La voz del capitán de vuelo, anunciando su próximo aterrizaje en México DF la hizo regresar a su ‘cruda realidad’, inmediatamente guardó sus cosas antes de que Luis -quien ahora viajaba a su lado- pudiera descubrirlo y comenzara a molestar, en esos momentos no estaba para aguantar bromas de ninguna especie, simplemente quería llegar a casa, recostarse en la calidez de su cama y dormir para olvidar por un momento todos los pensamientos que la perturbaban. En unas cuantas horas se encontraría con Santiago y debía tomar una decisión, cuyos resultados no hicieran que ninguno de los dos saliera lastimado, por lo cual debía descansar muy bien para decidir las cosas con la mente lo suficientemente clara y despejada.
Al bajar del avión la recibió la persona que más amaba en el mundo: su madre. Al verla se fundieron en un fuerte y cálido abrazo, en esos momentos necesitaba tanto uno de ellos y definitivamente la fuerza que le entregaba la persona que le dio la vida, aunque no supiese lo que estaba sucediendo, era inigualable e irremplazable por las palabras o cualquier expresión de cariño que pudiese entregarle cualquier otra persona, por más que la quisiese.
Al ver su rostro y la fuerza con que se aferraba en sus brazos pudo intuir inmediatamente que algo le aquejaba a su tesorito, su niña, que aunque tuviese la edad que tuviese siempre sería su bebé, puesto que fue una lucecita que llegó a su vida cuando más lo necesitaba y menos lo esperaba, además que era la menor de sus hijas, por lo que sentía que debía protegerla más que a nadie y aun más al verla tan frágil y vulnerable
-Blanquita: Bebi, mira nomás como vienes ¿Qué pasó? ¿Cómo estuvo el viaje?
-Dulce: No ha pasado nada, ma. No te preocupes. Tiene dos semanas que no descanso bien y como unas treinta horas que no duermo; lo que traigo es solo cansancio. De resto el viaje estuvo muy bien –lo dijo con una débil pero sincera sonrisa- ya te platicaré luego y con más detalle cómo me han hecho feliz en este tiempo.
El camino a casa fue más que callado; aquel era un silencio incómodo y hasta se podría decir que perturbador. Nadie pronunciaba palabra; Dulce por su parte se encontraba inmersa en sus pensamientos (como de costumbre) pero esta vez se notaba además de cansada y pensativa, angustiada; su mirada se hallaba perdida, en su ceño se formaban gestos de preocupación, sus párpados denotaban cansancio, su sonrisa se mostraba algo débil, sin desmeritar los inquietos y en ocasiones desesperantes movimientos de sus manos enredándose en sus cabellos.
Blanca sabía perfectamente que algo había sucedido en aquel viaje y a su regreso provocaba un tanto de preocupación en su hija, no era necesario estar ciego para no verlo, a leguas se podía notar, mucho más teniendo en cuenta que al ser su madre la conocía como la palma de su mano y podía reconocer su estado de ánimo con tan solo mirarla por un segundo. Luego de la evasiva con que le respondió en el aeropuerto, decidió no volver a tocar el tema, aunque muriese de ganas por saber lo que sucedía y platicarlo con ella para ayudarla en todo lo que pudiese, sabía que en esos momentos lo mejor era guardar silencio y darle su espacio para contarle cuando lo creyese conveniente. De momento solo comentaba de vez en cuando y para romper el hielo de la situación, cosas que habían sucedido en casa durante su estadía por fuera que podrían interesarle y distraerla un poco.
Al llegar a casa rápidamente saludó a su padre y hermana que se encontraban en la planta baja esperándola con brazos abiertos e inmediatamente subió a su habitación con la excusa de que se encontraba agotada y necesitaba descansar mucho, razón por la cual les encomendó de favor que nadie se atreviese a despertarla a menos que fuese de carácter extremadamente urgente, ni siquiera para comer, lo haría cuando su cuerpo se lo pidiese, así como en esos momentos solo le pedía dormir a más no poder.
Luego de un largo y relajante baño en la tina, calló rendida al acomodarse entre las cobijas; tal vez un poco raro que se durmiese tan fácil, pero para el estado en que se encontraba era más que normal, teniendo en cuenta que aun quedaban en su cuerpo estragos de la resaca que había adoptado horas atrás, sumándolo al cansancio adquirido durante las últimas horas de su estadía en España, sus intentos fallidos de conciliar el sueño durante la permanencia del vuelo Miami-Ciudad de México y el agotamiento acumulado tras dos intensas semanas de constantes viajes en avión, uno que otro corto recorrido terrestre, cambios de hotel y arduas jornadas de entrevistas, firmas de autógrafos, sesiones de fotos y convivencias con los fans. - “Ya debería estar acostumbrada a esa rutina” – dirían muchos, puesto que la mayor parte de su vida había girado en torno a aquel mundo y -“tarde o temprano terminamos acostumbrándonos a la rutina”- si, muy fácil decirlo, pero una cosa muy distinta a eso es vivirlo y mucho más siendo una persona a quien no le agradaban en lo absoluto las rutinas, sea cual fuese, simplemente jamás le llamó la atención hacer siempre lo mismo, por muy divertido e incluso apasionante o excitante que pudiese llegar a ser; no es que se quejase de su vida, por el contrario, era dichosa de poder hacer lo que amaba y compartir tantas alegrías con personas que sinceramente sabían recibir y de la misma manera retribuir su cariño, pero muy aparte de eso, el cansancio, el tiempo perdido dentro de aviones, aeropuertos o cuartos de hotel, el hecho de no poder tener el amor de una pareja a su lado a causa de aquello, los momentos importantes dejados de compartir con la familia o amistades, eso sería algo que nadie le devolvería nunca y algunas, por no decir muchas veces hacía un gran peso en su corazón, acongojándolo y provocando flaqueza frente al ideal de cumplir sus más grandes sueños, que si bien ya se encontraban en cierta parte realizados, sentía que aun faltaba mucho por recorrer, más talentos que descubrir y mostrar, un lugar más alto al cual llegar y, viendo las dificultades que en más de una ocasión se presentaban, le hacían dudar si realmente sería capaz y contaría con la fortaleza necesaria para afrontarlo con la valentía requerida y finalmente llegaría donde con tanta ilusión se había propuesto; lo único que podía tener claro era que conseguiría llegar hasta donde la voluntad de Dios se lo permitiese.
Durante el resto de aquel día nadie supo de ella, solo hasta llegado el medio día siguiente, que por cierto, había comenzado hermosamente perfecto: lluvioso, que si bien traen consigo algo de nostalgia, son los mejores días para descansar y quedarse dentro de las cobijas recobrando energías y pensando en el color de las pelusas que constantemente se encuentran en el ambiente, pasando sobre ti y que ni siquiera alcanzas a ver a causa de su diminuto tamaño… si, pensar en eso, en el color de las paredes en donde te encuentras refugiado, de por qué decidiste pintarlas de tal manera durante la adolescencia y posteriormente elegiste cambiar, en la puerta del closet que desde tu cama alcanzas a notar quedó mal cerrada o en cualquier tontería que se te cruce por en frente durante ese instante y a la vez en absolutamente nada… solo dormir y observar un punto fijo en tu interior, aquel que nadie más que tú, solo puede observar.
Santiago tocó el timbre de aquella casa que tanto le gustaba, era tan acogedora que cuando llegaba allí, luego no tenía muchas ganas de retirarse; además de ser un cálido refugio, sus habitantes no se quedaban atrás, todos y cada uno de ellos eran personas muy especiales que realmente lo hacían sentirse muy a gusto en su presencia, aunque todos estuviesen mal de la cabeza, deducción que hacía por la manera peculiar de comportarse de cada quien; de hecho eso era lo que le encantaba de esa familia, que casualmente le recordaba mucho a la suya, tenían una forma muy particular de ver la vida y lo mejor es que no escatimaban en compartirla con los demás, sino que por el contrario eran perfectos relacionistas, por llamarlo de alguna manera. Observando con detenimiento la extraordinaria puerta que se encontraba en la entrada de la casa, cuyo diseño le encantaba por su autenticidad e inconfundibles rasgos, que con solo verla podrías identificar el tipo de personas que habitaban en ella, esperaba a que le abrieran para preguntar por la persona que buscaba, pero, tan profundos eran sus pensamientos sobre aquella reliquia perfectamente diseñada, que al momento de ser abierta fue tal su sorpresa que dio un brinco hacia atrás, que estuvo a punto de provocar su caída de no ser por la agilidad con que pudo reaccionar y sostenerse de la pared más cercana.
Detrás de la puerta, un rostro que inicialmente mostraba gran enojo por ser despertada cuando en el mejor de los sueños se encontraba y sacada casi que a patadas de su propia habitación, cambió repentinamente su expresión a una de preocupación al ver que la persona que muy pacientemente había tocado el timbre y esperado por varios minutos mientras discutía prácticamente sola, pues no se encontraba nadie más que ella en la planta baja, por el hecho de que le tocase abrir aun estando medio dormida y expropiada de su recamara, a punto de caer a causa de la impresión de verla –“¿Tan fea se veía al despertar”- No era momento de pensar en eso, así que rápidamente alejó aquellos pensamientos y se dispuso a ayudarlo, no sin antes preguntarle si se encontraba bien y luego, sin muchas ganas hacerlo pasar.
---: ¿Tan feo me veo hoy? –Preguntó muy animosamente para hacerla cambiar de actitud – Parece que viste a un fantasma.
-Dulce: -levemente sonrió- Lo siento, no te lo tomes personal, pero es que ¡Ash! –Decía refunfuñando- me ponen de malas cuando me despiertan.
-Santi: Disculpa por haberte despertado, pero bueno, ya es medio día y si mal no recuerdo habíamos quedado de comer hoy.
-Dulce: No, no fuiste tú quien me despertó, fue Lina, que entra como dueña de mi habitación y por poco me saca a patadas de mi propia recamara ¡¿Puedes creerlo?!
-Santi: ¿Quién es Lina y por qué te saca de tu habitación? –Decía tratando de aguantar la risa al ver el enojo absurdo, según él, que traía Dulce-.
-Dulce: La niña que ayuda con la limpieza y me despierta porque supuestamente mi mamá le dijo que no se fuera sin dejar todo arreglado y como la señorita se tiene que ir a hacer no sé qué cosas me tenía que sacar de mi recamara.
-Santi: Bueno, pero ya no hagas corajes por eso, mejor sonríe y sé feliz, que así te ves mucho más linda –Ella no pudo evitar regalarle una sincera sonrisa- además, estas como que ya no son horas de dormir, ¿no crees?
-Dulce: Bueno, ya “X” con eso, mejor dime ¿Por qué no me avisas que pasabas a recogerme? Mira nomás en las fachas que me encuentras y ¿No te parece que es muy temprano como para comer? Apenas y son las 12:00 m.
-Santi: Ya sé que es algo temprano, pero de aquí a que lleguemos al sitio en donde hice reservaciones tenemos tiempo justo para llegar; mejor ve a cambiarte.
-Dulce: ¿Tan fea me veo? –decía fingiendo enojo-.
-Santi: Te ves hermosa así y con lo que te pongas, pero, siendo mujer, no creo que quieras poner un pie fuera de tu casa en pijamas.
-Dulce: Santi, pero –Haciendo pucheros- es muy temprano, tengo sueño.
-Santi: ¿Cuándo no vos con sueño?
-Dulce: ¡Oyeeee! –Le dio un pequeño golpe en la cabeza-.
-Santi: -Soltó una pequeña carcajada- Ya, ya. Dejá de hacer berrinche y andá a cambiarte floja, si no querés que te lleve así y ya sabes que no ando con rodeos, eh?
-Dulce: ¡Ash! Me chocas –con una sonrisa se dio media vuelta y cuando se disponía a subir las escaleras se topó con Lina que venía bajando- ¿Ya terminaste con mi recamara?
-Lina: No señorita, aun me falta.
-Dulce: Por favor atiende al señor en lo que me cambio, ofrécele algo para tomar o lo que sea y ya luego terminas cuando me vaya.
-Lina: Pero…
-Dulce: Pero nada, ya me sacaste una vez de mi habitación, ahora haz lo que te digo –Sin más siguió subiendo, dejando a Lina un poco confundida y a Santiago a punto de morir de risa por sus cambios de humor, entre otras cosas era eso lo que más amaba de esa mujer-.
Luego de un rato prudente de espera y algunos minutos de viaje llegaron a un lugar muy tranquilo a las afueras de la ciudad; era un sitio encantador, muy acogedor y para su tranquilidad sin afluencia de prensa, paparazzi o algo similar que pudiere crear chismes por una comida de “amigos”.
Al llegar a la mesa reservada, él muy amablemente le abrió la silla para que se sentase. Ella, sin dejar de observar detenidamente el lugar accedió a sentarse, mientras sus ojos se concentraban en la hermosa vegetación que los rodeaba, incluso se preguntaba cómo era que nunca había estado en ese lugar tan ¿“mágico”?. Si, esa era la palabra perfecta para describirlo. Pasto muy verde y se notaba que sumamente cuidado, una gran variedad de flores, entre ellas girasoles que eran las que más se destacaban entre todas por su tamaño y distintivo color amarillo, un pequeño lago a un costado del restaurant, mariposas volando y pajaritos trinando cerca de las flores, niños felices corriendo por todas partes y un lugar de juegos exclusivo para ellos, cabañas muy campestres al otro lado del lago y un sinnúmero de detalles que lo hacían magníficamente único. Definitivamente el lugar perfecto para iniciar una buena relación.
---: ¿Y? ¿Qué te pareció el lugar, que te quedaste muda?
-Dulce: ¡Me encantó! Es perfecto este lugar. Podría quedarme toda la vida aquí.
-Santi: Sabía que te iba a gustar a vos. Recién me enteré hace unos días que existe por unos amigos que vienen con la familia y apenas lo vi, pensé en vos –Le respondió con una hermosa sonrisa y un “gracias” que apenas alcanzó a leer de sus labios- ¿Te parece si comemos primero o damos un paseo para que conozcas el lugar y ya luego pedimos de comer?
-Dulce: Mejor primero comemos y luego conocemos –Sonrió un poco apenada- es que tengo hambre.
-Santi: ¿Cuándo no? –Dijo solo para sí, pero no pudo evitar ser escuchado por ella-.
-Dulce: Te oí, eh?
-Santi: ¿Qué pasó? Yo no he dicho nada.
-Dulce: Ándale, sigue así.
-Santi: ¡Che cañí! Ya hasta alucinas –Ella no pudo evitar sonreír al escuchar eso- creo que por tu bien deberías dejar de fumar esas cosas, te están afectando mucho –Al percatarse de su sonrisa preguntó- ¿Qué, tengo cara de payaso o qué? -Ella solo siguió sonriendo- ¿Ves? ¿Ya ves que trae mal esa cosa que fumas?
-Dulce: Me gusta cuando me dices cañí ¡Y ya párale con eso! Cualquiera que te escuche pensará que de veras me drogo.
-Santi: Es lo que sos, ¿No?
-Dulce: Bueno, sí. Pero solo tú me llamas así –En ese instante solo sonrieron mientras se perdía uno entre la mirada del otro durante un tiempo prudente-.
-Santi: ¿Preferís un aperitivo mientras que esperamos la comida?
-Dulce: ¿Tu qué crees?
-Santi: Que sí, porque no quiero que te mueras de hambre aquí, ¿Luego a quien le toca cargarte?
-Dulce: ¿Ah? –Hizo un gesto de enojo e incredulidad, llevando sus manos a la cintura- ¿Me estás diciendo gorda?
-Santi: Ya te pareces a tu amiguita esta ¿Cómo es que se llama? La que solo piensa en eso… Me extraña cañí, vos no sos de ese estilo.
-Dulce: Si, pero tampoco para que trates así –Decía simulando enojo-.
-Santi: Bueno, ¿Ya decidiste que querés pedir? Te recomiendo el churrasco.
-Dulce: Ahora entiendo por qué me trajiste, solo para satisfacer tus gustos.
-Santi: -Soltó una pequeña carcajada- claro que no, lo hice porque el sitio me pareció perfecto para vos. Pero no puedo negar que el de aquí es el mejor churrasco que he probado fuera de la Argentina, además sabés muy bien que te encanta.
-Dulce: ¡Va! Y de entrada una ensalada fría.
Luego de que trajeran su orden y compartiendo de una muy animosa charla en la mejor compañía era momento de pasar a un tema más interesante
-Santi: y ya, cambiando de tema –Ella no pudo evitar sonreír al notar como comenzaba a ponerse nervioso. Pero para él era inevitable que sucediese, solo esa mujer lograba que se pusiese así y no podía controlarlo- No te rías.
-Dulce: ¡Ok ya! –Cada vez era más difícil controlar sus ganas de soltar una carcajada, pero debía aguantarse aunque no quisiese hacerlo- Perdón, perdón. Pero es que me da mucha risa tu carita –esta vez fue inevitable reírse, pero al ver como la observaba él, necesariamente tuvo que calmar su risa- ¡Ok ya! Lo siento. Prometo no volver a reírme.
-Santi: Si querés mejor la dejamos ahí.
-Dulce: ¡No! No ¿Cómo crees? Neta discúlpame, fue sin intención.
-Santi: Está bien. Bueno, antes que nada, creo que sería conveniente hablar sobre los días que estuviste de viaje…
-Dulce: -Inmediatamente se puso tensa, pero no lo dejó continuar- ¿Sobre mi viaje? ¿Qué con eso?
-Santi: Bueno, considero que sería conveniente aclarar algunas cosas antes que se presten a malos entendidos.
-Dulce: ¿Por qué? ¿Acaso sucedió algo que no sepa o qué? –Santiago solo asintió- Santi, mira: lo que haya pasado durante esos días, cualquier cosa que haya sido y no creo que deba ser ningún problema para nada, no importa en estos momentos, primero porque al irme no quedamos en nada, solo que te daría una respuesta al regresar y segundo, por eso mismo no tendrías que rendirme cuentas de lo que hiciste, ¿Está claro?
-Santi: Bueno, sí pero…
-Dulce: Pero nada –con aquella ternura que la caracterizaba posó uno de sus dedos sobre sus labios para hacer que no continuase con lo que pretendía decir- Sea lo que sea queda atrás y ya no importa. Lo único que nos debe importar es lo que pase de aquí en adelante
-Santi: Eso quiere decir qué… ¿?
-Dulce: -Lentamente se acercó a él y con un tierno beso lo calló - ¿Esto responde a tu pregunta? –Le dijo con una gran sonrisa en sus labios-.
El solo se acercó a ella y muy efusivamente la envolvió en sus brazos, entregándole otro beso, ahora con más fuerza. Luego de unos segundos se separó y mirándola a los le preguntó:
-Santi: ¿Es en serio?
-Dulce: ¿Tengo cara de estar bromeando? –con una sonrisa que denotaba picardía, respondió-.
-Santi: Se supone que debería confiar en ti, ¿No? –Ella solo lo miró de forma acusadora- ¡Gracias!
-Dulce: ¿Por qué?
-Santi: Por esto, por darme esta oportunidad.
-Dulce: La oportunidad es para ambos ¿No crees? Y con respecto a eso, creo que antes debemos aclarar algo –Extrañado la miró– Ven –Se levantó y le ofreció su mano para ir a caminar un rato– Bueno, tu ya conoces mis sentimientos y bien sabemos que en el corazón no se manda, pero quiero darme esta oportunidad contigo, porque te quiero y la mereces, al igual que yo también creo que merezco alguien como tú. Ya es hora de dejar todo atrás y volver a comenzar, vivir nuevas experiencias, comenzar de cero, volver a confiar y ¿por qué no? Amar una vez más. No sé si esto funcione, por eso quiero dejarlo claro, pondré todo de mi parte para que se den las cosas de la mejor manera posible, ya no somos un par de adolescentes para andar probando aquí y allá, debemos estar seguros de lo que hacemos y lo que queremos. Yo hoy digo que quiero intentarlo contigo y me encantaría que funcione, porque no quisiera lastimarte ni tampoco salir lastimada, así sea por una tontería. Por eso quiero saber si estás dispuesto a continuar de esta manera, sin saber lo que vaya a pasar más adelante, sin tener la seguridad de que tanto pueda llegar a amarte o si sucede lo contrario y lo más importante, si estás dispuesto a ser paciente para permitir que las cosas sucedan como tengan que ser, sin presiones, sin cuestionamientos y sobretodo, con confianza.
-Santi: Mary –Tomo sus dos manos entre las suyas para quedar frente el uno del otro y poder hablarle mirando a los ojos– te lo dije una vez y ahora te lo repito: No pretendo hacer que confíes en mí, que me quieras de la noche a la mañana y que olvides todo lo que has vivido hasta ahora, no. Yo lo único que pido es que me permitas estar al lado de vos, ayudarte a volver a confiar y amar, a que saques los miedos que llevas dentro y que sepas que si se puede ser feliz y entregar el corazón, que hay personas que sí merecen tu cariño. No digo que sea yo esa persona, porque puede que no sea lo que mereces, pero quiero demostrarte que estoy dispuesto a entregarte lo mejor de mí, porque lo único que quiero es verte feliz a vos. No quiero volver a ver estos ojitos con esa mirada perdida, cuando sonreís te ves más linda que nunca y no me perdonaría que vuelva a salir una lágrima por aquí –Con mucha delicadeza puso una de sus manos por debajo de uno de sus ojos, acariciando su mejilla-.
-Dulce: -Le dio un beso fugaz en los labios acompañado de un fuerte abrazo- ¡Gracias!
-Santi: Ven, te quiero enseñar un algo –La tomó de la mano y la condujo hasta un lugar un poco apartado del restaurant, desde donde se podían ver los pequeños rayos de sol que apenas comenzaban a salir, luego de una mañana lluviosa, uniéndose con el agua de aquel lago, algunos animales caminando entre las plantas y solamente ellos dos– Hoy, frente a este lago, al sol que apenas se asoma y con estos conejitos como testigos quiero, necesito decirte a vos que así como me has dado una gran alegría, haré todo lo que esté en mis manos de aquí en adelante para que la sonrisa más linda que he visto no se borre jamás y para que se borren todos esos miedos de aquí –señalo su corazón- y de aquí –subió su mano hasta un lado de su cabeza- y no me importa si suena muy cursi, pero es la verdad, es lo que siento y es importante hacértelo saber. Y no solo que lo sepas, sino que lo tengas presente para cuando no cumpla con mi palabra me lo hagas saber.
-Dulce: Ya, que me vas a hacer llorar –Le otorgó una tierna sonrisa y se abrazó a su costado– Gracias por todo esto y te prometo que pondré todo de mi parte también para no defraudarte y hacer que funcione.
-Santi: Más te vale, porque bastante tiempo y esfuerzo que me costó conseguir este sí –Soltó una pequeña carcajada-.
-Dulce: No más para que veas que no soy fácil de conquistar, eh? A ver si me cuidas como dices. Por ahora estás en período de prueba –El solo abrió la boca con cara de asombro y ella entre carcajadas le respondió:- No, ¿Cómo crees? Oye pero, no le vamos a decir a nadie aun ¿Va?
-Santi: ¿Tan feo soy que te avergüenza decir que andas conmigo?
-Dulce: ¡No, menso! No lo digo por eso.
-Santi ¡Ah! Pero entonces si te parezco feo.
-Dulce: ¡Que no es eso!
-Santi: Pero dilo que no me enojo, andá, decílo.
-Dulce: Que no, Santi. ¿Crees que yo podría estar con alguien tan feo?
-Santi: Bueno, pero también tengo mis cualidades ¿Qué, eso no cuenta?
-Dulce: Todo cuenta.
-Santi: ¿Ah sí? Todo, ¿Cómo qué cosa, por ejemplo?
-Dulce: Hmmm –Se giró hacia él, mirándolo pícaramente de arriba hasta abajo– mejor te conformas con saber eso… pero, regresando al tema en que estábamos, te digo eso por la prensa y todo esto, ya sabes cómo son que se meten en todo y luego inventan cosas que no son que hasta pueden causar problemas en donde no los hay, aparte tu eres alérgico a todo lo que tenga que ver con medios de comunicación y no me digas que no es así –apenado sonrió– y por otro lado, también están los fans, que ya sabes cómo se ponen de intensos y no quiero que te armen una guerra sin razón.
-Santi: Bueno, en eso tienes razón. Me disculpará usted por mi falta de experiencia y conocimiento en el tema, pero es que nunca había estado con una chica famosita.
-Dulce: ¡Payaso!
-Santi: Lo digo en serio, eh? Pero bueno, eso no impide que lo sepa la familia, la banda y los amigos más cercanos o, ¿También tenemos paparazzi y espías entre ellos?
-Dulce: No, pero es mejor evitar, ¿No te parece? Igual ya se darán cuenta y realmente no creo que se tarden mucho, por lo menos mi mamá, no pasarán cinco minutos de que llegue a mi casa cuando ya me hará tremendo interrogatorio.
-Santi: -No pudo evitar soltar una carcajada– pobre Blanquita, como la difamas.
-Dulce: Pero es que es la neta. No sé cómo le hace para enterarse de todo sin que le haya contado nada.
-Santi: Tal vez porque es tu mamá y es esa una virtud que tienen todas.
-Dulce: Bueno, sí, eso ha de ser.
Esa tarde se la pasaron mucho mejor que bien, luego de caminar un rato por el lago y hablar de tantas cosas, unas más interesantes que otras, pero entretenidas para ellos, al fin y al cabo; disfrutaron de un apetitoso postre y unos buenos besos, fueron al cine, entre otras cosas que se hacen solamente en compañía de una buena pareja y que ambos desde mucho tiempo atrás no disfrutaban tanto.
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