sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 9


Al subir al avión se sentó en su lugar, junto a la ventana, como le gustaba, ajustó su cinturón de seguridad e inmediatamente se olvidó del mundo que la rodeaba, sólo pensaba en lo que de ahora en adelante se venía, era un momento de suma importancia para su carrera y quería hacer todo lo mejor que estuviera a su alcance. Pensaba en sus fans, en aquellas personas que para ella eran prácticamente unos desconocidos, pero que se habían convertido en una parte demasiado importante en su vida, sencillamente la hacían tan feliz, a diario le demostraban cariño, compañía y apoyo incondicional. Además de su familia y los verdaderos amigos, eran ellos los que habían estado a su lado durante el transcurso y todo el proceso de creación de aquel proyecto que era tan suyo como de ellos, lo había construido de la mano de todos ellos y el hecho de ahora compartirlo con quienes de cierta manera habían sido sus creadores y una fuente muy grande de inspiración le hacía sentir algo inexplicable, le embargaba de emoción el hecho de pensar que durante ese viaje que apenas comenzaba contaba con el apoyo de tantas personas y que además podría disfrutar de aquella alegría de su lado.

Se sentía inmensamente feliz, además de presentar a los medios de comunicación en cada país el resultado de todo su esfuerzo y trabajo durante los últimos meses de su vida, tendría la oportunidad de compartir un rato con aquellas personas que le habían dado tanto y por quienes de cierta manera se encontraría en los lugares a donde iría.
No veía la hora de que aterrizara ese avión en el que iba y pisar aquellas tierras “extranjeras” pero que sin duda también sentía como su propia casa, debido al calor que en cada una de ellas recibía por parte de su gente. La primera parada sería Bogotá-Colombia. Amaba ese país, ya que fue el primer lugar en donde le abrieron las puertas internacionalmente alguna vez, aquello sería algo que nunca olvidaría, además del apoyo que siempre le habían brindado, siempre la esperaban con una sonrisa y con los brazos abiertos. Sería la primera vez que estaría allí luego de muchos años, pero esta vez sería sola, así que las cosas podrían ser diferentes, todo ese asunto le inquietaba mucho, aunque sabía que hacía las cosas muy bien y contaba con el apoyo de mucha gente, le era muy difícil ocultar los nervios que implican enfrentarse a una experiencia aparentemente vivida anteriormente, pero nueva a la vez.

Pensando en cómo serían sus próximos quince días, entre aviones, hoteles, entrevistas, fotos, firmas de autógrafos, convivencias con fans y todo lo que una promoción implica, se dejó vencer por el sueño, en menos de media hora ya estaba profundamente dormida, hasta un rato después, cuando Fran, quien viajaba a su lado la despertó para saber si tomaría el servicio que ofrece el avión.

Luego de comer un poco, su mirada se quedó fija en las nubes, a través de la ventana observaba aquella inmensidad en la que se encontraba, ahora pensaba en Santiago. El solo hecho de pensar en alejarse de él le estremecía el cuerpo y aunque tampoco estuviera muy segura de que estar con él fuera lo adecuado, ya no quería esperar ni pensar más, para saber lo que podría suceder tendría que intentarlo y averiguarlo por sí misma, por lo que decidió, que a su regreso a México le daría una muy grata sorpresa, aunque era consciente de que debía dejarle también las cosas claras para que no tuvieses falsas expectativas de una relación que no sabían si podía funcionar.

Una vez más, su tan querida amiga la sacó de sus pensamientos

-Fran: Tranquila, que solo serán quince días sin verse. Cuando aterricemos en Bogotá le hablas para que acorten la distancia –Le decía muy divertida y segura de que pensaba en Santiago-.

-Dulce: ¿De qué hablas?

Cookie solo la miró de forma acusadora, Dulce le devolvió la mirada a manera de reproche

-Fran: No me niegues que estabas pensando en Santiago porque esa ni tú te la crees – Dulce solamente dejó salir un largo y profundo suspiro– ¿Qué piensas hacer? O ¿Todavía no te decides?

-Dulce: No sé Fran, ¿Tú crees que esté bien darle una oportunidad sin estar segura de lo que siento? Y ¿si no funciona?... Yo lo quiero mucho y no me gustaría hacerlo sufrir

-Fran: ¿Por qué sólo piensas en lo malo que puede ser? ¿No se te pasa por la cabeza pensar que sí puede funcionar y que podría resultar algo hermoso? Si sigues con esa actitud te vas a quedar solterona toda la vida y perderás las mejores oportunidades que puedas conseguir.

-Dulce: Gracias por tus ánimos, eh?

-Fran: Pero es que es la neta. Sabes bien que no te lo digo en mala onda. Dulce, no puedes permitir que el miedo esté siempre delante de todo y perder lo que te mereces por temor a equivocarte. ¿Por qué no aplicas todo lo que dices? Esto lo he aprendido de ti y ¿Ahora me toca repetirte la lección cómo una niña pequeña? ¡No manches wey! Tú no eras así.

-Dulce: Es que no es fácil. Después de tantos errores aprendes que es mejor actuar cuando estés completamente seguro de lo que piensas hacer y este no es mi caso. No quiero equivocarme, tanto por mi bien, como por el suyo.

-Fran: ¿No crees que vale la pena arriesgarse? ¿Piensas quedarte toda la vida sentada pensando en que es lo que debes hacer? El tiempo no está de sobra como para que juegues con el… Además, ya como que nos empieza a pitar el tren. Es hora de ponernos serias –Decía ahora bromeando-.

-Dulce: Vieja estarás tú, porque yo apenas estoy en la flor de la juventud.

-Fran: Ay si tu. Sólo te llevo unos cuantos mesesitos y ya te crees muy joven.

-Dulce: ¿Mesesitos? ¿Quieres que te recuerde cuanto me llevas?

-Fran: Ay que delicada eres. Ya ni una bromita aguantas. Me cae que si e urge un novio.

-Dulce: ¡Pend*ja! –Dicho esto se giro y volvió a fijar su vista en la ventana hasta quedar nuevamente dormida-.

Durante el regreso a casa, el no pudo evitar pensar en lo que había sucedido minutos antes de su partida. En ese momento se sentía tan confundido, había llegado a pensar que su respuesta definitiva sería un NO, pero sus últimos actos ahora le decían todo lo contrarío. Su confusión ahora era mayor que antes, pues no sabía qué era lo que pasaba por la cabeza de aquella mujer que tanto quería y por lo tanto, no sabía qué era lo que de ella podría esperar.



En una cafetería de la ciudad de México, dos de las mejores amigas de Dulce se encontraban en medio de una conversación muy interesante

-Samantha: Oye y ¿Este Rodrigo al fin qué? ¿Sigue en onda con Mary o qué onda?

-Ivalú: Pues ya sabes, lo mismo de siempre, es un eterno enamorado y ella ni le presta atención. Yo creo que ya se cansó, porque tiene tiempo que no la busca, desde que lo bateó en el cumple de Mau.

-Samantha: ¿No crees que necesite un empujoncito? Para que ya le haga caso, ¿No?

-Ivalú: Bueno y ¿De cuándo acá tu tan interesada en esa relación?

-Samantha: No, nada. Yo solo decía… Solo que me parece un buen partido para ella y como tampoco se decide por Santi, pueeess…

-Ivalú: ¡Ah! Es que ya sé por dónde va la cosa. Todavía te late Santiago.

-Samantha: ¡Ash! Si, si y no lo puedo negar. Neta que he intentado sacarlo de mi cabeza, pero no puedo. Y bueno, si Mary no lo quiere, ¿Qué de malo tendría que haya algo entre él y yo?

-Ivalú: Pero él la quiere a ella.

-Samantha: Eso es lo de menos, yo podría ayudarlo a olvidarla.

-Ivalú: Wey, ¡no manches! ¿Neta estás pensando en hacerle eso a Dulce?

-Samantha: ¿Hacerle qué cosa? Bien sabes que no quiere nada con él y si  ella no lo aprovecha, pues yo sí. Porque hombres cómo ese no se encuentran a la vuelta de la esquina.

-Ivalú: -Hizo un gesto negativo en su rostro y suspiró- ¿Qué piensas hacer?

-Samantha: Lo invitaremos a tu cumpleaños.

-Ivalú: ¿Qué? Pero ¡Estás loca! ¿Qué te pasa? Si me he cruzado cuatro veces por ahí con él es mucho y eso porque va con Mary

-Samantha: Ay pero que antisocial eres. Tienes que abrirte más, es bueno conocer nuevas amistades y si no lo invitas tu igual irá como mi acompañante, porque no pretenderás que vaya sin una pareja y me quede toda la noche viendo como los demás bailan ¿O sí?

-Ivalú: ¡Ash! No sé ni por qué te hago caso. Haz lo que quieras, pero solo te advierto algo: No quiero problemas con Dulce María, si se enoja o se entera de algo a mí no me metas.

-Samantha: ¿Por qué tendría que enojarse? ¿Acaso estamos haciendo algo malo? –Ivalú solo la observaba- Igual y ella no tiene una relación ni nada parecido con Santiago, así que no se lo estoy quitando. Y por si fuera poco, no es el centro del mundo que los demás no pueden hacer algo porque a la señorita no le gustaría que lo hagas ¿O sí? –Decía sarcásticamente- ¿No crees que es momento que deje de ser tan caprichosa y se dé cuenta que no puede tener todo lo que quiera y cuando quiera a su disposición?

-Ivalú: Bueno, no te puedo negar que a veces si se pasa de caprichosita, pero también es una excelente amiga, la mejor de todas y te aseguro que jamás haría eso que tú piensas, es más, si supiera que te gusta tanto Santiago no lo pensaría dos veces y de una se haría a un lado para dejarte el camino libre.

-Samantha: ¿Escuchas lo que estás diciendo? Yo no quiero que me lo regale, porque sé que soy capaz de conseguir a alguien que me quiera a mí por lo que soy, también tengo mis atributos y no necesito que ella se haga la buena amiga y por lástima me regale algo que no quiere.

-Ivalú: Dulce no es así y lo sabes.

-Samantha: Pues claro ¿Cuándo será el día que aceptes algún defecto de Mary? Si tiene a todas sus “amigas” –hizo mucho énfasis en aquella palabra- cómo súbditos detrás de ella y todo lo que diga eso se hace.

-Ivalú: ¿Qué te pasa Samantha? ¿De cuándo a acá tanto odio hacia Mary? ¿No que muy hermanitas y no sé qué?

-Samantha: No es ningún odio, yo a Dulce la adoro. Sólo que me di cuenta de algunas cosas que antes no tomaba en cuenta y que realmente si son importantes, así que ya no pretendo seguir dejándolas pasar como siempre.

-Ivalú: ¿No será que se te está despertando la envidia?

-Samantha: ¿Ves? ¿Ves? ¡Eso es lo que pasa! Todos tienen una venda en los ojos de que ella es la mejor de todas, la amiga tierna, la comprensiva, la inteligente, a la que le va bien en todo y entonces si alguien quiere hacer notar su presencia ya le tiene envidia. Las cosas no son así, val. Mary no es el centro del mundo. Neta que están mal.

-Ivalú: ¡No! La que está mal eres tú. Neta ¿Qué te pasa?

-Samantha: Ay no quiero discutir por esto. Mejor le hablo a Santiago.


Llegando a casa de su amiga Jimena recibió una llamada que jamás esperó

-Santi: ¿Bueno?

---: ¡Hola Santi!

-Santi: ¡Eh! Hola. Disculpa, ¿Quién habla? No tengo registrado tu número.

---: Debí suponerlo. Habla Samantha, si sabes quién soy ¿No?

-Santi: ¿La amiga de Dulce?

-Samantha: -Hizo un gesto de desagrado- Si, la misma.

-Santi: ¡Ah! Hola, ¿Cómo vas?

-Samantha: Ahora muy bien y ¿tu?

-Santi: Muy bien, gracias. Y ¿Puedo saber a qué se debe tu llamada?

-Samantha: Era para hacerte una invitación. Este sábado es el cumpleaños de Ivalú y pues me pidió que te avise que ahí te espera.

-Santi: ¡Eh! Gracias –decía desconcertado- Gracias por la invitación. No sé si pueda estar, pero trataré.

-Samantha: No ¿Cómo así? ¿Por qué no puedes? Tienes que ir.

-Santi: Lo que pasa es que… ¡Ah! Si, ya quedé de hacer algo con una amiga.

-Samantha: Ay no, pero no puedes hacernos esto. Nosotras que con tanto cariño te invitamos y nos rechazas. Te queda muy mal, eh?

-Santi: Bueno, está bien. Haré todo lo posible por estar ahí, ¿vale?

Luego de que le diera todos los datos de hora y lugar ella buscaba pretextos para no cortar la llamada y el no encontró más remedio que hacer como si se hubiese cortado.

Al cortar se encontró con la mirada expectante de su amiga, quien esperaba con lujo de detalles saber de quién se trataba aquella llamada

-Santi: Tenemos fiesta el sábado.

-Jimena: ¿Tenemos? ¿Escuché bien?

-Santi: Si, escuchaste muy bien. El sábado tú y yo nos vamos de fiesta.

-Jimena: Bueno ¿Tu te enloqueciste o qué? Yo estoy casada, ¿Cómo pretendes que me vaya de fiesta contigo y mucho menos con gente que n conozco?

-Santi: Jime ¡Por favor! –Le decía en tono suplicante- Acompáñame.

-Jimena: No, Santi. Mejor dime ¿Por qué tanto interés en ir acompañado?

-Santi: Porque las amigas de Dulce están locas y no sé ni para que me invitan a una fiesta suya, si las pocas veces que nos hemos visto ha sido en uno que otro evento al que voy con ella. No hay mucha amistad que digamos como para que me inviten, ¿Estás de acuerdo? Además, esa que me llamó como que me da la impresión de que quiere algo más.

-Jimena: -Soltó una carcajada- Santiago Cucicaw ¿Tú huyéndole a una mujer? Jajajaja lo veo y no lo creo. ¿Pues tan peligrosa es o qué?

-Santi: No te rías. Y no sé cómo sea, solo que no me interesa.

-Jimena: y ¿Desde cuándo rechazas la oportunidad de una vieja que a lo mejor sólo quiere un acostón contigo?

-Santi: En primeras no he dicho que se trate de eso. Segundo, no soy tan perro como dices y tercero es amiga de Dulce ¿Cómo crees que podría tener algo con ella?

-Jimena: ¡Ah! Es que va por ahí. El problema es esa niña que te trae loco y ya no te deja pensar en nadie.

-Santi: Tampoco, no exageres.

-Jimena: -Soltó una nueva carcajada-Mírate nomás, si se te cae la baba cuando hablas de ella.

-Santi: Bueno si, lo acepto. La quiero mucho y no quiero hacer nada que pueda afectar nuestra posible relación, ¿Contenta?

-Jimena: Tú lo has dicho: “POSIBLE RELACIÓN”. Aun no hay nada, por lo tanto no hay nada que pueda reclamarte en caso de que suceda algo.

-Santi: ¡Che! ¿Que no entendés que el hecho de que suceda algo con su “amiga” elimina cualquier posibilidad con ella?

-Jimena: Pero ¿Por qué tendría que pasar eso? Si no tiene ningún derecho sobre ti.

-Santi: No conoces a Dulce. Para ella la amistad es algo intocable y con sólo saber que una de sus amigas siente algo por mí no dudaría en hacerse a un lado. Te lo puedo asegurar.

-Jimena: Yo creo que eso es como caprichito de la nena y a ti ya te perdimos. Sólo estás detrás de sus faldas.

Prefirió cambiar de tema para no crear una discusión y luego de pasar una tarde muy agradable con la que era su mejor amiga regresó a su departamento, a su ambiente, donde podía pensar sin interrupciones ni distractores. Se sentó en el balcón, en aquella terraza rodeada de plantas que tanto amaba y cuidaba. En sus manos una guitarra y un lado de su asiento una botella de vino y una copa.

Observando las estrellas no podía dejar de pensar en ella e imaginar una posible futura vida juntos, solo los dos, en donde solo existiera su amor, aquel amor que él se encargaría de hacer crecer en su corazón, tanto como el que ya existía dentro del suyo. Una sonrisa  en su rostro se dibujaba y sus ojos se iluminaban de solo imaginarla sonriendo y que la causa de ello fuera él y nadie más que él.

Algo que le inquietaba un poco era el tema de aquella llamada. Nunca había sido muy allegado a las amigas de Dulce como para que lo invitaran a fiestas a las cuales ella no asistiría, además de lo que desde antes ya había percibido por pate de Samantha, pero que había decidido obviar al pensar que solo podrían ser ideas suyas. Ahora sus sospechas aumentaban y era capaz de asegurar que no se equivocaba al pensarlo. Pero le agobiaba saber que Dulce podría enterarse de aquello y pese a eso comenzaran a complicarse las cosas, justo en el momento en que empezaba a asumir que estaba dispuesta a intentarlo con él.

Ya no había marcha atrás, la invitación estaba aceptada y para colmo iría solo. De lo único que estaba seguro es que no permitiría que intentase algo y le dejaría claras las cosas en caso de que pretendiese hacer algo para que no volviera a suceder.




Capítulo 8


Los siguientes días fueron muy agitados, entre los ensayos, presentaciones, entrevistas, firmas de autógrafos, convivencias con los fans, sesiones de fotos, promociones y todo lo que el lanzamiento de un disco requiere no habían tenido tiempo de hablar a solas nuevamente, por lo que aquel tema había quedado en el olvido… Aparentemente.

Las palabras de sus amigas, aquellas que eran como sus hermanas del corazón, los consejos de sus hermanas de sangre y la experiencia de su madre en los últimos días cada vez se hacían más intensos, aunque algunas veces quisiera dejar de escucharlas, sabía que en cierta parte tenían la razón, cada una de ellas la conocía perfectamente y eso le hacía tener presente que no la incitarían a tomar una mala decisión. Todas coincidían en lo mismo: “Date una oportunidad de volver a confiar”, “No te dejes llevar por el miedo a sufrir”, “Santiago es un buen hombre”, “Dale la oportunidad de quererte”, “Con intentarlo nada pierdes”. Una y otra vez retumbaban en su cabeza estas palabras, pero, ¿Dónde quedaba ella?, las había escuchado a todas, pero ¿Qué decía su corazón? ¿Estaba preparada para afrontar una nueva relación? ¿Había podido enterrar por fin lo que para ella había detrás de un gran amor? ¿Podría volver a entregar su corazón a otra persona? ¿A que estaba dispuesta en ese momento? ¿Qué era lo que quería?

Tal vez las cosas estarían muy claras, pero para ella en esos momentos no era así, muchas veces sucede que aunque tengas muchas ganas de intentar algo, el miedo se hace más fuerte y no es solamente miedo a perder o a fracasar en algo, sino ese miedo que viene de haberlo intentado más de una vez que te hace creer que tal vez ya no valdría la pena intentarlo una vez más, porque conociendo del tema existe la posibilidad de que los resultados sean los mismos que las anteriores ocasiones o tal vez peores.

Todo era muy confuso para ella en esos momentos. Si, sabía que Santiago la quería y estaba dispuesto a intentar algo con ella, también sabía que le podría ir bien estando a su lado, pero aun no sabía que era lo que ella misma sentía, había algo que la atraía hacia él, pero… ¿Qué era? Definitivamente amor no, sabía perfectamente que por más que quisiera seguía pensando en aquella otra persona que tanto tiempo atrás se había robado su corazón; aunque no tuviera un prototipo de hombres, algo en su físico le atraía y eso lo sabía perfectamente, pero había algo más, algo que le inquietaba y aun no podía descubrir que era; eso era quizá lo más difícil dentro de todo, el hecho de no saber exactamente lo que sentía por el y por ende que era lo que podría entregarle al abrirle sus puertas.

Al llegar al lugar donde hacían los ensayos con la banda encontró todo cerrado –“Aun es temprano” – Pensó. Se sentó en el andén a esperar que llegara alguien con llaves para poder entrar. Mientras esperaba no podía dejar de pensar en ella, unos meses atrás sólo se preocupaba por andar de fiesta en fiesta, divertirse, paseos con los amigos y tocar su guitarra, no tenía planeado enamorarse y mucho menos andar como un “perro” detrás de una mujer que no sentía nada por el, pero al conocerla habían cambiado de un momento a otro todos sus planes, ahora sólo pensaba en como conquistar el corazón de Dulce, todo el tiempo se preocupaba porque ella estuviera bien, a la primera oportunidad trataba de acompañarla siempre a donde fuera, cambiaba cualquier plan por estar a su lado, aunque ella no lo notara se había esmerado en enamorarla, pero al parecer todo lo había tomado como una bonita amistad y en esos momentos era eso lo que más le molestaba, porque así sería más difícil hacer que cambiaran las cosas entre ambos.

Aquella voz que tanto amaba lo sacó de sus pensamientos

-Dulce: ¡Santi! ¿Qué haces ahí sentado? ¿Tiene mucho rato que llegaste?

-Santi: ¡Eh! Hola Dul, no hace mucho que llegué, cómo unos diez minutos a lo sumo, pero parece que no hay nadie, porque veo todo cerrado.

-Dulce: Que raro, quedamos que el ensayo comenzaba hace quince minutos exactamente. Afortunadamente traigo mis llaves, levántante y entramos.

Luego de haber ingresado al lugar la situación se ponía inevitablemente tensa, ninguno de los dos se atrevía a pronunciar palabra y un silencio incómodo los invadía, así que, mejor decidió levantarse rápidamente a hacer algo para evitar que a él se le ocurriese tocar el tan temido tema que habían dejado pendiente algunos días atrás

-Dulce: ¡Eh! Voy a llamar a Fran para ver por qué no llega y que sabe de los demás. Con tu permiso –Se disponía a salir del lugar, pero el la detuvo-.

-Santi: ¡Espera! –La trajo hacia si tomándola delicadamente de un brazo- ¿Por qué me huyes?

-Dulce: ¿Qué?... N… nn… no, no te huyo –Comenzaba a ponerse nerviosa– Sólo necesito llamar a Fran.

-Santi: Dulce, no busques pretextos para evitar quedarte a solas conmigo ¡Por favor! Tenemos una conversación pendiente y lo sabes.

-Dulce: Si, lo sé y no lo he olvidado. Pero, neta, se me hace extraño que nadie haya llegado aun. Deja le marco a Fran y luego hablamos tu y yo, ¿Va? –Aunque no tuviera muchas ganas de tomar el tema, sabía que en algún momento tendría que enfrentarlo, pero en esos momentos solo lo hacía para zafarse de la situación-.

-Santi: Ok, ve.

Cuando comenzaba a marcar entró Fran corriendo como loca a la habitación

-Fran: Perdón, perdón, ya sé que vengo tarde, pero es que me cogió un trancón horrible.

-Dulce: No te preocupes, Fran. Sólo estamos Santi y yo, y no llevamos mucho tiempo aquí ¿Sabes algo de los demás?

-Fran: Si, parece que hoy todos se pusieron de acuerdo para no venir. Me temo que se cancela el ensayo hasta que regresemos de la promoción.

-Santi: Pero ¿Por qué nadie viene?

-Fran: Ya saben que hoy es el casting para la nueva serie de Pedro y Luis, sólo iría Pedro y Luis venía al ensayo, pero tuvieron un contratiempo y tuvo que estar presente también; Blue ya sabían que tiene concierto esta noche con Paty en Puebla, B*cho tuvo que hacer vueltas de banco y al parecer se tarda un poco, Eddie amaneció enfermo y al Tío Beto le retrasaron su vuelo desde Mérida y apenas va a despegar el avión. Así que, ni modo que ensayemos los tres, porque los instrumentos y yo cómo que no nos llevamos muy bien.

-Dulce: Viendo que no hay nada que hacer ¿Me acompañas a comprar algunas cosas?

-Fran: -Comprendió perfectamente las intenciones de su ofrecimiento– Lo siento, ya quedé con Iliana de hacer algo, sólo llegué hasta acá para avisarles porque supuse que ya estaban aquí.

-Dulce: Fraaan –La miró suplicante-.

Al darse cuenta Santi la miró, tratando de hacerle entender que era el momento.

-Fran: Lo siento amiga, ahí te ves. Bye Santi.


Él le agradeció para sus adentros y sólo hizo con su mano una señal de despedida.

Al saber que ya no le quedaba de otra, se volvió hacia él y dando un largo suspiro le dijo:

-Dulce: Mejor vamos a otro lugar ¿No?

-Santi: ¡Eh! Claro –Se extrañó al escuchar sus palabras, lo último que se imaginaba en esos momentos sería que ella misma lo propusiera– Aun es temprano ¿Te parece bien si vamos al café que está cerca?

-Dulce: Si, está bien.

Fueron caminando, pues el lugar se encontraba apenas en la esquina, durante el trayecto todo estuvo en absoluto silencio, cada quien pensaba en lo que tenía que decir. El, aunque un poco temeroso, preparaba su discurso para hacerle saber las intenciones que tenía, necesitaba hacerla sentir segura a su lado y demostrarle que estaba dispuesto a hacerla feliz, debía encontrar las palabras adecuadas para lograr convencerla, sabía perfectamente que su mayor obstáculo era aquel miedo a sufrir nuevamente que la invadía y tendría que buscar la manera de brindarle la mayor seguridad y confianza hacia él.

Por su parte, ella se encontraba muy nerviosa, era consciente de que la esperaba una conversación sumamente seria y que al interior de ella tendría que tomar una decisión, que de cierta manera giraría un poco el sentido de su vida; aun no estaba segura de si intentar algo con Santiago era la mejor opción, pero tampoco quería dañarlo y hacerlo sufrir, era una buena persona y no lo merecía, tal vez tendría que escuchar lo que él tendría que decirle para tomar la mejor decisión y no arrepentirse luego de ella.

Al llegar al lugar el la dirigió hasta una mesa apartada para comodidad de ella, evitando que se sintiera asediada por las miradas de la gente y evitar posibles interrupciones.

Ambos necesitaban tomar algo para relajarse, ella pidió un café descafeinado, pero bien cargado y él se inclinó por algo más refrescante: nevado de café con adición de arequipe

-Dulce: Santi…

-Santi: Dul…

Parecía como si se hubiesen puesto de acuerdo para hablar, lo hicieron al mismo instante, por lo que el, como todo un caballero le cedió el turno

-Santi: Dale, tu primero.

-Dulce: Ok –Suspiró profundo– Santi… este… -No sabía que decir– creo que mejor tu primero.

-Santi: ¿Segura?

-Dulce: Si, dale. Te escucho.

-Santi: Bueno, Dulce… yo –Luego de dudarlo por un segundo, posó sus manos delicadamente sobre las de ella que se encontraban sobre la mesa- bueno, ¿Recuerdas lo que te dije el día de la presentación en el lunario?

-Dulce: Claro que si –El sonido de su teléfono celular los interrumpió- permíteme un segundo.

-Santi: Descuida…

-Dulce: ¿Bueno?... ¡Ah! Hola Adri ¿Qué tal?... bien, gracias… ¿Ocupada? Pueees –Miró a Santiago- si, algo ¿Por qué?... ¿Ahorita? –Una vez más lo miró tratando de preguntarle algo, pero él no decía ni hacía nada más que escuchar atentamente sus palabras y tratar de descifrar aquella conversación- ¿Es muy urgente? –Esta vez el solamente asintió, dándole a entender que fuera tranquila- Va, dame 20 minutos y estoy allí. Ok bye –Se dirigió hacia el- Santi, discúlpame. Me hablaba Adriana porque surgió un percance con las cosas de la fundación y me necesitan urgente

-Santi: No te preocupes, ve tranquila ya tendremos otra oportunidad para hablar.

-Dulce: ¿Te parece esta noche? Prometo que trataré de desocuparme lo más temprano posible.

-Santi: Esta bien y no te aflijas si luego no puedes, me avisas y lo dejamos para otro día.

-Dulce: Gracias –Se acercó a él, le dio un ligero beso en la mejilla y un corto abrazo-.

-Santi: ¿Paso por ti?

-Dulce: Me parece bien, estaré en casa de mis papas. Más tarde te confirmo y cuadramos la hora.

-Santi: Listo, que te vaya bien.

Afortunadamente no era nada grave el asunto por el cual la llamaron, la reunión terminó temprano y quedó con Santi de que pasara por ella a las 9:00 pm para tener tiempo de arreglarse.

Apenas eran las 8:30 y ya estaba completamente lista, raro ¿no?... Si, tal vez un poco raro estar lista mucho antes de la hora acordaba, pero tendría que ser así o de lo contrario terminaría arrepintiéndose de ir. Sus nervios saltaban a flor de piel, esta vez no habría quien los interrumpiera, tendría que afrontar por fin la situación y darle una respuesta, se sentía muy ansiosa por lo que sucedería. Desde las 7:00 pm comenzó a arreglarse, se probó mil prendas de su armario, más de 8 cambios, entre blusas, shorts, pantalones y vestidos no sabía que escoger, terminó usando un vestido blanco con bolas azul turquesa, a la altura de la rodilla, zapatos de tacón azul que combinaban perfectamente, maquillaje muy suave, pero que resaltaba la belleza de sus ojos y cabello suelto con algunas ondas en las puntas; se veía extremadamente linda y natural. Su madre y su hermana gozaban divertidas de verla tan ansiosa mirando la hora a cada momento; le hacían bromas ocasionando que se alterara cada vez más, si no hubiese sido porque el sonido del timbre la detuvo, le hubiese arrancado la cabeza a cada una para que dejasen de molestarla.

Abrió la puerta y ahí estaba el, con camisa y pantalón negro, al verlo sintió que una extraña sensación recorría por completo su cuerpo; en ese momento se sentía como una adolescente cuando va a salir por primera vez con un chavo, parecía absurdo que estuviera viviendo nuevamente aquella clase de sensaciones, pero no podía hacer nada contra eso, simplemente lo sintió sin poder detenerlo y a decir verdad, en aquel instante no le molestaba mucho.

Entró un momento a la casa y saludó a las que si todos sus planes salían bien, se convertirían en su cuñada y suegra.

La llevó a un lugar exclusivo de comida oriental en la Ciudad  de México, cuando de invitar a cenar a Dulce se trataba no tenía que pensar dos veces a donde llevarla, sabía perfectamente cual era su comida favorita y aquel lugar era especial, un poco nuevo, ella aun no lo conocía y por eso estaba seguro que la descrestaría al entrar, sumándole a eso que el gourmet era exquisito.

Al llegar los condujeron a la mesa que con anterioridad él había reservado y luego de hacer su pedido y degustar una apetitosa entrada decidió iniciar una conversación más animosa para crear un ambiente más cómodo antes de que llegara el momento de echarle todo su discurso.

Al terminar la comida fue ella quien decidió cambiar de tema

-Dulce: Santi… yo…

-Santi: Por favor, escúchame un momento y ya luego me dices lo que sea que tengas que decir, ¿Está bien?

Ella solamente asintió y lo miró fijamente, como ya lo hacía el


Me muero por conocerte,
Saber que es lo piensas,
Abrir todas tus puertas
Y vencer esas tormentas que nos quieran abatir…

-Santi: Dulce, yo… bueno, tu –estaba más que nervioso, no sabía como empezar- … desde que te conocí sentí algo muy especial por ti y a medida que pasa el tiempo he sentido que eso crece cada vez más… eres una mujer maravillosa y sé que has sufrido mucho, pero también sé que no mereces eso… y yo, bueno, si tu me lo permites, estoy dispuesto a…

-Dulce: -posó su dedo índice en sus labios para que no terminara de hablar- No hay necesidad de que continúes… Santi, mira… bueno, tú lo has dicho, he sufrido mucho y no sé si estoy preparada para afrontar una relación ahora…

-Santi: Pero, dame la oportunidad de demostrarte que esta vez puede ser diferente… No sabes lo que siento al ver tu mirada perdida y saber que sigues pensando en eso, no lo mereces… yo estoy dispuesto a entregarte las mejores sonrisas… No me perdonaría el hecho de hacerte sufrir una vez más… Sólo necesito que confíes en mí…

-Dulce: Es que, el problema no eres tú, la del problema soy yo… no sé que es lo que siento por ti y no sé si pueda llegar a corresponderte de la misma manera a lo que tu me entregas

Y ver en tu rostro cada día
Crecer esa semilla,
Crear, soñar, dejar todo surgir,
Apartando el miedo a sufrir.

-Santi: ¿Por qué no lo intentas?... Nada pierdes y tampoco voy a presionarte

-Dulce y ¿Si no funciona?

-Santi: Si no lo intentamos no podremos saberlo.

-Dulce: No me gustaría hacerte daño

-Santi: No creo que eso suceda

-Dulce: Pero, es que…

El sólo la miraba esperando una respuesta

-Dulce: Déjame pensarlo, ¿Si? No quiero tomar una decisión apresurada y que nos hagamos daño los dos

-Santi: Está bien, tómate el tiempo que sea necesario

-Dulce: Que te parece si… bueno, sabes que en dos días me voy de promoción por Sudamérica y Europa y pues regreso a México por ahí en unos 15 días… ¿Está bien si te digo cuando regrese?

-Santi: No sé si pueda esperar tanto  tiempo –Comenzaba a serenarse y ya sonreía nuevamente- pero bueno…

-Dulce: Ay no seas tan desesperado, que tampoco es una eternidad –Ambos rieron-.

Luego de eso se fue tranquilizando más la situación, al salir del restaurant fueron a caminar un rato por el centro de la ciudad, aunque todavía no tuvieran una “relación” parecían un par de enamorados adolescentes caminando divertidos por las calles, riendo de cualquier cosa y disfrutando de las bellezas que la noche entregaba. De vez en cuando él le robaba uno que otro beso, a los que ella no se resistía, pero que tampoco permitía que trascendieran mucho, pues estaba consciente de que no debía darle tantas alas para volar si aun no estaba muy segura de lo que sucedería. Lo que sí sabía es que se la estaba pasando muy bien a su lado y eso le encantaba, pero aun albergaba dentro de sí un poco de miedo, por lo que no quería lastimarlo también a él.

Pasaron dos días en los que no se vieron por ningún motivo, aunque la extrañaba, había prometido no presionarla y esperar a que regresara de su viaje. Pero al parecer la paciencia comenzaba a agotarse, la espera se le hacía muy larga y aun no se iba de México, no sabía si sería capaz de soportar dos semanas más; así que, decidido a verla por lo menos 5 minutos le marcó.

A ella, aunque se le hacía raro que no la hubiese vuelto a buscar desde aquella noche, pensaba que era culpable por lo que le había dicho, así que no le quedaba de otra más que ser consecuente con lo que decía y hacía, lo que implicaba esperar hasta su regreso para hablar con él; sin embargo, afortunada o desafortunadamente, por alguna razón, que conocía, pero se negaba a aceptar, la distancia sería acortada, por lo menos unos minutos antes de partir.

Una inesperada llamada hizo que cambiara su genio en un instante

---: ¿Bueno? –Contestó aun un poco molesta, pero contenta por escuchar su voz-.

---: ¡Hola Dul! ¿Cómo vas?

-Dulce: Pues estoy, que es lo importante, ¿Qué tal tu?

-Santi: ¿Cómo así? ¿Qué pasó?

-Dulce: Pues que al parecer me toca irme en taxi hasta el aeropuerto y estoy que me lleva la #$%&@! –Volvía el enojo-.

-Santi: Pero ¿Por qué? Y ¿Tu mamá, tu papá?

-Dulce: Todos dicen que andan ocupados y a Dulce que se la llevé un tren –Espetó sarcástica-.

-Santi: Bueno, ya eso no es problema, ¿A qué hora debes estar en el aeropuerto?

-Dulce: Tengo media hora para llegar –Decía desesperada-.

-Santi: ¿Estás lista?

-Dulce: Si, creo… y a todas estas, ¿A qué se debe tu interrogatorio? Creo que en lugar de estar respondiendo tus preguntas debería estar pensando en cómo irme.

-Santi: Es que siempre lo he dicho, uno trata de ayudarlas y sale regañado.

-Dulce: Santi, no quiero ser grosera, pero… de verdad, creo que estoy perdiendo tiempo valioso.

-Santi: Creo que tienes razón, mejor ve abriendo la puerta.

-Dulce: ¿Para qué quieres que abra? Si aun no me voy

-Santi: Hazme caso.

-Dulce: Santi ¡Neta! Estoy contra el tiempo.

-Santi: Y si no abres nos tardaremos más en llegar.

-Dulce: ¡Ash! No sé ni por qué te hago caso –Rápidamente bajó las escaleras y al abrir la puerta se quedó sin habla-.

-Santi: ¿Dónde están las maletas? Apúrale que no tenemos todo el día

-Dulce: P… pe… pero… ¿Tu qué haces aquí?

-Santi: ¿Vas o te quedas?

-Dulce: Si, si… pero me explicas.

-Santi: Tranquila, luego te explico. Pero dime donde están tus cosas para llevarlas al coche.


Lo condujo hasta su habitación aun sin entender nada y en absoluto silencio. El, como todo un caballero no permitió que ella hiciera el más mínimo esfuerzo y sin su ayuda llevó todas las cosas al auto. Al subir decidió comenzar a indagar

-Dulce: ¿Y? ¿Me vas a decir que hacías afuera de mi casa?

-Santi: ¿Quieres que te diga la verdad?

-Dulce: Pues, por algo te pregunto, ¿No?

-Santi: No aguantaba un segundo más sin verte –La miró por un segundo, para luego volver a fijarse en la vía-.

Al no obtener respuesta de su parte pensó que tal vez no habría sido una buena idea mencionarlo

-Santi: Lo siento si no era lo que querías escuchar, pero… es la verdad.

-Dulce: No, no es eso… Sólo que… hace dos días no nos vemos y pues, como no habías vuelto a hablarme, pensé que esperarías hasta mi regreso de España.

-Santi: y lo pensé –El semáforo cambio a rojo e inmediatamente se giró para mirarla a los ojos- pero… ¿No crees que es demasiado tiempo lejos de ti?... imagina que estoy así tan solo con dos días de no verte, sabiendo que estás en México, no sé cómo será dos semanas estando en otro continente. Así que, pensé que podría verte por lo menos cinco minutos antes de irte, para grabar la ternura de tu mirada y tener un bonito recuerdo para los próximos días

Saber que inmediatamente la coloración de sus mejillas había aumentado le hacía apenarse y por ende, sonrojarse mucho más… Aunque le encantaba escuchar esas palabras, no era capaz de aceptar que también quería verlo, necesitaba estar segura de lo que sentía y aun no creía estarlo; al parecer Dios escuchó sus ruegos y la salvó la campana.

-Dulce: ¡Ehm! Santi, ya cambió el semáforo y los autos están pitando.

-Santi: ¡Ash! –Hizo un gesto de desagrado- ya voy –arrancó y ahora la miraba por el retrovisor- ¿No piensas decir nada?

-Dulce: ¿Qué se supone que tendría que decirte?

-Santi: Que poco romántica eres –Soltó una pequeña carcajada- Ya sé que prometí no presionarte, pero tampoco me pidas estar tan lejos de ti.

-Dulce: Y no te estoy reprochando nada… sólo que… bueno, aun no sé qué pensar… pensé que hablaríamos de esto a mi regreso y bueno…

-Santi: Ok, ok! Mejor cambiemos de tema.

-Dulce: Creo que sería mejor.

-Santi: y bueno, para que ya estés más tranquila sin mi presencia, apenas te deje en el aeropuerto, me voy.

-Dulce: ¡No! –Dijo sin pensar-

-Santi: No tienes que fingir, sé que ahora no quieres verme.

-Dulce: No digas coas que no han salido de mis labios

-Santi: Pero lo diste a entender, que es casi lo mismo.

-Dulce: No es cierto, no saques conclusiones que no son.

-Santi: Sabes que digo la verdad.

-Dulce: ¡Que no! –Dijo un poco molesta-.

-Santi: ¿En serio?

-Dulce: Si…

-Santi: Bueno, en todo caso me voy.

-Dulce: ¡Por favor! –Dijo al tiempo que ponía su mejor carita de niña inocente-.

-Santi: Eres la persona más chantajista que conozco.

-Dulce: Eso no es cierto –Mantenía la misma expresión en su rostro-.

-Santi: y ¿Para qué quieres que me quede? Si igual no estarás sola.

-Dulce: Pues, es que a ellos los veré todos los días y a ti no.

-Santi: Eso quiere decir que…

-Dulce: ¡No quiere decir nada! Sólo es eso.

-Santi: ¡Ok! Mejor ya no digo nada, porque cada vez que abro la boca resulta peor –Ella solamente lo miró- Llegamos. Creo que estamos contra el tiempo, mientras vas haciendo la fila para el check-in yo busco un lugar en el parqueadero y traigo las maletas

-Dulce: ¡Ok! Te espero adentro.

Luego de registrarse se juntaron con Luis, Pedro y Fran que viajarían con ella, pero esas tres largas horas que les tocaba esperar para abordar el avión no quería estar junto a ellos, porque serían 15 días a su lado, sólo quería estar con Santiago para disfrutar de los últimos momentos antes de separarse por tanto tiempo y poder tomar una buena decisión cuando tuviera que hacerlo.

Aunque resultó un poco difícil, pudieron escabullirse de ellos y fueron juntos por un café. Fue un rato sumamente agradable y tranquilo, esta vez no tocaron aquel tema, ya había acordado evadirlo. Ahora eran los amigos de siempre, los que se comprendían, reían y juntos hacían tonterías, ¿Cómo no quererlo?, si además de ser una persona tan especial, era un loco divertido, jamás podría pasar un momento desagradable a su lado, así fuese la situación más incómoda, con el siempre el tiempo se pasaba muy bien, lo único malo es que se les iba volando, de tanto disfrutar no se daban cuenta del tiempo que podía trascurrir, era lo que menos les importaba en aquellos momentos. Las tres largas horas de espera para ellos fueron como unos cinco minutos, que no quería que se acabaran jamás, pero inevitablemente tenían que despedirse.

Fue Fran quien les avisó por teléfono que era hora de abordar el avión. La expresión en los rostros de ambos cambió. Por un momento hubiese sido capaz de cancelar el viaje o quedarse con él, pero no. Era un viaje sumamente importante y tenía que ir. Él, por su lado no dejó de considerar la idea de tomar un boleto e irse con ella, pero no. Había prometido darle tiempo para pensar bien las cosas y tenía que cumplir con su parte para no atosigarla.

Ninguno quería despedirse y tampoco sabían cómo hacerlo. Él moría de ganas por besar sus labios, pero no estaba muy seguro de que fuera correcto hacerlo. Ella… al parecer ya comenzaba a acostumbrarse a la ternura de sus besos y no podría resistirlo por tanto tiempo, así que, sin esperar más, poco a poco, mientras decían algunas palabras de despedida, fue juntando su rostro al de él y si pensar en que sintiera unió sus labios a los suyos. Por un momento el quedó pasmado, jamás se imaginó que eso sucedería, pero no definitivamente no podía desaprovechar la oportunidad que ella misma le brindaba y decidido, tomó el control de la situación. Fue un beso suave, tierno, dulce, pero a la vez fuerte intenso; lleno de tantos sentimientos, entre ellos ganas de decirse “no te vayas”, “ven conmigo”, “te extrañaré”, “te quiero”, “te amo”… Nadie decía nada, pero no eran necesarias las palabras, sólo quería disfrutar del momento, aquel momento que tardaría algunos días en volver a repetirse, en ese momento sólo pensaban en dejarse llevar y disfrutar de él hasta el final.




Capítulo 7


-Dulce: y a todas estas. ¿Qué tiene esto que ver con lo que tenías que decirme?

-Santi: -Se puso nervioso nuevamente- ¡Eh! ¿Vamos a bailar? –Se levantó y le ofreció su mano-.

-Dulce: -Con la misma mano que le ofrecía hizo que tomara asiento nuevamente– Es por el beso de la otra noche, ¿Verdad?

Santi solamente asintió, temeroso de su reacción

-Dulce: Santi, mira. Yo soy consciente de que ese beso fue accidental, calculamos mal la distancia y sucedió. Si es por mi no te preocupes, de verdad, seguimos siendo amigos y no ha pasado nada. Esto no cambia para nada nuestra relación.

-Santi: -Se giró para verla a los ojos– Dulce, ese beso fue lo que me hizo darme cuenta de lo que siento.

-Dulce: -Puso cara de desconcierto- ¿Cómo? Ahora si que ya no entiendo, ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Santi: Tiene todo que ver –Hizo una pausa– La persona que me gusta eres tú.

Quedó en shock. No sabía que hacer ni que decir… <<La persona que me gusta eres tú>><<Eres tú>> <<Eres tú>><<Eres tú>> – Esas últimas palabras retumbaban en su cabeza una y otra vez. No podía negar que en cierta parte si le alegraba escuchar eso, pues de una u otra manera era lo que esperaba para tomar una decisión, pero al momento de escucharlo no fue tan fácil para su cerebro procesarlo como lo esperaba.

La mirada expectante de el necesitaba una respuesta y en ese instante ella no se encontraba preparada para dársela.

-Santi: Pero no te preocupes, tú lo acabas de decir: esto no cambia nuestra relación, seguiremos siendo amigos –Le dedicó una ligera y fingida sonrisa mientras se retiraba-.

Cuando fue capaz de reaccionar y caer en cuenta de lo que había sucedido, se disponía a levantarse e ir tras el, pero fue abordada nuevamente

---: ¿Qué onda con Santi?

-Dulce: <<Otra>> –Dijo para sus adentros- ¿Qué onda de qué?

-Giovanna: Dulce, los vi y mira nada más la cara que traes ahora.

-Dulce: Bueno, ¿Es que no me piensan dejar en paz?… Ayer fue Fran, esta mañana
Samantha al teléfono, hace un rato estas niñas y ahora tu…

-Giovanna: Mira, yo no sé que te hayan dicho las demás, pero lo que si sé es que a mi no me puedes engañar. Mírate la carita de enamorada que traes ¿Qué te dijo para dejarte así?

-Dulce: Me dijo que está enamorado de mí –Lo dijo acompañado de un largo y profundo suspiro-.

-Giovanna: ¡Ay amiga te felicito! –La abrazaba efusivamente- No sabes cuanto me alegra eso, ya era hora caray.

-Dulce: Pues no te alegres mucho, porque no ha pasado nada más.

-Giovanna: ¿Cómo que no?

-Dulce: Pues no. Me lo dijo, yo me quedé en shock y se fue. Cuando me decidí a ir a buscarlo llegaste tú.

-Giovanna: ¡Ay! –Se llevó las manos a la cabeza– o sea que la embarré. Lo siento, lo siento, lo siento, amiga perdóname la vida, pero dame un segundo y lo arreglo –Se disponía a ir en búsqueda de Santiago, pero Dulce la detuvo-.

-Dulce: De ninguna manera, ven para acá.

-Giovanna: Pero…

-Dulce: Pero nada. Es más, me hiciste un favor –Gio no entendía nada– es que es mejor así. No sé que hubiese pasado si no llegas y la verdad no creo estar preparada para dar un paso así

-Giovanna: ¿Otra vez con lo mismo? ¿Te das cuenta cuántas oportunidades has desaprovechado por el maldito miedo?

-Dulce: Ya sé. Ya sé. Pero es que es más fuerte que yo. Simplemente no puedo, no sé que hacer.

-Giovanna: Pues yo si sé que es lo que tienes que hacer, vas a coger el teléfono, le llamas a Santiago y le dices que tienes muchas ganas de estar con el y que estás dispuesta a intentarlo.

-Dulce: -Desconcertada-.

-Giovanna: -La miraba desafiante-.

-Dulce: Ok, ok. Lo hago, pero no hoy.

-Giovanna: Pero lo haces.

-Dulce: Si, si. Prometido –Era impresionante el poder que tenía sobre ella, pensó-.

-Giovanna: Bueno, eso espero. Yo ya me voy, es tarde.

-Dulce: Gracias por estar aquí.

-Giovanna: Nombre, si estuviste increíble. Eres lo máximo amiga.

-Dulce: Te quiero –Se dieron un fuerte abrazo y al separarse Giovanna se retiró-.

 Al llegar a casa volvió aquel sentimiento  que hace algún tiempo no experimentaba y que la invadía luego de haber pisado el escenario, aquel sentimiento que provenía del hecho de haber estado rodeada de tantas personas, de sacar tantas emociones, explotar adrenalina y de un momento a otro entrar en su habitación y sentirse completamente sola y rodeada de puro silencio, era una sensación indescriptible, para muchas personas totalmente lógico y entendible, pero quizá un poco desgastante y desconcertante para quien lo siente.

Aquella noche eran muchos los sentimientos encontrados, primero estaba la emoción de haber cumplido su sueño, por lo que tanto luchó, el sentirse querida y recibir el cariño de personas tan importantes en su vida, la acogida que había tenido dentro del público la presentación de su disco, todo eso era muy emocionante, pero, por otro lado se encontraba ese sentimiento de vacío al que la llevaba el hecho de no tener a su lado una pareja con quien compartir la felicidad que la embargaba, era una persona un tanto dependiente al amor y no contar con alguien a su lado en los momentos más importantes de su vida podría afectarle un poco, de vez en cuando.

Fuera de eso, había algo más que revoloteaba en su mente, aquella persona que alguna vez se convirtió en su todo y de un momento a otro se fue a la nada intentaba reaparecer en su vida, se lo había demostrado el mensaje que recibió horas antes y no sabía a que estaba dispuesto, por lo que no sabía tampoco hasta donde podía llegar su fuerza de voluntad para decir “ya no más”.

Además de esto, estaban las ultimas conversaciones que había tenido con sus amigas, le decían que se diera una oportunidad más a sí misma de volver a amar y que se la diera a Santiago, para que le demostrase que podía hacerla feliz.

Santiago, aquel hombre que con tan solo recordar su nombre le hacía estremecer la piel, aunque no tuviese muy claro lo que por él sentía, no podía negar que le gustaba aquella sensación.

Le había confesado que se estaba enamorando de ella y ahora ¿Qué haría?... lo único que sabía es que no sentía lo mismo que el, pero recordar que se sentía tan bien a su lado le hacía pensar que tal vez podría intentarlo y así llegar a sentir algo más, al fin y al cabo, con intentar nada perdía.

FlashBack
-Santi: ¡¡Wooooow!! – Se quedó pasmado-.

-Dulce: Cierra la boca, que se te cae la baba –Le dio un delicado golpe en el pecho-.

-Santi: Imposible, te ves muy bonita hoy.

-Dulce: Ay, no exageres que estoy de lo más casual. Mejor pásale o ¿No pensarás quedarte parado en la puerta toda la noche?

-Santi: No, por supuesto que no. Sólo que tu a veces como que me dejas sin palabras.

-Dulce: Ya párale que me haces sonrojar –Ambos sonrieron divertidos-.

-Santi: Traje sushi.

-Dulce: ¡Oyeee! Pero si yo dije que cocinaría hoy para ustedes –Trató de mostrarse molesta-.

-Santi: ¡Exactamente! Cocinarías para nosotros, pero el sushi es para ti.

-Dulce: Me escuchaste decir que quería sushi pero no se prepararlo ¡Eres un tramposo! –De nuevo lo golpeó suavemente-.

-Santi: Pero no seas tan agresiva, es por buena causa, deberías agradecer en lugar de regañarme.

-Dulce: Nomás porque me cumpliste el antojo –Le dio un tierno abrazo-.

-Santi: Oye y ¿Los demás?

-Dulce: ¡Malas noticias! Todos me acaban de cancelar por razones varias y no te avisé porque como me habías dicho que venías en camino, pues no se me hizo justo hacer que te devuelvas.

-Santi: Bueno, ellos se lo pierden. Yo sí quiero probar las famosas pastas que preparas… a ver si no me intoxicas.

-Dulce: ¡Heeeey!

-Santi: Ya, ya. Recuerda: amor y paz.

-Dulce: Eres un tonto.


La noche se pasó volando, se sentían tan bien juntos que ni cuenta se dieron de en que momento comenzaba a llegar la madrugada. Se divirtieron como locos, jugando como niños pequeños, juego que desencadenó en una guerra de cojines, producto de la pelea por una última tostada de ajo que quedaba

-Santi: ¿De donde sacas tanta fuerza? A veces pareces un niño… Quien te ve tan frágil…

-Dulce: ¿Qué dijiste?... vas a ver –Le lanzó otro cojín-.

-Santi: Nada, nada, que eres una mujer muy fuerte.

-Dulce: Más te vale, eh?

-Santi: Ya, pero no seas tan agresiva.

-Dulce: ¿Qué? Repítelo, a ver –y ahí iba una vez más detrás de el-.

-Santi: Ya, tranquila. Mejor ya me voy porque es tarde.

-Dulce: Ándale… ahora si que no me queda duda que eres un cobarde… Claro, huye.

-Santi: -Soltó una carcajada- Lo reconozco, si soy muy cobarde. Mejor corro por mi vida.

-Dulce: Te acompaño a la puerta –Seguía corriendo tras de el-.

-Santi: ¿Segura que te quedas aquí sola?

-Dulce: Segurísima, quiero meditar y en mi casa no me dejan.

-Santi: Cuidado te sale por ahí un fantasma –se acercó un poco a ella-.

-Dulce: No le temo a eso –También se acercó. Ya había bajado la guardia-.

-Santi: Pero si te sale uno me avisas para venir a rescatarte, estamos cerca.

-Dulce: Claro, yo te aviso –Cada vez estaban más cerca y ella nerviosa-.

-Santi: Entonces, me voy tranquilo –Esta vez se acercó un poco más para darle un beso en
la mejilla izquierda, pero ella giró su rostro hacia el lado contrario, esperando que fuera a la derecha y accidentalmente terminó siendo muy distante de las mejillas de ambos-.

Sus labios se unieron por primera vez y lejos de reaccionar al instante y separarse bruscamente, poco a poco fueron uniéndose, desatando el deseo reprimido que había en el uno de probar los labios del otro. La sensación fue indescriptible, no eran más que amigos, pero aquel beso decía lo contrario, fue un beso lento, tierno, pero fuerte, cada quien hacía lo suyo, estaban tan concentrados en lo que en esos momentos sentían que no se percataban de lo que sucedía, sólo existían ellos dos… hasta que sonó el timbre del ascensor avisando que su próxima parada sería el lugar en donde se encontraban, salió de el una persona que afortunadamente no alcanzó a ver lo que sucedía; para no perderlo, Santiago se despidió rápidamente

-Santi: ¡Eh!... Creo que mejor me voy…

-Dulce: ¡Eh! Si, nos vemos mañana.

-Santi: Que descanses.

Después de verlo descender cerró la puerta tras de sí y se quedó ahí parada, apoyándose contra ella y lanzando un muy largo y profundo suspiro. En esos momentos no sabía que sentía, sólo que le había gustado, pero que no estaba muy bien lo que había hecho, era una situación muy confusa que al día siguiente tendría que enfrentar y no sabría que hacer al respecto.
Fin FlashBack
   


Capítulo 6


-Dulce: Pero es que no ha pasado nada ¡Caray! Simplemente estábamos parados en la puerta y ACCIDENTALMENTE –Hizo mucho énfasis en esa palabra – nos besamos. Ya, calculamos mal la distancia y pasó.

-Fran: ¡Ajá! Supongamos que fue accidental… ¿Qué sentiste?

-Dulce: ¿Qué iba a sentir?… Nada…

Todas la miraron de forma acusadora

-Dulce: Parecen una partida de adolescentes… Mírense nomás.

-Paty: Me importa un pepino lo que parezcamos. Habla o ya sabes lo que te espera.

Sabiendo que no quedaba de otra, comenzó a desahogar lo que sentía

-Dulce: Me gustó –Espetó temerosa-.

-Priscila: ¿y?

-Dulce: Ay es que no sé, fue tan… tan inexplicable lo que sentí… tan lindo, tan… -Sus ojos se iluminaban– tan especial… y…

-Ivalú: ¿y?

-Dulce: y no sé que pensar –Ahora se notaba confundida-.

-Cookie: ¿Cómo que no sabes que pensar? ¿Por qué?

-Dulce: Es que no sé, esa noche lo sentí tan especial, incluso pensé que lo que tenía para decirme ayer era así tipo que lo gusto, pedirme que seamos novios, que intentemos algo, lo que sea…

-Cookie: ¡Ok! Y entonces, si pensabas eso ¿Por qué no querías ir a comer con el?

-Dulce: Porque tenía miedo de que lo dijera.

-Priscila: ¿Por qué miedo? ¿No es lo que has estado esperando desde hace mucho?

-Paty: Y no nos vengas con el cuento de que no te gustaba desde antes porque bien sabes que no es así. Además, Santi es un buen hombre, se llevan muy bien juntos, hay buena química y lo sabes.

-Dulce: y no lo niego, pero es que no sé si estoy preparada para eso… para una relación ahora… aparte…

-Paty: ¿Aparte?

-Dulce: Anoche me canceló sin decir nada y puso la excusa más rebuscada que podría haber. Y hoy me ha estado evitando todo el día, lo siento muy raro, está demasiado distante. Capaz que fueron sólo puras ilusiones mías y lo que quería decirme es que eso no fue nada y que es mejor olvidarlo, pero seguro se arrepintió de decirlo y prefirió alejarse de mí para hacérmelo notar.

-Cookie: ¡Dulce! ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?… Si son ilusiones tuyas, pero no el que tu le gustas a Santiago, sino pensar todo lo contrario. Wey, Santiago se desvive por ti, por los poros se le nota que muere por ti y ¿Tu sales con esta? No manches wey. Deja la paranoia.

-Dulce: Que no es ninguna paranoia, es que ustedes no me entienden.

-Ivalú: ¡No! La que no entiende eres tú. O sea, tienes a un hombre casi perfecto que muere por ti y le huyes.

-Dulce: y ¿De qué me sirve eso? Más de una vez me he topado con hombres que pienso que es el adecuado para mi y miren nomás como me han dejado.

-Paty: Si, pero todos los hombres no son iguales, y ¿Quién no ha sufrido por amor? ¿Tu, Pri? ¿Iva? O ¿Tu, Fran? ¿No les han roto el corazón alguna vez? –Todas asintieron – y míranos, aquí estamos todas. ¿No crees que vale la pena arriesgarse una vez más?

-Dulce: No sé, no sé y ¡Ya! Déjenme en paz. No quiero saber más de ese tema. Mejor denme un abrazo y vamos a bailar –Todas la abrazaron-.

-Paty: Te salvas porque es tu noche ¿Eh?… Entonces, no se diga más a disfrutar, pero… piénsalo bien –Le susurró al oído-.

Dulce sólo asintió y cuando caminaba junto a sus amigas rumbo a la pista de baile, fue
interceptada nuevamente. Al parecer no la dejarían disfrutar de su noche. Esta vez, una mano conocida la tomó delicadamente de un brazo, una sensación extraña recorrió todo su cuerpo, haciendo que también se tensara

---: ¿Podemos hablar?

-Dulce: ¡Ehm! Si, claro… ¿Dime?

-Santi: -No sabía cómo comenzar aun-.

-Dulce: y… ¿bien?

-Santi: ¡Eh! Bueno… -se acobardó- Creo que mejor hablamos después… hay mucha bulla aquí.

-Dulce: Está bien. Como quieras… Cualquier cosa me avisas.

Y si, se había arrepentido de hacerlo en el mismo momento. Repentinamente había tomado valor para decirle todo lo que sentía por ella y hacerle saber a que estaba dispuesto, pero, de la misma manera se dejó invadir nuevamente por el miedo a ser rechazado y decidió más conveniente callar por el momento.

El resto de la noche transcurrió ¿normal?… Bueno, en el amplio sentido de la palabra, si. Todos se divirtieron y disfrutaron lo que más pudieron, le hicieron sentir a Dulce que estaban con ella y que iba por buen camino… Ella se sentía muy feliz, todo había salido mejor de lo que esperaba, todo con relación a la presentación del disco, pero, hubo un inconveniente, solo uno que no le permitía disfrutar plenamente de esa felicidad que la invadía: su corazón. Si, su corazón no dejaba de pensar y pensar en lo que tenía que hacer y lo que sentía. Cada vez que lo miraba a él lo notaba muy distraído, aparte de todo lo que había sucedido eran muy buenos amigos y sabía que algo sucedía, por eso decidió acercarse.

Inmerso en sus pensamientos, sentado en una silla “viendo” como los demás bailaban y disfrutando de la fiesta, sintió una mano posándose en su hombro que lo hizo volver a la realidad

---: ¿Qué sucede?

-Santi: Nada ¿Por?

-Dulce: Te conozco Santiago, algo tienes –El bajó su cabeza, pero ella delicadamente le tomó del mentón haciendo que la girase nuevamente hacia sí– Somos amigos, ¿No? –El asintió- ¿Me quieres contar?

-Santi: No sé si deba.

-Dulce: ¿Por qué? ¿Tiene algo que ver con lo que querías decirme ayer?

-Santi: -Asintió- Pero, tal vez ya no tiene caso.

-Dulce: Santrago –Ambos soltaron una leve sonrisa-.

-Santi: Creo que me enamoré.

¡Auch! Golpe bajo. Por un momento no supo que responder.

-Dulce: Te felicito –Dijo no muy convencida– y ¿Se puede saber quien es la afortunada? –Hacía su mayor intento por sonar lo más cordial posible y que no se notaran los celos que la invadían-.

-Santi: Ese es el problema.

-Dulce: ¿Por qué es un problema?

-Santi: Porque ella sigue enamorada de su ex –La miró profundamente-  y a mi me ve sólo como un amigo más. Creo no le inspiro ni un mal pensamiento.

Escuchar eso último le alegraba un poco, algo le hacía creer que ya sabía de quién se trataba

-Dulce: ¿Ya se lo dijiste?

-Santi: No.

-Dulce: y ¿Cómo pretendes que sepa lo que sientes y saber que siente ella por ti si no se lo dices?

-Santi: Porque lo siento, la manera en como me ve, como me trata, todo me dice que no quiere nada conmigo.

-Dulce: si no lo intentas tampoco podrás comprobarlo y mucho menos lograr que cambie su aprecio por ti.

-Santi: Tal vez tengas razón.

-Dulce: Tal vez no, la tengo –Lo dijo muy convencida, ambos soltaron una carcajada-.

-Santi: ¿Te han dicho alguna vez que eres una egocéntrica?

-Dulce: Uhm, bueno, una que otra vez. Pero así me quieres –Lo decía en tono burlesco-.

-Santi: y no te lo puedo negar.

-Dulce: y a todas estas. ¿Qué tiene esto que ver con lo que tenías que decirme?

-Santi: -Se puso nervioso nuevamente- ¡Eh! ¿Vamos a bailar? –Se levantó y le ofreció su mano-.

-Dulce: -Con la misma mano que le ofrecía hizo que tomara asiento nuevamente– Es por el beso de la otra noche, ¿Verdad?

Santi solamente asintió, temeroso de su reacción

-Dulce: Santi, mira. Yo soy consciente de que ese beso fue accidental, calculamos mal la distancia y sucedió. Si es por mi no te preocupes, de verdad, seguimos siendo amigos y no ha pasado nada. Esto no cambia para nada nuestra relación.

-Santi: -Se giró para verla a los ojos– Dulce, ese beso fue lo que me hizo darme cuenta de lo que siento.

-Dulce: -Puso cara de desconcierto- ¿Cómo? Ahora si que ya no entiendo, ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Santi: Tiene todo que ver –Hizo una pausa– La persona que me gusta eres tú.
     ...


Capítulo 5




-Fran: ¿Cómo así? ¿Que pasó? Dime ya mismo que te hizo, porque ¡lo mato!

-Dulce: Tranquila, no es para tanto. No me ha hecho nada... Bueno, a lo mejor si, pero lo hicimos ambos -Las últimas palabras las pronunció temerosa-.

-Fran: ¿Que hicieron, Dulce María?

-Dulce: Nos besamos -Lo dijo apenas audible y Fran, aunque si pudo leerlo de sus labios, pues hasta sus oídos no alcanzaba a llegar el leve sonido tenía que escucharlo claramente-.

-Fran: ¿Podrías repetirlo? No te escuche nada -Lo decía divertida viendo cómo se sonrojaba-.

-Dulce: ¡Que nos besamos! -Ahora estaba un poco más roja que cuando volvió a ver a Santi luego de aquel beso-

-Fran: ¿Queeeé? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Donde?... Claro -Cayendo en cuenta de la situación- Cuando los dejé solos, por eso venían tan agarraditos de la mano... ¿Ya son noviecitos? Aww que ternurita

-Dulce: ¿Podrías dejar el escándalo y dejarme hablar?

-Fran: Ok, ok! Te escucho... Pero cuéntame todo con lujo de detalles -Cada vez se emocionaba más-.

-Dulce: No hay mucho que contar, fue un beso accidental -Lo dijo tratando de convencerse a sí misma de que así fue- No somos novios y tampoco fue aquí.

Cuando se avecinaba un muy riguroso interrogatorio, la conversación fue interrumpida, haciendo que Dulce se pusiera un poco más tensa de lo que ya se encontraba

---: ¡Eh! Disculpen que las interrumpa -Dirigió su mirada a Dulce- ¿Me regalas dos minutos?

-Fran: Santi, me temo que no te la vas a poder llevar, por hoy es mía.

-Santi: No te preocupes, precisamente a eso venía, también puedes escuchar lo que le vengo a decir -Volvió a mirar a Dulce- Supongo que estarás cansada y querrás relajarte hoy para estar más tranquila mañana, será un día pesado y te sentará bien... Si quieres podemos dejar la comida para después de la presentación u otro día, por mi no hay problema y si a ti no te molesta, claro está.

-Dulce: ¡Ehm! Bueno, me parece bien -Estaba un poco nerviosa pero a la vez aliviada al saber que por lo menos por esa noche se libraría de el- cuando quieras hablamos entonces.

-Santi: Bueno, yo las dejo. Cuídense y descansen -le dio un beso en la mejilla a cada una y salió-.

-Dulce: Gracias, tu también descansa.


Fran sólo los observaba, notaba muy raro a Santi, su actitud era muy diferente a la que tenía cinco minutos antes, de una radiante felicidad había pasado a un estado de seriedad y hasta un tono de tristeza o decepción podía notarse en su mirada, se preguntaba que le habría pasado, pero eso lo averiguaría después. Ahora era el momento de interrogar a Dulce sobre aquel episodio que había estado esperando por mucho tiempo y le causaba mucha curiosidad cómo había pasado.

Al darse cuenta de cómo la observaba su amiga, ya no sabía si había sido mejor librarse de la conversación con Santiago o lo que le esperaba con la persona más chismosa que podía conocer. Ahora se reprochaba a sí misma por haberle contado lo sucedido -"¿No pude inventarle algo mejor?"- se decía y se lamentaba por la situación en que ella misma se había metido; pero ni modo, ya lo había hecho y le tocaba enfrentarla

-Fran: ¡Hey! ¡Te estoy hablando!

-Dulce: ¿Eh? ¿Que me decías?

-Fran: Que si no notaste a Santi muy raro, algo le pasó.

-Dulce: No, no me di cuenta y mejor ya me voy que estoy agotada y quiero descansar.

-Fran: No señorita, tú no te me escapas hoy.

-Dulce: Fraaan, quiero descansar -le decía suplicante-.

-Fran: No busques excusas.

-Dulce: ¡Aft! Está bien... Definitivamente contigo no se puede.

-Fran: -Sonrió victoriosa- Bueno, suelta la sopa, soy toda oídos.

-Dulce: Mejor vamos a mi casa y te cuento, ¿va?

-Fran: ¡Va! Deja voy por mis cosas.

-Dulce: ¡Sale! Mientras le habló a mi mamá para que te guarde comida

-Fran: ¿A tu mamá? -Preguntó horrorizada- Pensé que íbamos a tu depa. Allí no nos
dejarán hablar tranquilas.

Ahora quien sonreía victoriosa era Dulce y le dijo mientras arqueaba una ceja

-Dulce: En mi casa o no hay trato.

-Fran: ¡Ash! A veces me chocas. Pero pues tocará... Las cosas que me toca soportar sólo por saber un chisme y no creas que no quiero ver a tu mama, pero es que habla hasta por los codos, creo que hasta más que yo y supongo que no me dirás nada en frente de ella. Sólo espero que después de la comida podamos despegarnos así sean diez minutitos y escaparnos a tu recámara para que me cuentes con tranquilidad…

-Dulce: ¡YA! Ve por tus cosas.

-Fran: Ya voy, ya voy

-Dulce: -Sonreía divertida mientras la veía alejarse- y eso que la que habla tanto es mi mamá -Tomó su celular y marcó-


Al llegar a casa sucedió lo que Cookie tanto temía y se lamentó por no haberla obligado a hablar antes de llegar o de ir a su departamento o a cualquier lugar en donde Blanquita no se interpusiese en medio de su conversación.


Luego de marcharse, Dulce entró  a su habitación, por un lado victoriosa de haber podido salvarse de la ardua conversación con su amiga, pero por otro, se encontraba muy pensativa, consternada por todo lo que había ocurrido desde la noche anterior hasta ese momento, el hecho de pensar en Santiago ahora la ponía extremadamente tensa. Y es que no era para menos, era consciente de que entre ambos existía una atracción un tanto fuerte cómo para ser solo de amistad, también reconocía que iba más allá de lo físico, sentía que entre sus almas había una conexión especial, lo veía cada vez que se miraban a los ojos, cada vez que sonreían juntos, cada vez que se hacían compañía el uno al otro, cada vez que compartían momentos en compañía de su más grande pasión: la música.

Pero lo que más revoloteaba en su cabeza, era la inseguridad que desde tiempo atrás la invadía constantemente y que no le permitía abrirse completamente a otra persona que no conociera lo suficientemente bien y aunque poco a poco había ido creando un lazo especial con Santiago, no se sentía muy a segura de lo que el pudiese llegar a pensar o sentir por ella. Siempre actuaba guiada por lo que le decía su corazón y confiaba mucho en las personas, incluso en aquellos a quienes no conocía, pero ya estaba cansada de sufrir por eso, había llegado al punto en que no sabía en quien debía confiar y quien no, todo por temor a ser lastimada nuevamente.

Últimamente pensaba mucho más las cosas antes de actuar y no se dejaba tanto llevar por lo que dijeran sus sentimientos y su blando corazón, sino por lo que tal vez sería más razonable. Puede que le estuviera yendo bien actuando de esa manera, pero definitivamente no se sentía muy a gusto haciéndolo, en ocasiones sentía que no era ella misma, sin embargo, el miedo era más fuerte y precisamente se encontraba frente a una situación en las que el temor a entregar su corazón y salir lastimada la invadía completamente en cuerpo y alma.

No negaba que se estremecía por completo al tener a Santiago tan cerca de su cuerpo, cada abrazo, cada beso,  por muy fraternal que fuere, cada rose con su piel la hacía sentir sensaciones para nada incómodas, pero de lo que no podía estar segura era de qué sentiría el ante esos estímulos o peor aun, de lo que sentiría por ella y estaría dispuesto a ofrecerle. Aunque su mirada le mostrase una persona muy transparente y dispuesta a entregar lo mejor de sí, el maldito miedo no le permitía confiar plenamente.

Otra barrera que le impedía abrirse completamente era el hecho de pensar que jamás le había dicho nada al respecto, entonces ¿por qué pensaba tanto en el tema? Y ¿si estaba confundiendo las cosas? Claro estaba que, aunque explícitamente no se lo hubiese dicho nunca, si se lo había demostrado más de una vez. Constantemente se encargaba de hacerle saber que le importaba mucho, pero y ¿si le interesaba solamente cómo una amiga? Tal vez eran puras impresiones suyas y se estaba haciendo ilusiones en donde no cabían, era mejor dejar ese asunto a un lado de una vez por todas.

Pero… ese beso ¡Rayos! Aquel beso que había sido postergado por tanto tiempo, interrumpido en más de una ocasión y por fin había sucedido, en el momento menos esperado, pero el más apropiado. Lo peor de todo es que le gustó… No, que le gustó… ¡Le encantó!... Sentir el rose de sus labios con los suyos, el contacto de su piel con su piel, sentir su interior… fue mágico e inexplicable cómo a través de sólo un beso pudo sentir, decir y escuchar tantas cosas; desde mucho tiempo antes no le sucedía algo similar, ya hasta pensó que había olvidado lo que se sentía besar y experimentar tantas sensaciones a la vez. No podía negarlo, aunque luchase día y noche consigo misma por ocultarlo, no podía, le gustaba demasiado y lo peor de todo es que no sabía que hacer al respecto, no estaba segura de nada y temía que fuera sólo una ilusión más.

Por otro lado se encontraba con el antecedente de haber tenido relaciones anteriores con personas con las que convivía tanto tiempo y le había quedado de experiencia que ni era tan bueno, las ocasiones en que tuvo como novios a compañeros de trabajo las relaciones habían sido extremadamente caóticas y estresantes, muy a pesar de lo bonito que pudo haber habido en su interior, lo cierto es que si la habían llevado a sufrir demasiado y no estaba segura de encontrarse preparada para volver a vivir una situación similar.

Tal vez se estaba apresurando en pensar en todas esas cosas, pero el hecho de descubrir lo que aquel hombre le hacía sentir, la llevaba a analizar cada uno de los puntos que dicho sentimiento requería, antes de que sucediese cualquier cosa y de dar un paso tendría que estar muy segura de no pisar en falso, porque de lo único que si podía estar segura es que la próxima persona de la que se enamoraría y entregaría su corazón completamente sería de quien estuviese dispuesto a entregarse de igual manera por completo a ella y con quien compartiría el resto de sus días.

Por su parte, él no sabía que pensar y mucho menos que hacer ni que decir, unas horas antes se encontraba dispuesto a declararle todo lo que por ella sentía y si no fuese por aquel pequeño incidente que lo obligó a dirigirse hasta una clínica, tal vez lo habría hecho – “Mejor que no lo hice” – se dijo a sí mismo. Después de lo que escuchó se había dado cuenta que no tenía oportunidad con ella, más que una bonita amistad, aunque la noche anterior hubiese sentido lo contrario, con ese beso accidental, pero a la vez provocado por su parte, que sucedió cuando se despedían, aunque cada vez que la mirase a los ojos sintiese una conexión especial con su alma, aunque desde el primer momento en que la vio se hubiese enamorado de su mirada, su transparencia y ternura, la inocencia que la caracterizaba, su sinceridad, la manera de divertirse y de luchar por lo que quería, esas ganas inmensas que sentía de protegerla y de alejar de ella los miedos, temores, inseguridades y todo aquello que opacaba el brillo en su mirada, que tal vez pocos podrían notar, pero que él no podía evitar sufrir al sentirlo y repetirse una y otra vez que no descasaría hasta eliminarlo por completo.

Tal vez tendría que resignarse a ser aquel amigo eternamente enamorado, pero si eso era lo que le tocaba soportar por estar a su lado y verla sonreí, estaba más que dispuesto a hacerlo. Aunque en cualquier momento le tocase aceptar que se enamoraría de otra persona que no fuera el y que tal vez la obligaría a alejarse un poco de su lado, aunque le tocase vivir eso y muchas otras cosas más, con tal de verla feliz haría lo que fuese necesario, se había hecho una promesa a sí mismo y no estaba dispuesto a romperla por nada del mundo hasta ver ese par de luceros que traía en su mirada brillar solo de alegría y felicidad, así no fuese él el causante de ello, no pensaba alejarse de allí hasta lograr que sucediese y verlo con sus propios ojos.


A la mañana siguiente se despertó muy temprano, casi no pudo dormir, la desesperación no le permitía conciliar el sueño, por más que lo intentase, sólo hasta muy entrada la madrugada pudo pegar los ojos, pero no logró dormir más de tres horas, a las 7:00 am. ya estaba en pie, sería un día muy agitado, además del  tema de Santiago, la angustiaba mucho lo que esa noche sucedería, por tanto que se expusiera a la prensa y todos los críticos, eso no era lo que le robaba el sueño, sino la reacción de sus fans quienes habían esperado tanto cómo ella la llegada de ese día, todo lo que durante el último año había hecho era por y para ellos, temía mucho defraudarlos, su gran meta era entregarles lo mejor de sí, a aquellas personas que le han entregado tanto y la han hecho tan feliz y desinteresadamente los últimos años de su vida.

Los nervios saltaban a flor de piel, no podía estar quieta un instante, desde que despertó se la pasó de un lado a otro, mirando los últimos detalles, coordinando que todo estuviera bien, que cada quien estuviese haciendo lo que correspondía, la decoración del escenario,  que cada cosa estuviese en su lugar, el vestuario, el maquillaje, el cabello, la confirmación de los invitados que a la final si asistirían, entrevistas, fotos, reportajes, conferencia de prensa, llamadas que no faltaban para desearle buena vibra y mucha luz, incluso un mensaje que jamás esperó y aunque su teléfono lo registrase como desconocido, sabía perfectamente de quien provenía:

No te deseo suerte,
Porque es para los perdedores.
Te deseo muchos éxitos,
Porque sé cuanto lo mereces.
Has luchado mucho por esto
Y ha llegado el momento;
Es sólo el comienzo
De un largo, arduo, pero venturoso camino.

Brilla como sólo tú sabes hacerlo
Y entrega lo mejor de ti.
Aunque hoy no esté allí,
Cierra los ojos y sentirás
Mi corazón junto a ti.

La luz que un día me regalaste,
Tela cedo hoy a ti.

PD: No te preocupes tanto por la reacción de los fans,
Estoy seguro que les encantará,
Proviniendo de ti no puede haber algo mejor.
Sólo confía en ti
Y lo que estás a punto de entregar
Desde lo más profundo de tu corazón.

Un beso.
¡Te amo!


No pudo evitar sonreír al leerlo, jamás esperó recibir un mensaje de esa persona, incluso ya pensaba que había podido sacarlo de su mente y quizá de su corazón, pero en ese instante sentía otra cosa, algunos sentimientos encontrados, no podía ocultar que le alegraba el hecho de que supiera como se encontraba ella en esos momentos, incluso hasta lo que estuviera pensando. La conocía perfectamente y el tiempo ni la distancia había hecho que eso cambiara.

Pero, por otro lado, se reprochaba a sí misma por emocionarse tanto a causa de eso. Se había prometido enterrarlo en el baúl de los recuerdos y con sólo un mensaje estaba removiendo todo dentro de ella. Hubiese sido capaz de volver con el si se apareciese en el lugar con un ramo de rosa, pero no, se había hecho una promesa a sí misma y tenía que cumplirla, él era pasado y así tendría que seguir siendo.

A su mensaje sólo le respondió –“Gracias” – aunque se moría por decirle miles de cosas, tenía que cortarlo de raíz y esa era la manera de hacerlo.


Entrada la tarde fueron llegando los músicos, tenían que hacer el SoundCheck para evitar cualquier problema con el sonido durante la presentación. Al llegar Santiago lo notó muy distante, pero no le dio mucha importancia –“Seguro no durmió bien”– fue lo que pensó, pero no tardó mucho en cambiar de opinión al darse cuenta que con los demás no se comportaba de la misma manera, incluso no había vuelto a insistir con el tema que tenían ‘pendiente’ y cada vez que se acercaba a él, le respondía con evasivas –“Estoy bien” – “Gracias” – Tengo algo que hacer” – “No me pasa nada” – “Dame un segundo” – “Debo afinar mis guitarras”. Ya no sabía que más hacer, le inquietaba mucho aquella actitud, se preguntaba una y otra vez –“¿Qué le hice?”– Pero siempre llegaba a la misma conclusión –“Nada”– el último encuentro que habían tenido fue la noche anterior, cuando él mismo le canceló una cita, a la que ella no tenía muchas ganas de asistir –“¿Será que me escuchó hablando con Fran?... por eso me canceló… ¡Imposible!” – Pensó. Todo estaba muy raro; el único momento en que se comportó igual que siempre fue 5 minutos antes de subir al escenario, cuando se deseaban el mayor de los éxitos a todos, tenía planeado acercarse a cada uno y agradecerle por acompañarla en ese momento tan importante, pero al llegar a él dudó mucho en hacerlo, sólo hasta ver cómo le ofrecía sus brazos para envolverla en un muy cálido abrazo.

No lo pensó ni un instante más y se refugió en ellos –“Todo saldrá bien” – le dijo mientras le hacía notar su nerviosismo –“Dios te oiga” – le respondió, pero ahora un poco más segura, aquellos brazos la hacían calmar de una manera inexplicable, al separarse se miraron una vez más a los ojos, era la primera mirada del día y a ambos ya le hacía falta, pero, una vez más el trató de evadirla –“creo que tenemos que hablar” – exclamó ella, pero él sólo le respondió con un –“cuando quieras” – al momento que volvía a desviar la mirada hacia otro lado, pues no era capaz de mentirle mirándola de frente. Sabía que aun no estaba dispuesto a entablar una conversación con ella, las cosas habían cambiado repentinamente y en esos momentos no sabría que decirle. Pero no era la ocasión para pensar en ello, debían subir al escenario y entregar lo mejor de cada uno para hacer de esa una noche inolvidable.

Y sin duda, así fue, todo salió perfecto, el público la recibió muy calurosamente, indudablemente les gustó, había valido la pena todo el esfuerzo y la dedicación, no podía estar más contenta, se sentía dichosa de que la recibieran de esa manera. Además de sus fans, estaban allí las personas que más quería: su familia y los más allegados amigos, que habían hecho su más grande esfuerzo por acompañarla en ese día tan importante, el que sería hasta ese momento el más importante de toda su vida.

Luego de la presentación era la fiesta de celebración. Su madre se había encargado de organizarlo todo, reservó un lugar muy elegante, la comida estuvo exquisita y cuando se disponía a disfrutar bailando, fue victima de un peculiar asalto, cuatro de sus amigas, encabezadas por Fran, la rodearon por completo, haciéndole saber que no la liberarían hasta que les contara con lujo de detalles todo lo que había sucedido con Santiago. Al encontrarse en esa situación, lo único que hizo fue lanzarle una mirada asesina a Cookie, pero rápidamente esta fue defendida por Paty Cantú

-Paty: No, no, no la cojas contra ella que no ha hecho nada malo.

-Priscila: Así es, ¿Tiene algo de malo preocuparse por una amiga?

-Dulce: Si fuera preocupación y no el chisme que las está matando si que no tendría nada de malo.

-Ivalú: Ay no seas tan exagerada. Y bueno, aunque si tenemos un poquito de curiosidad, lo que nos inquieta es tu actitud.

-Dulce: ¿Cuál actitud? ¿Ahora que hice?

-Paty: Mejor cuéntanos lo que ha pasado y luego discutimos eso.

-Dulce: Pero es que no ha pasado nada ¡Caray! Simplemente estábamos parados en la puerta y ACCIDENTALMENTE –Hizo mucho énfasis en esa palabra – nos besamos. Ya, calculamos mal la distancia y pasó.

-Fran: ¡Ajá! Supongamos que fue accidental… ¿Qué sentiste?

-Dulce: ...