ver qué pasa.


Durante el transcurso Miami – Ciudad de México no podía dejar de pensar en las últimas palabras que le había dicho su amiga… ¿En verdad valía la pena seguir sufriendo por alguien que no la merecía?, pero… ¿Dónde quedaban todos los buenos momentos vividos, las risas, la compañía, el amor, las promesas de estar siempre juntos y de no olvidarse el uno al otro pese a cualquier cosa? ¿De qué servía todo eso si a la final no volvería a estar con él? ¿De qué servía haberlo amado tanto? ¿Para qué seguir sufriendo por algo que ya no volverá? ¿Ahora donde quedan las promesas que se había hecho a sí misma una y otra vez de olvidarlo y salir adelante sin tenerlo a su lado? Todas las barreras que había construido se desmoronaron en un solo segundo, en el momento en que cerró los ojos y decidió pensar que era él quien besaba sus labios, acariciaba su espalda y deseaba su cuerpo. Tanto tiempo había soñado con volver a vivir aquellos momentos mágicos con la persona más especial en su vida y darse cuenta que cualquier hombre podría estar en su cama, entrar en su cuerpo y tal vez estar un momento en su mente, pero no en su corazón, excepto él la hacía sentir tan vulnerable e inestable… ¿Por qué no podía olvidarlo de una vez por todas y continuar con su vida sin tener que soportar no estar a su lado? ¿Por qué no podía resignarse de una vez por todas a la idea de que no regresaría nunca más? Y peor qué eso ¿Por qué la prensa y sus fans se encargaban de recordárselo todo el tiempo? Ese era quizá el más grande martirio que debía soportar… tener que ver por lo menos una foto suya al día, alguna frase que se lo recordase, los clubes dedicados a los ‘traumas’, notas en la prensa recordando aquella ‘bonita historia de amor’, reportajes en donde le preguntaban si alguna vez volverían a estar juntos, videos, sus canciones y poemas… ¡Todo! ¡Absolutamente todo se lo recordaba! ¿Cómo es posible vivir así? ¿Cómo puedes olvidar a una persona que el mundo entero se encarga de recordarte a cada instante? ¡Imposible!... El universo estaba confabulado para que nunca lo sacara de su mente y corazón, pero definitivamente debía aprender a vivir con eso y hacer que su cabeza pudiera entender que lo mejor era aceptarlo y hacerse a la idea de ser feliz con lo que la vida la entregaba a diario.

Una vez más, como siempre que intentaba ordenar sus pensamientos, lo único que lograba calmarla era la escritura, por eso, aprovechando que todos dormían durante el vuelo, sacó su libreta, una pluma y comenzó a escribir:


 "Y es escribiendo la única manera de entender lo que nunca aceptaré.
 Te has ido y ya no te podré tener.
 Maldito destino que me ha hecho desfallecer una y otra vez.
 Estás hecho para mí y yo para ti, es lo que siempre he querido creer.
 Pero la cruda realidad me obliga a aceptar que nuestras almas juntas,
 nunca más podrán ser.
       
 Las letras en el papel pueden difuminar aquel último gris atardecer,
 Pero nada me hará olvidar los suaves abrazos de tu piel.
 Tal vez algún día llegue a comprender que el dulce de tus labios,
 mis labios no más podrán probar,
 Pero el aroma de tus besos siempre permanecerá dentro de mí ser.

Una vez más el brillo del sol se desvanecerá,
Pero la ternura de la Luna en nuestras noches volverá a brillar,
Y es en ella donde cada noche nuestras miradas se vuelven a encontrar.   
En mis días ya no estás y nunca más estarás,
Es eso lo que tanto me cuesta aceptar,
La cruda realidad a la que me debo resignar.”


La voz del capitán de vuelo, anunciando su próximo aterrizaje en México DF la hizo regresar a su ‘cruda realidad’, inmediatamente guardó sus cosas antes de que Luis -quien ahora viajaba a su lado- pudiera descubrirlo y comenzara a molestar, en esos momentos no estaba para aguantar bromas de ninguna especie, simplemente quería llegar a casa, recostarse en la calidez de su cama y dormir para olvidar por un momento todos los pensamientos que la perturbaban. En unas cuantas horas se encontraría con Santiago y debía tomar una decisión, cuyos resultados no hicieran que ninguno de los dos saliera lastimado, por lo cual debía descansar muy bien para decidir las cosas con la mente lo suficientemente clara y despejada.





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